Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Reflexiones catalanas... o lo que sean. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Reflexiones catalanas... o lo que sean. Mostrar tots els missatges

dilluns, 16 d’octubre del 2017

De la utopía a la distopía



William I. Thomas (1863’1947) formuló en 1928 el principio que lleva su nombre: «Si las personas definen situaciones como reales, éstas son reales en sus consecuencias». Desde una lectura leve, o líquida –por no decir grosera-, este enunciado podría entenderse como una legitimación y hasta una auténtica apología del discurso de la posverdad. Pero lo que se nos está diciendo es algo muy distinto: la verdad, lo real, no lo es por más que alguien así lo decrete volitivamente; lo fenoménico -los «hechos»- sigue prevaleciendo y entrometiéndose en nuestras definiciones. Y entonces reaparecen el viejo Aristóteles y su teoría de la adequatio. Son los enunciados los que se han de adecuar al estado de cosas, a la situación que se pretende definir. Y si no se produce esta adecuación, entonces se está incurriendo en un error.

La verdad del relato construido sólo lo es en otro orden: es verdad que subjetivamente, o intersubjetivamente, éste es mi relato, o nuestro relato, pero poca cosa más. Alguien puede decir que está lloviendo ante un sol radiante. Será verdad que ha dicho que está lloviendo, pero si no llueve, se trata de un enunciado falso. El enunciante podrá estar convencido de que, efectivamente, está lloviendo; o también puede que pretenda hacérselo creer a otros, con cualesquiera finalidades. Y dicha verdad lo es ciertamente en sus consecuencias. Si pienso que llueve, y soy aprensivo en temas lluvia, no saldré de casa y dejaré de hacer lo que tenía previsto para el día –una entrevista de trabajo, por ejemplo-, o saldré a la calle vestido con un impermeable y un paraguas innecesarios –en cuyo caso en la entrevista me tomarán por un chalado-.

En otros ámbitos de más trascendencia, como el de la política, el recorrido de este tipo de relatos suele resolverse, en sus consecuencias, en el trayecto que va de la utopía a la distopía. Siempre proporcionalmente con la intensidad del relato. Definir como real una situación que no se corresponde con la «realidad» de los hechos, comporta partir de unos presupuestos que determinarán una definición falsa de la estructura de estos hechos, desde la consideración autorreferencial de la propia posición, hasta la percepción distorsionada de esta propia posición en el contexto de correlación de fuerzas que se corresponda con la estructura de esta realidad, lo cual, por lo general, acarrea consecuencias que no son las esperadas ni las anunciadas, sino con frecuencia contrarias.

Esto es precisamente lo que está ocurriendo con el «procés», cuya presente fase está ahora a punto de culminar. Se definió como real una situación a partir de un relato que acabó tenido como real por una buena parte del cuerpo social. Y como tal, está deviniendo real en sus consecuencias.

Un relato ciertamente mucho más complejo que el de un pobre chalado con fobia a la lluvia. Aquí se trata de un relato con sus respectivos discursos histórico, político, cultural, económico e identitario, que se ha ido imponiendo como pensamiento único, y cuyas consecuencias ya estamos viendo que no serán la llegada de la utopía en forma de República catalana independiente, sino otras más bien distópicas y de signo contrario. Incluso si llegara la República catalana.

Estábamos en una revolución de las sonrisas, mientras sonrientes y «reputados» economistas, productores culturales, activistas, políticos, ideólogos, sicofantes de toda laya y, en general, gente encantada de haberse conocido, nos la definían como la más deseable de las buenas nuevas que en el mundo han sido. Difícil sustraerse a ella para quienes creyeran en su viabilidad. Una viabilidad que formaba parte axiomática del relato y que, se decía, estaba perfectamente encarrilada. Las empresas internacionales se iban a dar de bofetadas para asentarse en esta nueva y emancipada tierra de promisión. Estaríamos automáticamente en la Unión Europea -¡cómo no, siendo carolingios!-. El dinero abundaría porque con los dieciséis mil millones que «Espanya ens roba», ataríamos a los perros con longanizas. Todos los países relevantes del orden mundial nos iban a reconocer automáticamente y a dar la bienvenida. El mundo estaba pendiente de Cataluña y de la realización de su destino manifiesto. ¿Y el Estado español, qué iba a hacer? ¿Pues qué va a poder hacer? ¡Nada! Porque nada se puede hacer frente a la mayoritaria voluntad de un pueblo ocupado decidido a (re)tomar las riendas de su destino. En el siglo XXI las cosas no se pueden resolver con la violencia, sino con la democracia, así que a votar el 1-O...

Todas estas cosas, y muchas más del mismo tenor, se han dicho una y otra vez desde las más variadas instancias. Basta con consultar las hemerotecas. Oponerse a cualquiera de ellas, o tan solo matizarla, significaba ser arrojado a las tinieblas del espacio exterior, al reino de los réprobos.  O al de los renegados.

