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dissabte, 21 de maig del 2016

Economía y gato encerrado



«Es la economía ¡estúpidos!». La frase hizo historia. Se atribuye a James Carville, asesor de Bill Clinton en sus campañas electorales. Igualmente, hemos de suponer que el epíteto «estúpidos» se utilizó para calificar a los que no tenían tan claro que la economía fuera el factor determinante en el comportamiento electoral de la población. O sea, que eran unos estúpidos, y por partida doble: por ignorarlo y, añadiría, por no saber que la población es tan estúpida. Lo segundo, la estupidez de la población, entroncaría con aquella otra frase, atribuida en este caso a Schumpeter, según la cual nadie habría perdido jamás ni medio dólar por menospreciar la inteligencia media del ciudadano norteamericano. Y ya que estamos en Schumpeter, tampoco estaría de más que los supuestos progres que ahora se relamen de gozo con la introducción del espíritu emprendedor en los curricula educativos, le echaran un vistazo a sus análisis sobre el Unternehmergeist. Igual se llevaban una sorpresa.

La verdad, he de reconocer que no tengo tan claro que «sea la economía», aunque con ello caiga de lleno bajo la categoría de «estúpido». Y si no lo tengo tan claro es porque tampoco sé muy bien en qué consiste eso de la Economía. En fin, que si no sé qué es la economía, tampoco puedo asegurar que sea la economía. Hay que asumirlo, ciertas cosas no las puedo entender.

Nos dicen, por ejemplo, que el PIB español ha crecido este último año el 3.5% y que estamos saliendo de la crisis. Pero persisten los recortes y las medidas de austeridad, en algunos casos incluso incrementadas. Hay que crecer más, nos dicen, para poder salir de la crisis y rebajar los índices de paro; como mínimo, siguen diciéndonos, habría que crecer un 5% anual.

Uno siempre había pensado que si no crece se queda como estaba. Una intuición sin duda falsa y estulta, porque resulta que no es así. Cierto, está todo aquello de la competitividad y la libre concurrencia. El propio Schumpeter afirmaba que el capitalismo es por naturaleza una forma o método de cambio económico, y no sólo nunca es sino que nunca puede ser estacionario. Así que si no creces, lo tienes mal. Algo así decía también Marx, por cierto.

Bien, de acuerdo, pero en mi estupidez, hay cosas que no me cuadran. Si revisamos la evolución del PIB en España a lo largo de los últimos ocho años, o sea, desde el año 2007, observaremos que, después de sucesivos altibajos, picos y valles, estamos actualmente casi en el mismo punto que estábamos en el punto de partida de la crisis. En cambio, puedo asegurarles que un servidor, en lo que refiere a sus emolumentos salariales, se encuentra en el mismo punto que se le adjudicó con los sucesivos recortes acaecidos en los «valles» del 2009 y del 2012. Y eso por no hablar de los aumentos impositivos. Es decir, no sé quién habrá crecido, pero yo desde luego que no.

A lo mejor un ejemplo individual no es significativo. Y seguramente que tampoco se me aceptaría si digo que tan precaria situación es la misma para el colectivo al que pertenezco, de más de medio millón de individuos. Y tampoco sé si será significativo que el paro registrado en el 2007 fuera del 8,5%, y que en el de 2015 esté en el 21%. Es decir, si estamos prácticamente como en el 2007 en cuanto a PIB ¿por qué no estamos también en una situación similar ahora en otros indicadores mucho más prosaicos como los niveles salariales o de desempleo? En otras palabras ¿Quién se lo está llevando crudo?

Sí, es cierto que la deuda externa era en el 2007 del 35,50% del PIB, y que en el 2015 llegó a 99,20%, hasta superar hace unos días el 100%, según se anunció. Y esta deuda digo yo que hay que pagarla. ¿Pero la está pagando quien la contrajo? Mucho me temo que no, y que la estamos pagando, como se suele decir, los mismos de siempre, mientras los hay que se van de rositas. Vamos, que alguien se está enriqueciendo con mi (no)crecimiento.
Porque se mire como se mire, si estamos creciendo y la mayoría seguimos bajando, aquí hay alguien que se está llevando el gato encerrado al agua. Pero no me hagan caso, son preguntas impertinentes resultado de reflexiones estúpidas. Porque como ya sabemos, es la economía (estúpidos). Y vamos y nos lo creemos. Puede que sí, que seamos estúpidos.

dimecres, 16 de desembre del 2015

MATANDO MOSQUITOS A CAÑONAZOS (MERCADO Y EDUCACIÓN) (III)



Seguimos con lo de matar mosquitos a cañonazos. Pero es que quién lo haga, o es un estúpido o persigue otras finalidades, acaso pergeñadas por terceros y víctima de ellas. Si resulta que quien me aconsejó el uso de la artillería luego se me ofrece como albañil para tapar el boquete que el proyectil dejó en la pared de mi casa, parece juicioso colegir que su objetivo no era librarme de tan enojosos dípteros, sino conseguir un trabajo.

Para que la LOGSE fuera la solución, hubo que vender antes, como problema, una «realidad» educativa anacrónica y desfasada, elitista y excluyente, obsoleta e ineficaz, basada en una imposible transmisión de conocimientos a su vez inútiles, que provenía de una dictadura y que no se correspondía con las necesidades del momento ni tenía encaje en una sociedad democrática como la nuestra. Frente a esto, la solución pasaba por la escolarización universal hasta los 16 años, un sistema educativo transversal, atento a la diversidad, motivador, integrador e inclusivo. Es decir, toda la retahíla de conceptos «mágicos» y artes taumatúrgicas propios de las pedagogías alternativas, presentadas como «progresistas», frente a un sistema retrógrado como problema a superar. Ahora bien ¿Era esto verdaderamente así?

Hay muchísimos datos que, no sólo indican que no, sino también que muchas de las propuestas «progresistas» que se proponían como señuelo alternativo no eran tales novedades, sino que se estaban impostando del sistema que se denostaba. Por ejemplo, José Manuel Lacase, estudioso y especialista en análisis de datos, demuestra a partir de los informes PIAC –el PISA para adultos- que durante la aplicación de la LGE de 1970, España era el país de la OCDE que más estaba avanzando, y ello con el valor añadido de estar incorporando a la enseñanza reglada población no escolarizada, sin que por ello se resintieran los niveles académicos. Un progreso que se trunca con la implantación de la LOGSE y que se troca en caídas espectaculares.

Tampoco el argumento de la escolarización obligatoria hasta los 16 es demasiado consistente. El porcentaje de población escolar fuera del sistema educativo entre 15 y 16 años era de entre el 4 y el 5%. Integrar a esta población tampoco requería del gigantesco despliegue que se organizó. Otro fraude de la LOGSE es su declaración de principios en el preámbulo. Se trataba de promocionar la Formación Profesional y desmasificar la Universidad. Desde entonces, la FP ha empeorado y las universidades se han reproducido como setas por toda la geografía comarcal española, hasta el punto que quien no tenga hoy en día universidad, no es nadie.

No es mi intención hacer ninguna hagiografía del sistema anterior; tenía sus carencias y requería retoques, algunos de bastante calado, pero sí mostrar cómo se falseó la realidad para presentar un problema que justificara la solución preconcebida de antemano. Había que ponerlo muy mal, no sólo para justificar el cambio, sino también, premonitoriamente, los problemas que la presunta solución iba a generar, de magnitud muy superior a los que pretendía resolver, como el fracaso o el abandono escolar que vendrían... Que no era un sistema perfecto y que requería de reformas, es evidente, pero que no eran las que se aplicaron, también. No era un sistema tan anacrónico como para que no pudiera ser la base sobre la cual promover las necesarias reformas.

