dimecres, 16 de desembre de 2015

LA EDUCACIÓN EMOCIONAL



Entre otras lindezas, «Podemos» incluye, entre las propuestas educativas de su programa electoral, la introducción de una materia de «educación emocional» en distintos niveles educativos que no especifica, pero que es de suponer, dada la envergadura intelectual de la propuesta, que abarcará todos los planes de estudio. No se puede decir que no apuesten fuerte por la innovación, desde luego que no.

En un primer momento, uno pensó que tal vez se trataba de un error de comprensión lectora por mi parte, que dónde decía «emocional» debería figurar en «sentimental», que se trataba en realidad de una propuesta de reintroducción de una materia de literatura universal, tan maltrecha en nuestros planes de estudio que es prácticamente inexistente, y que, a modo de ejemplo, citaban la célebre obra de Flaubert «La Educación Sentimental». Pero no, mi gozo en un pozo. No se trataba de un error, sino que mi primera impresión se confirmó: era educación emocional; por lo de la inteligencia emocional, claro.

La verdad es que uno siempre pensó, desde el mismo momento en que apareció el Sr. Goleman con su milonga de la inteligencia emocional que tantos dividendos le ha reportado, que todo lo que se podía decir sobre esta supuesta facultad humana ya lo había dicho el viejo Aristóteles, cuando tratando el ámbito de la proáiresis, destacaba la importancia de saber enfadarse, es decir, de tener una cierta capacidad de control sobre el pathos. Todo ello en el bien entendido que no está en mi mano decidir si algo me entristece, me enfurece o me pone de buen humor. Pero no, desde Goleman, la inteligencia emocional ha dado mucho de sí, tanto que desde la psicología y la pedagogía new age, se la considera el talismán del nuevo modelo educativo, muy por encima de la intelectiva, tan rutinaria y repetitiva ella. Y los de Podemos, tan modernos ellos, pues venga educación emocional.

Tampoco acaba uno de concluir si la inteligencia emocional es una facultad intelectiva o sensorial, una distinción probablemente trasnochada para la intrépida legión de «emocionalistas» que, con una fe y un entusiasmo dignos de mejor causa, proclaman las bondades de «implementar» el control de las emociones mediante la potenciación de dicha inteligencia emocional, que resulta que no sabíamos que teníamos y que, empeñados en los contenidos de conocimiento, estábamos cercenando la futura felicidad que nuestros jóvenes tienen ahora a su alcance. ¡Cuántas generaciones de infelices se han malogrado por el contumaz empeño en enseñar ecuaciones y batallitas!

A lo más, uno pensaba que acaso esta nueva facultad, descubierta no se sabe bien a través de qué procedimiento, podría ser el resultado de una mala digestión del llamado «emotivismo» de Hume; vamos, que en aras a la innovación, y acaso excesivamente «emocionados», se hubieran pasado tres pueblos. Pero tampoco. Se trata de una facultad que quien no se rinda ante ella está condenado a ser un desgraciado. Así que igual que Kant hablaba de la minoría de edad culpable, ahora resulta que lo que somos es desgraciados culpables. El único problema, ya digo, es que si no se trata de una facultad intelectiva ni sensorial ¿qué diablos es entonces la inteligencia emocional? ¿Habrá que reinventar el alma para colocarla como una de sus potencias? Todo un enigma, créanme, para un profano en este tipo de menesteres.

Y luego hay también un aspecto relacionado con esto de la inteligencia emocional que me trae de cabeza ¿Es simplemente inteligencia o consiste en algún tipo de saber? Porque digo yo que para conocer tu inteligencia emocional deberá haber algún tipo de conocimientos involucrados, máxime si consideramos que hasta hace poco nos era completamente desconocida. Es decir, que no todos la intuimos ¿intelectualmente? Luego, ha de consistir en una cierta disciplina y contenidos de conocimiento debidamente tematizados. Y si es así ¿son estos conocimientos transmisibles, a diferencia de los otros, que sólo se construyen? Porque de no serlo ¿qué será exactamente el educador emocional? ¿Un sucedáneo de los antiguos directores espirituales?

Porque si resulta que no es tampoco un saber transmisible y consistente en una serie de técnicas procedimentales y metodológicas que se «aprenden», lo más parecido a un educador emocional que a uno se le ocurre serían, no ya los curas, sino su variante chamánica. Pero seguro que no es así, porque si «Podemos» la propone como materia -¿un saber tematizado?-, seguro que se lo han pensado muy bien, porque esta gente sabe lo que hace. Y hasta deben saber qué tipo de especialistas –porque serán especialistas ¿no?- serán los encargados de impartirla.

Y esto nos lleva a otro problema ¿Cómo se acredita que uno está capacitado para enseñar educación emocional? Porque algún tipo de pruebas y proceso selectivo para determinar si realmente el futuro educador es un inteligente emocional habrá ¿o no? No sé oigan ¿se les exigirá acreditar que son felices? ¿Y esto como se comprueba? ¿Consistirá la cosa en una entrevista donde al aspirante se le insultará y zurrará para comprobar si sabe controlar sus emociones? Pero es que si uno aguanta los insultos, las vejaciones y las burlas del tribunal ¿es eso ser emocionalmente inteligente y lo acredita como feliz? Qué quieren que les diga, tengo mis dudas.

Y no es la menor entre estas dudas la sospecha de que, al final, se trate ni más ni menos que de un conductismo barato reciclado, cuyo objetivo más bien tiende a la manipulación y al control moral del individuo, y que el altruista deseo de que la gente sea feliz más bien es un burdo pretexto. Porque ¿hay alguien capaz de explicar cómo uno puede llegar a ser feliz?  Y por cierto ¿qué hacer con los tontos emocionales? ¿Grupos flexibles y tratamiento de la diversidad emocional? ¡Vade retro!
En fin, esperemos que Podemos no tenga la oportunidad de explicárnoslo aplicándolo. Si alguna vez pensé en votarles, ya no. Tantas emociones me atribulan.

9 comentaris:

  1. ¿Y doña Elena Francis, qué? ¿Acaso no habría estado ella dotada para ser educadora emocional? ¡Qué imperdonable descuido, Xavier, y más, en un hombre de tu edad y tu cultura!

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    1. Es verdad. Guachimám ¿Cómo pude olvidarme de una educadora emocional de la talla de Elena Francis? ¡Un abrazo y felices fiestas!

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  2. Claríssim, Xavier. Molt ben dit, i amb sentit de l'humor! No et diré res més ara, però això t'ho volia dir, amb un BON NADAL! Albert

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  3. Don Xavier: la lógica del absurdo siempre impera en este país ¿o no ha reparado que entramos de lleno en la política emocional? Al dato: mañana se verá. Buenas fiestas.

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  4. Igualmente. Siempre a sus pies, doña Carmina.

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  5. Por cierto, un apunte: Goleman fue el que puso el nombre al libro. El autor intelectual de la inteligencia emocional fue Richard Boyatzis. Los listos siempre han necesitado de "hombres mediáticos" que den la cara. Vamos, "psicólogos populistas" que han encontrado "clientes"

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