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dissabte, 21 de maig del 2016

Economía y gato encerrado



«Es la economía ¡estúpidos!». La frase hizo historia. Se atribuye a James Carville, asesor de Bill Clinton en sus campañas electorales. Igualmente, hemos de suponer que el epíteto «estúpidos» se utilizó para calificar a los que no tenían tan claro que la economía fuera el factor determinante en el comportamiento electoral de la población. O sea, que eran unos estúpidos, y por partida doble: por ignorarlo y, añadiría, por no saber que la población es tan estúpida. Lo segundo, la estupidez de la población, entroncaría con aquella otra frase, atribuida en este caso a Schumpeter, según la cual nadie habría perdido jamás ni medio dólar por menospreciar la inteligencia media del ciudadano norteamericano. Y ya que estamos en Schumpeter, tampoco estaría de más que los supuestos progres que ahora se relamen de gozo con la introducción del espíritu emprendedor en los curricula educativos, le echaran un vistazo a sus análisis sobre el Unternehmergeist. Igual se llevaban una sorpresa.

La verdad, he de reconocer que no tengo tan claro que «sea la economía», aunque con ello caiga de lleno bajo la categoría de «estúpido». Y si no lo tengo tan claro es porque tampoco sé muy bien en qué consiste eso de la Economía. En fin, que si no sé qué es la economía, tampoco puedo asegurar que sea la economía. Hay que asumirlo, ciertas cosas no las puedo entender.

Nos dicen, por ejemplo, que el PIB español ha crecido este último año el 3.5% y que estamos saliendo de la crisis. Pero persisten los recortes y las medidas de austeridad, en algunos casos incluso incrementadas. Hay que crecer más, nos dicen, para poder salir de la crisis y rebajar los índices de paro; como mínimo, siguen diciéndonos, habría que crecer un 5% anual.

Uno siempre había pensado que si no crece se queda como estaba. Una intuición sin duda falsa y estulta, porque resulta que no es así. Cierto, está todo aquello de la competitividad y la libre concurrencia. El propio Schumpeter afirmaba que el capitalismo es por naturaleza una forma o método de cambio económico, y no sólo nunca es sino que nunca puede ser estacionario. Así que si no creces, lo tienes mal. Algo así decía también Marx, por cierto.

Bien, de acuerdo, pero en mi estupidez, hay cosas que no me cuadran. Si revisamos la evolución del PIB en España a lo largo de los últimos ocho años, o sea, desde el año 2007, observaremos que, después de sucesivos altibajos, picos y valles, estamos actualmente casi en el mismo punto que estábamos en el punto de partida de la crisis. En cambio, puedo asegurarles que un servidor, en lo que refiere a sus emolumentos salariales, se encuentra en el mismo punto que se le adjudicó con los sucesivos recortes acaecidos en los «valles» del 2009 y del 2012. Y eso por no hablar de los aumentos impositivos. Es decir, no sé quién habrá crecido, pero yo desde luego que no.

A lo mejor un ejemplo individual no es significativo. Y seguramente que tampoco se me aceptaría si digo que tan precaria situación es la misma para el colectivo al que pertenezco, de más de medio millón de individuos. Y tampoco sé si será significativo que el paro registrado en el 2007 fuera del 8,5%, y que en el de 2015 esté en el 21%. Es decir, si estamos prácticamente como en el 2007 en cuanto a PIB ¿por qué no estamos también en una situación similar ahora en otros indicadores mucho más prosaicos como los niveles salariales o de desempleo? En otras palabras ¿Quién se lo está llevando crudo?

Sí, es cierto que la deuda externa era en el 2007 del 35,50% del PIB, y que en el 2015 llegó a 99,20%, hasta superar hace unos días el 100%, según se anunció. Y esta deuda digo yo que hay que pagarla. ¿Pero la está pagando quien la contrajo? Mucho me temo que no, y que la estamos pagando, como se suele decir, los mismos de siempre, mientras los hay que se van de rositas. Vamos, que alguien se está enriqueciendo con mi (no)crecimiento.
Porque se mire como se mire, si estamos creciendo y la mayoría seguimos bajando, aquí hay alguien que se está llevando el gato encerrado al agua. Pero no me hagan caso, son preguntas impertinentes resultado de reflexiones estúpidas. Porque como ya sabemos, es la economía (estúpidos). Y vamos y nos lo creemos. Puede que sí, que seamos estúpidos.

dimarts, 2 de febrer del 2016

Educación: decálogo sobre lo que nunca debe decirse




1.- Algunos padres deberían tomar en consideración la posibilidad de que su hijo acaso no sea el superdotado que imaginan. A muchos les ocurre con los resultados escolares de sus hijos lo que a aquel matrimonio que, operado él de cirugía estética en las orejas, y ella de la nariz, no entendieron que el hijo les saliera narizotas y con orejas de soplillo.
2.- Los centros escolares no fueron ideados ni para que los padres coloquen allí a sus hijos, ni para dar salida a la profesión docente, sino como espacios funcionales destinados al aprendizaje, donde el docente enseña y el discente aprende. Lo demás, sin ser desdeñable, viene sobrevenido y se da también en cualquier otro espacio colectivo; la instrucción, en cambio, no. Interacción y socialización se dan en muchos ámbitos, pero matemáticas sólo se aprenden en la escuela.
3.- Un sistema educativo no consiste en enseñar a nadar con flotador, sino a saber prescindir de él. Y para ello es necesario un esfuerzo que violenta al individuo y al que muy raramente tenderíamos de no vernos impelidos a ello.
 
4.- Educar es también reprimir, por más que dicha palabra horrorice a ciertas mentes buenistas; enseñar, instruir, también. Otra cosa es cómo se lleve a cabo este proceso de represión.
5.- La igualdad de oportunidades no es un punto de llegada, sino de partida. Lo otro es igualitarismo aberrante. El modelo actual de escuela comprensiva e inclusiva, es como pretender preparar a alguien de un metro cincuenta de estatura para que juegue en la NBA: se acaba prohibiendo la NBA porque no todos pueden jugar en ella.
6.- Los alumnos son, en tanto que sus usuarios, el sujeto del sistema educativo, no el objeto. El objeto es la transmisión de conocimientos. No entender esto, es no haber entendido nada. O simplemente engañar.
7.- Suprimir por ley el fracaso escolar es como esconder la mierda debajo de la alfombra: hiede igualmente.
8.- La pedagogía moderna es a la enseñanza lo que la astrología es a la astronomía. Una prueba concluyente de que el sistema educativo anterior era más permisivo de lo que algunos están dispuestos a reconocer es que, en lugar de fracasar en él, obtuvieran titulación universitaria los que han diseñado el actual.
9.- Que uno no pueda llegar a comprender ciertas cosas, no implica que otros no puedan. Si para consolar a los que no llegan, limitamos la enseñanza a lo que puedan entender, seguiríamos en las cavernas.
10.- Reza un viejo proverbio que si a un pobre le das un pescado, comerá una vez, si le enseñas a pescar, comerá siempre. El sistema educativo actual proporciona pescado podrido para que a nadie le dé por aprender a pescar, no fuera a capturar un día una langosta y descubriera el engaño de que fue objeto.

