divendres, 18 de gener de 2013

EL "MAS FACTOR" (I)




Confieso que entre el psicologismo y el sociologismo siempre he tendido a inclinarme por el sociologismo. El debate se remonta como mínimo a los clásicos, pero fue Émile Durkheim en el siglo XIX quien lo popularizó con estos términos en su estudio sobre el suicidio. Durkheim mostró como el índice de suicidios mantenía unas sospechosas constantes cuya tenacidad más bien parecía explicarse desde la sociedad en que se producían, y del grupo social al que pertenecía los suicidas, y no sólo como una simple volición abordable desde perspectivas psicologistas. Si el número de suicidios que se producen anualmente en una determinada sociedad es más o menos constante, quizás sea porque se trata de un fenómeno no estrictamente psicológico, sino también y mayormente, sociológico.

Un debate eterno y trasladable a otros ámbitos. ¿Hubiera otro conquistado las Galias en su lugar si Julio César hubiese muerto de niño? ¿Y si a Newton no le hubiera caído la famosa manzana en la cabeza? En definitiva ¿Es el individuo el que determina las circunstancias o son éstas las que dan lugar a un determinado individuo? Ciertamente, es posible pensar que de haber muerto Napoleón de un balazo en el sitio de Tolón cuando era sargento, ni la república se hubiera tornado imperio ni hubieran existido las “guerras napoleónicas”. Pero también podemos pensar que son las circunstancias concretas las que permiten, y hasta “exigen”, la aparición de un personaje con unos determinados perfiles que se adapta y adecua a ellas. Ya digo, sin negar el factor humano, mi propensión ha sido siempre más bien tendente al sociologismo. Filosóficamente diríamos hegeliano.

Todo esto viene a propósito de mi perplejidad ante un personaje que está consiguiendo que empiece a poner en duda tales concepciones, incluso hasta el punto de amenazar seriamente dar al traste con ellas. Me estoy refiriendo, por supuesto, al inefable Artur Mas. Volviendo a Hegel ¿Es Mas también  "materia de la astucia de la razón"? La verdad, empiezo a pensar que para entender lo que está pasando en la política catalana y, sobre todo, la forma como está pasando lo que acontece, no queda más remedio que recurrir a argumentaciones psicologistas que llamaré, como singular aplicación del “factor humano”, el “Mas factor”.

Se atribuye a Tarradellas la frase según la cual en política se puede hacer de todo, menos el ridículo. Una máxima que nuestro hombre está haciendo trizas. Aceptemos que pierde las primeras elecciones, las del 2003, -aunque él dice que las ganó- debido al desgaste que su coalición arrastraba después de veinte años en el poder. Las segundas vuelve a perderlas ante un tripartito que en tres años se había desgastado más que CIU en veinte. Aun así, pierde, pero él sigue diciendo que las ganó. 

Finalmente consigue ganar unas elecciones rozando la mayoría absoluta. Entonces se transmuta de tecnócrata a independentista y, dos años después, se sube a la ola del 11 de setembre y convoca unas elecciones anticipadas con el objetivo proclamado de obtener una “mayoría excepcional”(SIC) que le garantice la hegemonía para pilotar el proceso hacia la independencia. Se da de bruces y pierde doce diputados -de 62 a 50-. Pero no ceja. 

Ahí sigue, como si nada, haciendo leyes que sabe que le van a tumbar en unos días -la de depósitos bancarios-, en unos meses -el euro por receta cuya supresión acarreará que nos prohíban respirar en catalán, según su insigne portavoz-, o manifiestos que luego debe rehacer porque que se queda solo. O afirmando estar por encima de la ley convocando referéndums que luego reconoce que no tienen ningún valor jurídico ni para el propio convocante que es él mismo. ¿Cómo se puede entender todo esto? En términos políticos no parece posible. Hay que recurrir a otro tipo de explicaciones. 

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