Porque una cosa es alargar la escolarización obligatoria hasta los 16 años, como se hizo, y otra, completamente independiente de la anterior, que todos pasen por un sistema único hasta dicha edad. Lo mismo en lo referente a la inclusividad, una cosa es un sistema educativo inclusivo, es decir, que «incluya» a toda la población en edad de escolarización, y otra muy distinta el modelo pedagógico llamado «escuela inclusiva», que consiste en la mezcla indiscriminada de todo tipo de alumnado en un mismo espacio bajo un mismo programa de estudios. Una vez más, el solucionador de problemas lo es por doble partida. Por un lado, se ofrece a solucionar un problema, real o inducido; por el otro, es también el solucionador de los problemas que su solución generará. Que los problemas sobrevenidos sean de mayor envergadura que el que se suponía que iba a solucionar, eso parece no importar.
Pero antes de proseguir, hemos de hacer un breve excurso sobre la puesta en el mercado de la escuela y las motivaciones que indujeron a ello. Insisto, no es inocente matar mosquitos a cañonazos.
(To be continued...)

dilluns, 14 de desembre del 2015

LA SOLUCIÓN COMO PROBLEMA (MERCADO Y EDUCACIÓN) (II)



Para presentarse como la solución a algo, se requiere la problematización de ese algo. Y si no hay problema, o si su naturaleza no reviste especial excepcionalidad más allá de la finitud constitutiva de todo lo real, entonces el problema se inventa, no fuera a quedarse una maravillosa solución sin objeto por falta de problema. Es una metonimia interesada, sí, pero mucho más al uso de lo que nos imaginamos y percibimos por regla general. Igual que la necesidad puede crearse, la necesidad de una solución a algo, real o imaginadamente problematizado, también.

Ciertas soluciones incorporan a su vez nuevos problemas a la realidad sobre la que se aplican, éstos sí, certeramente reales, con lo cual la necesidad de nuevas soluciones, pasa a ser una parte del problema sin solución de continuidad. Transcurrido un cierto tiempo e instalados ya en una problematicidad constitutiva, suele olvidarse cuál fue la solución que creó el problema; un olvido con frecuencia culpable, como mínimo en la medida que la gestión del problema suele estar a cargo de sus instigadores, ya investidos como gestores y que una vez han irrumpen en escena, es para quedarse. Como mínimo en Educación ha sido así.

En una de las aventuras de Astérix, «Obélix & Cía.», el insignificante «problema» de un irreductible villorrio galo en el culo del mundo que se resiste a la romanización, se pretende resolver ocupando a los lugareños en la producción de menhires, cuya puesta en el mercado requiere crearle a la población de Roma la necesidad de adquirir algo tan inútil como un menhir, hasta el punto que llega un momento que quien no tenga un menhir en su casa, no es nadie. Los resultados son catastróficos. Muy pronto, otros pueblos del imperio, enterados del lucrativo mercado del menhir galo, empiezan a producir los suyos, y en un producto tan poco perecedero como el menhir, al cabo de poco tiempo todo el mundo tiene ya el suyo, sin que haya forma de colocar los nuevos menhires que van llegando, cada vez en mayores cantidades, desde los más recónditos confines del imperio. El resultado, una inflación en el sector del menhir que pronto contagia al resto de sectores y deja las arcas imperiales exhaustas, amenazando con el colapso absoluto. Al final, Julio César resuelve sabiamente atajar el problema enviando a su consejero a la arena con los leones, y dejando tranquilos a los galos, al menos hasta la siguiente aventura.

La genial coña de Astérix, un cómic recomendable donde los haya, y su planteamiento «economicista» de un problema cuya solución provoca otro de dimensiones mucho mayores, tiene mucho que ver con lo que venimos tratando en estas entregas sobre mercado y educación, o lo que es lo mismo, la mercantilización de la educación. Veamos.

El esquema de la divertida y lúcida aventura de «Obélix & Cía.» es en principio, y amén de otras consideraciones, muy simple: no se debe matar un mosquito a cañonazos, porque matarás muy probablemente al mosquito, pero abrirás un boquete en la pared que te creará un problema mucho mayor. La desmesura en las soluciones presupone entonces alguna variable incorporada que va más allá del problema, que se convierte así en pretexto para la solución que preconcebidamente se quería aplicar, con finalidades casi siempre inconfesadas.

En el caso de Astérix, tenemos dos elementos significativos de cara a lo que nos interesa, la desproporción entre el problema y la solución, por un lado, y la creación inducida de una necesidad, que sirve para enriquecer al codicioso consejero de Julio César. Así, a la vez que asigna unos fondos desproporcionados con el objetivo de mercantilizar a unos brutos que todavía viven en el trueque, inventa la necesidad del producto/menhir que le sirve para enriquecerse… Hasta que la burbuja estalla y Julio César decide que se acabó lo que se daba y lo manda con los leones. Y es que hasta en Astérix, César es César y no nuestros políticos actuales.

En el caso de la mercantilización de la enseñanza, de acuerdo con el esquema que seguiremos, hay un elemento más a tener en cuenta, de matiz, si se quiere, pero más sofisticado de lo que a simple vista podría parecer. A la solución desproporcionada en relación el problema y a la creación de la necesidad que surge de dicha «solución», hay que añadirle el plus de legitimación consistente, o bien en la invención pura y simple del problema, o bien en su magnificación para justificar la magnitud de una solución que, de otra manera, sería difícilmente argumentable. Y es que no estamos ya en Astérix, sino en la realidad. Y ante un evidente falseamiento de la realidad educativa del momento, para justificar lo que luego vino.

Efectivamente, y sin perder de vista el objetivo final autoimpuesto de poner a la escuela en el mercado, la legitimación aducida para una solución como la LOGSE requería de un problema que, al no ser tal –o no serlo en la medida que justificara el modelo propuesto como solución, había que magnificar aduciendo todo tipo de argumentos que presentaran falazmente una situación agónica ante la cual, la LOGSE pudiera parecer la solución. Y no se escatimaron argumentos, de todo tipo de registros, para ello. Creo que fue Goebbels quien dijo que una gran mentira es más fácil de creer que una de pequeña. Y ciertamente, entre los apologetas de la LOGSE hubo mucho émulo del siniestro líder nazi. Lo veremos en la próxima entrega.

(To be continued)

divendres, 11 de desembre del 2015

MERCADO Y EDUCACIÓN (LIBRO BLANCO, MERCADO NEGRO) (I)



Mandeville ya nos dijo en su Fable of the bees que de los vicios privados surgen las virtudes públicas, o lo que es lo mismo, que el egoísmo individual puede resultar beneficioso para la comunidad. Algo así como una suerte de efecto perverso con resultado feliz, que diría Gianni Vattimo. Adam Smith, por su parte, nos previno contra ciertas ingenuidades cuando del mercado se trata. El panadero que hace las tortas tan buenas no es que sea buena persona ni que las elabore para nuestra satisfacción y bienestar, sino para vuelva a comprárselas a él y así ganarse la vida.

Creo que Smith, como economista teorizador del capitalismo moderno y, a la sazón, profesor de Ética, entendió perfectamente a Mandeville. No podemos hablar de moral en términos de mercado sino teleológicamente, nunca deontólogicamente. Lo que prima es la persecución del máximo beneficio como objetivo hacia el cual se orienta toda actividad económica, cuyos únicos límites vienen marcados por el sentido de la realidad, expresado bajo la forma de las leyes del mercado y en un contexto de concurrencia. En esta tesitura, la imposibilidad de moral autónoma se resuelve legitimando el sistema desde la heteronomía de la famosa mano invisible que el propio Smith nos refiere, y de la cual somos meros instrumentos. Eso sí, la  concurrencia acaba obligándonos a actuar como si fuéramos buenos y nuestras acciones estuvieran bondadosamente encaminadas a proporcionar el bienestar del prójimo. Pero en realidad, y contrariamente al modelo kantiano, el prójimo no es un fin en sí mismo, sino un medio en tanto que cliente, y la máxima kantiana de concordancia con la forma lógica universal aplicada al mercado resulta ser la codiciosa y egoísta obtención del máximo posible beneficio, imperativo sólo atenuado por la realidad de una inevitable concurrencia.

