dijous, 19 de maig de 2016

Emergentes recurrentes



Debería llamar nuestra atención la recurrente intempestividad con que ciertos emergentes aducen argumentos de lo más manidos según van acercándose a la superficie. Será cosa de la presión, ya se sabe; la borrachera de las profundidades, se le llama. Pero no hablo de buzos, sino de políticos. Y es si cabe aún más curioso.

El ciudadano Rivera, sin ir más lejos, acaba de descubrir el peligro del comunismo en un nuevo rito de tránsito iniciático que deberá -o debiere si fuere- consagrarle como político español de derechas y con mayúsculas -no sabemos si aspirando a Lerroux o a Gil-Robles-. Hasta ahora sólo sabía de nacionalismos, muy concretamente de nacionalismo catalán. Ahora que está haciendo las Españas ha descubierto que existen los rojos. Y clama contra ellos. Son especialmente trabajadas sus declaraciones según las cuales la coalición entre Podemos e Izquierda Unida representa al «comunismo»: el peligro comunista. Épatant! O descubrir la sopa de ajo pretendiéndola inédita hasta que sus luces la vislumbraron.

En cierto modo es comprensible. En Cataluña hace ya mucho que no hay rojos, ya no quedan; y él es (todavía) joven. Hay en Cataluña, eso sí, rosados, purpurados más o menos violáceos, e incluso hasta figurantes que fingen ser lo que haga falta, porque ha de parecer que haya de tó. Pero rojos, lo que se dice rojos, no quedan. Así que Rivera no sabía que existían. Ahora, ya en la cosmopolita España, ha descubierto, empavorecido, que sí, que haberlos, haylos. Hay separatistas –eso lo sabía-, pero resulta que también hay rojos. Hasta puede que esté empezando a dilucidar con sus áulicos y sesudos consejeros si acaso los rojos son a España lo que los separatistas a Cataluña. Ha descubierto que existe una anti-España, y lo que es peor: en España. Y esto es un descubrimiento «trascendental». Lo que ya no sé es si preferiría, llegado el caso, «una España roja antes que rota», o «rota antes que roja».

Voltea como un buitre en busca de carroña la frase de Samuel Johnson: “El patriotismo es el último refugio de los canallas”.

Mientras tanto, dos noticias que (al menos a mí) «ayudan» a entender un poquitín todo este esperpento en que se ha convertido nuestra realidad.

La primera es la prohibición, por parte de «la autoridad «(in)competente» de la bandera independentista, la estelada –como se le llama- en la final de «ese» partido de fútbol. Si la prohibidora hubiera como mínimo leído a alguien tan ideológicamente próximo a ella como Talleyrand, sabría que una cosa es un crimen, y otra un error, y que lo segundo es peor. Lástima que la proximidad ideológica no exima en materia de deficiencias propias. Ni hecho aposta daría tanto pábulo a los cínicos que viven de administrarlo, en ambos lados.

Pero es que a lo peor, en regodeándose, lo ha hecho aposta, con lo cual, apaga y vámonos. Con gobernantes así nadie, excepto un súbdito, puede sentirse identificado. Ni el más cenutrio.

La segunda, que además me enternece personalmente por lo de las contumaces cuitas en que prosigue mi inefable Artur Mas -¡qué juego llegó a dar este hombre!-, es la integración de Ciudadanos en el grupo liberal europeo, en el cual también está Convergencia. Mas ha viajado en secreto para entrevistarse con sus amigos liberales europeos –ignoro quién ha pagado el viaje, pero me temo que yo, entre muchos otros- para utilizar sus «influencias» y evitar tener que compartir grupo parlamentario –y la «Internacional Liberal», así llamada-, con tan molestos socios.

Obviamente en vano; una nueva calabaza para nuestro Moisés. El diagnóstico del Grupo liberal europeo es, a mi parecer, tan demoledor para Mas como para Rivera: ideológicamente son iguales, sus diferencias territoriales que se las arreglen entre ellos. Ya lo hacen, ahora el nuevo peligro son los comunistas. Ya sólo faltan los masones y tenemos el triunvirato.  

¿Esto es nuevo? ¡Por favor!
Prometo dedicar la próxima entrega al peligro «comunista», que también se las trae.

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