dimecres, 27 de març de 2013

CAÍN Y ESA GENTUZA (I)



Cuando hace ya unos cuatro años, Pérez Reverte sembró el escándalo poniendo a caer de un burro a los "parlamentarios" de San Gerónimo en su artículo "Esa gentuza", estaba constatando algo  con suficiente conocimiento de causa y precedentes como para que no cupiera la menor duda sobre la catadura moral de «eso» que se viene a llamar la "la clase política". En resumen, una gente encantada de haberse conocido y con una irreprimible propensión a la altanería y a la arrogancia, revestidas con barnices de pretendida modernidad, con el nada desdeñable añadido de una olímpica indiferencia hacia la misión que se supone que tienen encomendada. A la vez, al resaltar en su descripción aquellos caracteres distintivos que configuraban la actitud de estos personajes ante su propia imagen y condición, se abría un abanico de potencialidades que, de actualizarse, nos iban a situar, tarde o temprano, en una situación más o menos como la que estamos viviendo en estos momentos. Y así ha sido.

Había habido con anterioridad casos de corrupción de todo tipo y para todos los gustos y colores. Podría acaso decirse que no anunciaba nada nuevo, sino que simplemente constataba una realidad en toda su cutrez. Pero yo creo que sí había algo novedoso en este artículo: la presentación del caldo de cultivo en el cual es posible que se desarrolle todo lo que, con carácter previo ya se había producido, y que iba a producirse todavía más aumentado. La "possibilitas", es decir, las condiciones a priori que determinan y caracterizan una situación en la cual la corrupción acaba enquistada hasta la misma médula espinal del sistema, como algo estructural o, como se diría más modernamente, sistémico.

Para unos, los mismos que llevan siglos con esta milonga, la culpa es de los partidos políticos; tal cual, lo que nos hace suponer que piensan que sin partidos el problema desaparecería. Para otros, más moderados, la raíz del mal se encuentra en el sistema electoral de listas cerradas y la ley electoral d'Hondt; a partir de ahí, cabría deducir que con listas abiertas y un sistema electoral mayoritario, la solución está servida. Y cómo no, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, también los hay que sitúan el problema en la, según ellos, "excesiva" presencia de partidos nacionalistas periféricos en el Parlamento de la Nación debido a este perverso sistema electoral. Huelga decir que el nacionalismo "central" que los complementa no parece ser un problema para los defensores de esta perspectiva. En fin, que hay para todos los gustos...

Qué duda cabe. Unos partidos políticos blindados como los actuales son un campo abonado para las carreras de los mediocres y para la corrupción desbocada. Pero no debemos olvidar que los partidos son esenciales a la democracia, a menos que no empecemos a caracterizarla con predicados «sospechosos», desde las democracias "populares" hasta la democracia "orgánica"...
Y aunque sea sólo por curiosidad, a ver qué hay de "culpa" en los partidos y en el sistema electoral.

 

 

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