A su vez, el sistema económico capitalista tiende por su propia naturaleza a la mercantilización de todas las cosas; es la lógica inherente al sistema. De no ser así, de ponerse algún límite formal, colapsaría por implosión. Otra cosa es cómo lo vistamos para hacerlo más presentable, pero esto es lo que hay. No es que todo esté en el mercado, sino que todo es mercantilizable. Y su único valor es el valor de cambio. En el Gatopardo hay un pasaje que lo describe más ilustrativamente que cualquier tratado de economía. A la vista de unos candelabros de plata, y mientras el príncipe de Salinas le explica al enriquecido Don Calógero su «valor», que para el aristócrata propietario consiste en que es un regalo de los reyes de España a un bisabuelo suyo, el otro exclama «¡deben valer una fortuna!».

Sirva todo este proemio para abordar lo que en mi opinión está ocurriendo con esto que llamamos «educación», «enseñanza» o «instrucción», según las preferencias de cada cual. Es decir, aquel ámbito que tradicionalmente ha sido el propio de la institución escolar o académica, tan presente actualmente en los medios con motivo de la aparición del libro blanco del señor Marina y de sus «intrépidas» e «innovadoras» propuestas, en lo que no es otra cosa que una fase ya bastante avanzada en el proceso de mercantilización de tal institución y de su «producto». Y como no podía ser de otra manera, de la introducción en este ámbito de la lógica de funcionamiento acorde con las leyes del mercado en que se está incardinando.

En cierto modo, es verdad que algunas actividades propias de la institución escolar han estado siempre en el mercado, pero sólo parcialmente y, diríamos, periféricamente, no la institución en sí. Ni siquiera la privada concertada, que ya es decir.  Siempre, o desde casi siempre, hubo libros de texto y sus inevitables intereses editoriales, viajes fin de curso y semanas blancas cuyo impacto económico en el sector turístico y de ocio es sin duda de cierta relevancia, o caterings a cargo de los comedores escolares… Pero no nos estamos refiriendo a nada de esto. Una cosa es que ciertas actividades incorporadas a la institución escolar recurran al mercado y a la oferta y la demanda para su realización, y otra muy distinta que la propia institución se ponga directamente en el mercado, que es lo que se está propiciando y que supone un cambio cualitativo en la naturaleza de dicha institución y en el concepto que de ella hasta ahora se había tenido.

En este sentido, lo único que ha hecho el señor Marina es explicitar una etapa más del proyecto que se inició hace más de veinte años con la LOGSE: la mercantilización de la enseñanza. Y precisamente porque de lo que se trata es de poner la educación y la institución escolar en el mercado, el criterio a partir del cual debemos entender todo el proyecto es el de la obtención de lucro. De lo que se trata es de convertir la escuela en un negocio como tantos otros sectores. Y aspectos tales como la calidad de la enseñanza, la evaluación de los docentes, la privatización de la gestión, el fracaso escolar o la formación de las nuevas generaciones, son meros pretextos utilizados como señuelos y subordinados al objetivo que confiere razón de ser a cualquier negocio: la obtención de beneficio como fin; o lo que es lo mismo, que lo que se invierta produzca un retorno superior a lo invertido, contra más, mejor.

Luego, como el panadero en el ejemplo de Adam Smith, habrá quien hará el pan más bueno y quien no tanto, igual como hay panes más caros y otros más baratos, con gluten o sin gluten para salíacos, al gusto y disposición del cliente según sus preferencias y posibilidades. Pero el fin no será el bienestar ni la felicidad del usuario, sino que tal estado haga que vuelva regularmente a mi panadería y pueda yo así proseguir con mi negocio. Obviamente, en este nuevo concepto, donde de lo que se trata es de conseguir, como medio para mis fines, la satisfacción del cliente, la universalización de categorías como, por ejemplo, aprobado, suspenso, deberes o cultura del esfuerzo, no es que se proscriban porque sí, sino que son contradictorias con la propia naturaleza de la empresa. Lo mismo que la figura del docente tal como hasta ahora la habíamos conocido.
Se podría objetar a esto que la mercantilización de la escuela no tiene porque necesariamente eludir niveles académicos de calidad y de exigencia. Y es cierto, sólo que no bajo la forma de oferta universal. Habrá ciertamente muchas ofertas educativas, como hay muchas ofertas gastronómicas. Y al igual que hay desde restaurantes de alto postín hasta los de comida basura, con la oferta educativa ocurrirá lo mismo. Y de la misma manera que una comida basura nos sale más barata que las exquisiteces de una marisquería, y que frecuentar uno u otro establecimiento está relacionado con la capacidad económica, cada clase social tendrá las preferencias educativas acordes a sus posibilidades. En este sentido, no deja ser una paradójica parodia que el antiintelectualismo y antielitismo propios de un sistema educativo buenista y ferozmente igualitarista como el nuestro, se resuelva como solución de continuidad en un nuevo elitismo intelectualista minoritario y socioeconómicamente excluyente. Y de eso es de lo que hablaremos en la próxima entrega.

dilluns, 29 de juny del 2015

LAS NUEVAS TERMÓPILAS



En mi última entrega transcribía la introducción de Isaac Asimov a su obra “Los Griegos”. Sin ser considerado un intelectual, es uno de los más geniales polígrafos del siglo XX. Además, siendo de formación inicialmente científica, queda fuera de toda sospecha de estar defendiendo eso que tan despectivamente los burro-tecnócratas llaman «Letras», por no llamarle «inutilidades», que es lo que piensan en realidad. Gentes que, como Machado refiriéndose a Castilla, “desprecian cuanto ignoran”. Unos fragmentos, los de Asimov, que me parecieron plenamente adecuados al momento actual por el que se está haciendo pasar a los helenos.

Leo también un muy recomendable artículo de Julio Llamazares en “El País”, abundando sobre lo mismo desde otra perspectiva: ¿Y cuánto le debe Europa, Occidente, a Grecia? Hay más, muchos más. Habermas, sí,  Jürgen Habermas, nos recordaba hace dos días en “La Europa de los banqueros” que a Alemania, en 1954 (Tratado de Londres), se le perdonó la mitad de su deuda externa –no era la primera vez, por cierto- y eso sin contar las indemnizaciones de guerra que nunca pagaron… por ejemplo a Grecia. Paul Krugman a su vez, postula el "no" en el referéndum griego y denuncia los abusos a que se han visto sometidos los griegos. Otro premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, lo plantea en términos similares: no se está rescatando a Grecia, sino a los bancos alemanes. Hasta Obama está pidiendo sensatez...

Sí, claro, alguien dirá que se trata, todos ellos y tantos más, de bolcheviques emboscados. A quién piense así, sólo puedo decirle que la equidistancia entre dos extremos se rompe cuando uno de éstos se desplaza. Y en este sentido, lo que hoy se nos está vendiendo desde del IV Reich y sus amanuenses periféricos, léase FAES y correveidiles de toda laya y jaez, es ni más ni menos que, como denunciaba hace poco Manuel Castells, una Tecnodictadura que, si no se detiene a tiempo, acabará por liquidar lo que queda de la democracia occidental, cuyos orígenes, por cierto, se encuentran en la antigua Grecia. Hasta su nombre le debe Europa a Grecia.  Como es sabido, los alemanes, que tantas y tan grandes figuras han aportado a la cultura europea, no han destacado nunca colectivamente por su sentido democrático. Más bien lo contrario, y muchas de estas figuras acabaron, o proscritas o en el exilio. El problema es que no hay contrapoder.

Alemania ha conocido la democracia en dos ocasiones, ambas por la fuerza de las armas… extranjeras, a raíz de sus derrotas en la I y II guerras mundiales, respectivamente. Siempre hubo un contrapoder que acabara poniendo coto a sus veleidades. En estos momentos, no lo hay. Alguien ha dicho recientemente que han dimitido más concejales de PODEMOS por sus cuentas en twitter, que del PP (o de CIU) por las suyas en Andorra o Suiza; de la misma manera, no hay dinero para los griegos, pero sí para los neonazis ucranianos. Aunque parezcan comparaciones chabacanas, no por ello son menos indicativas de los tiempos que corre en esta Europa convertida en un Duty Free de aeropuerto al que los residentes tienen vetado el acceso. Un modelo en su tiempo objeto de aceradas críticas, cuando eran la URSS o Cuba quiénes lo practicaban, pero que cuando lo ponen en práctica sus antiguos detractores, antaño defensores de la libertad, resulta entonces que son las leyes del mercado que hay que acatar, so pena de ser tildado de bolchevique.

