dimarts, 24 de maig de 2016

Querido Jean-Claude...



Este podría ser perfectamente el encabezamiento de la polémica carta que Mariano le ha escrito a Jean-Claude Juncker. No he podido acceder a la misiva en cuestión –el supuesto enlace no funciona-, pero es lo que se desprende del tono y los contenidos que se han divulgado. Se trata de una carta entre colegas, entre gente ducha en su oficio y que no se andan con eufemismos, sino que prevalece el trato familiar y de mutua confianza. Sin necesidad de leer entre líneas.

Al parecer, Mariano le explica a su colega europeo por qué no deben inquietarle las rebajas de impuestos, ni el resto de rumbosas promesas que en materia económica está profiriendo y seguirá profiriendo hasta la misma noche electoral. Porque una vez pasadas las elecciones empezará a aplicar las preceptivas medidas de austeridad en forma de recortes a los de siempre. Algo así como “tú ya sabes, Jean-Claude, lo que es una campaña electoral, hay que hacer promesas, así la gente se anima y te vota, que es de lo que se trata. Si no, imagínate que van y ganan los comunistas de Podemos y empiezan con la cantinela de que hemos de renegociar la deuda y todo eso. Y no es esto lo que queréis en Europa ¿verdad?

A uno lo que más le sorprende de todo esto no es lo que pueda pensar Mariano, o cualquier otro político, sobre la vigencia de sus promesas electorales, sino la  evidente torpeza que supone expresarse en coloquial francachela con el colega Juncker en una carta supuestamente oficial. Y también, claro, las tragaderas de la ciudadanía. Porque lo que le está diciendo es «no te preocupes, estoy mintiendo para luego poder seguir mandando como tú me digas». Y eso, que se escriba, es muy grave en un político.
¿Qué dirá ahora? Cualquier cosa, y lo bueno es que hasta a lo peor sale airoso del lance.

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