Pero ahora resulta que en lugar de venir aquí todas las empresas del mundo, se han ido ya cerca de seiscientas; que Europa no está por la labor, ni ningún otro país relevante; que lo único que puso en el candelero internacional a Cataluña fue la torpeza del gobierno al mandar a la policía a reprimir una carnavalada que ni Maduro se hubiera atrevido a organizar; que tampoco esto de la voluntad mayoritaria del pueblo catalán es así a menos que estemos ante las matemáticas de Alicia en el país de las maravillas; que resulta que el Estado sí está dispuesto a hacer algo y el artículo 155 de la Constitución ya pende como la espada de Damocles…

Cada vez parece más claro que la denominada «desconexión» era sobre todo, más que con España, con la realidad. Y ahora, sin que se sepa aún si se declaró la independencia o no, nada hace pensar que vaya a llegar la utopía que algunos irresponsables y desaprensivos prometían, encima, como independencia «low cost», todo de buen rollete.
Alguien debería haberles explicado que la independencia low cost no existe. Pero desde el relato definido como real, intersubjetivamente, por la mayor parte de los independentistas, no es así, excepto, claro, en sus consecuencias.

dimecres, 4 d’octubre del 2017

De la Tierra a la Luna


Por más vueltas que des, el culo siempre estará detrás. Una frase ciertamente autorreferencial que constata una evidencia irrefutable sobre la propia perspectiva, pero no sobre la de los demás. Según en qué fase de vuelta esté y la posición del observador respecto al observado, éste estará de culo, de cara o de perfil.  Lo mismo con respecto al observador desde la perspectiva del observado.
Pero no parece que ocurra así con la Luna; siempre nos muestra la misma cara dejando su otra (casi) mitad oculta. Es decir, nunca le vemos el culo. Pero si gira también sobre su propio eje –rotación-,  además de orbitar alrededor de la Tierra –traslación-, parece contradictorio que nunca la veamos de “espaldas”. Una paradoja solo aparente, claro. Hace algunos años, cuando todavía se explicaba Historia de la Filosofía en nuestros institutos, conseguí que todos los alumnos lo entendieran sacando a una pareja a bailar.
El típico movimiento de baile en el que ella gira alrededor de él, cara a cara, y él simplemente rota sobre sí mismo. “¿Lo veis?”, les dije, “Esto mismo es lo que pasa con la Tierra y la Luna”. “No, no”, objetó alguien, “Ella solo está girando alrededor de él, no sobre sí misma”. Entonces les hice reproducir el baile describiendo un círculo completo a cámara lenta. “¿Qué ves ahora más allá de tu pareja?”, le pregunté a ella. “La puerta de la clase”, respondió; “¿Y ahora?”, “La pizarra”, “Las ventanas”, “las mesas, a mis compañeros y la pared del fondo de la clase”, “La puerta de la clase… ¡de nuevo!”. Entonces todos entendieron que la chica había descrito también un movimiento rotatorio sobre sí misma, porque de otra manera, habría estado viendo siempre lo mismo. “Lo que pasa es que ella tarda el mismo tiempo en dar una vuelta completa alrededor de él que en darla sobre sí misma –son dos movimientos sincronizados-, y esto es exactamente lo que ocurre con la Tierra y la Luna”.
¿Y en política? ¿Está siempre el culo detrás por más vueltas que demos? ¿Las sociedades catalana y española tienen siempre el culo detrás? Sin duda, desde la perspectiva del que considera solo su propia posición como sistema de referencia, así sería, pero solo para él. Y si, de acuerdo con esto, consideramos al otro solo desde nuestra propia perspectiva, entonces podríamos pensar también que la Luna solo gira alrededor nuestro, como la primera reacción de algunos alumnos  en el ejemplo anterior. Tampoco es anecdótico que a quienes más les costó comprender el tema fue a los propios bailarines. A los observadores les resultó relativamente fácil percatarse de que habían omitido algo que, ello no obstante, estaban viendo. Porque no solo veían a la chica girar alrededor del chico, sino que también la veían a ella de cara, de perfil o de espaldas según la posición respecto a ellos.
Pero si adoptamos, o intentamos adoptar, la perspectiva del observador, su sistema de referencia, acaso entonces entendamos y sepamos describir la naturaleza de los movimientos observados mejor que sus propios protagonistas. Y alguien deberá decirle al chico que es el único que no ve el culo de la chica, y a la chica que es la única que no ve el culo del chico. Será una trivialidad que incluso a alguien puede que le parezca grosera. Pero es lo que hay. Y si a cualquiera de los dos le da por querer verle el culo a su pareja de baile, se acaba el baile.
Ignoro si es el caso solo de la Luna o si se conocen otros de órbitas sincrónicas. Tengo entendido que es algo excepcional, pero no puedo asegurarlo. No sé tampoco qué ocurriría si la Luna dejara de repente de orbitar con sus dos movimientos sincronizados, pero seguro que nada bueno, aunque entonces sí que le veríamos el culo. En el caso político, está muy claro.
Y si alguien me pregunta quién es Cataluña y quién España en esta metáfora orbital, le diré que cualquiera puede ser una u otra, porque cuando solo cuenta el propio ombligo, tanto puede decirse que orbita la Luna alrededor de la Tierra , como que la Tierra que lo hace alrededor de la Luna. Quizás valdría la pena preguntárselo a los observadores, no sé, a Júpiter o al Sol. Pero claro, es que los suyos son otros sistemas de referencia, otras perspectivas. Se dirá que esto excluye las emociones, los sentimientos, pero entonces ¡Ay, Ay, Carmela!

diumenge, 1 d’octubre del 2017

En busca del error forzado


Cuando el conflicto es político y no jurídico, en la medida que lo segundo cuelga de lo primero, la lógica de la aplicación de la ley lleva inexorablemente hasta lo que ha llevado hoy. Mucho me temo que el gobierno español no ha entendido nada de nada. Porque hoy no se acaba un determinado proceso, sino que precisamente empieza su siguiente fase y en el escenario que deseaban los dirigentes independentistas, que han provocado el error forzado del contrario, víctima de sus propias incompetencias. Esto irá a más, y es muy posible que se produzca una ulsterización de Cataluña cuyos costes serán insostenibles y tarde o temprano, si se persiste con tal torpeza y acaso controlado por los cascos azules, habrá un referéndum y lo ganarán los independentistas.

