dissabte, 5 de juliol de 2014

LOS LÍMITES DE LA REPÚBLICA (IV)


Para cuando el dictador cascó, ya nos había arreglado una nueva restauración monárquica, personificada en el nieto del putero hemofílico. Aunque no lo pareciera, o sí que lo parecía, la dictadura había cuajado sociológicamente mucho más de lo que nadie hubiera podido imaginar. La izquierda nostálgica estaba cansada y quería volver, aunque fuera con una monarquía si esta tomaba una apariencia democrática; a la izquierda advenediza, por su parte, le daba exactamente igual monarquía que república. Quería mandar y punto, para forrarse.

Y este último ha sido el periodo más largo de democracia formal en España. Pero el concepto de ciudadanía sigue sin arraigar. En su lugar, han proliferado nacionalismos, centrales y periféricos, auspiciados por burguesías nacionales e  internacionales puramente extractivas, que en su voracidad van camino de liquidar lo poco de estado del bienestar que una vez hubo en España.

Y ahora, cuando el rey abdica, se vuelve a hablar de la III República. A mí me parece muy bien, ya lo dije, soy constitutiva y genéticamente republicano. De acuerdo, largamos a Felipe VI y se proclama la república ¿Pero de qué república estamos hablando? Es de temer que la clase política sería la misma que hasta ahora; lo mismo reza para el poder judicial o el empresariado y sus correlatos sindicales. El penúltimo presidente de los empresarios españoles está en la cárcel por chorizo, y al segundo sindicato del país lo está rajando en canal la más bellaca de las corruptelas. De los políticos no hace falta hablar, sería ocioso. Y del poder judicial… ¿Para qué? El espectáculo que está dando habla por sí mismo.

Culturalmente hablando, la llamada sociedad del conocimiento ha producido el contraefecto de una ramplonería rampante que ruboriza tanto como enorgullece a los afectados. Las leyes educativas contra natura que cada gobierno de turno ha ido evacuando han analfabetizado a las generaciones recientes a base de pacatadas y timorateces hasta el punto que se ha consolidado tanto la ramplonería en el tejido social que, a la vez que no se vislumbra por ningún lado la solución, de darse, tardaría generaciones en surtir efecto. Como comentaba Jordi Ramírez en su blog, el problema no es que los alumnos actuales sepan poco, sino que la mayoría de las pocas cosas que saben son equivocadas.
Incluso en el detalle de lo anecdótico, seguimos en el ruedo ibérico valleinclanesco. Quizás porque no sean anécdotas, sino ejemplos. Hemos tenido y tenemos dirigentes mediocres, con una formación penosa, algunos de los cuales afirmaban estar en posesión de titulaciones universitarias que se habían inventado, desde directores generales de la Guardia Civil hasta ministros y presidentes y consejeros autonómicos. Y lo siguiente no es una anécdota, sino un ejemplo de cuándo hay concepto de ciudadanía y cuándo no. No hace mucho, la ministra alemana de educación tuvo que dimitir porque se descubrió que en su tesis doctoral de filosofía, realizada veinte años antes, había incluido unos fragmentos sin citar la referencia. Se consideró plagio y dimitió automáticamente. Claro, porque de no hacerlo la hubieran hecho dimitir. Aquí, en cambio, hemos tenido ministros de cultura cuya máxima titulación académica era el bachillerato, y presidentes autonómicos. Sin ir más lejos, la actual vicepresidenta catalana afirmó ser licenciada en Psicología sin serlo… Y no pasó nada. O el consejero de educación Tete Maragall, que afirmaba ser licenciado en económicas y analista informático, sin ni siquiera haber empezado jamás ninguno de estos estudios… Hoy es flamante europarlamentario.

2 comentaris:

  1. Excelente la saga y magníficos los análisis, por su rigor y su crudeza. Me permito recordar, con tu permiso, Xavier, que hubo un ministro de interior de profesión electricista y hasta un vicepresidente del gobierno cuya profesión real era algo equivalente a "sus labores". Lo has reflejado perfectamente con el símil valleinclanesco. Como he dicho tantas veces, y usando el préstamo de Thomas Pynchon, si Europa fuera un cuerpo humano y acertara a sentarse, España quedaría sumida en la más profunda oscuridad. Porque precisamente esa parte de Europa es lo que somos, o en lo que nos hemos convertido. Un saludo y enhorabuena por los artículos.

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  2. Genial el préstamo de Pynchon. De acuerdo con esto, habrá que convenir en que Europa lleva unos cuantos siglos sentada.
    Un saludo

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