dimarts, 9 d’abril de 2013

¡TE NOS HAS IDO, JOSÉ LUIS SAMPEDRO!



Te leí ávidamente en mi adolescencia y juventud, y te seguí la pista durante muchos años más... Hasta que, debe hacer unos meses, puede que unos pocos años, sólo sabía de ti cuando aparecías, en estos cicateros y tan democrático-plurales medios adscritos al trilerismo (es decir, todos) como aquel viejo chocho al que intentaban en vano ridículizar por su «extemporaneidad»...  como si se las hubieran con un anciano vulnerable y voluble, propenso a la notoriedad en sus últimas singladuras vitales... ¡Pobrecillos! Saber mantener la dignidad y la entereza es algo que no pueden concebir unos tiempos y unas gentes con tanta propensión a la sensibilería mítico-mediática con que deberemos seguir lidiando los que vamos quedando.

Eso último no lo decían, ni siquiera lo insinuaban, más bien pretendían caricaturizarte... ¡ellos, los caricatos!. Porque superabas con nota incluso la crítica del más feroz de los montaraces paniaguados de uno u otro bando. Tu muerte les habrá tranquilizado porque les eras molesto. Como una almorrana sobre sillares que, como el colchón de la princesa del cuento, no pueden ignorar al garbanzo que yace bajo las suaves colchas que pugnan por amortiguar las posaderas de tanto farsante como hay... Allá, si existe ese lugar, donde las hemorroides son la penitencia que conviene a la desfachatez moral, tú podrás sentarte muy tranquilo. De veras que sí. Y de veras que te lo deseo.

No te conocí personalmente, pero me permitirás que en este improvisado elogio te diga que, más allá de haberte leído y admirado, celebre también tu sensatez al demorar tu muerte oficial cuarenta y ocho horas. Hasta en esto fuiste lúcido. No te hubiera podido tolerar entre otros obituarios igualmente recientes. No por ti, ya me entiendes... sino por las inevitables comparaciones propias de conversaciones triviales con peores conversadores... Aquello de ¿Sabes quién se ha muerto «también»?

Y otra cosa más, José Luis Sampedro: acaso más allá de tu indiscutible obra literaria, permíteme una rápida e improvisada triología, "Octubre octubre... ", "La sonrisa etrusca" y "La vieja sirena", quizás lo que para mí ha sido de ti siempre lo más importante es la integridad, y la humilde entereza con que supiste jactarte siempre de ese honor que otorga haber sido soldado  republicano.

Y ahora, sabiendo de tu muerte, permite de un anónimo y anodino seguidor tuyo que te diga, no me preguntes por qué, que con unos cuantos más como tú, lo hubiéramos conseguido... Tú sabes perfectamente a qué me refiero.

Sólo se me ocurre, fíjate como son las cosas, despedirte con unos versos en catalán -naciste en Barcelona, al fin y al cabo-, quizás por la Ítaca en que recién has amarrado. Sirvan de adiós con toda mi admiración y ¡HASTA SIEMPRE!


BON VIATGE PELS GUERRERS,
QUE AL SEU POBLE SÓN FIDELS,
FAVOREIXI EL DÉU DELS VENTS,
EL VELAM DEL SEU VAIXELL!


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