El regalo que el gobierno español le ha hecho hoy al «procés» al servirle en bandeja lo que sus dirigentes perseguían, esto es, el enrarecimiento de la situación y la radicalización que conllevará, verdaderamente no tiene precio. Es difícil ser más inepto. Sí, es verdad, desde la lógica del derecho y del imperio de la ley, el Estado no tenía otra alternativa, sobre todo después de las bravatas que ambos bandos habían entrecruzado. Pero esta ha sido precisamente su equivocación, haber llegado a la inevitabilidad del error forzado por haber persistido en lo jurídico y no haber querido entender la auténtica raíz política del problema, o acaso no haber podido entenderla haciendo gala de sus evidentes limitaciones políticas e intelectuales. Se podrá decir que la actuación policial ha sido brutal, para unos, o proporcionada, para otros, según, claro, el bando en que cada cual esté. A mí me parece que ha sido una sobreactuación chulesca e ineficaz.

Chulesca porque aun sabiendo que la cosa iba de sobreactuaciones, y que iba a suscitar similares reacciones tanto si la guardia civil acudía para ayudar a las ancianitas a cruzar la calle como si entraban los tanques por la Diagonal, se optó por la arrogancia y la altivez. Ineficaz porque no ha conseguido su propósito de detener el referéndum; la Generalitat dirá exactamente lo mismo y dará los mismos datos que hubiera dado en caso de que no hubiera habido acción policial y lo venderá como un esforzada victoria aún más enaltecida por las dificultades superadas. Y además se ha encrespado a una buena parte de la población que, en principio, se sentía ajena y hasta contraria al referéndum por la forma como se había organizado, tan parcial, sesgada y sectaria como la propia actuación policial de hoy.

Hace cinco años, cuando empezó todo esto, la convocatoria de un referéndum pactado entre el Estado y la Generalitat, a un par o tres de años vista, previa reforma de la Constitución si ello era necesario, hubiera arrojado un resultado de goleada por parte del «unionismo». No sólo así lo indicaban las encuestas, también se palpaba. Y se hubiera acabado el problema. Hoy ya no está tan claro, y a poco que se siga por esta línea, lo que estará claro es que para cuando se celebre, la goleada correrá a cargo del independentismo. Lo dicho, es difícil ser más incompetente. El independentismo está a punto de llegar al escenario que anhelaba y que sólo la estupidez del contrario podía brindarle. 
Porque lo de hoy ha sido mucho peor que una reacción proporcionada o brutal. Ha sido caer en la trampa; ha sido, simplemente, un terrible error. Y los errores se pagan.

dimarts, 23 de febrer del 2016

¿Dónde está Salomón?



La leyenda de Salomón arbitrando sabiamente entre las dos supuestas madres que se disputan al hijo, no es un hecho, sino una metáfora. Y no sólo porque lo más probable es que Salomón jamás existiera, sino porque incluso de haber existido y protagonizado el hecho que la Biblia le atribuye, seguiría siendo una metáfora. Lo significativo no es la sentencia del rey, sino el escenario en que la pronuncia.

Como es sabido, se le presentaron al rey Salomón dos madres, probablemente prostitutas, uno de cuyos hijos, recién nacidos ambos, había amanecido muerto. Las dos reclamaban al vivo como propio. Ante tal dilema, y siendo imposible determinar cuál era la verdadera madre, Salomón resolvió que el guardia partiera al niño vivo en dos, y medio fiambre para cada una. Una solución drástica, pero ciertamente equitativa. Entonces, una de las dos madres estalló en sollozos, admitió no ser la verdadera y rogó al rey que no matara al niño, dando por bueno que se lo quedara su rival. A la otra le pareció bien la idea. Y entonces se manifiesta la sabiduría de Salomón, que entregó el niño a la suplicante, porque sólo una verdadera madre preferirá que su hijo siga vivo, aun apartado de ella, que muerto a su lado.

Lo significativo de este relato no es la posición del juez, sino la de las dos presuntas madres litigantes. Para que el juicio de Salomón sea acertado, ha de haber necesariamente una madre verdadera y otra falsa. De no ser así, de haberse tratado, por ejemplo, de una disputa entre dos falsas madres, no es descabellado pensar que el niño hubiera acabado descuartizado, y que Salomón, en lugar de por su sabiduría al saber tensar la cuerda hasta el límite, hubiera pasado a la historia por su displicente frivolidad. Acertó porque una era la madre verdadera. Pero no siempre es así. No lo es cuando las circunstancias sobre las cuales se configura el conflicto de intereses son otras.

Estas divagaciones sobre el conocido episodio bíblico, me las evocó la reciente lectura de un artículo de Antoni Puigverd, que me pareció particularmente acertado e incisivo. Y me ratifica en mis vagas conclusiones esta noticia de hoy; unas declaraciones del actual presidente de la Generalitat. Una más de tantas, pero puesta en relación con lo anterior, no sé… se me antoja reveladora.

No se trata ciertamente, aunque también, de que por aquí no abunde el talento de Salomón. No. Por lo que uno se pregunta es más bien por la autenticidad de las supuestas madres en disputa que se arrogan la representación en exclusiva de la sociedad catalana en el caso del «procés». No veo a ninguna que, para salvar al hijo, esté dispuesta a cederlo. Más bien se diría que lo que prima por ambos lados, llegado el caso, es el tan hispánico «la maté porque era mía».

