dissabte, 27 d’abril de 2013

¿QUIÉN SE ACUERDA DE JULIÁN GRIMAU?



Nos lo ha tenido que recordar Gregorio Morán hoy en sus “Sabatinas” de la Vanguardia (que no puedo enlazar por ser accesibles sólo para suscritpores): hace ahora 50 años que Julián Grimau fue asesinado. Aún 24 años después del final, los vencedores seguían en pie de guerra civil. Lo fusilaron sentado en una silla porque no se tenía en pie de tantos huesos rotos; había sido cruel y sádicamente torturado y arrojado al vacío desde el tercer piso de comisaría. El juez que le condenó en una parodia de juicio tenía dos años de derecho y tres de pistolero a sueldo del régimen franquista. Fraga Iribarne, ese ilustre “demócrata” que era entonces ministro de Franco, ejerció de vocero del régimen justificando su ejecución.

Grimau había sido un policía profesional que se mantuvo leal a la República. Durante la guerra, dirigió los servicios de contraespionaje en Barcelona y Madrid, destinados a capturar quintacolumnistas. Dura y sucia tarea, sin duda, la de capturar espías y saboteadores, dura y sucia como lo es la propia guerra. De haber estado en el bando de los vencedores, habría sido magistrado como el que le condenó a muerte. Su problema fue que estaba en el de los vencidos. Morán nos recuerda también como entre tanto quintacolumnista estaban los amigos del hoy prócer de la patria catalana Francisco Cambó (Francesc en la intimidad), quien a su vez financiaba el franquismo desde su dorado exilio en Suiza y Argentina.

Hoy Cambó es una figura respetada y jaleada por el nacionalismo catalán. De golpista y reaccionario ha metamorfoseado en prohombre del catalanismo y hasta precursor del independentismo. No es raro ver monumentos erigidos en su honor. De Grimau no se acuerda nadie. Sigue habiendo vencedores y vencidos.
Definitivamente, la memoria de este país es una mierda. No es raro que nos vaya como nos va. Hasta puede que nos lo merezcamos.

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