Lo más triste de todo no es la mezquina actitud de Alemania, esperable al fin y al cabo, sino el servilismo vergonzante con que están actuando Francia, Italia y España, en orden de importancia, no necesariamente de bajeza moral.

Porque, vamos a ver, y hablando de España. He oído en boca del ministro que fue el hombre de Lemann Brothers, que España también es acreedora de Grecia. Y he leído hoy que la cantidad que «nos» adeuda Grecia es de veintiséis mil millones de euros, que no es moco de pavo. De ahí a los argumentos triFAESicos y resto de variantes aplaudiendo estultamente la fulminación de Grecia, va un paso falazmente lógico: que paguen los griegos, porque si no nosotros también pringamos…

Pregunto. En un país como España, cuya deuda externa desde que comenzó la crisis ascendió en apenas cinco años del 35,50%  (2007) del PIB hasta el 102% actual –y sigue subiendo- ¿Quién prestó el dinero a los bancos españoles para que se lo prestáramos a los bancos griegos? Porque de eso iría la cosa, digo yo. Y lo de la solidaridad, vale; lo de quijotes, pues también, venga; pero que nos engañen como los duques a Sancho para que nos creamos por unos días gobernadores de la ínsula Barataria, es decir, que nos estén tomando el pelo, pues no, por eso ya no se puede pasar… a menos que seamos cotolengos sin remedio.

Porque esa deuda contraída por los bancos griegos con los bancos españoles, para solaz de los usureros y los «mercados», es la misma que se «nacionalizó» -en eso sí son intervencionistas-, como lo hizo Alemania con la de sus bancos, para así podérselo exigir a la nación griega, y no a los chorizos que la dilapidaron con la aquiescencia plena, y hasta las indicaciones previas, de los hoy tan inflexibles acreedores. Porque los bancos, los alemanes y los españoles, ya han cobrado, no lo olvidemos. Y su recuperación la hemos estado pagando todos los ciudadanos. Bueno, no todos, la mayoría.

Como tampoco conviene olvidar que en los peores momentos de la crisis -hasta ahora-, y dadas las «peculiaridades» del sistema monetario europeo, la «solidaria» y «patriótica» banca española recibía líquido del BCE al 1%, teóricamente con el objetivo de recuperar liquidez y aumentar la línea de crédito, que utilizaba para comprar deuda externa española con la prima de riesgo en sus máximos, hasta el 7 y el 8%. ¿Y ahora nos vienen con que Grecia también nos debe dinero a nosotros? A ver ¿Se les prestó como solidaridad o como negocio? Porque si era solidaridad quijotesca, no vale ahora reclamar, seamos al menos consecuentes; y si era  un negocio, pues a apechugar. ¡Y es que encima han cobrado!
Y mientras tanto, Grecia está librando sola una batalla que nos incumbe a todos. Porque hay mucho más en juego que lo que representa un país cuyo PIB es el 2% del de la UE. Mucho más. Como lo había en las Termópilas hace dos mi quinientos años.

dimarts, 12 de maig del 2015

GRECIA Y EUROPA



Un tema en el cual, y al revés de cómo se suele decir, hay más cera que la que arde; y sin duda más en juego de lo que en principio sería de suponer. Tiene uno la impresión que desde la Europa hegemónica, y habiéndose desestimado expulsar a los helenos de la zona euro por razones exclusivamente estéticas, se haya decidido forzar su salida por decisión propia o su rendición incondicional.

Sí, sabemos que en Grecia ha habido desde siempre una corrupción rampante, que los préstamos que han ido llegando de Europa se han gestionado irresponsablemente y que el fraude fiscal es, proporcionalmente, de los mayores entre los países de la UE. Pero también es cierto que para que haya un corrompido ha de haber un corruptor, y que las exigencias de privatización que se le están exigiendo al gobierno griego están obedeciendo a una lógica de la avidez que acabaría desmantelando por completo la ya de por sí precaria estructura económica del país. Añadamos a esto que los corrompidos se han ido de rositas, que los corruptores ya se han procurado con creces beneficios más que razonables, y que ahora, llegados a una situación límite, se les exige simplemente que traguen y que aquí no se mueve nada. Parece que a Grecia se la dé por amortizada y sólo interese la sumisión absoluta para hacerse con sus despojos, o que se vayan…

Porque las comparaciones serán odiosas, pero no veo ninguna razón como para considerar a los actuales gobernantes ucranianos, entronizados, por cierto, por un levantamiento alentado y auspiciado desde Occidente contra un gobierno salido de las urnas, menos corruptos o más legitimados que a los gobernantes griegos. Pero hay dinero para Ucrania, por ejemplo, y todo el que haga falta, aunque no para mejorar el estado de su población, sino para lo de siempre, mientras que a Grecia se le niega hasta la menor demora en el pago de sus compromisos. Unos pagos que, por cierto, hasta ahora han cumplido escrupulosamente, pero, desde las últimas elecciones con el nuevo gobierno, sin las contrapartidas de desregulación económica y privatizaciones que se les exigieron a cambio de los «generosos» préstamos.

Podríamos hablar de lo que Grecia representa para Europa y para Occidente, pero esto es sin duda algo que trae al pairo a los pragmáticos utilitaristas que tenemos por gobernantes; o también de cómo se ha concebido Europa como un simple espacio económico, hasta el punto que, un caso inédito en la historia, el banco emisor de moneda no tiene un poder político de la misma envergadura que, al menos testimonialmente, esté por encima suyo. Pero no. Grecia debe y ha de pagar, nos dicen. Muy bien, de acuerdo ¿Pero qué ocurre si no pueden pagar a menos que sea al precio de condenar a la población griega a la miseria y a la indigencia sin solución de continuidad?

Muy probablemente Grecia tenga que irse del euro, y hasta es posible que, según se comenta, Rusia le eche una mano para afrontar los inevitables meses de zozobra inmediatos a la restitución del dracma hasta su relativa consolidación, en lo que sería una ayuda económica inscrita en una jugada geopolítica magistral por su parte. Toda una revancha. ¿Sería Alemania tan imbécil? ¿Sería Europa tan imbécil?

Pero dejémonos de especulaciones, por más que algunos las den por altamente probables. Admitamos incluso que los banqueros y políticos calvinistas que rigen Europa no pueden ceder ante Grecia, no porque carezcan de capacidad para afrontar el ínfimo quebranto que les produciría una demora en el pago de la deuda griega, sino para evitar que cunda el ejemplo. Si se cede con Grecia ¿Qué iba a impedir que España o Italia empezasen también a plantear exigencias? Y si el quebranto en el caso de Grecia, o Irlanda, o Portugal, sería asumible, en el caso de España o de Italia, por ejemplo, ya no tanto. Y se trata de países con unos niveles de deuda superiores a su PIB. Se está hablando de recuperación, sí, una recuperación que todavía apenas se nota, pero que cualquier contratiempo económico podría llevar a niveles insostenibles ¿Y se puede descartar este contratiempo?

Hay economistas, de todos los colores, que llevan tiempo proclamando la inviabilidad del euro. Quizás, a modo de resumen, quien mejor lo definió fue el economista inglés que describió la zona euro como un edificio de 15 plantas, con un incendio en los niveles inferiores, una congelación glacial en los superiores… y el termostato en la séptima planta; Alemania, claro.

Parece también haber un cierto acuerdo en que si desaparece el euro, el país más perjudicado sería precisamente Alemania. Los países más pobres –España, por ejemplo- lo pasarían ciertamente mal al principio, pero la devaluación incrementaría las exportaciones y activaría la producción interna, con la consiguiente reducción del desempleo, como consecuencia de la reducción de las importaciones debida a la debilidad de su moneda. El gran problema sería, ciertamente, el petróleo a importar pagado en divisas.