 

dimecres, 23 de desembre del 2015

SPAGHETTI WARS: EL DESPERTAR DE LA FUERZA... BRUTA

 

Teorizar sobre Star Wars quizás pueda parecer excesivo. Sin embargo, y como dice acertadamente Jorge en su blog, aunque la gravedad y la «metafísica» de la saga sean de baratija de mercadillo, no es menos cierto que nada es ajeno a su tiempo. Tampoco Star Wars, de la que, sin rubor alguno, me considero un entusiasta seguidor de las seis primeras entregas. La séptima, y última por ahora, «El despertar de la Fuerza», ya es otra cosa…
Han transcurrido casi cuarenta años desde la primera entrega, y aunque sólo fuera por esto, puede considerarse una suerte de género; no como el «Western», ciertamente, ni como «Tarzán», pero situada en algún borroso punto medio entre ambos. Como el Western, Star Wars es deudora de sus momentos. Baste recordar para ello el distinto tratamiento que merecen, en el caso del Western, la figura del general Custer y su correlato, los indios de las praderas, a lo largo del recorrido del género: de héroes a villanos, o de villanos a héroes, según el caso. Cada presente se proyecta sobre el pasado en función de sus propios intereses e inquietudes. De las analogías con Tarzán diré, simplemente. que hemos pasado de John Weissmüller a musculosos hormonados con tanga de piel de leopardo. Es suficiente.
Star Wars no se proyecta sobre ningún escenario histórico adulterado, a diferencia del Western, pero igualmente (...)
 
EL ARTÍCULO COMPLETO AQUÍ

dimecres, 8 de juliol del 2015

MÁS SOBRE LAS VACUNAS: CIENCIA Y SUPERCHERÍA



Lo que más sorprende, acaso por su aparente normalidad en forma de ley del silencio autoinducida, es la poca difusión que ha tenido entre los medios el debate que debiera haber generado el luctuoso suceso de la muerte del niño que contrajo la difteria, cuyos padres se negaron a vacunar porque habían leído en internet escritos de los colectivos antivacunas y que luego, al contraer su hijo la enfermedad, afirmaron haberse sentido engañados. Me estoy refiriendo, obviamente, no a la obscenidad de cebarse en plan basura en la tristeza y el dolor de unos padres que deben sentirse destrozados, sino al debate que debería haber sugerido sobre las afirmaciones de determinados colectivos y grupos contrarios a la vacunación, ahora temporalmente algo acallados, y a la horizontalidad jerárquica de la información asequible en la red, que sitúa en idéntico plano distintas posiciones sobre un mismo tema, con frecuencia indiscernible en cuanto a su solvencia para alguien que no esté lo suficientemente formado para metabolizar tal información como fraudulenta o, simplemente, como superchería.
Publicado en Catalunyavanguardista. El artículo completo AQUÍ

dimarts, 26 de maig del 2015

PODEMOS CATALUÑA: ¿LAS AMISTADES PELIGROSAS? (II de II)




Porque, vamos a ver. Hasta ahora uno había entendido el discurso territorial de «PODEMOS», más o menos de la siguiente manera. Se considera a España como una «nación de naciones», es decir, como una unidad articulada compuesta por pueblos con diferencias culturales más o menos significativas como resultado de las singularidades y avatares acaecidos a lo largo de la historia. Bien, de acuerdo, si entendemos «nación» en un sentido histórico-cultural, preilustrado y no político. Y así parece que se entendía, porque a continuación, la «nación política», ahora sí en un sentido moderno, la que constituye un Estado, es España. A partir de ahí, lo lógico es que dadas sus características, el modelo de organización territorial más adecuado para este Estado, para esta «nación política» constituida por una «nación de naciones», sea el de un estado federal. Esta era más o menos la propuesta de «PODEMOS» hasta donde yo la he podido entender. Luego, si lo de federal puede ser más confederalizante o más restrictivo, ya sería otro tema...

Pero hay un problema. Sigo tal como yo entendí la propuesta podemista. Debido a los derroteros políticos por los que ha transcurrido este país, lo cierto es que hay en algunos territorios, y por parte de una porción significativa de su población, una aspiración a segregarse y constituir un estado propio, como consecuencia, dicho muy sucintamente, de las luchas por cuotas de poder entre burguesías locales, periféricas y centrales, que aúpan estos movimientos y les dan pábulo, también a partir de la percepción de estos sectores de población que se han sentido marginados y ninguneados en su identidad, bajo el modelo de un estado fuertemente centralizado bajo la égida castellana, que se la negó durante los últimos siglos. Admitamos que fue así, bien.

El resultado ha sido una suerte de identitarismo político instrumentalizado por la derecha, central o periférica, según el caso. Pero estamos de acuerdo en que el nacionalismo es de derechas; con todos los respetos, pero de derechas. Digamos a las cosas por su nombre. Y «PODEMOS» se reivindica precisamente como de izquierda y contrario a los identitarismos, en sintonía con el universalismo humanista de raíz ilustrada que se le supone. Ello, por supuesto, sin soslayar las diferencias. Lo fundamental no es si a uno le atienden en urgencias hospitalarias en catalán o en castellano, esto es en todo caso un tema secundario; lo importante es que le atiendan bien. Igualmente, de lo que se trata es de que los alumnos aprendan matemáticas; en qué lengua se les imparta, guste o no, es también una cuestión secundaria; tal vez no irrelevante, pero secundaria, y que con unos mínimos de recíproca disposición es fácilmente superable. Lo primero, lo de urgencias, es cita expresa de Pablo Iglesias; lo de aprender matemáticas lo he añadido yo.

Prosigamos. Con estos mimbres, de lo que se trata es de construir un cesto de la concordia bajo un proyecto común que incorpore todas las particularidades y su reconocimiento. De ahí la propuesta federal en la que todo el mundo se podría sentir cómodo y reconocido. Pero precisamente por esto, si un sector de estas poblaciones sigue reclamando su «derecho» a independizarse, y en aras a que nadie esté contra su voluntad en un proyecto común, pero respetando el juego democrático de mayorías y minorías, se habla de un proceso constituyente al final del cual una nueva Constitución, o la misma reformada, reconocería este derecho mediante el ejercicio de una consulta plebiscitaria con todas las garantías democráticas de rigor.

Insisto, así es como, más o menos, uno ha entendido, por un lado, las propuestas de «PODEMOS» en relación a la estructura territorial propuesta para España, que por cierto, comparto a grandes trazos, y por el otro, su posición con respecto a qué salida darles a los movimientos independentistas en aquellos territorios donde hayan llegado a niveles significativos; que también comparto, igualmente a grandes trazos. Pues bien, resulta que de lo visto en Cataluña en esta campaña municipal, o yo no he entendido nada sobre sus propuestas, o no lo han entendido la mayoría de sus candidatos, o se han metido en un berenjenal del que les será difícil salir y que compromete sus resultados en las autonómicas de septiembre –que sólo se celebrarán si se les ha neutralizado- o, finalmente, es que están infiltrados hasta la médula por el entrismo.

Puedo asumir cualquiera de las cuatro posibilidades, pero personalmente me quedo con la última, que responde al proyecto nacionalista de subsumir en las CUP a un «PODEMOS» subsidiarizado, antes de que alcancen una implantación en Cataluña que sería fatal para el proyecto independentista.

Porque una cosa es reconocer que, por cualesquiera atávicas o recientes razones, hay un problema y ha de dársele una salida. Y hay independentismo en Cataluña, suficientemente significativo y arraigado, aunque no sea mayoritario, pero sí hegemónico todavía hoy por hoy, como para tomarse el problema en serio. Y esa salida es que la nueva constitución prevea algún tipo de consulta con todas las garantías democráticas y de ponderación. Y otra muy distinta es que «mi» modelo no pase por aquí, sino por otra forma de estructuración del estado, sea federal, confederal o la que fuere…

Dicho en otras palabras, «mis» coincidencias con el independentismo empiezan y acaban en el reconocimiento de garantías constitucionales que prevean un referéndum en que la población decida libremente si quiere largarse o no de España. Un referéndum que, en mi opinión, hablo ahora a título personal, ignoro la posición de «PODEMOS» sobre este respecto, debería requerir un mínimo de participación de los dos tercios del electorado, y un voto afirmativo de tres quintos, o cuatro séptimos, de los votantes.  Pero ni «yo» -vuelvo impersonalmente a «PODEMOS»- promoveré este referéndum, eso sería cosa del independentismo, ni, por supuesto, iba a votar «sí» a la independencia en ningún caso. Porque «yo» ya tengo mi modelo, y no coincide con el suyo. Estar a favor de despenalización del consumo de drogas no implica consumirlas, ni incentivar su uso.