Los unos están irremediablemente determinados al todo o nada. Y no parece que les pase por la cabeza quedarse en el «nada». El  independentismo, en su mérito hay que reconocerlo, ha conseguido construir en Cataluña una copia real del cuento de Andersen –y del infante Juan Manuel- que nos hablaba del vestido nuevo del emperador que iba desnudo. Aquí ya ni los niños se atreven siquiera a insinuarlo, pobrecillos. Se ha proyectado una realidad virtual que oculta la cruda realidad: ni en Europa, ni en el Imperio, ni en ninguna parte existe el menor apoyo a la independencia de Cataluña. Y ello sin entrar en las razones que fundamentan la propuesta independentista, ni en la cuestionable verosimilitud de la Ítaca prometida. Es una ficción para consumo interno de los adeptos. Pero ahí siguen, empecinados en confundir con molinos de viento a los gigantes, al revés que el Quijote. Tampoco pueden echar ahora el freno de mano. Los devorarían los mismos que han creado y aupado. Es la maldición del teorema de Thomas: si la gente considera unas cosas como reales (aunque sean ficciones), éstas devienen reales en sus consecuencias. Sólo que a nadie parecen importarle estas consecuencias; es el precio de la «desconexión».

Los otros, a su vez, siguen obstinadamente negándose a entender que estamos ante un problema que no se puede resolver como creen haberlo resuelto en anteriores ocasiones, y que no vale decir que hasta ahora todo fue muy bien. Tampoco parece que les importe demasiado qué le pueda acabar ocurriendo al niño. Un niño al que dicen querer, sin que ello haya sido nunca óbice como para que no hayan alentado contra él las más bajas y groseras pasiones. No saben, o parecen no saber, que se les está impeliendo a cometer el tenísticamente fatal error forzado, que a lo mejor no decide el partido, pero sí el primer set. Un error forzado que abriría un panorama de incertidumbre en el cual sí cabría, como posibilidad, la que llevan acariciando desde hace tiempo los estrategas del independentismo: que el referéndum acabara organizándolo la ONU, con los cascos azules vigilando los colegios electorales. Remota posibilidad, sí, pero la única que tiene el independentismo de ganarlo. Y para ello no dudarán en forzar la situación hasta más allá del límite, tensando la cuerda hasta que se rompa.
Y hay algo todavía peor, para mayor desesperanza: aquí todo el mundo se arroga desvergonzadamente a la vez el papel de juez y parte. Único juez y única parte. Pero, ¿Alguien piensa en el niño? ¿Alguien piensa en Cataluña? ¿Y dónde está Salomón?

diumenge, 10 de gener del 2016

¡QUÉ TRISTE ES SER DE IZQUIERDAS!

Sin Mas. Con él, acaso más confortable. Ya me lo contarán los irreductibles numantinos repletos de principios y consecuencia moral.

Si eso fuere la izquierda, me hiciere de derecha.

dijous, 24 de setembre del 2015

EL DEDO Y LA LUNA, O LA VOLUNTARIOSA IGNORANCIA


 

 

Hay algo de novedoso en ciertas incorporaciones al «espíritu» y actitudes del «procés», que son cada vez más constatables a medida que empiezan a proliferar objeciones argumentadas a sus postulados y afirmaciones. Una actitud que definiría como de ignorancia voluntaria en sus acólitos, así como de entusiasta instigación a ella por parte de sus líderes, que se detecta en la calculada frivolidad y ligereza con que se rehuye el debate por el procedimiento de, evitando entrar en él, seguir sosteniendo los propios argumentos, y las consecuencias que se desprenden de ellos, con una imperturbabilidad cuasi británica, inasequible al desaliento y contra toda evidencia, ya sea empírica o metafísica. Y esto es sin duda alguna un mérito del Sr. Mas.