Pero aun peor parece ser que lo tendría Alemania, la gran parte de cuyas exportaciones tienen como destino precisamente la zona euro, que dejaría de ser su mercado cautivo; y el nuevo marco experimentaría una revaluación astronómica que hundiría las exportaciones alemanas, entre otras razones por la imposibilidad material de seguir importándolas por parte de los antiguos clientes. Si esto es realmente así, y si los alemanes lo saben, tal vez por esto que se muestren tan inflexibles ante Grecia.

Pero también entonces estaríamos ante un problema de modelo, un modelo descompensado, que ha reconvertido la deuda privada en pública hasta límites insostenibles, socializando las pérdidas y privatizando los beneficios, a la vez que, en lugar de impulsar la unión política de Europa hacia la que progresivamente se decía que íbamos a tender, la amplió desmesurada y caóticamente para convertirla en un inmenso bazar.
Puede entonces que el problema lo tengamos igualmente, más tarde o más temprano, pase lo que pase con Grecia.

diumenge, 1 de febrer del 2015

SIMPLEMENTE CHORIZOS



Lo explica muy bien Paul Krugman hoy en El País. El auténtico rescate, y su razón de ser, no ha sido el de Grecia, sino el de los bancos acreedores, actuando el gobierno griego como simple intermediario. Y este «reciclaje» es de una cantidad superior al total enviado a Grecia por este procedimiento. Así que de rescate de Grecia, nada de nada, llamemos a las cosas por su nombre. A mí, modestamente, se me ocurre lo siguiente.

Supongamos que monto un negocio con un amigo mío banquero, consistente en vender plantas tropicales en el Polo Norte, a los esquimales de Groenlandia. Para ello, mi compatriota banquero le concede un crédito muchimillonario al gobierno esquimal de turno, con cuyo importe podrá sufragar la compra de suficientes semillas, abonos e infraestructuras como para atestar Groenlandia de plantaciones de mango. Un buen día, ya con todo en marcha pero sin un miserable mango que llevarse a la boca, se constata la inviabilidad del proyecto mediante la correspondiente auditoría y se le da carpetazo. Yo ya he ido cobrando los envíos, así que me largo con los mangos a otra parte y aquí paz y allá gloria.

Pero los esquimales se quedan con el pufo cuyo pago el banco de mi amigo les reclama. Y para reforzar su reclamación recurre a su gobierno, que le dice al esquimal que madre sólo hay una y a ti te encontré en la calle. Entonces, el jefe esquimal con el cual se cerró la operación, y que ha trincado con el 5% del monto del crédito en concepto de comisión, mordida, o como se prefiera –depositado a la sazón en una cuenta del banco de mi amigo-, les dice a sus conciudadanos que tienen una deuda contraída y que hay que pagarla, así que a apechugar, que somos gente seria y la credibilidad exterior del pueblo esquimal es lo primero. Y que si no, nos crujen.

Con tales avales, el gobierno amigo de mi amigo banquero, le requiere el pago al gobierno esquimal, y como este no tiene un céntimo, aparece una corporación de tres entidades –una de las cuales es el propio banco de mi amigo- que se ofrece a aportar los fondos que le permitan afrontar los intereses del pufo, pero eso sí, con la condición de controlar el comercio de pieles de foca gracias al cual hasta entonces habían vivido la mayoría de ciudadanos esquimales. No por nada, «sólo» para evitar que se les vuelvan a ocurrir desatinos como plantar mangos en el círculo polar ártico, que no se os puede dejar solos…

Los esquimales, al principio, tragan… pero pronto se dan cuenta de que mientras el cacique se ha enriquecido, ellos se han arruinado con la milonga de las plantaciones de mango, y caen en la cuenta de que se han quedado con el pufo, sin mangos y sin focas. Y empiezan a mosquearse. Y van y eligen a un nuevo jefe cuya propuesta estrella es que el pufo lo pague Rita la cantaora, que bastante les han tomado ya el pelo y que hasta aquí hemos llegado.

Y mientras el escándalo de los esquimales llena la agendas, las bolsas y las tertulias de medio mundo –que si qué se han creído y que de qué van-, mi amigo banquero y yo, emprendemos un nuevo proyecto, innovador y con muchísimos estudios de viabilidad llevados a cabo por prestigiosas agencias privadas independientes propiedad del mismo banco, cuyos informes leerán los futuros demandantes de nuevos créditos que les permitirán llevar a cabo el proyecto y, de paso, enriquecerse con mordidas: granjas de pingüinos australes en las selvas tropicales… Y a volver a empezar, que lo importante es que el dinero circule.

Ahora en serio. Cierto que las culpas, como casi siempre, están compartidas. Si de un préstamo que no necesito y que pagarán los de siempre, me llevo un porcentaje millonario para acometer una obra que no habrá manera de amortizar, y que llevan a cabo empresas del mismo que me ha «prestado» el crédito, parece claro que lo fundamental no es aquí el teórico objeto de dicho préstamo, sino el «práctico»: el enriquecimiento individual a cualquier precio. Y con esto no tiene nada que ver el pueblo griego, sino los gobernantes que se enriquecieron mediante este procedimiento u otros similares.
A esto se le puede llamar, con toda legitimidad, deuda «ilegítima». Y a los que la han pergeñado, simplemente chorizos.

divendres, 20 de setembre del 2013

¿€UROCAT O €UROCUTRE?



Parece que el tema de la semana ha sido, y el de la que viene  y siguientes también, me temo, si la futura Cataluña independiente estará en la Unión Europea y/o en el euro. Y lo de “y/o” no es gratuito, porque con el rosario de declaraciones de las autoridades y paraautoridades catalanas desmintiendo prontas a las de la UE cada vez que éstas hacían alguna declaración en relación al tema, la última perla -cómo no, de Mas- ha sido que Cataluña podría tener el euro como moneda aunque no estuviera en la UE ni en la zona euro. Es decir, que ni aunque se empeñen en sacarnos de Europa y de la zona euro, ni así podrán evitar que la adoptemos como moneda catalana. Y es que esto ya es la repanocha... o que nos han tomado por imbéciles.

Porque los supuestos bajo los que un estado adopta una moneda extranjera sobre la que no tiene el menor control -la dolarización, por ejemplo- hasta ahora al menos ha afectado a países con los cuales no creo que quieran compararse ni Mas ni Junqueras. Y a ver ¿qué países usan como moneda el euro sin ser de la UE o de la zona euro? Tenemos por un lado países minúsculos y paraísos fiscales -o ambas cosas a la vez-, como Ciudad del Vaticano, San Marino, Andorra y Lienchestein; por el otro, ni más ni menos que Kosovo y Montenegro. ¿En qué tipología piensa Mas que encaja mejor Cataluña?

Porque si apunta hacia Kosovo o Montenegro, estamos apañados; y si cree que Cataluña, con sus 7.5 millones de habitantes, sus 32000 kilómetros cuadrados y su estructura económica, puede ser un paraíso fiscal... ¿Cuántos paraísos fiscales hay de más de unos pocos cientos de kilómetros cuadrados? ¿Se ha preguntado Mas por qué a partir de una cierta superficie, no hay paraíso fiscal que valga? ¡A ver si somos más serios!

Todo este cúmulo de majaderías me recuerda un viejo chiste en que un turista americano en San Marino le está explicando a un súbdito sanmarinense que él, en su rancho de Texas, se sube al coche a la salida del Sol y al atardecer, cuando se está poniendo, todavía está en sus propiedades. Y el otro le contesta: “yo también tuve un coche así hace una vez”.


Sobran los comentarios.


dimarts, 7 de maig del 2013

CUANDO RUGE LA NIBELUNGA


Las condiciones económicas que Alemania está imponiendo a países como Grecia, Portugal, Italia o España son más duras que las que se le impusieron a la propia Alemania después de su derrota en la Segunda Guerra Mundial. Y aquí no hay Plan Marshall. No estaría de más que lo tuviera en cuenta de vez en cuando esa señora con memoria histórica de pez antes de impartir lecciones de moral luterana y de austeridad.