Paradójicamente, y para perplejidad de muchos, el discurso territorial de «PODEMOS» que proviene de Madrid es el que tendría más aceptación en Cataluña, entre un amplísimo sector no-nacionalista harto de las milongas de la (supuesta) izquierda «nacional», pero sin voz articulada. Y con independencia de sus propuestas en otros órdenes, es lo que más coadyuvaría por aquí a los resultados que arrojaban las encuestas de hace sólo unos meses. Pero su discurso en Cataluña, al menos el de los visibles bajos perfiles de sus dirigentes, es curiosamente otro que va por derroteros opuestos, al menos por ahora. Y lleva a la subsidiarización y al más de lo mismo.  
Ya veremos qué pasa a medida que se acerquen las autonómicas y las generales. Si «PODEMOS» recupera su discurso territorial originario, sin complejos, ya les aseguro que no habrá autonómicas y saltaríamos directamente a las generales.

divendres, 22 de maig del 2015

PODEMOS CATALUÑA: ¿SECUESTRO POR ENTRISMO? (I de II)




El mayor problema de «PODEMOS» en Cataluña no es la improvisación de candidaturas que hubieran debido realizarse bajo unas mínimos requisitos de implantación orgánica previa en el territorio, algo que también les ocurre en el resto de España y que afecta igualmente a C’s, aunque en otro sentido. Tampoco, aunque algo más, el perfil bajo acreditado por sus dirigentes catalanes. No, el gran reto de «PODEMOS» en Cataluña, el mayor peligro que afronta ahora mismo esta formación es, en la mejor tradición trotskista, el entrismo por parte del independentismo radical, que puede acabar desdibujando su discurso en torno a este tema, y vampirizarlo hasta el punto de relegarlo a mera anécdota entre las miasmas de las CUP y la izquierda oficial catalana que abreva en los corrales nacional/independentistas. Las acusaciones de lerrouxismo por un lado, y el entrismo decidido a combatirlo poniendo el hecho nacional por delante, por el otro, convergen en un proyecto destinado a neutralizar un discurso federalista y superador que, como no podía ser de otra manera, es el peor enemigo del nacionalismo catalán, en cuyo universo sólo encaja una España excluyente que justifique la necesidad de la inevitable secesión.

En principio, la decisión de no presentarse con sus siglas a las elecciones municipales fue un acierto. «PODEMOS» se constituyó, como mínimo después de su puesta de largo en las elecciones europeas de ahora hace un año, como una marca con votos y al alza, pero sin estructura para metabolizarlos en tan procelosos océanos como los de unas elecciones municipales. Estaban en condiciones de afrontar unas elecciones autonómicas y, por supuesto, unas generales, pero no unas municipales. La renuncia a participar en ellas me pareció, pues, una opción táctica de inteligencia política poco habitual.

El problema, en mi opinión, es que la renuncia fue a participar directamente con su marca, pero no que los círculos, asambleas, células, colectivos o como se le llame, que iban surgiendo de «PODEMOS» en los distintos territorios, renunciaran a participar también bajo otras coberturas electorales. Este ha sido, creo yo, el gran error, sobre todo en el caso de Cataluña, dado el particular enrarecimiento de su atmósfera política. También han tenido problemas en Madrid, aunque allí, al estar más arraigados, también en el tiempo, lo han sabido reconducir con algo más de tino. No así en el caso de Cataluña. Porque aquí, el discurso de «PODEMOS», se mire como se mire, choca frontalmente con el independentismo, y ello no sólo porque pueda arrebatarle amplios sectores de independentistas sobrevenidos, sino también porque en el plano teórico del discurso político, para el independentismo «PODEMOS» es su mayor enemigo.

Porque el hecho es que, al no haber aquí elecciones autonómicas,  sólo municipales, los distintos grupúsculos que deberían haber constituido la base –y la semilla- de «PODEMOS» en Cataluña, se han integrado en candidaturas de «unidad» en las que han quedado diluidos como formación, con discursos demasiado frecuentemente contradictorios con el que, al menos, parecía el discurso oficial podemista con respecto a la llamada cuestión nacional catalana; ello con el añadido que, a la vez que abducidos en los más variopintas candidaturas, tal abducción contribuye a la vez a aupar candidatos y formaciones cuyo discurso es claramente independentista. Y ello no sólo genera confusión, sino que hipoteca el futuro de «PODEMOS» en Cataluña y amenaza convertirlo en subsidiario de ICV o las CUP, adscritas al independentismo más descerebrado, cuando no hace mucho las encuestas le auguraban ser la primera o segunda fuerza más votada en unas generales, y la segunda o tercera en unas autonómicas.

Hay muchos casos que podría citar, pero vayamos al que, quizás sin ser el más grave, es ello no obstante el más emblemático y significativo: Barcelona. En la capital catalana, «PODEMOS», aunque aquí no participe con las CUP, como en otras localidades, sí lo hace con ICV-EUA, donde, muy especialmente en las primeras siglas, anida la izquierda oficial independentista y empesebrada, amén de otras formaciones ideológicamente heteróclitas. Es decir, una candidatura de la izquierda «nacional» a la izquierda del PSC.

La número uno y candidata a la alcaldía de Barcelona por esta coalición –Barcelona en Comú, Guanyem Barcelona-, es ni más ni menos que la ínclita Ada Colau. Para muestra, un botón. La señora Ada Colau proclama que no es nacionalista ni independentista, pero a continuación afirma que en el referéndum/barbacoa del 9-N votó Sí-Sí. ¿Se puede entender esto?
Vaya por delante que me parece tan respetable un sí-sí, como un sí-no, un no-no y hasta, si lo hubo, un no-sí (aunque sea un atentado contra la lógica). Pero lo mínimo que se le puede exigir a alguien es que sea coherente en sus afirmaciones. Y Colau no lo es. Porque no se puede votar sí-sí, es decir, votar a favor de la independencia, y a continuación manifestarse como no-nacionalista y no-independentista. Y si eso resulta que lo entiende un niño de teta, pues que me traigan al niño de teta. O que se lo lleven a la señora Colau.
(Continuarà...)

divendres, 6 de març del 2015

MÁS ALLÁ DE LA RELIGIÓN



Un estudiante de filosofía se presenta al examen oral ante un tribunal que le requiere para que explique el pensamiento de Santo Tomás de Aquino. “Pues miren”, replica impávido el examinando, “la filosofía de Sto. Tomás de Aquino no me la sé, pero eso no tiene filosóficamente ninguna importancia, porque lo relevante es conocer su refutación, que sí conozco a la perfección y que les desarrollaré a continuación”.

Siempre me han parecido unos perfectos imbéciles los supuestos laicos que, por estos pagos, te felicitan la Navidad deseándote un buen solsticio de invierno. Y si denostar a la izquierda orate implica que lo pongan a uno de facha sin más preámbulos, muy probablemente la consideración de imbéciles para tan heroicos laicos conlleve ser puesto al mismo nivel que el cura Merino, Torquemada o Torras i Bages. La mezcla entre estupidez y esnobismo es letal de necesidad.

Decía en un post anterior que el tema de la religión -tal como se plantea desde la izquierda orate como desde la Conferencia Episcopal-, me parece uno de los problemas más secundarios y menos urgentes de entre los muchos que tiene planteados en estos momentos el sistema educativo; un sistema educativo al que si representáramos metafóricamente como un buque, hace años que ya sólo podríamos considerar un pecio. Y discutir sobre el tipo de chaleco salvavidas que hay instalar en un pecio carece de sentido.

Por su parte, el siempre atento Gregorio Luri ponía el dedo en la llaga cuando contrastaba las airadas reacciones que ha suscitado entre el elenco progre la publicación de los contenidos de la materia de religión católica, con la indiferencia y el silencio que ha merecido la publicación del currículum de religión musulmana. Un contraste que a la vez que delata, también retrata. Él le llama las fobias electivas, por oposición a las afinidades de Goethe, entiendo, obra basada en esta noción de la química del siglo XIX aplicada a la vida social.

