dimarts, 7 de maig de 2013

CUANDO RUGE LA NIBELUNGA


Las condiciones económicas que Alemania está imponiendo a países como Grecia, Portugal, Italia o España son más duras que las que se le impusieron a la propia Alemania después de su derrota en la Segunda Guerra Mundial. Y aquí no hay Plan Marshall. No estaría de más que lo tuviera en cuenta de vez en cuando esa señora con memoria histórica de pez antes de impartir lecciones de moral luterana y de austeridad.

No sé como hubiera podido ser la Unión Europea bajo otras circunstancias, pero lo cierto es que la de hoy es la de los mercaderes. Una simple unión monetaria sin autoridad política pensada exclusivamente para negocio de los bancos. El Banco Central Europeo no presta dinero a los Estados, sino a los bancos particulares. Algo inédito en cualquier otro lugar del mundo, ya sea Liberia o los Estados Unidos. Y un euro sobrevalorado porque le interesa a Alemania, que dicta la política monetaria que más le conviene y que así puede comprar a precio de saldo el Lebensraum que tantas veces había intentado en vano conquistar militarmente.

Nadie está libre de culpa en esta crisis, pero las acusaciones de gandules y despilfarradores que, implícita y explícitamente, se vierten contra los países meridionales son, cuando menos, cínicas. Sí, es verdad que aquí la corrupción ha campado a sus anchas sin el menor escrúpulo, pero también lo es que el gran negocio lo han hecho los alemanes. O sus bancos, para ser más exactos.

Para empezar, habría que recordar que ni en los peores tiempos de ZP la deuda pública española fue un problema. Con ello no estoy justificando ni las corruptelas ni el putiferio que se organizó con los astronómicos dispendios de ayuntamientos corruptos e irresponsables, de autonomías delirantes y de un estado decrépito reconvertido en inmobiliaria. Pero aún así, España no tenía un problema de deuda pública. No debemos olvidarlo, sobre todo ahora que se le exige y se le impone a la cosa pública una dieta de adelgazamiento que, sin más, lleva a la pura y simple muerte por desnutrición. El problema vino por la deuda privada. Esa deuda  que se está enjuagando con dinero público, generando una deuda soberana que, ahora sí, ha alcanzado niveles insostenibles.

Lo de siempre, los beneficios de los bancos cuando las vacas gordas, son para ellos, y el Estado que simplemente deje hacer; pero sus pérdidas cuando llegan las vacas flacas, entonces sí, que venga el Estado y les inyecte dinero público. Eso es el libre mercado: la ley del más fuerte.

No sé si, como dice Revilla, habrá vida más allá del euro. Lo que sí sé es que dentro del euro, no. A los únicos que les interesa el euro hoy en día es a los alemanes, por eso seguimos en él... sin solución de continuidad. Y encima la nibelunga rugiendo como la marabunta.

1 comentari:

  1. Magnífica reflexión, querido Xavier. La foto es una maravilla de síntesis.

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