También puede verse como una muestra inequívoca de cinismo. Pero en una sociedad menos imbuida de modernidad de lo que se supone, y donde la autoestima se resuelve en autocompasión que se manifiesta como victimismo, tal vez la insultante simplicidad del mensaje haya resultado ser su pasaporte al éxito. Cierto que se ha contado para ello con todo el aparato mediático y propagandístico puesto a disposición del único objetivo, desgobernando por lo demás, y que hay que incluir también la inestimable colaboración del gobierno español con sus antológicas y proverbiales torpezas. Pero a sus seguidores no parece importarles.
Lo más sintomático de todo esto es la constatación, aun desde una escenificada actitud de trascendente entusiasmo por el inminente advenimiento, de la frivolidad y la ligereza con que se obvian cualesquiera objeciones. Es lo que se detecta en la inanidad despreocupada de sus argumentos, que más bien evocan el entusiasmo de una hinchada de fútbol ante la próxima final, y que nunca el independentismo clásico, más bien tristón, frailuno y huraño, había conseguido suscitar entre la población, más allá de la mera testimonialidad.
La fidelización de la parroquia independentista a los dictados de sus notables es, con algunas honrosas excepciones, que las hay, absoluta y concienzudamente acrítica. Y lo demás, fuera de los medios afines al régimen, no existe o no cuenta: es el enemigo. Y ya se sabe, el enemigo sólo pretende confundirnos con sus arteras maniobras. Nadie se molesta ni siquiera en considerar o tomar nota de los contraargumentos a las mendaces afirmaciones sobre temas tales como la salida de la UE y del euro, o en contrastar si los dieciséis mil millones que «España nos roba» son tales, si no son tantos o si, aunque lo fueran, Cataluña iba a disponer automáticamente de ellos convirtiéndose en una superpotencia económica sin paragón. Tampoco nadie ha replicado a la penúltima insensatez de Mas, asumiendo implícitamente un corralito y el impago de la deuda externa. O qué pasaría con las exportaciones catalanas al resto de España, de Europa o del mundo, y cómo se iban a pagar las importaciones. Ni qué modelo de sociedad se plantea para la nueva Cataluña independiente…
Nada de esto parece importar. Frivolidad y ligereza, decíamos, como contrapunto al cinismo de unos dirigentes a los que, además, no se les supone que fueren a seguir igual de mediocres y corruptos que hasta ahora en el nuevo escenario al que pretenden llevarnos. La independencia lo justifica y subsume todo, desde la corrupción hasta la inconsistencia argumental y la mentira.
Una frivolidad que es el trasunto de la ausencia de discurso y debate serios, de la inanidad de la mayoría de razones argüidas y del sesgado  y tendencioso modo de exponerlas, hasta el punto que sólo pueden resistir como «razones» al precio de trivializarlas por descontextualización y transformarlas en motivaciones, donde su veracidad o falsedad no es ya una cuestión de análisis lógico ni de contrastación empírica, sino de sentimiento y emociones. Y una ligereza que funciona como correlato de esta trivialización, por el procedimiento de inhibirse conscientemente la parroquia en una suerte de contra argumentación  Ad Hominem, consistente en dirigir la mirada hacia el dedo que nos objeta, en lugar de a la Luna que nos está señalando; justo lo contrario que si de dedo propio se trata; entonces miramos sólo a la Luna, sin reparar esta vez hacia dónde apunta. Desinterés por la verdad, en definitiva, y huida consciente de la realidad.
Una prueba de ello serían los mensajes que circulan por las redes, y con los cuales mis amigos indepes tienen a bien bombardearme con angustiosa asiduidad. A ellos les debo, en gran medida estas humildes reflexiones sobre la frivolidad y la ligereza. Más allá de su aparente irrelevancia y banalidad, creo que dichos mensajes son un fiel exponente de los cimientos sobre los que está construido el discurso, y de esta actitud de desinterés consciente y voluntario por la verdad. No son simplemente ocurrencias para el entretenimiento de fanáticos ociosos y obsesivos, sino un aspecto más del discurso de la banalidad emocionalmente verdadero.
Se trata, básicamente, de mensajes toscamente construidos e intelectualmente groseros, que se autoconstituyen como refutación de las noticias sobre declaraciones, supuestamente amenazadoras, que desde diversas instancias han advertido sobre las muchas incertidumbres y eventuales peligros que entraña la independencia. Es decir, que si los bancos dejarán de operar en Cataluña, que si nos quedaremos sin luz, que si el corralito, que si un obispo convoca una vigilia para rezar por la unidad de España… Esta última, desde luego, merece que le den de comer aparte, quizás otro día...
Los mensajes de réplica se presentan en supuesta clave de humor. En uno de ellos se anuncia, como primicia de última hora, que el presidente de Abertis –concesionaria de las autopistas- amenaza con llevarse los peajes a Madrid en caso de declaración de independencia. Otro recomienda comprar gallinas para construir el «corralito». Un tercero asegura que, en caso de independencia de Cataluña, la Virgen de Montserrat y Santa Jordi quedarán fuera del santoral católico. Y hasta hay uno que recomienda marcharse de España porque hace mucho calor…
Los hay también de otro tenor, y van desde la conminación a retirar los fondos de la Caixa y del Sabadell, por su actitud «anti catalana» -¡qué ingenuos! Como si los bancos tuvieran patria- hasta los absolutamente apologéticos y/o hagiográficos, con emotivos manifiestos, escritos y declaraciones en favor de la independencia, siempre con autoría a cargo de conocidos independentistas adscritos al momio, cuyo reenvío y difusión se recomienda encarecidamente pro patria nobis…
Pero es en los de la primera categoría, los escritos en clave de pretendido humor, donde hallo estos elementos de frivolidad y ligereza que comentaba más arriba, que asumo como una incorporación de nuevo cuño. Nunca hay que perder el sentido del humor, por supuesto, pero el humor parece aquí más bien pretextado como paliativo a la falta de argumentos. Y también, en todo caso, el humor que hagamos dependerá de la información y conocimientos de que dispongamos. Y la inclusión del humor como recurso para ciertos argumentos, esgrimidos con igual inconsistencia en otro tipo de registros, no los convierte por ello en más solventes, sino acaso en más evidentes, ya sea en su consistencia o en su endeblez, según sea el caso. Pero pueden colar más eficazmente como refuerzo del discurso en un escenario de intersubjetividad predispuesto emocionalmente a ello. Aunque sigan siendo banales. Al replicar con un supuesto chiste malo, no sólo estoy rehuyendo del debate, sino que estoy poniendo las objeciones, y con ellas al discurso contrario, al mismo nivel de la réplica: descalificándolo como simples payasadas indignas de ser tenidas en cuenta; y todo ello sin ni siquiera despeinar el propio discurso.
Es el escenario en el cual, mientras nos embelesamos contemplando la Luna, no miramos hacia dónde señala verdaderamente el dedo; porque hemos decidido que no nos importa; porque no queremos correr el riesgo de llevarnos una desagradable sorpresa; porque lo único que nos importa es la Luna. Y sólo reparamos en el dedo cuando se nos dice que acaso la Luna que estamos mirando no sea la que imaginamos, sino un decorado de cartón piedra.
 

 

diumenge, 13 de setembre del 2015

Y DESPUÉS DEL 27-S ¿QUÉ?