Porque vamos a ver. Una cosa es lo que ya a finales de los ochenta denunciaba Fernando Savater en un brillante artículo en “El País”, concluyendo que, en materia de enseñanza de la religión, España estaba igual que la «bendita república del Irán». Es decir, en materia de religión estamos como si en materia de historia los profesores fueran nombrados en Cataluña por el inefable Institut de la nova Història, o en el resto de España por el consejo de administración de Intereconomía. Eventualidades que, por cierto, ya se dan o se pueden dar si los elige el director del centro sin más criterio objetivable que una normativa que le encumbra como «norma» a él mismo. Y conozco casos. Pero esto es una cosa, o mejor, una aberración, y otra muy distinta que la religión no se agote en sí misma. No saber ver esto me parece una torpeza.

Es ciertamente rechazable que el Estado pague a unos profesores que no elige, con unas titulaciones que no regula, para que hagan proselitismo de su credo en las escuelas e institutos públicos. Ahora bien, es igualmente rechazable, y por idénticas razones de higiene intelectual, que se pretenda ocultar o escamotear el fenómeno religioso  -el católico, claro-, igual que se les pretende ocultar a los niños de hoy que Bambi quedó huerfanito y que a la abuelita de Caperutica se la zampó el lobo feroz.

Porque miren ustedes y sin ir más lejos, no estoy hablando de fe ni de convicciones religiosas, quien siendo occidental desconozca la Historia Sagrada, siento decirlo así, está culturalmente castrado. Porque hay categorías que impregnan todo el universo cultural y le dan forma. Y que están más allá de la creencia o no en unos determinados dogmas. Occidente no se puede entender sin el cristianismo, así como tampoco sin Grecia ni Roma.

Y si como decía Max Weber, cultura es una urdimbre consistente en tramas de significado que dan sentido y que permiten al individuo orientarse en su interacción social a partir de este sentido, desde en lo más trivial hasta en lo más complejo, entonces no basta con ser ateo para poder prescindir de la religión, porque de elementos religiosos está impregnada dicha urdimbre. No en cuanto a confesión o creencia, claro que no, sino en aquello que está más allá de la religión. Ni siquiera ser ateo es una justificación para eludir el fenómeno religioso o ignorarlo. Hasta puede que todo lo contrario.
Exactamente igual que con la refutación de la filosofía de Tomás de Aquino no basta para que deje de ser necesario estudiarla, contra lo que pensaba el infeliz estudiante. Aunque hoy, con tanto Wert y sus curricula para formar futuros tarados, y con tanto psicopedabobo que lleva a cabo la faena, probablemente, la mayoría pensaría lo contrario. Claro que, como filosofía ya no habrá, gracias a los autonómicos y a los centralistas, el tema ya no se planteará. Y en cualquier caso, mejor no preguntárselo.

dilluns, 2 de març del 2015

RELIGIÓN Y MAJADERÍA



Ya la tenemos liada otra vez. Hay gente que no tiene remedio. Ahora resulta que el currículum de la materia de Religión en el Bachillerato evaluará aspectos como la comprensión del origen divino del universo o los problemas bioéticos relacionados con el origen, el desarrollo y el final de la vida. Y ya han saltado por legiones los majaderos de siempre poniendo el grito en el cielo y rasgándose las vestiduras ante tal tropelía. ¿Y qué se pensaban que iba a decir la Iglesia al respecto? Desde luego, hay gente de una aparente ingenuidad exasperante…

Vaya por delante que, exactamente de la misma manera que pienso que en un sistema educativo lo esencial es que los alumnos aprendan matemáticas –por ejemplo-, mientras que me parece secundario en qué lengua se les enseñe, -o me lo seguirá pareciendo hasta que no se resuelva lo primordial: que efectivamente aprendan matemáticas-, pienso también que el tema de la religión es en estos momentos uno de los problemas más insignificantes y menos urgentes que nuestro sistema educativo tiene planteados.

No voy a entrar, por lo tanto, a debatir sobre la conveniencia o no de que la religión como doctrina confesional forme parte de nuestros programas de estudio como materia optativa, ni de que su oferta sea obligatoria en todos los niveles y etapas con independencia de la demanda –a diferencia, por ejemplo, del latín o del griego o de tantas otras-, ni tampoco en si ha de ser evaluable o no para el expediente. Y ya digo, no voy a entrar en ello –acaso otro día- porque hacerlo me parecería eludir culpable y cínicamente los temas principales y de mayor gravedad que afectan a nuestro sistema educativo, y siendo consciente de ello, incurriría en una frivolidad que no estoy en condiciones de permitirme.

No, con quienes me voy a meter es con los majaderos que parecen escandalizarse porque un texto de religión católica sostenga el origen divino del universo, o que afirme que la persona no puede alcanzar por sí misma la felicidad. O que se relativicen los casos de Galileo, Servet o Bruno ¿Pero se puede saber de qué se sorprenden? ¿O qué pretenden que expliquen los curas? ¿Que digan que el universo no tiene sentido? ¿Es que son tan extremadamente ignorantes que no saben qué es una religión ni qué es la Iglesia o en qué consiste?

El único de los entrevistados que da en el clavo es Fernando Savater -sin que sirva de precedente-, que elude entrar a valorar los contenidos y afirma que:

“El problema es la existencia misma de una asignatura confesional organizada por el obispado, con profesores elegidos por los obispos y pagados por el Estado”
Ahora bien, si resulta que nadie considera esto un problema, y cabe suponer que es así porque ningún gobierno ha denunciado el concordato con la Santa Sede de 1979, y éste establece que la materia de Religión la organiza el obispado y a los profesores los elige el obispado ¿A quién le puede sorprender que luego digan lo que dicen?

dilluns, 7 de juliol del 2014

LOS LÍMITES DE LA REPÚBLICA (V) y Final de la entrega


 
No, el concepto de ciudadanía no ha enraizado entre la población, y nada hace suponer que vaya camino de hacerlo. Seguimos en este sentido en el particularismo y la acción directa que daba nombre a la primera parte de la España invertebrada de Ortega. No creo que hayamos avanzado ni un palmo. Como decía Muñoz Molina en un memorable artículo, defensores de la ignorancia nunca han faltado en España.

Si el concepto de ciudadanía hubiera arraigado en este país, seguramente seríamos ya una república, o estaríamos en condiciones de serlo. Cambiando los nombres de las cosas no se cambia su realidad. El atractivo de la república no proviene sino de la naturaleza ucrónica del material utilizado para el constructo que la ha idealizado y puesto como referente, cuasi utópico, ante a una realidad degradada. De ahí que se la contemple como una especie taumatúrgico bálsamo de Fierabrás, aplicable contra todos nuestros males. Pero contra lo que más de uno sospecha auto exculpatoriamente, acaso nuestros males no sean extrínsecos, sino intrínsecos. Y eso ni lo arregla la república ni hay bálsamo milagroso que lo cure.

Si algún día este país consigue sacudirse su mediocridad constitutiva, puede que entonces estemos en condiciones de decidir si queremos ser república o monarquía. Aun así, claro, si mañana o cualquier año de estos resulta que hay un referéndum sobre el tema, no podré dejar de votar por la República. Eso sí, puede que fuera un revulsivo, pero dudo mucho que nos hiciera buenos de golpe. Y cuando llegue la república, que sea para quedarse. De modo que, por ahora y visto el percal, y como ya dije, si la república ha de consistir en vestir a la mona de seda, mejor sigamos con la mona coronada... de momento.

dissabte, 5 de juliol del 2014

LOS LÍMITES DE LA REPÚBLICA (IV)


Para cuando el dictador cascó, ya nos había arreglado una nueva restauración monárquica, personificada en el nieto del putero hemofílico. Aunque no lo pareciera, o sí que lo parecía, la dictadura había cuajado sociológicamente mucho más de lo que nadie hubiera podido imaginar. La izquierda nostálgica estaba cansada y quería volver, aunque fuera con una monarquía si esta tomaba una apariencia democrática; a la izquierda advenediza, por su parte, le daba exactamente igual monarquía que república. Quería mandar y punto, para forrarse.