No sé como hubiera podido ser la Unión Europea bajo otras circunstancias, pero lo cierto es que la de hoy es la de los mercaderes. Una simple unión monetaria sin autoridad política pensada exclusivamente para negocio de los bancos. El Banco Central Europeo no presta dinero a los Estados, sino a los bancos particulares. Algo inédito en cualquier otro lugar del mundo, ya sea Liberia o los Estados Unidos. Y un euro sobrevalorado porque le interesa a Alemania, que dicta la política monetaria que más le conviene y que así puede comprar a precio de saldo el Lebensraum que tantas veces había intentado en vano conquistar militarmente.

Nadie está libre de culpa en esta crisis, pero las acusaciones de gandules y despilfarradores que, implícita y explícitamente, se vierten contra los países meridionales son, cuando menos, cínicas. Sí, es verdad que aquí la corrupción ha campado a sus anchas sin el menor escrúpulo, pero también lo es que el gran negocio lo han hecho los alemanes. O sus bancos, para ser más exactos.

Para empezar, habría que recordar que ni en los peores tiempos de ZP la deuda pública española fue un problema. Con ello no estoy justificando ni las corruptelas ni el putiferio que se organizó con los astronómicos dispendios de ayuntamientos corruptos e irresponsables, de autonomías delirantes y de un estado decrépito reconvertido en inmobiliaria. Pero aún así, España no tenía un problema de deuda pública. No debemos olvidarlo, sobre todo ahora que se le exige y se le impone a la cosa pública una dieta de adelgazamiento que, sin más, lleva a la pura y simple muerte por desnutrición. El problema vino por la deuda privada. Esa deuda  que se está enjuagando con dinero público, generando una deuda soberana que, ahora sí, ha alcanzado niveles insostenibles.

Lo de siempre, los beneficios de los bancos cuando las vacas gordas, son para ellos, y el Estado que simplemente deje hacer; pero sus pérdidas cuando llegan las vacas flacas, entonces sí, que venga el Estado y les inyecte dinero público. Eso es el libre mercado: la ley del más fuerte.

No sé si, como dice Revilla, habrá vida más allá del euro. Lo que sí sé es que dentro del euro, no. A los únicos que les interesa el euro hoy en día es a los alemanes, por eso seguimos en él... sin solución de continuidad. Y encima la nibelunga rugiendo como la marabunta.

dimarts, 23 d’abril del 2013

A PROPÓSITO DE "EXCEL Y LENTEJAS": DE LA ECONOMÍA A LA TEOLOGÍA (I)



En el ámbito que aquí nos ocupa, los errores de cálculo están una posición similar a la de los errores conceptuales y de valoración. Y ello no sólo porque Reinhard-Rogoff se reafirmen en sus tesis, eso sí, algo atemperadas, con independencia de los resultados que pueda arrojar un cálculo matemático, sino porque su función incorpora el propósito de llegar a lo que se quería llegar, es decir, a la verdad teológico-económica según la cual hay que evitar el déficit a cualquier precio y primar la austeridad. Y si resulta que el cálculo matemático coincide con sus apriorísticos postulados, tanto mejor. Y si no, peor para las matemáticas.

Cuando la ideología se enmascara de ciencia, nos las tenemos con la peor de las manipulaciones. En su teoría de la adequatio, Aristóteles definía la verdad como la adecuación de un enunciado a un estado de cosas. Pero si este enunciado contiene elementos valorativos previos de una naturaleza tal que me obliga a forzar el "estado de cosas" para que se «adecue» a él, lo que estoy haciendo es, simple y llanamente, ideología. Y si la revisto de matemáticas para darle un toque de cientificidad, entonces es ideología de la peor especie.

Alguien podría decir que también en el experimento científico se fuerzan los hechos. Y es cierto, sí. Pero más allá de los requisitos metodológicos y de verificación o falsación -que se diría en popperiano- de las leyes que pretenda establecer en base al comportamiento de unos hechos determinados, la diferencia radica en la naturaleza de los fenómenos con que nos las estemos habiendo. Creo que aún queda mucho que decir sobre la condición nomotética o idiográfica de los saberes humanos y de sus sendas funciones de descripción (Erklären) o comprensión (Verstehen), según se trate de Naturwissenschaften o Geisteswissenschaften; saberes (ciencias) de la naturaleza o saberes (ciencias) del espíritu.

Las primeras, las Naturwissenschaften, se corresponden a lo que conocemos genéricamente como «ciencias», y su lenguaje es la matemática. Las segundas, las Geisteswissenschaften, remitirían a aquellas disciplinas del conocimiento humano cuyo ámbito, sensu lato, se corresponde con los propios saberes sobre el hombre y sus realizaciones, no susceptibles, de entrada al menos, de ser tratados como lo que cartesianamente llamaríamos res extensa, aunque su proyección sí pueda serlo en parte o incluso totalmente. Podemos encontrar en este segundo ámbito denominaciones genéricas -«ciencias» del espíritu, artes, humanidades, «ciencias» sociales...-, o más progresivamente acotadas disciplinarmente en función de su objeto -historia, sociología, psicología, antropología, economía... y tantas otras-.
Está claro que la utilización del lenguaje matemático en las Geisteswissenschatf ha supuesto un gran avance en la comprensión de los fenómenos que constituyen su(s) objeto(s). Pero de ahí a la grosera equiparación-homologación que muchos de sus profesionales pretenden establecer con respecto a las ciencias propiamente dichas, hay un abismo. Porque son cualitativamente distintas. Un abismo que acaso se podría explicar desde la posición autorreferencial de inferioridad de unas respecto a las otras, que ha acabado incurriendo en el absurdo según el cual, por el simple hecho de que esté utilizando algún cálculo o modelo matemático para abordar mi  objeto, ya se supone que estoy haciendo «ciencia»... Claro, dicen, porque igual que los físicos, los economistas o los sociólogos utilizan las matemáticas para comprender los fenómenos que estudian. Ello sin reparar en la naturaleza cualitativamente distinta de uno y otro objeto. O para darle apariencia de verdad científica a lo que en realidad es una posición ideológica. (Continuará)

dilluns, 22 d’abril del 2013

EXCEL, LENTEJAS... Y GATO ENCERRADO



Siempre oí decir de niño que había que comer muchas lentejas porque llevaban mucho hierro. Más tarde me enteré que eso no era cierto. Es decir, que sí, que las lentejas llevaban hierro, claro, pero no en cantidades que destacaran significativamente de cualquier otra legumbre. Y si tal probidad en hierro se tuvo por cierta durante mucho tiempo fue porque, como luego se descubrió, el científico en cuestión se había equivocado con un decimal al hacer sus cálculos. Pongamos por ejemplo un 0.1 en lugar de un 0.01... Casi nada.

Un tema serio, el de la nutrición, qué duda cabe. No se debe jugar con las cosas de comer. Tantas lentejas ingeridas pensando que nos íbamos a convertir en ironmen y luego resulta que todo era un mito, un error humano; involuntario, por supuesto. Pero si el científico en cuestión hubiese sido a su vez un terrateniente con acres y acres dedicados al cultivo de dicha leguminosa, seguro que entonces el inocente error de comerse un decimal ya no se hubiera considerado tan «inocente».
Todo esto del "falso mito de las lentejas" me lo ha evocado la lectura del imprescindible artículo de Paul Krugman La depresión del Excel,  con el revelador subtítulo ¿Puede un error de cálculo haber destruido casi por completo la economía de Occidente? que aparece hoy en el rotativo "El País". Vale la pena leerlo, de veras, porque resulta que en un tema tan importante como el de la economía, el científico del hierro de las lentejas resulta ser un hacendado plantador montado en dólares lenticulares.
 