No percibo en la actual situación catalana y española ningún elemento que invite siquiera al más reservado y contenido de los optimismos. A la obstinación y a la cerrazón de unos, se le opone la cerrazón y la obstinación de los otros. Y me sorprende la frivolidad con que se considera la situación desde ciertos sectores, no ya porque piensen que el independentismo no va en serio, que también, sino, y sobre todo, por la ligereza con que se contemplan las posibles medidas para atajarlo. Diríase que algunos, a estas alturas, todavía no han entendido nada.

Como decía en mi última entrega, el modelo de la cuenta atrás elegido por los líderes independentistas, crea dificultades añadidas desde el mismo momento en que el objetivo de la independencia se presenta como una realización a materializar en unos tan cortoplacistas. Pero también es verdad que desde la estrategia independentista, dicho error forzado podría reconvertirse en acierto por el escaso margen de maniobra que el gobierno español de ha autoimpuesto. Que quede claro que no me interesa dilucidar aquí cuál de los dos bandos tiene razón, sino el escenario que están propiciando entre ambos.

Para los estrategas de la independencia, su objetivo es precisamente que el propio error, si obtienen la mayoría, de una declaración unilateral de independencia, provoque un error forzado por parte del gobierno español, de fatales consecuencias. Cierto que la independencia es un objetivo inalcanzable… en la actual situación y contexto, pero la concatenación de errores puede precipitar un nuevo escenario donde ya no lo fuera. Y me temo que esta variable no se ha contemplado; o si se ha hecho, ha sido con una frivolidad alarmante.

La posición del gobierno español ha sido hasta ahora, y sigue siendo, su absoluta determinación por el cumplimento de la ley en un estado de derecho. Y su negativa a negociar nada. Supongamos pues que llega el día en que se produce la declaración de independencia por parte del Parlamento catalán, con una mayoría, pongamos, de 68 contra 67. ¿Qué ocurre entonces?

Para empezar, las argumentaciones sobre la ilegalidad de tal medida no sirven para nada si no se pasa a la acción. Sí, es cierto que según el Estatuto de Cataluña, para reformarlo se requiere una mayoría cualificada de dos tercios de la cámara, y si no iban a conseguir esta mayoría ni en Cataluña, difícilmente la votación por mayoría simple de una declaración de independencia, que no entra es sus competencias, iba a tener la menor validez jurídica. Pero es que esto carece de importancia en el escenario que se pretende forzar con dicha declaración abriría,  que sería de naturaleza eminentemente política; de conflicto político abierto.

Es verdad que una independencia sin la menor complicidad internacional carece de posibilidades. Y a las calabazas recogidas por Mas a lo largo de su periplo «diplomático», hay que añadirle las más recientes y explícitas de Merkel o de Cameron. Lo tiene muy mal por ahí el independentismo, pero precisamente por ello su estrategia consiste en forzar al máximo la tensión, hasta llegar a un punto sin posible vuelta atrás que abra un nuevo escenario. Y esto pienso que cree poder conseguirlo con la declaración unilateral de independencia.

Para contrarrestar dicha declaración y sus eventuales disposiciones efectivas, se habla de recurrir a la ley. Sí ¿Pero cómo? Desde siempre, una ley cuya aplicación no se sustente en última instancia con métodos coercitivos, es menos ley. Así que hablar de utilizar todos los medios legales incorpora per se la utilización de medidas de fuerza coercitivas como acompañamiento. Y su utilización no dependerá del gobierno español, sino de los independentistas catalanes.

Por lo general, se ha hablado de aplicar el artículo 155 de la Constitución, anulando la autonomía catalana por el procedimiento de intervenirla. Más sotto voce, se habla también de los «tanques». En realidad, no son dos medidas distintas, sino una y una de sus eventuales variantes. Y con ella se abriría un nuevo escenario en el cual lo que pueda ocurrir es absolutamente impredecible en sus consecuencias.

Para empezar, el Estado puede intervenir superestructuralmente la Administración de la Generalitat y hasta dejarla sin luz eléctrica. Pero sólo superestructuralmente, substituyendo con gente propia a todos los cargos políticos y administrativos con dependencias directamente políticas. Y hasta incluso algo más abajo. Pero no a todos los funcionarios, y aun así, con evidente riesgo de colapso. Pero bien, asumamos que esto es lo que se hace, se inhabilita al Gobierno de la Generalitat y se pone al frente a un grupo de funcionarios para hacerse cargo de la dirección y gestión de todas sus competencias. En un interesante artículo de hace unas semanas, Manuel Castells ironizaba sobre la absoluta ineficacia de tal medida; al menos, por las buenas.

Porque con lo primero que se iban a encontrar es con una Administración de naturaleza fuertemente clientelista, ideologizada y claramente hostil, con el consiguiente boicoteo que se iniciaría como resistencia pasiva. ¿O qué decir de tantos municipios que se han declarado independentistas si, por ejemplo, la consigna fuera la resistencia pasiva y la desobediencia civil pacífica? ¿Se metería en la cárcel a los 300 alcaldes que colgaran la estelada? ¿Cómo reaccionaría el resto de la población catalana no-independentista? El independentismo no es mayoritario, pero sí dispone de suficiente masa crítica y apoyos activos en puestos clave como para responder con este tipo de «contraofensiva»; y vendiendo la homologación de esta «nueva» situación con la posterior al 11 de septiembre de 1714; a la idea de un país ocupado y de una población que, mayoritariamente, se opone a esta ocupación.

