dimarts, 10 de setembre de 2013

EL RICTUS



¿Aquí quién manda? Es la pregunta que muy acertadamente se planteaba un veterano periodista el viernes en el programa de debate de Josep Cuní en la televisión de Javier el “Grande” (de España, claro) -léase “La Vanguardia” para lectores de fuera de Cataluña- a la vista del cúmulo de despropósitos en que incurrió el rey Arturo, máxima autoridad catalana, entre el jueves, con sus declaraciones sobre elecciones plebiscitarias para el 2016, y el viernes cuando fue a rendirle pleitesía a von Junker(as), a la sazón alcalde de la ilustre villa de Sant Vincenç dels Horts, para asegurarle que de aquello que se decía que había dicho, nada de nada, que no se le había entendido, que el iba a cumplir sus compromisos con los Junkers. Y aquí paz y allá gloria.



Pero la instantánea, esa inmobilización del tiempo en el espacio -que decia Lessing a propósito de la escultura- nos permite recoger expresiones y matices que sin duda vídeo pasaría por alto, parece decir otra cosa. Aunque sólo asomando el perfil, se percibe claramente en Mas un rictus de asqueo, una mueca de preocupación, de hartazgo de la resignación que violenta a la voluntad... ¿Cómo me he metido en este berengenal? Parece también estar preguntándose ¿Cómo voy a salir de él?



Es una instantánea mucho más que ilustrativa del día de rendimiento de pleitesía de un presidente de la Generalitat de Cataluña a un alcalde de pueblo. Es definitivamente significativa. A mí esta es la que me parece más trágica, y lo digo sin el menor asomo de sarcasmo.. Sólo recuerdo una foto similar, la del borrachín de Yeltsin marcándole con el dedo al infeliz de Gorbachov dónde tenía que firmar la disolución de la URSS.



Fíjense bien en la instantánea y en quién está robando pantalla a quién. No es un problema de mayor corpulencia física de uno frente a otro. No. Nada de eso. Es la expresión de Laoconte -a propósito de Lessing- preso de la serpiente que sabe que se lo va a tragar enterito y previo a la digestión, que será en el estómago y en vivo. Con una diferencia. Laoconte advirtió del peligro y por eso los dioses le enviaron la serpiente. Él , muy al contrario, sabe que a esa serpiente la alimentó él mismo irresponsablemente. Y ahora tal vez sea ya demasiado tarde. Moloch es insaciable y no se detiene ante nada.



Malos tiempos corren en Camelot. A lo mejor es que nunca fue Camelot. En realidad, tampoco Camelot fue nunca Camelot.

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