dissabte, 21 de maig de 2016

Economía y gato encerrado



«Es la economía ¡estúpidos!». La frase hizo historia. Se atribuye a James Carville, asesor de Bill Clinton en sus campañas electorales. Igualmente, hemos de suponer que el epíteto «estúpidos» se utilizó para calificar a los que no tenían tan claro que la economía fuera el factor determinante en el comportamiento electoral de la población. O sea, que eran unos estúpidos, y por partida doble: por ignorarlo y, añadiría, por no saber que la población es tan estúpida. Lo segundo, la estupidez de la población, entroncaría con aquella otra frase, atribuida en este caso a Schumpeter, según la cual nadie habría perdido jamás ni medio dólar por menospreciar la inteligencia media del ciudadano norteamericano. Y ya que estamos en Schumpeter, tampoco estaría de más que los supuestos progres que ahora se relamen de gozo con la introducción del espíritu emprendedor en los curricula educativos, le echaran un vistazo a sus análisis sobre el Unternehmergeist. Igual se llevaban una sorpresa.

La verdad, he de reconocer que no tengo tan claro que «sea la economía», aunque con ello caiga de lleno bajo la categoría de «estúpido». Y si no lo tengo tan claro es porque tampoco sé muy bien en qué consiste eso de la Economía. En fin, que si no sé qué es la economía, tampoco puedo asegurar que sea la economía. Hay que asumirlo, ciertas cosas no las puedo entender.

Nos dicen, por ejemplo, que el PIB español ha crecido este último año el 3.5% y que estamos saliendo de la crisis. Pero persisten los recortes y las medidas de austeridad, en algunos casos incluso incrementadas. Hay que crecer más, nos dicen, para poder salir de la crisis y rebajar los índices de paro; como mínimo, siguen diciéndonos, habría que crecer un 5% anual.

Uno siempre había pensado que si no crece se queda como estaba. Una intuición sin duda falsa y estulta, porque resulta que no es así. Cierto, está todo aquello de la competitividad y la libre concurrencia. El propio Schumpeter afirmaba que el capitalismo es por naturaleza una forma o método de cambio económico, y no sólo nunca es sino que nunca puede ser estacionario. Así que si no creces, lo tienes mal. Algo así decía también Marx, por cierto.

Bien, de acuerdo, pero en mi estupidez, hay cosas que no me cuadran. Si revisamos la evolución del PIB en España a lo largo de los últimos ocho años, o sea, desde el año 2007, observaremos que, después de sucesivos altibajos, picos y valles, estamos actualmente casi en el mismo punto que estábamos en el punto de partida de la crisis. En cambio, puedo asegurarles que un servidor, en lo que refiere a sus emolumentos salariales, se encuentra en el mismo punto que se le adjudicó con los sucesivos recortes acaecidos en los «valles» del 2009 y del 2012. Y eso por no hablar de los aumentos impositivos. Es decir, no sé quién habrá crecido, pero yo desde luego que no.

A lo mejor un ejemplo individual no es significativo. Y seguramente que tampoco se me aceptaría si digo que tan precaria situación es la misma para el colectivo al que pertenezco, de más de medio millón de individuos. Y tampoco sé si será significativo que el paro registrado en el 2007 fuera del 8,5%, y que en el de 2015 esté en el 21%. Es decir, si estamos prácticamente como en el 2007 en cuanto a PIB ¿por qué no estamos también en una situación similar ahora en otros indicadores mucho más prosaicos como los niveles salariales o de desempleo? En otras palabras ¿Quién se lo está llevando crudo?

Sí, es cierto que la deuda externa era en el 2007 del 35,50% del PIB, y que en el 2015 llegó a 99,20%, hasta superar hace unos días el 100%, según se anunció. Y esta deuda digo yo que hay que pagarla. ¿Pero la está pagando quien la contrajo? Mucho me temo que no, y que la estamos pagando, como se suele decir, los mismos de siempre, mientras los hay que se van de rositas. Vamos, que alguien se está enriqueciendo con mi (no)crecimiento.
Porque se mire como se mire, si estamos creciendo y la mayoría seguimos bajando, aquí hay alguien que se está llevando el gato encerrado al agua. Pero no me hagan caso, son preguntas impertinentes resultado de reflexiones estúpidas. Porque como ya sabemos, es la economía (estúpidos). Y vamos y nos lo creemos. Puede que sí, que seamos estúpidos.

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