Y lo más curioso del caso es como, aun admitiendo el error de cálculo, no por ello apostasian de sus tesis y legitiman sus decisiones. Véase si no  Reinhard-Rogoff Response to Critique  . Algo así como: "si, vale, me he equivocado, pero tengo razón". Y luego dicen que la ideología ha desaparecido. Sin comentarios.

dijous, 18 d’abril del 2013

EL DESTINO DEL EURO



Interesante conversación hace unos días con un economista alemán de cierto prestigio. Como diletante en la materia, introduje el tema en forma de pregunta camuflando mi opinión, tratando así de evitar pasar por un palurdo: ¿No le parece a usted que tal vez España debería empezar a considerar seriamente su salida del euro?"

Debería haberlo hecho ya hace como mínimo un año. Me replicó. De todos los millones supuestamente invertidos en rescatar a Irlanda, Grecia o Portugal, ni un euro se ha quedado allí. Para ser más exactos, ni un euro pasó tampoco por allí. Todos fueron directamente a pagar parte de la deuda de estos países con los bancos alemanes. La parte de deuda que les permite, con la complicidad del Estado alemán, maquillar su bancarrota real. Y con el estado actual de las primas de riesgo para estos países, que no hace más que aumentar con creces la deuda que se suponía que el rescate iba a enjuagar, la situación es completamente insostenible para ellos a corto plazo. Y aquí se incluyen España e Italia. En nuestro caso, con un mal disimulado rescate bancario escandaloso e ineficaz. Y la hipócritamente denominada "devaluación interna" -el "modelo" español para permanecer en la crisis- no es nada más que una subida de los impuestos que paraliza el consumo interno y destruye empleo sin que se compense con exportaciones ni con nada. Dicho en otras palabras, cada vez tendré que recortar más porque cada vez estaré recaudando menos.

Prosigue. El problema de fondo no es sólo estrictamente económico, sino también político. Europa se ha dotado de unas estructuras ineficaces cuyo esclerótico funcionamiento sólo sirve para, en todo caso, entorpecer. La democracia está secuestrada por los partidos y la pretensión de "Federación" en la zona euro es una quimera. Hay emisor de moneda, pero no autoridad monetaria real. Y una misma moneda no sirve a la vez para Grecia y para Holanda. Son realidades económicas demasiado distintas. Al euro como moneda le augura no más de dos años. Y contra más se demore, más traumática será su finiquitación.

La Unión Europea sólo puede aspirar a una especie de confederación. El problema político es la corrupción y la esclerotización del sistema. Me asegura que no es sólo un problema español o italiano. Los partidos políticos están en todas partes igualmente corruptos, véase por ejemplo lo que está empezando a salir en Francia. Y lo mismo puede suceder en Alemania. Puede que en algunos países, al estar en primera línea de la crisis, el panorama de la corrupción haya sido más patente, más explícito, pero no se trata en absoluto de ningún fenómeno inherente a la "idiosincrasia mediterránea". Al menos en este caso.

La democracia en Europa ha sido secuestrada por unos partidos políticos enquistados en el sistema. Hoy en día, el ciudadano no tiene posibilidad real de elección a la hora de votar. Salvando matices, superfluos en la mayoría de los casos o de orden menor en lo referente a la crisis que estamos padeciendo, en las grandes cuestiones no hay, en realidad, opciones alternativas entre las cuales uno pueda decidir.

¿Y cómo ve el futuro más allá del colapso del euro? le pregunto. Sólo puede haber futuro desde la recuperación de la democracia y de la conciencia democrática por parte de los ciudadanos. Que la ciudadanía recupere el control de algo que nunca debió perder. De lo contrario, me asegura, lo que tendremos es fascismo en toda Europa. Más o menos camuflado, pero fascismo.

¿Y cómo se puede recuperar esta conciencia activa ciudadana? le insisto. El problema no son las estructuras formales de las democracias, sino los partidos que han viciado el sistema. Afirma ver con gran simpatía el movimiento de Beppe Grillo en Italia, y que en Alemania se está preparando algo parecido para las próximas elecciones.

¿Y por aquí qué podemos esperar? España, me responde, no tiene la estructura productiva de Italia, por ejemplo, pero algo puede hacer si sabe reorientarse hacia el mercado latinoamericano, que sería algo así como su destino natural. Eso sí, ya podemos ir olvidándonos de aumentar significativamente nuestras exportaciones a Francia o cualquier otro país avanzado. Pero recuperando su propia moneda y actuando con cierta inteligencia -lo cual veo muy difícil, con franqueza (eso lo digo yo)- podría salir del atolladero en un tiempo prudencial. Dejando, eso sí, de comprarles Mercedes y AVEs a los alemanes y volviendo al SEAT y al Talgo.

Se me olvidó preguntarle cómo iba  quedar el tema de la deuda después del euro. Pero a raíz de todo demás, intuyo que los bancos alemanes tendrán que comérsela en pesetas, liras y dracmas...
Lo dicho. Es tajante en que al euro le quedan como mucho dos años. Y sería antes si no fuera por la proximidad de las elecciones en Alemania. Merkel intentará aguantar por todos los medios hasta entonces, a menos que no ocurra en el ínterin algo inesperado. Y España, cuanto más tarde en largarse del euro, peor.

Bueno. En alguna próxima entrega haré algunos comentarios.

dimecres, 20 de març del 2013

CHIPRE Y EL EUROCORRALITO



En Chipre nació Afrodita -Venus, para los romanos-, según nos cuenta la leyenda. Y en Chipre ha decidido Frau Merkel aplicar el primer corralito de la historia en la eurozona. De momento ha hecho marcha atrás ante las presiones de Putin, poco dispuesto a que la mafia rusa se pille allí los dedos. Tanto lo primero como lo segundo,  exigir un corralito y dar marcha atrás, son síntomas altamente preocupantes.

No es ahora el momento de discutir si Chipre debía entrar en la eurozona o no. Lo cierto es que si debe tanto dinero debe ser porque alguien se lo prestó. Y haría negocio. Y como no le parece a uno que los bancos alemanes sean las hermanitas de la caridad, se supone que lo harían bajo una previsión de beneficios. De modo que si ahora resulta que calcularon mal, pues que asuman su parte de riesgo. Pero lo de jugar a rescatar para que en realidad recuperen su dinero robándoles sus ahorros a los ciudadanos, es mucho peor que una broma de mal gusto. Es una canallada que, además, sentaría un precedente de consecuencias imprevisibles.

La verdad, uno empieza a entender porque los alemanes han perdido tantas guerras mundiales. A la que asoman la cabeza, acaban cayéndoles mal a todo el mundo. Diríase que sirven para locomotora, pero no para maquinistas.

Con la pretensión de imponer un primer corralito, no sólo se está imponiendo un estado de cosas que cada vez se parece más a la ley del oeste con sus sheriffs macarras a lo Whyat Earp, sus pistoleros matones y chulescos... y su "Juez de la horca", sino que se vulnera de lleno el espíritu y la letra de la carta fundacional de la Unión Europea que propició la creación del euro. Y con todo ello, las dudas en todos los ámbitos -"mercados" incluidos- parecen convertir las incertidumbres en palmarias certezas.

De momento, parece que quien lo ha detenido es Putin. Toda una metáfora.


diumenge, 9 de desembre del 2012

IBERIA, TELEFÓNICA Y "EL CAPITAL" (de Costa Gavras)


Resulta que Iberia va a despedir a cinco mil trabajadores. A la vez, la misma Iberia va a comprar Vueling. Quizás la haya comprado ya. Y el Estado sin decir esa boca es mía.

Telefónica, por su parte, con unos beneficios declarados de 2075 millones de euros, sólo en el primer semestre, y previsibles de 4000 millones en todo el año, parece no tener suficiente y ha decidido también enviar al paro a unos cuantos miles de sus trabajadores. Con medio PP de Ansar ahí dentro ¿Habrá intentado Rajoy ejercer sus "buenos oficios"?

Me entero que "Paradores Nacionales" va a cerrar unos cuantos ídem. Y resulta que, de paso también me entero, estos paradores, cuya propiedad es del Estado, están gestionados por una empresa privada. Pero quien aparece dando la noticia del cierre y los despidos en televisión es una secretaria de estado (?). ¿A qué estamos jugando?