Y este último ha sido el periodo más largo de democracia formal en España. Pero el concepto de ciudadanía sigue sin arraigar. En su lugar, han proliferado nacionalismos, centrales y periféricos, auspiciados por burguesías nacionales e  internacionales puramente extractivas, que en su voracidad van camino de liquidar lo poco de estado del bienestar que una vez hubo en España.

Y ahora, cuando el rey abdica, se vuelve a hablar de la III República. A mí me parece muy bien, ya lo dije, soy constitutiva y genéticamente republicano. De acuerdo, largamos a Felipe VI y se proclama la república ¿Pero de qué república estamos hablando? Es de temer que la clase política sería la misma que hasta ahora; lo mismo reza para el poder judicial o el empresariado y sus correlatos sindicales. El penúltimo presidente de los empresarios españoles está en la cárcel por chorizo, y al segundo sindicato del país lo está rajando en canal la más bellaca de las corruptelas. De los políticos no hace falta hablar, sería ocioso. Y del poder judicial… ¿Para qué? El espectáculo que está dando habla por sí mismo.

Culturalmente hablando, la llamada sociedad del conocimiento ha producido el contraefecto de una ramplonería rampante que ruboriza tanto como enorgullece a los afectados. Las leyes educativas contra natura que cada gobierno de turno ha ido evacuando han analfabetizado a las generaciones recientes a base de pacatadas y timorateces hasta el punto que se ha consolidado tanto la ramplonería en el tejido social que, a la vez que no se vislumbra por ningún lado la solución, de darse, tardaría generaciones en surtir efecto. Como comentaba Jordi Ramírez en su blog, el problema no es que los alumnos actuales sepan poco, sino que la mayoría de las pocas cosas que saben son equivocadas.
Incluso en el detalle de lo anecdótico, seguimos en el ruedo ibérico valleinclanesco. Quizás porque no sean anécdotas, sino ejemplos. Hemos tenido y tenemos dirigentes mediocres, con una formación penosa, algunos de los cuales afirmaban estar en posesión de titulaciones universitarias que se habían inventado, desde directores generales de la Guardia Civil hasta ministros y presidentes y consejeros autonómicos. Y lo siguiente no es una anécdota, sino un ejemplo de cuándo hay concepto de ciudadanía y cuándo no. No hace mucho, la ministra alemana de educación tuvo que dimitir porque se descubrió que en su tesis doctoral de filosofía, realizada veinte años antes, había incluido unos fragmentos sin citar la referencia. Se consideró plagio y dimitió automáticamente. Claro, porque de no hacerlo la hubieran hecho dimitir. Aquí, en cambio, hemos tenido ministros de cultura cuya máxima titulación académica era el bachillerato, y presidentes autonómicos. Sin ir más lejos, la actual vicepresidenta catalana afirmó ser licenciada en Psicología sin serlo… Y no pasó nada. O el consejero de educación Tete Maragall, que afirmaba ser licenciado en económicas y analista informático, sin ni siquiera haber empezado jamás ninguno de estos estudios… Hoy es flamante europarlamentario.

dijous, 3 de juliol del 2014

LOS LÍMITES DE LA REPÚBLICA (III)



Y de nuevo la borbonada, esta vez en la figura del hijo de la barragana. En principio presentaba una ventaja genética frente a sus familiares, no era enteramente de sangre real; tenía un 50% de sangre plebeya. El que pasaba por ser su padre -conocido  entre el populacho como "Doña Paquita" o, también, "Paquito Natillas" - lo era sólo putativo, el biológico fue un coronel de ingenieros llamado Puig Moltó. Y una cosa era cierta, este príncipe no acabó de heredar del todo los caracteres más llamativamente decrépitos de sus antepasados inmediatos. Pero no gozó de buena salud y a los veintitantos la espichó de tuberculosis.

Nos legó un engendro póstumo, intelectualmente infradotado, putero y con ínfulas de play boy, a la vez que de milico chusco y cuartelero. Siendo aún niño y bajo la regencia de su madre, se habían perdido Cuba y Filipinas, en una vergonzosa guerra donde los milicos demostraron lo valientes que eran cuando se las veían con algo parecido un ejército de verdad. La culpa no la tuvo ciertamente él, sino acaso el profeta malagueño que había sentenciado "Cuba nunca será independiente", pocos meses antes incorporarse como segundo en la lista que él mismo había contribuido muy probablemente a fundar: la de los primeros ministros españoles muertos en atentado. Pero el niño, educado por milicones incapaces, quiso sacarse la espina colonial y, para ello, no dudó en convertir el Rif en un matadero de españoles a cambio de que los oficiales obtuvieran la gloria de la que los norteamericanos les habían privado unos años antes.

Una medida, esta de la guerra de Marruecos, que no despertó demasiado entusiasmos entre un populacho que ya no gritaba "viva las caenas", sino que se había vuelto respondón y en su lugar gritaba "Viva la revolución"; que ya no les temía a los curas ni a sus coñas del fuego del infierno, sino que, más bien al revés, eran los curas quienes les empezaban a temer a ellos. Además, empezaban a estar hartos de tanta milonga patriotera en la que unos mueren y los otros obtienen medallas. Y entre esto y aquello, tronaron al Borbón y se proclamó la república. Una república que lo tenía que arreglar todo dando cumplida y rápida cuenta de las seculares frustraciones y peticiones de los sectores más variopintos. Y con la reacción más zafia y abyecta del continente.

Como en los tiempos de la que hubiera tenido que ser la I República, once decenios antes, tampoco el escenario era demasiado favorable. El país seguía siendo en general igual de ignorante, y la iglesia igual de carcúndica. La situación internacional acompañaba aún menos. Si antes había sido la Revolución francesa y sus secuelas bonapartistas lo que había acabado por aupar en Europa al absolutismo más rampante, ahora era la revolución soviética la que había puesto Europa patas arriba y a los reaccionarios los  pelos de punta. Con una particularidad, a Napoleón lo habían mandado a Santa Elena, los comunistas rusos se habían quedado.

Y si la patria de la reacción fue en su momento la Austria de Metternich, ahora era su hija mayor, la Alemania de Hitler. Se trataba de hacerle la guerra al comunismo incluso allí donde no hubiera comunistas -caso de España, por cierto-. Por entonces, Churchill todavía no había sido sobrevolado por el Espíritu Santo, y creía, como la mayoría de los ingleses, que Mussolini era el modelo ideal para pueblos inferiores como los italianos, y que Hitler era el líder fuerte que necesitaba el pueblo alemán en su particular lucha contra el comunismo y contra sus propias psicopatías. Lo de la II Guerra mundial vino luego, pero para entonces ya no había república en España, sino una hedionda dictadura.
Puede que el problema de II República fuera que no había republicanos. España era un país atrasado y sus clases medias eran incipientes. El auge del anarquismo entre las clases trabajadoras no es sino la cercanía temporal del agrarismo. Y en el contexto del movimiento político europeo, las izquierdas iban más despistadas que un  pulpo en un gallinero. Sólo unos pocos políticos, sin base social real, como sus antepasados de las Cortes de Cádiz, creían probablemente en una república democrática e ilustrada. Y vino lo que vino.

dimarts, 1 de juliol del 2014

LOS LÍMITES DE LA REPÚBLICA (II)



 
Al comienzo de "Las largas vacaciones del 36" (Jaime Camino, 1976), un convoy de milicianos llega a la zona residencial donde está veraneando la familia del capitán. Su padre, adinerado burgués de Barcelona, observa con cierto estupor la situación: su hijo, militar de carrera leal a la República, rodeado de rudos milicianos vestidos con monos de trabajo. En un breve aparte, le comenta a su hijo "no me gusta esta gente con la que vas". "¿Y quién sino va a defender la República?" Le contesta el hijo.

