dissabte, 19 de juliol de 2014

INSTANTÁNEAS ESTIVALES (19-07-2014)






El gran problema del nacionalismo español consiste en su discontinuidad histórica. Empezó siendo de inspiración francesa, reivindicando la nación política frente absolutistas, legitimistas, carlistas, clérigos y caciques locales, hasta que entre todos éstos le robaron el nombre y se lo quedaron para sí. Y como no sabían qué hacer, miraron hacia Alemania, cuyo Volkgeist impostaron en forma de unidad de destino en lo universal, en una apaño acorde a su naturaleza intrínsecamente cutre y chapucera. O sea, distintos perros, con distintos collares, diciendo lo mismo, con sentidos ocasionalmente similares, pero con distinta referencia.

No pudiendo ya reivindicar grandezas internacionales, ni dar con enemigos exteriores de su escasa talla, pero precisando aún su razón de ser de un enemigo que justifique tanto celo vigilante y tanta bellaquería, lo buscaron en el interior. Y a falta de judíos o moriscos -expulsados cuatro y tres siglos antes, respectivamente- se tiró de ciertas miasmas carlistas, transubstanciadas en catalanes y vascos, así como de republicanos y masonerías varias, a su vez desposeídas víctimas del latrocinio a que más arriba aludíamos. Y eso, así tal cual, es España.

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