La Sanidad pública, correteada por gobierno central y autonómicos, se está privatizando a marchas forzadas. Por lo visto, todos querían la transferencia de la competencia para poder privatizar "mejor". Cataluña y Madrid son los casos más conocidos, pero no los únicos. Un sector, el sanitario, que se privatiza bajo el subterfugio de ser "deficitario". Pero entonces, si según dicen se va a mantener el servicio ¿Cómo se explica que las empresas privadas le tengan echado el ojo? ¿Les gusta perder dinero?

Cuatro casos muy distintos -podríamos citar más- y una cosa en común. En todos ellos estamos hablando de sectores que fueron antaño propiedad del Estado. Hoy privatizados o en vías de ello y, una vez exprimidos, tirados a la basura.

Uno, modestamente, se pregunta cómo puede moralmente alguien que dice que está perdiendo dinero, cerrar líneas, despedir a cinco mil trabajadores y, a la vez, adquirir una empresa de la competencia que está realizando algunas de las líneas que ahora cierra la primera. Y cuando digo "moralmente" me estoy refiriendo a cómo el Estado no regula esto e interviene de una vez ante tanta falta de escrúpulos. ¿No estaba para eso?

Y uno se pregunta también cómo una empresa que se privatizó y en la cual acto seguido se colocaron en puestos de grandes soldadas los mismos ministros que la privatizaron y sus amiguetes de turno, cómo, decía, declarando beneficios puede estar haciendo un expediente de regulación de empleo que pone en la calle a cerca de diez mil personas.

¿Y lo de los "Paradores Nacionales de Turismo"? Si es una empresa privada ¿Por qué da la noticia el ministerio? Y si sigue siendo patrimonio nacional -me temo que como el del gran Berlanga- ¿Cómo no se toman cartas del asunto? ¿Es acaso eso mismo lo que quieren hacer con la Enseñanza Pública? Porque al ministro Wert parece que lo único que le preocupa es en qué lengua se dice, no qué se dice. Quizás para que no se sepa que está copiando de Cataluña el modelo de gestión privatizadora de los centros públicos.

De la Sanidad pública, mejor no hablar, ya lo hice a propósito de la adjudicación de un Centro de Atención Primaria en L'Escala (Girona) a una empresa cuya actividad principal son los servicios de limpieza. Así, tal cual.

En fin, todo esto son apuntes apresurados que le vienen a uno después de haber visto la película "El Capital", de Costa Gavras, y de ponerla en relación con la perplejidad que le produjo enterarse que Iberia despedía gente a la vez que compraba empresas, sin que "nadie" hiciera nada para evitarlo. No es, desde luego, ésta, la mejor película de Costa Gavras. La mejor, para mí, siempre será la mítica "Z" -un icono sentimental, también-. Pero tampoco denuncia nada que no ocurra. Muy al contrario, es más realista de lo que muchos puedan llegar a creer. Eso sí, se le olvida algo, aunque lo insinúa con la "broma" de las encuestas de autoevaluación entre el pesonal empleado: el imprescindible pábulo a la parroquia para que siga entretenida. El "opio del pueblo" o el "Somma" de los Epsilon en el Brave new world del inolvidable Huxley. A Costa Gavras se le ha olvidado, pero a nuestro gobierno no. Que para eso es el "Gobierno".

Y si no, pasen y vean, señoras y señores, un espectáculo único en el mundo, más sorprendente aún que el de aquel elefante que hacía media.... media hora que se esperaba. Mientras la crisis nos ha mandado ya a "Segunda División" y amenaza con aherrojarnos a la "Segunda B", la gran preocupación del Estado, bien jaleado por la caverna mediática y los abrazafarolas y mangantes de turno, es que los estudiantes catalanes no se examinen de catalán en las "reválidas". ¡Ya era hora que alguien se atreviera! ¡Ese Wert sí que los tiene bien puestos! Pues vaya, ni ESO.
Yo me pregunto: ¿Tenemos un Estado o una mierda?

dijous, 26 de juliol del 2012

(€ ∨ ℸ €) ∧ ℸ (€⋀ ℸ€) → ¡LO TENEMOS MAL! (II)

¿Y cuál es el tema que no parece haberse planteado y que es lógica y cronológicamente anterior al dilema euro sí o euro no? Pues acaso sea preguntarnos en qué condiciones podemos seguir en el euro e inquirir a nuestros socios si están dispuestos a  establecerlas. En román paladino: ¿Quieren ustedes que sigamos en el euro sí o no? Y si es que sí, y a ambas partes interesa, ya pueden empezar con los eurobonos al 3.5% o con los hombres de negro vistiéndose de rosa-mariposa o con lo que sea, pero en las actuales condiciones no se puede seguir. Y si es que no, pues adiós muy buenas. Se quedan usías con el euro y retorno a la peseta, con devaluación de un 35 o 40% y a sudar. Pero como mínimo a sudar por algo más que pagar intereses de prima de riesgo. Una prima de riesgo que, ya que ese le llama así, podría dejar de ser de una vez un eufemismo y pasar correr lo que su nombre indica: un riesgo real. Ya habeis matado a la gallina; ahora veremos cuando y como podremos pagar, porque lo primero es lo primero, así que a la cola. Y no creo que esta vez vinieran los cien mil hijos de San Luis. ¿Verdad que no?
Ante todo este galimatías de despropósitos, no puedo evitar la evocación de algunos pasajes de aquella biblia moral del capitalismo que es Advises to a Young man who wants to become rich, de Benjamin Franklin. Trataban estos pasajes sobre la forma de ganarse uno la credibilidad –algo de lo que, desde luego, no estamos sobrados por aquí- y como ser tenido por alguien serio y cumplidor facilita que el prójimo esté dispuesto a prestarnos dinero. Serio y cumplidor, claro. Y eso no basta con decirlo, hay que demostrarlo y Franklin suministraba sabios consejos para parecerlo, en el bienentendido calvinista que uno es lo que parece que es.
Pero resulta que ni el prójimo ni, menos aún, eso que llaman los “mercados”, son tontos. Serán amorales y hasta inmorales, pero no tontos. ¿Qué pensaría un eventual prestamista de alguien que, a la vez que le pide dinero, está incumpliendo sus obligaciones económicas contraídas anteriormente con terceros? ¿O de alguien que en lugar de reducir gastos en su tren de vida se dedica a no pagar a sus empleados? ¿O acaso recortar arbitrariamente el sueldo de los funcionarios públicos no es un incumplimiento en toda regla?

¿Se fiarían ustedes de alguien que aceptara un préstamo bajo la condición de no pagar deudas anteriores con otros acreedores? ¿Quién nos aseguraba que algún día no fuéramos nosotros a ocupar el lugar de esos "otros"? Yo, desde luego, no me fiaría. Y los mercados parece que tampoco.
Sí, ya sé, me dirán que son ajustes que exigen Europa y los “mercados”. Y que si nos dejan el dinero es precisamente con la condición de que no se les pague, por ejemplo, a los funcionarios lo que se les debe, pero sí que se les inyecte a los bancos para que puedan pagar sus deudas a unos acreedores que son los mismos que ahora me imponen estas condiciones, incluidos los incumplimientos; el alfa y omega del capital, vaya. Sí, todo esto ya lo sabemos.

Pero mi planteamiento no es económico, sino anterior a lo estrictamente económico. ¿Qué credibilidad le puede merecer a uno alguien que le pide dinero a la vez que está incumpliendo en sus pagos a terceros? Me parece que no mucha. Aunque  tales incumplimientos sean el resultado de ponerse en primer tiempo de saludo y plegarse incondicionalmente a las exigencias de los mercados, los mismos que han de prestar el dinero; o precisamente por eso… Yo creo que precisamente por eso.

Tanta sumisión, tanto "loqueustediga" y tanto incumplimiento en forma de recorte, por más que vengan impuestos por el propio prestamista, son poco de fiar.  Y eso, desde luego, no hace que uno se gane el respeto ni la credibilidad de nadie. Ni del que le presta dinero. Además es indigno.