La réplica inevitable por parte del Estado no podría ser otra que un incremento de la tensión con la consiguiente represión, purgas, destituciones y puede que encarcelamientos, que acabarían de escribir las hasta hoy autohagiografías de los líderes independentistas. Los problemas de orden público serían inevitables, y el estado de excepción, seguramente que también. Algunos piensan que, como mucho, se produciría una «batasunización» de los sectores independentistas más radicales, y que la situación podría «estabilizarse» sin solución de continuidad bajo estos parámetros. En mi opinión no sería así. básicamente. Además, la impopularidad del tipo de medidas adoptadas iba a llevar a sectores no independentistas a abrazar el independentismo o, como mínimo, a solidarizarse activamente con él. Y en una situación de progresivo deterioro sin solución de continuidad, pero que tampoco es eternizable, salidas antes imposibles acaso empezarían a ser más verosímiles. No digamos ya si empiezan a haber muertos y mártires de la causa.

En resumen, si la intervención de la autonomía catalana conlleva de una forma u otra, como pienso yo, la inevitabilidad de los «tanques», la presencia de éstos no será ni mucho menos decorativa, sino funcional. Y después de los tanques de la Brunete, podrían venir los cascos azules. Y el inevitable referéndum que entonces sí estaría el independentismo en condiciones de ganar.

Lo de los cascos azules no es ninguna frivolidad. A nadie le interesa una España errática e inestable. Y hay también otras variables a considerar, desde qué pasaría en el Pais Vasco, hasta cómo todo esto repercutiría en el resto de España, en su economía, en su posición internacional, en su situación social y política... Es por eso precisamente que las grandes potencias no quieren oír hablar ahora mismo de nuevos estados ni en broma. Pero en otro escenario, podrían cambiar de criterio. No es impensable;  manda es el contexto. Lo que sí me parece una frivolidad, en cambio, es considerar que con la intervención de la autonomía catalana se zanja el tema y se le da carpetazo. Me parece a mí que es no haber entendido el problema, o no querer entenderlo.
Claro que, a lo mejor, el que no lo ha entendido soy yo. Ojalá.

dimecres, 3 de juny del 2015

«ICONOMAQUIAS»: DE HIMNOS Y BANDERAS



Hay simbologías que permanecen en el imaginario colectivo más allá de la memoria individual. La famosa pitada del otro día al himno español y al rey Felipe VI, por parte de los seguidores del Barça y del Athletic de Bilbao, en la final de la Copa, se inscriben de lleno en esta «iconomaquia” y no se dejan  reducir a un mero rechazo visceral –inducido o no- de lo «español» por parte de vascos y catalanes, y por supuesto, trasciende de largo lo meramente futbolístico. Si no queremos entender esto, no entenderemos nada de lo que se está ventilando.

Yo planteo la siguiente hipótesis. Vamos a suponer por un momento que, incluso en presencia del rey, fuera el «Himno de Riego» el que hubiese sonado en el Camp Nou ¿Se hubiera producido la misma reacción? Me atrevo a asegurar que no. Muy al contrario. Incluso con toda probabilidad hubiera sido objeto de vítores y aplausos. Eso sí, Mas no se hubiera reído…

Por surrealista que pueda parecer tal hipótesis, permítanme aun así que, a partir de ella, y asumiéndola como «hecho», hipotético, claro, establezca los siguientes asientos, acaso no tan hipotéticos.

 
 

dijous, 26 de març del 2015

¡QUE NO SEA VERDAD!


Ante tanta miseria moral como se extrae de la última noticia de hoy, prefiero de momento aguardar y callarme... Y compartir el dolor con los afectados. No fuera a irme de la bola...
 
Y por igual que hay seres miserables, también los hay grandes, inmensos en su silenciosa  grandeza. A todos ellos dirijo hoy mi homenaje. Si la humanidad se puede salvar, es gracias a gente como él. Cuánto les debemos, y cómo los estamos olvidando:

dijous, 20 de novembre del 2014

LA SOMBRA DE DAVID HUME O EL ESENCIALISMO CONSTITUCIONAL



En general, los argumentos que se esgrimen amparándose en la Constitución para rechazar una salida refrendaria al embrollo catalán, o simplemente cualquier otra salida que no sea el mantenimiento del status quo actual, no diré que sean ramplones, pero sí de un almidonado al cual subyace un esencialismo inmovilista que, lo digo como lo pienso, no me parecen a la altura de la causa que dicen defender. Así como en cualquier debate acostumbramos a escuchar con frecuencia argumentos dignos de mejor causa, también los hay de peor. Y mucho me temo que en este tema, estamos en el segundo caso.

Porque no es exactamente lo mismo defender el estado de derecho que la Constitución, que no es sino una concreción de aquél, pero no la única posible. Menos aún, sostener como eje de toda argumentación que precisamente porque la Constitución es la plasmación del estado de derecho en España, y siendo el caso que no incorpora la opción de una consulta secesionista para sólo una parte del territorio donde rige -ni para todo él, dicho sea de paso-, tal posibilidad, o cualquiera otra que permita abordar políticamente el problema, quede cortada de cuajo.

Y es éste un matiz que no se nos debería pasar por alto.
El artículo completo AQUÍ
 
 

dissabte, 8 de novembre del 2014

SEBASTIAN CASTELLIO O EL PRECIO DE LA DIGNIDAD



A medida que la realidad se deteriora cada día más y el despropósito ocupa las últimas posiciones de un sentido común en desbandada, mientras estos híbridos entre testigos de Jehová y la Guardia Civil que son las «parejas esteladas» irrumpen impunemente de puerta en puerta en el meticuloso cumplimiento de su función de elaborar la nómina de ciudadanos adictos y desadictos al régimen, y que ante ello nadie alce contundentemente la voz denunciando tales prácticas, a la vista de todo esto, decía, uno empieza a comprender cómo Savonarola pudo hacerse con Florencia, o Calvino con Ginebra.

