dijous, 28 de març de 2013

¿MARCHA ATRÁS O "COITUS INTERRUPTUS"?



Esta es la pregunta que me asalta desde que se divulgó la entrevista secreta entre los señores Artur Mas y Mariano Rajoy. Porque no es exactamente lo mismo una cosa que la otra, aunque pueda parecerlo y hasta en determinados ámbitos se utilicen ambas locuciones indistintamente. Y en el caso que nos ocupa, está claro que la primera referiría a un replanteamiento de las propias posiciones, acaso abandonándolas o renunciando a ellas implícitamente, lo cual metafóricamente expresaríamos como un retorno a las posiciones anteriores en el orden del tiempo. La segunda, a su vez, nos remitiría a la sensación también metafórica, pero con analogías más sincrónicas que diacrónicas, en el orden de las vivencias, que puede producir la primera. En román paladino: que ya escuece en ERC.

A lo mejor no es ni una cosa ni la otra, sino simplemente lo que en catalán llamamos "fer marrada". Una expresión, ésta, de difícil traducción al castellano. Literalmente sería el recorrido que sigue un bucle, algo así como "dar un rodeo", pero más bien en el sentido de "corregir el tiro" sobre la marcha. Eventualidad nada descartable, sobre todo si éste te ha salido por la culata. Es decir, un replanteamiento que no es un plan B,  sino un gesto forzado ante la perspectiva de un escenario sin solución de continuidad como en el que se ha metido Mas con su aventura soberanista.

Sea como fuere, hay algunos aspectos de los que parece que se han tratado en esta reunión que indican claramente un enfriamiento de las veleidades independentistas. Precisamente por ello el "tribuno" Turull, con un semblante cariacontecido, se esforzó en recordar que no ceden un ápice en sus aspiraciones al referéndum. Lo que no dijo es si dichas aspiraciones volverán a empaquetarse como género literario/sentimental o si permanecerán inalterables en ámbito de la acción política. Pero algo debe haber si tenemos en cuenta el contexto, por un lado, y los sarpullidos que ha producido en forma de declaraciones entre algunos de los más conspicuos compañeros de viaje.

En lo referente al contexto, parece evidente que ante la insostenible situación económica en que se encuentra la Generalitat de Catalunya, tanto por méritos propios como ajenos, el propio Mas se ha percatado, o alguien le ha hecho percatarse, de que la estrategia de la tensión está llegando a un impasse que amenaza con fecha de caducidad a la vista. No puedes estar recortando a diestro y siniestro y pretender a la vez que los «recortados» sigan tragándose indefinidamente la milonga de que "tota la culpa és de Madrid". Hasta la estupidez humana tiene sus límites. Tampoco, en otro orden de cosas, los escándalos de corrupción entre los mismos próceres patrios invitan a ciegas adscripciones. Malos tiempos para la épica...

Ignoro si habrá caído en la cuenta de que una estrategia de tensión siempre favorece al más fuerte, y que acaso no calibró bien sus propias fuerzas, ni las del independentismo en general, antes de emprender la aventura hacia unos derroteros que evocan claramente el origen de dicho término, pero podría inferirse de lo que hasta ahora se sabe de la reunión que ha mantenido con Rajoy. En fin, errare humanum est, como decían los clásicos. En cualquier caso, y si realmente lo es, bienvenido sea el retorno al sentido común, al seny.

Pero claro, después de tanta rauxa, de tanto temperamentalismo, la vuelta al seny deja a algunos en fuera de juego -me pregunto si también a él- y ante el más que previsible rasgado de vestiduras que escenificará ERC, el escenario que se le presenta a CIU es bastante complicado. Por un lado, ha soliviantado a sus propias bases con un irredentismo que no se correspondía con su idiosincrasia, acaso presente como dotación genético-sentimental, pero con escasa disposición, más allá de la mera testimonialidad, a embarcarse en tan incierta singladura; por el otro, su propia clientela más genuinamente independentista migró a ERC en las últimas elecciones que él mismo había convocado anticipadamente para conseguir, Mas dixit, una mayoría excepcional. Con tan escasas alforjas, su posición de debilidad, agravada por el pacto que le pone en manos de la verdadera conciencia independentista que es ERC, parece fuera de toda discusión.

Como era de esperar, ERC no ha interpretado este último gesto como una maniobra táctica. Y ello no sólo porque constitutivamente anden faltos de la misma, sino porque a la sensación de coitus interruptus que les sobreviene se añade la sospecha, o la certeza, de que aquí hay cuerno.

¿Será así realmente? No lo sé, desde luego. Pero las noticias que hoy aparecen en los medios insinúan que CIU se está planteando una "diversificación" de alianzas parlamentarias, que incluirían al PSC y, de bajo mano,  para salvar la cara, incluso al PP. La contrapartida parece clara.

Si todo esto es así, el problema será ahora lidiar con las expectativas frustradas de los que habrán sentido la marcha atrás como un coitus interruptus. En cualquier caso, lo dicho: si se trata de una vuelta al sentido común, bienvenida sea. El tiempo nos lo dirá...

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