dimarts, 2 d’abril de 2013

LA SOMBRA DE JUAN DE MAIRENA




Alberto comenta hoy en su blog un artículo de Muñoz Molina en “El País” que no puedo calificar sino de imprescindible. En él se hace eco de algo que realmente debería haber sorprendido a propios y a extraños desde hace años. Es decir, desde que la izquierda renunció a la instrucción pública y, en un auténtico giro coperniquiano de signo regresivo, se dedicó a combatirla con una saña sólo comparable al celo con que hubiera debido defenderla.


Y creo que alguien debería algún día explicarnos cómo ocurrió. Aunque sólo fuera para satisfacer la curiosidad de los que todavía estamos perplejos ante algo que, desde la ingenuidad sin duda, sólo podemos calificar como contra natura, como una perversión cuyas consecuencias estamos hoy padeciendo sin que se vislumbre solución de continuidad alguna.


Alguien podría decir que es uno más de tantos despropósitos que trajo consigo el naufragio de la izquierda, o su vampirización. Y seguramente que no le faltaría razón. Pero en el caso que nos ocupa, se trata de algo más que una renuncia más o menos contemporizadora como a las que nos tiene acostumbrados. Más que de una renuncia, se trata de una abdicación que corrompe su ideal originario. Si la izquierda fue una vez ilustrada, hoy es, hay que decirlo, furibundamente antiilustrada. Y con la cobertura de su pretendida legitimidad moral, se ha dedicado a destruir lo que hubiera debido ser su gran obra: una instrucción pública digna, gratuita y de calidad.


Podríamos hablar, ciertamente, de cómo la pedabobería, la pedagocracia y la pedagofilia han hecho estragos; de cómo la pasión enfermiza por el eufemismo, el subterfugio, el relativismo ramplón y la trivialización, han acabado adulterando el propio concepto de instrucción, substituido hoy por denominaciones borrosas que diluyen su función originaria y primordial; de cómo bajo la apariencia de la igualdad de oportunidades se ha creado un sistema profundamente discriminatorio; de cómo la fascinación papanatas por las nuevas tecnologías nos ha llevado a confundir, una vez más, el fin con los medios; o de cómo los grupos sociales que más deberían haber defendido la instrucción pública han actuado con demasiada frecuencia como cómplices activos de su destrucción... Pero con franqueza, todo ello me parece anecdótico si lo comparamos con la renuncia explícita al ideal ilustrado que fue su bandera y cuya mera evocación, hoy en día, conlleva la automática acusación de “reaccionario” o “nostalgico del pasado”, cuando no de “franquista” o partidario de la eugenesia activa.


Decía el olvidado Juan de Mairena que lo que hay que construir es “una escuela popular de sabiduría superior, no una escuela superior de sabiduría popular”. Se optó por lo segundo. Más cómodo, más simpático,más fácil y, sobre todo, más útil desde una cierta manera de entender las cosas. Quizás ahí se encuentre el meollo del asunto.


En cualquier caso ¡Bien por Muñoz Molina!

3 comentaris:

  1. Absolutamente de acuerdo con todo lo que expones, Xavier. No hace mucho leí (me lo ha recordado la frase de Juan de Mairena pero no sé dónde lo leí) una diferenciación de Ortega entre "el individuo noble y el plebeyo", no en función de la sangre o la cuenta corriente, sino en que "el noble se sabe imperfecto y se impone un camino de perfectibilidad", mientras el plebleyo se considera perfecto. Era algo así, pero me pareció curioso y menos clasista de lo que a primera vista pudiera parecer. Quiero decir que, en el fondo, parece que se han cambiado las tornas: lo populista ha ganado a lo elitista (en el buen sentido) y los que deberían tratar de evitar el clasismo son,en la práctica, quienes arrojan a la sociedad a aquel. Clasismo e igualitarismo en la estupidez son lo mismo, en realidad, porque si no se propicia la excelencia, nunca los mejores (no en un sentido social ni económico sino en el del mérito, el esfuerzo, etc) tendrán ninguna posibilidad de ascenso social.

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  2. ...pues parece que, en determinados sectores, Muñoz Molina es una especie de esquirol, por "tibio" (entiéndase por "tibio": "sensato", "moderado"...) más que nada. Mal asunto que se descalifique a las personas de mayor nivel intelectual por su poca predisposición al hooliganismo....

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  3. Acaso sea porque estamos en una sociedad culturalmente hegemonizada por hooligans. Resulta fácil decirlo o escribirlo, pero pensarlo es verdaderamente aterrador.

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