dilluns, 25 de març de 2013

EL PAPA Y LOS "MEDIA"



Vaya por delante que no soporto a la gente que, sin ser católicos practicantes y comprometidos, parecen tener para la Iglesia Católica toda una serie de críticas, propuestas y proyectos sobre cómo debería ser o sobre qué es lo que deberían proponer o revisar en estos o aquellos supuestos dogmas, posicionamientos y funcionamiento orgánico.

En este sentido, y en mi caso particular, no considerándome católico por haberme autoexcluido voluntariamente desde la más temprana juventud de dicha institución y de su credo, en la cual, ello no obstante, había sido bautizado sin que se me consultara, no me considero ni obligado ni vinculado a opinar sobre qué ha de decir o revisar la Iglesia Católica Romana, ya sea respecto a la virginidad de María, el aborto, la doctrina social, los dogmas teológicos o el  matrimonio de los curas. En resumen, que como aquel viejo chiste, si alguien me pregunta qué opino de que los curas se casen, mi respuesta sería "Pues si se quieren...". Todo ello con dos requisitos previos sine qua non.

El primero, que estemos en una sociedad secularizada en el cual la adscripción al catolicismo sea voluntaria y que sus preceptos no afecten a los que no hemos sido obsequiados con la gracia de la fe cristiana o cualquier otro tipo de iluminismo similar, análogo o derivado; el segundo, que en el campo del debate teológico/filosófico uno se pueda permitir expresar su criterio cuando ello venga a cuento, ya sea en público o en privado, sin por ello cuestionar el derecho de los acólitos a autoimponerse los preceptos propios de su comunión. En definitiva, si alguien no quiere abortar o no comer carne los viernes, es muy libre de ello siempre que no obligue a nadie a seguir sus pasos.

Viene todo esto a cuento de de la polvareda que ha levantado la abdicación de Ratzinger y la posterior elección de Bergoglio, así como de algo en el fondo muy breve... tan breve que acaso ni siquiera justifique este exordio. Veamos. Sin que uno sea un fanático de las tertulias radiofónicas y/o televisivas, lo cierto es que desde que se anunció la abdicación de Ratzinger, he ido siguiendo con cierto interés el tema en la prensa, la radio y la televisión. Y claro, también las opiniones que los "expertos" en nómina de los distintos medios han ido vomitando en las innúmeras tertulias de los más variados pelajes que proliferan por estos pagos.

Y es que, de verdad, no acertaron ni una. Pero es que ni una... ninguno. Y luego viene la pregunta inevitable. Si tenemos en cuenta que el tratamiento que le dieron a este tema fue desde la misma condición de "sobraos" que se arrogan en el resto de temáticas que tienen por costumbre abordar ¿No sería lícito pensar que quizás también en estos temas tengan exactamente las mismas carencias?
Eso sí, allí siguen todos, en nómina, impertérritos en su reciedumbre moral inasequible al ridículo. La verdad, con esta patulea creando opinión, no me extraña que el país vaya como va.

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