dijous, 31 de juliol de 2014

COSAS DE HERMANOS, COSA DE HERENCIAS






 

                         
 

CDC y ERC son hermanos biológicos. Ambos hijos de Jordi Pujol y de su proyecto. El primero es el hijo legítimo, criado y educado para ser l’hereu; el segundo es el hijo natural, amamantado por una nodriza puesta por el padre, fuera del entorno familiar, acaso en algún piso alquilado y suficientemente alejado de la hacienda familiar, pero vigilado a distancia.

Como en las antiguas masies rurales, donde del segundo hijo para abajo dormían en los establos con el bestiar –la casa pairal estaba reservada al heredero y su familia- al hijo natural se le educó con otros designios, a saber, ejercer de comparsa y avanzadilla de combate del hermano primogénito, legítimo representante de la casa. Pero ¡ay los inescrutables designios del destino! Hoy el primogénito se encuentra aquejado de dolencias terminales, mientras que el hijo bastardo goza de buena salud y reclama su derecho a heredar la hacienda familiar que el heredero no sabe defender. Pero no se olvida de quién es su padre, aunque ahora esté en horas bajas. O quizás precisamente por eso, porque si el patrimonio económico está claro para quién ha sido, la herencia del patrimonio político sigue en juego. Y aquí, de lo uno se sigue lo otro.

Como Felipe II respecto a Don Juan de Austria, el primogénito CDC sintió en más de una ocasión celos y antipatía hacia su hermanastro ERC, y trató en ocasiones de eclipsarlo y hasta puede que de hundirlo. Tampoco tenía que esforzarse mucho; de natural exaltado y dado a la delicuescencia, sus réditos iban siempre a parar al heredero. Además, a diferencia de los hermanísimos Habsburgo, aquí estaba el padre velando por su prole, y adjudicándole a cada cual el papel que le correspondía de acuerdo con sus designios. Al hijo legítimo, gobernar y enriquecerse; al bastardo, batirse el cobre día a día para aportar a la casa el sustento ideológico que el proyecto necesitaba, del cual se le retornaban sólo migajas. En función de su papel, a uno le tocaba ser comedido y centrado; al otro agitador de conciencias y maximalista. Pero algo se torció y el primogénito se tornó un inútil que, como en la dialéctica del amo y el esclavo hegeliana, acabó dependiendo para todo de su siervo, que vio así como llegaba su oportunidad.
Sin Jordi Pujol, ERC no sería hoy lo que es ni estaría donde está: a punto de heredar la hacienda familiar aun siendo un bastardo. El problema es que ni esto estaba previsto, ni el hijo natural había sido educado para tal fin. Y la muerte política del padre llega en un momento delicado para ambos hermanos, a la greña por la herencia. ¿Y ahora qué? ¿Acabará el heredero legítimo viviendo de realquilado en su propia casa? Pues, ciertamente, no lo sé, pero puede que ni eso
 
 


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