diumenge, 19 de maig de 2013

LA LEY "WERT" Y EL PROBLEMA DE LA ENSEÑANZA EN ESPAÑA



El gran problema de la enseñanza -que no de la educación- en España, no es que derecha o izquierda muerdan siempre en los sendos anzuelos que respectivamente se lanzan, como la religión o la educación sexual, y hagan de ellos el leitmotiv de sus contradiscursos. Tampoco es que haya, como predican ciertos agoreros desinformados, o bieninformados desinformadores, diecisiete sistemas educativos en España, a razón de uno por autonómía. Menos aún que los alumnos no aprendan inglés y que la polémica ahora deba ser si se han de impartir en la lengua de Shakespeare contenidos de Biología en 1º de ESO.
 
Seamos serios, nada de eso es el problema, sino una manifestación clara, en todo caso, de lo ramplones que son los políticos, lo avariciosa que es la Iglesia, lo ignorantes que son los pedagogos y, sobre todo, de los niveles de cinismo de todos ellos y de su extrema bajeza intelectual.
 
La enseñanza de la religión -o qué deberíamos entender por esto- o la educación sexual tendrán tendrán sin duda su importancia, pero que sea el campo de batalla en que ambos han acordado lanzarse sus pullas no demuestra sino que ni uno ni otro tienen el menor discurso respecto a la enseñanza y que, en cualquier caso, carecer de él les importa muy poco. Y digo de la enseñanza, no de la educación, siendo este otro síntoma del problema, la superposición de conceptos de rango distinto, donde el primero sería una extensión del segundo con dominio propio.
 
Tampoco son los supuestos y tan cacareados 17 sistema educativos. Y simplemente porque esto no es así en España. Hay unos programas y unos contenidos mínimos -el 65% hasta ahora- que si, por otro lado, resulta que no se aprenden, no es necesariamente por nada especial, sino porque, simplemente, igual que no aprenden historia de España, no aprenden matemáticas o inglés. En todo caso sí podría decirse que hay varios sistemas educativos en Alemania, pero nunca en España. Lo que sí hay aquí, eso sí, es un único sistema educativo que es una auténtica aberración. Y  también mucho desaprensivo.
 
Y en referencia a lo de impartir en inglés clases de otras materias,  por ejemplo Biología en 1º de ESO o Filosofía -o lo que quede de ella- en 1º de Bachillerato, lo dejaré de lado hoy porque estamos hablando de cosas serias. Y esto no es que sea risible, sino que es estentóreamente carcajeable y acreedor a la mayor de las chanzas. Para babero de oro, vaya que sí.
 
No. Ninguno de estos ejemplos que tanto aparecen ni otros que también se aducen son el problema de nuestro sistema de enseñanza. Nuestro problema es fundamentalmente conceptual. Para empezar, porque no parece que sepamos qué es lo que nos traemos entre manos. Un sistema de enseñanza, de instrucción pública -como debería llamársele en rigor- o educativo -como se le dice ahora, ha de tener por objetivo y función primordial la transmisión de conocimientos; remarco: función primordial. Es decir, de todo aquello que, y al nivel que corresponda, de una forma u otra y después de 25 siglos, llamamos saberes sistematizados. Y esto, ninguna ley "educativa" desde la LOGSE se lo ha planteado.
 
La LOMCE de Wert sigue rezando explícitamente que el alumno es el centro del sistema educativo -así lo viere quien lo leyere-, confundiendo groseramente objeto con sujeto -es una distinción antropológica, no filosófica, cuidado-. Como la LOGSE y la izquierda. Una concepción, por cierto, muy explícitamente cristiana; ¡claro que con estas izquierdas que nos han tocado en suerte!. El alumno podría ser el sujeto -en tanto que usuario y destinatario del sistema-, pero no el objeto ni, por ello el centro del sistema, que sería la transmisión de conocimientos. Mientras no se entienda eso, o se haga como que no se entiende, no habrá nada que hacer ni con unos ni con otros.
 
Mucho más inteligente que sus homólogas hispánicas, no en vano es laica y republicana, la derecha francesa ya se replanteó el tema en los tiempos de Luc Ferry como ministro de educación. Aquí no se enteró nadie. Y sigue sin enterarse nadie.
 
 

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