En este país la modernidad siempre ha llegado tarde y a contrapié. Tal vez la I República hubiera tenido que proclamarse en el Cádiz asediado de 1812; o muy especialmente en Cabezas de San Juan, ocho años después, una vez comprobada la incapacidad de la monarquía española para adaptarse a la modernización. Pero no, se prefirió poner al Borbón felón como rey constitucional. "Marchemos todos por la senda constitucional, yo el primero", dijo cuando lo vio mal... Hasta que los cien mil hijos de San Luis le libraron del trance y pudo dedicarse a la regia tarea de exterminar todo atisbo de democracia y de demócratas.

La democracia constitucionalista había llegado a España en un mal momento, con la Ilustración habiendo pasado de puntillas y cuando la mayoría de los países europeos se encontraban en plena resaca reaccionaria post napoleónica y la Santa Alianza surgida del Congreso de Viena intervino militarmente para reponer la monarquía absoluta, porque lo era por la gracia de Dios. Conviene no olvidarlo.

Tal vez allí se perdió la gran oportunidad de subir a España al tren de la modernidad. Las pocas luces que la Ilustración había traído a España se apagaron, y vino la obscuridad de los cuadros negros de Goya y su correlato de cortes reales con monarcas zafios y degenerados, aupados por una Iglesia intolerante y fanática. "Viva las caenas" gritaba a su vez un enfervorizado populacho mientras se procedía al ajusticiamiento de lo que quedaba de Rafael del Riego, física y humanamente deshecho, después de haber sido salvajemente torturado. Quizás hubiera podido ser la I República, pero no lo fue en este país especialista en malograr oportunidades históricas.

No llegó hasta cincuenta años después. En su momento había sido un país desgarrado por una guerra civil, interna y externa, que ha pasado a la historia con el paradójico nombre de "Guerra de la Independencia", durante la cual pudieron morir cerca de medio millón de personas, y tras la cual se calcula que más de trescientos mil españoles se exiliaron con la retirada napoleónica; todo ello sin contar la destrucción sistemática de la incipiente industria resultado de la recuperación durante la segunda mitad del XVIII. Si este había sido el panorama cincuenta años antes, ahora no era mucho mejor... Hasta igual peor.

Porque la muerte del rey felón no había resuelto prácticamente nada. En este país no se arregla nunca prácticamente nada. La feroz represión que había sufrido el país, devastado por las antojadizas veleidades de un monarca degenerado y zafio, auspiciado por la todopoderosa iglesia española, compuesta fundamentalmente por curas ignorantes y fanáticos, y por unas clases terratenientes puramente extractivas, improductivas e incompetentes, dio paso a una nueva guerra, dinástica ésta, para decidir cuál de entre dos parientes con idénticas taras,  iba a reinar en la piel de toro. Y la gente se mató por ellos. Unos por un cura tarado, otros por una monja ninfómana.
No, la I República no llegó en mejor momento que el anterior. En realidad, hasta casi podría decirse que no existió. Fue la última etapa del llamado sexenio revolucionario, que se había iniciado con el derrocamiento de la meretriz real y el ascenso de un Prim que no pudo, no supo o no quiso proclamar la república. Lo pagó caro eso de querer pertenecer al establishment y promover un absurdo cambio de dinastía, que no pudo ver, y al final del breve recorrido de la cual se proclamó la república, quizás porque no quedaba nada más por probar. No, en realidad la I República, en rigor, nunca existió, aunque permaneció en nuestra memoria. Para muestra, la frase con que presentó la dimisión su primer presidente, Estanislao Figueras: “Señores, estoy hasta los cojones de todos NOSOTROS”

diumenge, 29 de juny del 2014

LOS LÍMITES DE LA REPÚBLICA (I)



El gran problema de la República es que todo el mundo la concibe como la solución a unos males que sólo se está dispuesto a tolerar en cualquier otro régimen. Unos males que ha de curar como por arte de ensalmo, razón por la cual nunca puede cubrir las expectativas en ella depositadas. Un segundo problema es que hay en España tantas repúblicas como cabezas, sin querer entender que, de ser algo, no puede ser sino la construcción colectiva del marco de convivencia en el que deberán resolverse dichos problemas, no la solución per se de éstos.

Con tales mimbres, el cesto republicano fue construyéndose históricamente como el remedio contra todos los males, emblematizados en unas monarquías corruptas y retrógradas que, por más méritos que hicieran para merecer tal consideración, no dejaban de ser el reflejo de una sociedad mezquina, atrasada y fanática. Derrocar a un rey no cambia a la sociedad, sino que la pone, en todo caso, frente a sí misma. Y para una república se requiere el arraigo social previo del concepto de ciudadanía; una exigencia sine qua non que nunca acabó de consolidarse por estos pagos, y que cuando lo hizo, fue bajo formas particularistas y unilateralizadas, tendiendo más a la versión de «súbdito rebotado» que al concepto de ciudadanía en sí. Quizás porque la Ilustración pasó de puntillas y de largo…

Puede que este requisito de interiorización del concepto de ciudadanía lo sea no sólo para un régimen republicano, sino también para cualquier otra forma de estado democrático, como una monarquía constitucional. Pero culturalmente no es lo mismo. Y el concepto de ciudadanía es cultural; aunque se proyecte políticamente, requiere de un substrato cultural anterior del que surgir y del que se nutre. En una república es una condición necesaria sine qua non, mientras que en una monarquía constitucional es una condición suficiente para que ésta sea una democracia, pero no necesaria; puede también pervivir sin ella. En España, por ejemplo, con casi cuarenta años de democracia bajo un régimen de monarquía constitucional, el concepto de ciudadanía no ha arraigado sino de forma incipiente y sesgada. Seguimos siendo súbditos que queremos que nos arreglen nuestros problemas, sin que estemos dispuestos a abordarlos y resolverlos nosotros mismos. Y esto, se mire como se mire, es en el fondo una concepción de base nuclearmente monárquica.

Quizás por esto sea preferible que los fervores republicanos se aplaquen y nos dediquemos más bien a la construcción social y cultural del concepto de ciudadanía para que, cuando llegue el momento, que llegará sin duda, la III República española sea posible y definitiva. Porque sin ciudadanía no hay república.

Cierto que si mañana o cualquier año de estos hay que votar en referéndum entre monarquía y república, yo lo haré por la república. Soy constitutiva y genéticamente republicano. Pero la república no nos hará sabios. Sólo, en todo caso, cuando seamos sabios nos la podremos permitir. Por ello, y mientras tanto, si la república ha de consistir en vestir a la mona de seda, tal vez mejor que sigamos con la mona coronada.


dilluns, 23 de desembre del 2013

QUO VADIS ESPAÑA? (MODERNIDAD, SECUESTRO Y TRANSMUTACIÓN) (II)


El nacionalismo español, y su idea asociada de España como nación política, surge inicialmente de círculos ilustrados minoritarios que, de una forma u otra, se inspiran en la tradición francesa, que están mirando hacia Europa, y cuya propuesta fundamental es la modernización del país y la superación del obscurantismo y su aislamiento secular. Fundacionalmente lo situaríamos en las Cortes de Cádiz que proclaman la Constitución de 1812, conocida también como "La Pepa".
Tal vez en este mismo momento fundacional se halle la causa intrínseca de su debilidad y posteriores avatares, hasta su secuestro y transmutación por parte de quienes, en su primer periodo, habían sido sus más feroces enemigos -legitimistas, absolutistas, dinásticos, carlistas...-. Aunque de cariz algo más moderado, su modelo era el francés. En este sentido, su puesta de largo fue en el momento histórico coyunturalmente hablando más desfavorable. Por un lado, la influencia de los ilustrados españoles entre una población atrasada y atenazada por la ignorancia y el fanatismo religioso era más bien escasa. A esto hay que añadirle que en los mismos momentos en que aparece, España está invadida por el ejército napoleónico y el sentimiento anti francés estaba en su punto álgido. Y todo lo liberal y modernizador, convenientemente demonizado, olía a francés.

