dilluns, 14 de gener de 2013

PHANTASMATA HISPANIARUM (X) La culpa no fue de los godos




Para empezar, no es verdad que los visigodos consiguieran ningún tipo de unidad política estable que abarcara toda la península. La historiografía nacionalista tuvo que poner en el haber de los visigodos, con sólo doscientos años de margen, realizaciones  para las cuales los francos tuvieron cuatrocientos o quinientos. Además, dejando de lado el tema del reino de los suevos, los vascones y la penibética bizantina -Cádiz incluido-, parece que no era nada raro que en muchas ocasiones hubiera dos reyes godos simultáneos. Ignorar esto, intencionadamente o no, llevó a finiquitar a la monarquía visigoda con Roderico -el Don Rodrigo del Romanticismo- y su supuesta muerte o extravío en la batalla de Guadalete, el año 711. Pero Roderico no fue el útlimo rey godo.

De todos modos, si en algún momento todo el territorio de Hispania al sur de los Pirineos estuvo bajo un solo rey visigodo, eso fue durante muy poco tiempo. Con Suintila, pero no con Recaredo, como se suele creer. Pero es que además, este momento se da, de “aquella manera”, más o menos en torno al año 650 y dura unos cincuenta años, hasta Witiza. Luego se vuelve a dividir el territorio, como mínimo, en dos reinos, hasta que, poco después, en el 711, los árabes emprenden la invasión de Hispania. El reinado del último monarca godo, Ardón, se da por liquidado más o menos en torno al 721, cuando los árabes toman Narbona, Carcasona y el resto de la Septimania.

Pero lo más curioso del caso es que si los comparamos con los francos, los visigodos les ganan la partida por goleada en términos de sentido de unidad política. Porque en estos mismos tiempos, entre los siglos VI y VII, la Galia está dividida, como mínimo, en tres reinos francos que con frecuencia guerrean entre sí, Austrasia, Neustria y Burgundia. Y eso sin contar al siempre ambiguo ducado de Aquitania, que podría incluirse sin problemas como el cuarto. El primer monarca que unifica más o menos lo que hoy es Francia es el primer carolingio, Pipino el Breve –hijo de Carlos Martel, el vencedor de Poitiers-, en la segunda mitad del siglo VIII, quien a su vez divide la herencia entre sus hijos, uno de los cuales, Carlomango, la unifica de nuevo para que, a su vez, su hijo Ludovico la divida de nuevo. Solo hasta Hugo Capeto, a finales del siglo X, no se dará un reino que abarque testimonialmente, más o menos unas dos terceras partes de lo que hoy es Francia. Por entonces hacía casi tres siglos que los visigodos habían pasado a la historia.

Y luego está lo del morbus gothorum, el mal de los godos; la irrefrenable propensión de los godos a conspirar y asesinarse entre ellos, sobre todo si se trata de cargarse al rey. Otro tópico sin fundamento, al menos en términos relativos. Es cierto que la mayoría de reyes godos tuvieron un reinado breve que acostumbraba a concluir trágicamente, ya fuera por medio del asesinato o, también, por medio de la tonsuración o el seccionamiento de una mano. Aun así, algunos llegaron a reinar más de quince años. Pero lo verdaderamente importante es que el tan manido morbus gothorum era más bien una pandemia que afectaba a todos los pueblos germánicos, empezando por los francos. No parece que los visigodos les fueran en nada a la zaga a los francos merovingios, que eran sus coetáneos y con quienes hay que compararlos en todo caso. Denostarlos, como hace Ortega, por lo que no llegaron a conseguir y los francos si consiguieron cuando los visigodos hacía doscientos años que eran historia, eso no sólo es un anacronismo, sino sacarse un conejo de la chistera en el transcurso de un malabarismo con naipes.
Y precisamente entre los francos, el morbus gothorum pervivió durante unos cuantos siglos más. En realidad se convirtió en una costumbre bastante arragiada en todas las sociedades medievales, y si en todo caso es verdad que se produjo una reducción significativa de su frecuencia fenoménica, no fue por la falta de intentos, sino por las cada vez mayores precauciones y la progresiva acumulación de poder que los reyes iban detentando y que les permitía establecerlas. Los asesinatos, envenenamientos y conspiraciones entre los francos –el propio Carlomagno podría haber estado implicado- en nada tienen que envidiar a los godos. De modo que morbus gothorum sí lo hubo, claro que sí. Pero de hecho distintivo o diferencial, nada de nada.

Como tampoco era una especialidad visigoda, sino germánica en general, que a la muerte del rey por cualesquiera circunstancias, pero muy raramente por causas naturales, y dado el carácter electivo de las monarquía entre estos pueblos, se procediera a la sistemática eliminación fisica de sus descendientes más inmediatos para evitar las tentaciones hereditarias que, a la postre, acabaron por instalarse. Pero es que, una vez más, cuando los francos adoptan la monarquía hereditaria, los godos ya eran historia.

De modo que ni los visigodos eran un pueblo más decadente que los francos ni sus tendencias conspirativas les inhabilitaban más que a otros pueblos para la unidad política o de acción. Al menos en comparación al resto de pueblos germánicos, y muy especialmente en comparación a los francos. Si algo no funciona en la historiografía nacionalista española, no es en los visigodos donde debemos buscar las causas. Porque no dejaron prácticamente nada. Los merovingios tampoco en Francia, pero son una etapa de un recorrido histórico que tuvo continuidad. Los visigodos ni eso.

Evidentemente, especular sobre cuál hubiera podido ser el recorrido histórico de Hispania de no haber mediado la invasión musulmana es algo que aquí no vamos a hacer. Parece evidente, eso sí, que la posterior historia de España no hubiera tenido nada que ver con la que fue. Pero pretender ir más allá de esta afirmación carece de objeto. Y de sentido. Fue como fue y punto. No querer aceptarlo acaba forzando a imponer un presente artificiosamente relacionado con el pasado, cuyo hiato con la realidad acaba siempre pasando factura. Pienso que los nacionalismos periféricos son, en gran parte, una consecuencia de ello. No es que sea por haber puesto a los visigodos como origen del reino de España, claro que no, sino por la sesgada interpretación que se hará de hechos posteriores. Y de sus justificaciones presentes en función de un pasado que nunca fue.


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