dimarts, 12 de maig de 2015

GRECIA Y EUROPA



Un tema en el cual, y al revés de cómo se suele decir, hay más cera que la que arde; y sin duda más en juego de lo que en principio sería de suponer. Tiene uno la impresión que desde la Europa hegemónica, y habiéndose desestimado expulsar a los helenos de la zona euro por razones exclusivamente estéticas, se haya decidido forzar su salida por decisión propia o su rendición incondicional.

Sí, sabemos que en Grecia ha habido desde siempre una corrupción rampante, que los préstamos que han ido llegando de Europa se han gestionado irresponsablemente y que el fraude fiscal es, proporcionalmente, de los mayores entre los países de la UE. Pero también es cierto que para que haya un corrompido ha de haber un corruptor, y que las exigencias de privatización que se le están exigiendo al gobierno griego están obedeciendo a una lógica de la avidez que acabaría desmantelando por completo la ya de por sí precaria estructura económica del país. Añadamos a esto que los corrompidos se han ido de rositas, que los corruptores ya se han procurado con creces beneficios más que razonables, y que ahora, llegados a una situación límite, se les exige simplemente que traguen y que aquí no se mueve nada. Parece que a Grecia se la dé por amortizada y sólo interese la sumisión absoluta para hacerse con sus despojos, o que se vayan…

Porque las comparaciones serán odiosas, pero no veo ninguna razón como para considerar a los actuales gobernantes ucranianos, entronizados, por cierto, por un levantamiento alentado y auspiciado desde Occidente contra un gobierno salido de las urnas, menos corruptos o más legitimados que a los gobernantes griegos. Pero hay dinero para Ucrania, por ejemplo, y todo el que haga falta, aunque no para mejorar el estado de su población, sino para lo de siempre, mientras que a Grecia se le niega hasta la menor demora en el pago de sus compromisos. Unos pagos que, por cierto, hasta ahora han cumplido escrupulosamente, pero, desde las últimas elecciones con el nuevo gobierno, sin las contrapartidas de desregulación económica y privatizaciones que se les exigieron a cambio de los «generosos» préstamos.

Podríamos hablar de lo que Grecia representa para Europa y para Occidente, pero esto es sin duda algo que trae al pairo a los pragmáticos utilitaristas que tenemos por gobernantes; o también de cómo se ha concebido Europa como un simple espacio económico, hasta el punto que, un caso inédito en la historia, el banco emisor de moneda no tiene un poder político de la misma envergadura que, al menos testimonialmente, esté por encima suyo. Pero no. Grecia debe y ha de pagar, nos dicen. Muy bien, de acuerdo ¿Pero qué ocurre si no pueden pagar a menos que sea al precio de condenar a la población griega a la miseria y a la indigencia sin solución de continuidad?

Muy probablemente Grecia tenga que irse del euro, y hasta es posible que, según se comenta, Rusia le eche una mano para afrontar los inevitables meses de zozobra inmediatos a la restitución del dracma hasta su relativa consolidación, en lo que sería una ayuda económica inscrita en una jugada geopolítica magistral por su parte. Toda una revancha. ¿Sería Alemania tan imbécil? ¿Sería Europa tan imbécil?

Pero dejémonos de especulaciones, por más que algunos las den por altamente probables. Admitamos incluso que los banqueros y políticos calvinistas que rigen Europa no pueden ceder ante Grecia, no porque carezcan de capacidad para afrontar el ínfimo quebranto que les produciría una demora en el pago de la deuda griega, sino para evitar que cunda el ejemplo. Si se cede con Grecia ¿Qué iba a impedir que España o Italia empezasen también a plantear exigencias? Y si el quebranto en el caso de Grecia, o Irlanda, o Portugal, sería asumible, en el caso de España o de Italia, por ejemplo, ya no tanto. Y se trata de países con unos niveles de deuda superiores a su PIB. Se está hablando de recuperación, sí, una recuperación que todavía apenas se nota, pero que cualquier contratiempo económico podría llevar a niveles insostenibles ¿Y se puede descartar este contratiempo?

Hay economistas, de todos los colores, que llevan tiempo proclamando la inviabilidad del euro. Quizás, a modo de resumen, quien mejor lo definió fue el economista inglés que describió la zona euro como un edificio de 15 plantas, con un incendio en los niveles inferiores, una congelación glacial en los superiores… y el termostato en la séptima planta; Alemania, claro.

Parece también haber un cierto acuerdo en que si desaparece el euro, el país más perjudicado sería precisamente Alemania. Los países más pobres –España, por ejemplo- lo pasarían ciertamente mal al principio, pero la devaluación incrementaría las exportaciones y activaría la producción interna, con la consiguiente reducción del desempleo, como consecuencia de la reducción de las importaciones debida a la debilidad de su moneda. El gran problema sería, ciertamente, el petróleo a importar pagado en divisas.

Pero aun peor parece ser que lo tendría Alemania, la gran parte de cuyas exportaciones tienen como destino precisamente la zona euro, que dejaría de ser su mercado cautivo; y el nuevo marco experimentaría una revaluación astronómica que hundiría las exportaciones alemanas, entre otras razones por la imposibilidad material de seguir importándolas por parte de los antiguos clientes. Si esto es realmente así, y si los alemanes lo saben, tal vez por esto que se muestren tan inflexibles ante Grecia.

Pero también entonces estaríamos ante un problema de modelo, un modelo descompensado, que ha reconvertido la deuda privada en pública hasta límites insostenibles, socializando las pérdidas y privatizando los beneficios, a la vez que, en lugar de impulsar la unión política de Europa hacia la que progresivamente se decía que íbamos a tender, la amplió desmesurada y caóticamente para convertirla en un inmenso bazar.
Puede entonces que el problema lo tengamos igualmente, más tarde o más temprano, pase lo que pase con Grecia.

1 comentari:

  1. Fantástico análisis, Xavier. A eso se le llama dar en el clavo.Enhorabuena.

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