El nuevo modelo de nación española se implanta en una ciudad asediada en medio de una guerra que había sido declarada  por un alcalde de pueblo contra el Imperio Francés y el gobierno de José I Bonaparte, en el cual habían abdicado Carlos IV, Fernando VII y Napoleón, en la parodia de Bayona. Técnicamente, sirvió para dar imagen de Estado a un bando atomizado, el de los españoles que luchaban contra los franceses. Pero su naturaleza liberal, ilustrada y parlamentaria no suscitó demasiados entusiasmos entre la población. Además, buena parte de su clientela potencial se encontraba en el bando de los afrancesados y el gobierno de Jose I. Por su parte, los sectores reaccionarios dejaron hacer, por el momento, a la espera de que todo volviera al estado original de cosas -el Ancien Régime- cuando regresara el rey legítimo, como así fue efectivamente.

La idea de nación política, entendida en el sentido del Estado-nación moderno que se iría abriendo paso a lo largo del siglo XIX en toda Europa, no es que anidara precisamente en las mentes de las oligarquías españolas, de la influyente Iglesia, de buena parte del ejército, de la mayor parte de la población -más proclive al "viva las caenas"-, ni, por supuesto, en las camarillas reales de favoritos y consejeros áulicos. Su clientela era escasa y constituida por ilustrados, una parte de la oficialidad del ejército y una clase social que todavía no existía propiamente entendida como tal, en dimensión suficiente como la había en otros países europeos. 

El nacionalismo español del primer momento, el liberal, ilustrado y modernizador, es el de los los Jovellanos, Riego, Torrijos, Mendizábal, Olózaga, Prim, Ruiz Zorrila, Pi y Margall, Salmerón o Castelar, así como algunos moderados pragmáticos; figuras que irán transcurriendo asincopadamente a lo largo de los tres primeros cuartos del convulso siglo XIX español. Y sus herederos legítimos serían los Azaña, Alcalá Zamora, Prieto, Negrín o Besteiro. Por su parte, los más acérrimos enemigos del concepto ilustrado de nación, ora políticos, ora espadones, son los Calomarde, Donoso, Narváez, Bravo Murillo, González Bravo... dinásticos en general, así como los latifundistas oligárquicos, los legitimistas carlistas, los absolutistas... sin más proyecto que el de salvar todo lo posible de los viejos privilegios y con un concepto de régimen carente de proyecto en el sentido nacional del término, sino más bien de grupo o facción. En definitiva, particularismo.




divendres, 19 de juliol del 2013

¡MARCHANDO... OTRA DE RUEDAS DE MOLINO! (O JUGAMOS TODOS O ROMPEMOS LA BARAJA)



A comulgar con ruedas de molino ya estamos acostumbrados en este país. Pero para uno, que no es que sea excesivamente devoto, lo de comunión diaria ya se le empieza a atragantar. La última, la del presidente del Tribunal Constitucional . Resulta que en España tenemos una Constitución que, entre sus muchos artículos, el 127 prohíbe a jueces y magistrados militar en partidos políticos. Será una tontería, o al menos a mí me lo parece, pero es así: dura lex sed lex. Y así es para todos y en cada uno de sus artículos. Nos guste o no, es lo que hay. Y suerte que hay algo.

Pues nada, que el flamante presidente del TC resulta que ha estado cotizando como militante del PP siendo magistrado. Y lo gracioso de caso es que va el que ha de velar por la salud legal del país y, como si nada, afirma que él si puede, que su situación es legal.  Gracias por la aclaración, pero se olvidaron un párrafo enterito, el que está en punto 4, referente a estatuto personal de los miembros del TC. A ver, la verdad es que a veces ya no sabes si te toman por tonto o si te están tomando el pelo, que no es exactamente lo mismo.

En el primer caso, que te tomen por tonto, implica la consideración por la otra parte de que eres corto de entendederas y tragarás con lo que te diga la autoridad. Te lo creerás, vamos. ¿Certeza extrínseca? ¿Argumentum auctoritas? El ejemplo más claro sería el monopolio de la interpretación de la Biblia por parte de la Iglesia. Se dice que tal versículo significa esto y punto. Y el resto a tragar porque no saben leer y su eminencia es quien entiende sobre esto. O también aquel viejo chiste en el que se encuentran dos amigos y uno le dice al otro “¿pero como estás vivo? Me dijeron que te habías muerto”, a lo que responde el interpelado “Pues ya ves, estoy bien vivo”. “Pues no sé, no sé… el que me lo dijo es más de fiar que tú”. Pues eso, vaya ¿qué es más de fiar, lo que diga la Constitución o lo que dice el presidente del tribunal que ha de velar por su cumplimiento? Y no nos engañemos, para eso no hacen falta exegetas, si acaso sobra lo que queda quitándole el “ex”.

En el segundo supuesto, que te estén tomando el pelo, la cosa es más grave. Ambos lados saben que se estamos ante una mascarada. Uno me está colando una mentira, yo sé que es una mentira y el que me la cuela sabe perfectamente que yo sé que es una mentira. Pero me he de aguantar. Ajo y agua, así sin más.

Vamos a ver si nos aclaramos. Resulta que el diario “El País” publica hoy que el actual presidente del TC cotiza hasta el 2011 –que se sepa- como militante del PP, y que la Constitución española prohibe explícitamente a los jueces y magistrados militar en partidos políticos. Luego, resulta que el propio aludido afirma que sí que puede, y se basa el la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, artículo 19, que sólo les impide tener cargos en partidos a los miembros del TC. Así que no dimite, que él es legal. Claro que se “olvida” de una coletilla que está en la misma ley y artículo a que alude “En lo demás, los miembros del Tribunal Constitucional tendrán las incompatibilidades propias del resto de miembros del poder judicial” Con lo cual retornamos al artículo 127 de la Constitución, quod erat demonstrandum.  Así que ¿a quién pretenden engañar?
Hay algo particularmente grave en todo este caso. Muy grave. Más allá incluso de la indignidad que traspúa, la vergüenza que vomita y la repugnancia que produce… y es la legitimidad de un TC que próximamente se puede ver en la tesitura de tener que adoptar decisiones de gran trascendencia para el futuro de España. ¿Tan inconscientes son que no lo ven? ¿O acaso les da igual? ¿Tontos, tunos o ambas cosas?
 
¿Con qué legitimidad dirá este presidente del TC y los que le auparon que el presidente + de la Comunidad - va contra la Constitución o que esta u otra consulta convocada por aquél sobre lo que se quiera, también? ¿Con la de alguien que ha mentido o que se salta la ley a la torera?  No. Nos estamos jugando el Estado de Derecho, y en esto bromas, las justas. O dimite o aquí valdrá todo inevitablemente. No  porque lo diga yo, sino porque, contra lo que algunos infelices piensan, antes que la Constitución no hay nada, sólo la barbarie. Y la zorra no puede ser la encargada de vigilar el gallinero... ¿o ya estamos en la barbarie?

No creo que lo estemos todavía, así que a dimitir.

 

dijous, 9 de maig del 2013

HACIENDO AMIGOS: MAS Y SUS EXPERTOS EN SINVERGONZONERÍA



Que Mas no pasará a la historia por sus capacidades empáticas parece evidente. Hasta algunos de sus acompañantes en tan empecinado camino hacia el solipsismo, empiezan a experimentar la misma sensación que embargó a los asistentes al desfile del emperador bobo inmortalizado por Andersen. Sí, aquél que creyéndose portador del más suntuoso de los ropajes, se estaba paseando en realidad desnudo sin que ninguno de sus aduladores cortesanos se atreviera a llevarle la contraria.

