dimarts, 26 de maig de 2015

PODEMOS CATALUÑA: ¿LAS AMISTADES PELIGROSAS? (II de II)




Porque, vamos a ver. Hasta ahora uno había entendido el discurso territorial de «PODEMOS», más o menos de la siguiente manera. Se considera a España como una «nación de naciones», es decir, como una unidad articulada compuesta por pueblos con diferencias culturales más o menos significativas como resultado de las singularidades y avatares acaecidos a lo largo de la historia. Bien, de acuerdo, si entendemos «nación» en un sentido histórico-cultural, preilustrado y no político. Y así parece que se entendía, porque a continuación, la «nación política», ahora sí en un sentido moderno, la que constituye un Estado, es España. A partir de ahí, lo lógico es que dadas sus características, el modelo de organización territorial más adecuado para este Estado, para esta «nación política» constituida por una «nación de naciones», sea el de un estado federal. Esta era más o menos la propuesta de «PODEMOS» hasta donde yo la he podido entender. Luego, si lo de federal puede ser más confederalizante o más restrictivo, ya sería otro tema...

Pero hay un problema. Sigo tal como yo entendí la propuesta podemista. Debido a los derroteros políticos por los que ha transcurrido este país, lo cierto es que hay en algunos territorios, y por parte de una porción significativa de su población, una aspiración a segregarse y constituir un estado propio, como consecuencia, dicho muy sucintamente, de las luchas por cuotas de poder entre burguesías locales, periféricas y centrales, que aúpan estos movimientos y les dan pábulo, también a partir de la percepción de estos sectores de población que se han sentido marginados y ninguneados en su identidad, bajo el modelo de un estado fuertemente centralizado bajo la égida castellana, que se la negó durante los últimos siglos. Admitamos que fue así, bien.

El resultado ha sido una suerte de identitarismo político instrumentalizado por la derecha, central o periférica, según el caso. Pero estamos de acuerdo en que el nacionalismo es de derechas; con todos los respetos, pero de derechas. Digamos a las cosas por su nombre. Y «PODEMOS» se reivindica precisamente como de izquierda y contrario a los identitarismos, en sintonía con el universalismo humanista de raíz ilustrada que se le supone. Ello, por supuesto, sin soslayar las diferencias. Lo fundamental no es si a uno le atienden en urgencias hospitalarias en catalán o en castellano, esto es en todo caso un tema secundario; lo importante es que le atiendan bien. Igualmente, de lo que se trata es de que los alumnos aprendan matemáticas; en qué lengua se les imparta, guste o no, es también una cuestión secundaria; tal vez no irrelevante, pero secundaria, y que con unos mínimos de recíproca disposición es fácilmente superable. Lo primero, lo de urgencias, es cita expresa de Pablo Iglesias; lo de aprender matemáticas lo he añadido yo.

Prosigamos. Con estos mimbres, de lo que se trata es de construir un cesto de la concordia bajo un proyecto común que incorpore todas las particularidades y su reconocimiento. De ahí la propuesta federal en la que todo el mundo se podría sentir cómodo y reconocido. Pero precisamente por esto, si un sector de estas poblaciones sigue reclamando su «derecho» a independizarse, y en aras a que nadie esté contra su voluntad en un proyecto común, pero respetando el juego democrático de mayorías y minorías, se habla de un proceso constituyente al final del cual una nueva Constitución, o la misma reformada, reconocería este derecho mediante el ejercicio de una consulta plebiscitaria con todas las garantías democráticas de rigor.

Insisto, así es como, más o menos, uno ha entendido, por un lado, las propuestas de «PODEMOS» en relación a la estructura territorial propuesta para España, que por cierto, comparto a grandes trazos, y por el otro, su posición con respecto a qué salida darles a los movimientos independentistas en aquellos territorios donde hayan llegado a niveles significativos; que también comparto, igualmente a grandes trazos. Pues bien, resulta que de lo visto en Cataluña en esta campaña municipal, o yo no he entendido nada sobre sus propuestas, o no lo han entendido la mayoría de sus candidatos, o se han metido en un berenjenal del que les será difícil salir y que compromete sus resultados en las autonómicas de septiembre –que sólo se celebrarán si se les ha neutralizado- o, finalmente, es que están infiltrados hasta la médula por el entrismo.

Puedo asumir cualquiera de las cuatro posibilidades, pero personalmente me quedo con la última, que responde al proyecto nacionalista de subsumir en las CUP a un «PODEMOS» subsidiarizado, antes de que alcancen una implantación en Cataluña que sería fatal para el proyecto independentista.

Porque una cosa es reconocer que, por cualesquiera atávicas o recientes razones, hay un problema y ha de dársele una salida. Y hay independentismo en Cataluña, suficientemente significativo y arraigado, aunque no sea mayoritario, pero sí hegemónico todavía hoy por hoy, como para tomarse el problema en serio. Y esa salida es que la nueva constitución prevea algún tipo de consulta con todas las garantías democráticas y de ponderación. Y otra muy distinta es que «mi» modelo no pase por aquí, sino por otra forma de estructuración del estado, sea federal, confederal o la que fuere…

Dicho en otras palabras, «mis» coincidencias con el independentismo empiezan y acaban en el reconocimiento de garantías constitucionales que prevean un referéndum en que la población decida libremente si quiere largarse o no de España. Un referéndum que, en mi opinión, hablo ahora a título personal, ignoro la posición de «PODEMOS» sobre este respecto, debería requerir un mínimo de participación de los dos tercios del electorado, y un voto afirmativo de tres quintos, o cuatro séptimos, de los votantes.  Pero ni «yo» -vuelvo impersonalmente a «PODEMOS»- promoveré este referéndum, eso sería cosa del independentismo, ni, por supuesto, iba a votar «sí» a la independencia en ningún caso. Porque «yo» ya tengo mi modelo, y no coincide con el suyo. Estar a favor de despenalización del consumo de drogas no implica consumirlas, ni incentivar su uso.

Paradójicamente, y para perplejidad de muchos, el discurso territorial de «PODEMOS» que proviene de Madrid es el que tendría más aceptación en Cataluña, entre un amplísimo sector no-nacionalista harto de las milongas de la (supuesta) izquierda «nacional», pero sin voz articulada. Y con independencia de sus propuestas en otros órdenes, es lo que más coadyuvaría por aquí a los resultados que arrojaban las encuestas de hace sólo unos meses. Pero su discurso en Cataluña, al menos el de los visibles bajos perfiles de sus dirigentes, es curiosamente otro que va por derroteros opuestos, al menos por ahora. Y lleva a la subsidiarización y al más de lo mismo.  
Ya veremos qué pasa a medida que se acerquen las autonómicas y las generales. Si «PODEMOS» recupera su discurso territorial originario, sin complejos, ya les aseguro que no habrá autonómicas y saltaríamos directamente a las generales.

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