Pero lo de sus expertos es que ya riza el rizo. O cierra el círculo, que viene a ser lo mismo. Ahora resulta que la comisión creada para diseñar el modelo del nuevo estado catalán independiente, ha emitido un informe en el que propone la eliminación de todos los funcionarios, condición que quedaría reservada solamente para la policía, las autoridades y los que otorgan licencias -licencias de ITV, supongo, para que Oriolet tenga trabajo fijo-.  Así que ya lo saben ustedes, en la nueva Cataluña independiente nada de funcionarios parásitos. Sólo los que pegan y los que trincan. Que para explicar física o filosofía, o para operar en el quirófano, sirve cualquier pringao. A eso se le llama "haciendo amigos".

La verdad es que uno ya no sabe si es que van sobraos o es que son tontos de baba. Me inclinaría más bien por lo segundo. Pero en cualquier caso, y si tenemos en cuenta que en educación y en sanidad están ya empezando a aplicar el programa, lo cierto es que asoma con claridad meridiana el modelo de estado que mora en tan preclaras y patrióticas mentes: el estado chiringuito. Es decir, la república bananera catalana o la mentalidad botiguera pensando el estado... ¡Ahí es nada! Y ellos, claro, instalados en el pulvinar nacional-pesebrista, que se lo han currao de verdad.

Tendría gracia, pensaba ayer mientras leía la noticia en "El País", que ahora se sacaran de la manga un macrocontrato con la United Fruit que se firmaría inmediatamente después de la proclamación de independencia. Claro que luego pensé que si no sería ya lo de Barcelona World una United Fruit reciclada. Si es así, se entiende por qué se pretende que los policías se sientan satisfechos. Por cierto ¿Algún amable lector sabe algo de Barcelona World? ¿Alguien se acuerda de aquel "golpe maestro" de Mas dándole en todo el morro a Esperanza Aguirre por la afrenta de Eurovegas? Un servidor tampoco.

Los "comisionados", hay que saberlo, se llaman Francisco Longo, Carles Ramió, Joan-Ramon Rovira y Josep Valor. Desde luego, valor sí que hace falta para alardear con tamaña desfachatez. Me recuerdan al ínclito Terricabras cuando proponía que los profesores dejaran de ser funcionarios... menos los de universidad. ¿Adivinan dónde daba él clases? La verdad, he de reconocer que uno ha de contenerse mientras escribe para evitar entrar en lo soez. ¿Cómo es posible que todavía haya imbéciles que babeen ante semejantes tunos?
Eso sí, lo mejor, el premio babero de oro, ha sido para Iniciativa per Catalunya, cuya diputada Hortensia Grau se ha quejado de que en tan egregia comisión no hubiera ninguna mujer. Este es el único comentario que le ha merecido el informe. Premio, pues, "babero de oro" para ICV y su brillante diputada. Se lo han ganado.

dijous, 18 d’abril del 2013

EL DESTINO DEL EURO



Interesante conversación hace unos días con un economista alemán de cierto prestigio. Como diletante en la materia, introduje el tema en forma de pregunta camuflando mi opinión, tratando así de evitar pasar por un palurdo: ¿No le parece a usted que tal vez España debería empezar a considerar seriamente su salida del euro?"

Debería haberlo hecho ya hace como mínimo un año. Me replicó. De todos los millones supuestamente invertidos en rescatar a Irlanda, Grecia o Portugal, ni un euro se ha quedado allí. Para ser más exactos, ni un euro pasó tampoco por allí. Todos fueron directamente a pagar parte de la deuda de estos países con los bancos alemanes. La parte de deuda que les permite, con la complicidad del Estado alemán, maquillar su bancarrota real. Y con el estado actual de las primas de riesgo para estos países, que no hace más que aumentar con creces la deuda que se suponía que el rescate iba a enjuagar, la situación es completamente insostenible para ellos a corto plazo. Y aquí se incluyen España e Italia. En nuestro caso, con un mal disimulado rescate bancario escandaloso e ineficaz. Y la hipócritamente denominada "devaluación interna" -el "modelo" español para permanecer en la crisis- no es nada más que una subida de los impuestos que paraliza el consumo interno y destruye empleo sin que se compense con exportaciones ni con nada. Dicho en otras palabras, cada vez tendré que recortar más porque cada vez estaré recaudando menos.

Prosigue. El problema de fondo no es sólo estrictamente económico, sino también político. Europa se ha dotado de unas estructuras ineficaces cuyo esclerótico funcionamiento sólo sirve para, en todo caso, entorpecer. La democracia está secuestrada por los partidos y la pretensión de "Federación" en la zona euro es una quimera. Hay emisor de moneda, pero no autoridad monetaria real. Y una misma moneda no sirve a la vez para Grecia y para Holanda. Son realidades económicas demasiado distintas. Al euro como moneda le augura no más de dos años. Y contra más se demore, más traumática será su finiquitación.

La Unión Europea sólo puede aspirar a una especie de confederación. El problema político es la corrupción y la esclerotización del sistema. Me asegura que no es sólo un problema español o italiano. Los partidos políticos están en todas partes igualmente corruptos, véase por ejemplo lo que está empezando a salir en Francia. Y lo mismo puede suceder en Alemania. Puede que en algunos países, al estar en primera línea de la crisis, el panorama de la corrupción haya sido más patente, más explícito, pero no se trata en absoluto de ningún fenómeno inherente a la "idiosincrasia mediterránea". Al menos en este caso.

La democracia en Europa ha sido secuestrada por unos partidos políticos enquistados en el sistema. Hoy en día, el ciudadano no tiene posibilidad real de elección a la hora de votar. Salvando matices, superfluos en la mayoría de los casos o de orden menor en lo referente a la crisis que estamos padeciendo, en las grandes cuestiones no hay, en realidad, opciones alternativas entre las cuales uno pueda decidir.

¿Y cómo ve el futuro más allá del colapso del euro? le pregunto. Sólo puede haber futuro desde la recuperación de la democracia y de la conciencia democrática por parte de los ciudadanos. Que la ciudadanía recupere el control de algo que nunca debió perder. De lo contrario, me asegura, lo que tendremos es fascismo en toda Europa. Más o menos camuflado, pero fascismo.

¿Y cómo se puede recuperar esta conciencia activa ciudadana? le insisto. El problema no son las estructuras formales de las democracias, sino los partidos que han viciado el sistema. Afirma ver con gran simpatía el movimiento de Beppe Grillo en Italia, y que en Alemania se está preparando algo parecido para las próximas elecciones.

¿Y por aquí qué podemos esperar? España, me responde, no tiene la estructura productiva de Italia, por ejemplo, pero algo puede hacer si sabe reorientarse hacia el mercado latinoamericano, que sería algo así como su destino natural. Eso sí, ya podemos ir olvidándonos de aumentar significativamente nuestras exportaciones a Francia o cualquier otro país avanzado. Pero recuperando su propia moneda y actuando con cierta inteligencia -lo cual veo muy difícil, con franqueza (eso lo digo yo)- podría salir del atolladero en un tiempo prudencial. Dejando, eso sí, de comprarles Mercedes y AVEs a los alemanes y volviendo al SEAT y al Talgo.

Se me olvidó preguntarle cómo iba  quedar el tema de la deuda después del euro. Pero a raíz de todo demás, intuyo que los bancos alemanes tendrán que comérsela en pesetas, liras y dracmas...
Lo dicho. Es tajante en que al euro le quedan como mucho dos años. Y sería antes si no fuera por la proximidad de las elecciones en Alemania. Merkel intentará aguantar por todos los medios hasta entonces, a menos que no ocurra en el ínterin algo inesperado. Y España, cuanto más tarde en largarse del euro, peor.

Bueno. En alguna próxima entrega haré algunos comentarios.