A Savonarola lo detuvo el Papa. Un Papa corrupto, sí, pero como el inolvidable Charles Laugthon decía interpretando al senador Graco en Espartaco, prefiero una república corrupta que mantenga las libertades a una dictadura incorrupta que las destruya. Y a Calvino lo detuvo Castellio, al menos intelectualmente. Castellio murió antes que Calvino pudiera mandarle a la hoguera. Hasta en esto le venció. Gracias a él, y al valor y dignidad que supo demostrar, hoy sabemos quién fue Calvino: un resentido fanático, despótico, cruel y despiadado. Calvino le venció en vida, pero Castellio ganó el juicio de la historia, el de la dignidad y la libertad humanas.

Mucho me temo que en Cataluña disponemos de unos cuantos calvinos, pero no tenemos a ningún Castellio. O están escondidos. Y tampoco los torquemadas de allende el Ebro ayudan en absoluto. No se les diseñó para tales funciones. Porque parece que la cosa, al final, consiste sólo en calvinos contra torquemadas, cada uno en su papel, perfectamente intercambiable, y siempre ejerciendo un férreo control social, que es de lo que se trata.

Hay dos escenas de la película Cabaret que no puedo resistirme a describir. Mientras los protagonistas están paseando en coche con chófer, y ante unos cuantos cadáveres de comunistas asesinados en plena calle por los nazis,  el aristócrata anfitrión le expone su posición al estudiante inglés en Berlín. Los nazis, le dice, nos han servido para deshacernos de los comunistas, pero puede que vaya siendo la hora de detenerlos. ¿Y quién los detendrá? le pregunta el estudiante. ¡Alemania! Le responde el sobrado aristócrata.

Unas cuantas secuencias después, en una taberna campestre, unos nazis empiezan a cantar el himno de las juventudes hitlerianas. Uno tras otro, los clientes, de todas las edades y condición, se van levantando con el brazo en alto entonando el Tomorrow belongs to me. Todos, excepto un anciano y los tres protagonistas, que optan por retirarse prudentemente. Ya de vuelta en el coche, el inglés le pregunta al aristócrata ¿Sigues pensando que vais a detenerlos? Sólo obtuvo por respuesta una displicente y despreocupada mueca de indiferencia.

Me pregunto si este diseño del Think Tank independentista que es la émula local de Marine Lepen –bracea y boquea igual que ella- sigue teledirigida o si está empezando a andar por cuenta propia. Jugar al aprendiz de brujo es muy peligroso si no eres brujo, sólo aprendiz. Sea como fuere, hoy todos deberíamos ser Castellio, o al menos, si no damos su talla, sentirnos a su lado.
Sirva este post como homenaje a Sebastian Castellio, a él y a tantos otros que, arrostrando con las consecuencias, decidieron optar por la dignidad y la libertad. No deberíamos olvidar que siempre que muere la libertad, es invocando su nombre y entre aplausos enfervorizados. No deberíamos olvidarlo. Mañana, yo no votaré, por Castellio.

dilluns, 3 de novembre del 2014

LA MONA "VICKY" Y EL TEOREMA DE THOMAS


Hacia la segunda mitad de los cuarenta del siglo XX, en pleno paradigma conductista y con Skinner (¿o fue Watson?) y Chomsky liándose a tortazo limpio, una pareja de psicólogos metidos a etólogos «adoptó» a una cría hembra de chimpancé con la finalidad de experimentar sobre el atávico parentesco entre el hombre y el mono. Estímulo-reflejo y todo esto.

Bajo la tutela humana, la mona Vicky -así se la conoció- hizo grandes progresos. Era capaz de distinguir las imágenes fotográficas que se le presentaban, identificándolas mediante el procedimiento de agruparlas según criterios de clasificación. A saber, a un lado las fotos de los animales y al otro las de los humanos. Sabía distingir entre los humanos a sus «tutores», a los amigos de sus tutores y hasta distinguirse ella misma de las fotos de otros monos. Sólo había un pequeño problema: cada vez que aparecía su foto, la depositaba en el grupo de los humanos.

Introduce hoy Jorge en su blog, a propósito de la acumulación retórica que se da en el actual contencioso entre los secessionistas catalanes y el Estado español, una interesante aportación sobre la construcción de la realidad y su eventual condición ficticia, aunque no por esto menos real. Alude para ello al denominado «teorema de Thomas», según el cual, "If men define situations as real, they are real in their consequences". Dada una situación considerada como real, lo es en la medida que, actuando de acuerdo a ella, provocará consecuencias reales.

En lógica formal, un enunciado condicional es válido no sólo si el antecedente y el consecuente son materialmente verdaderos, sino también cuando ambos son falsos y, lo importante, cuando el antecedente es falso, siempre que el consecuente sea verdadero. Verbigracia: el enunciado “si llueve, cogeré el paraguas”, es válido si es verdad que está lloviendo y cojo efectivamente el paraguas, si ni llueve ni cojo el paraguas, y también si, aunque no llueva, cojo igualmente el paraguas.

En este último supuesto el enunciado sigue siendo válido porque, diríamos en lenguaje más coloquial, lo importante de lo que anuncio es que cogeré el paraguas. Bajo una condición, sí, pero no es una condición sine qua non, como sería el bicondicional “si y sólo si”, en cuyo caso, si no llueve y, aun así, cojo el paraguas, el enunciado ya no sería formalmente válido.

Desde el plano estrictamente lógico, lo de menos es si yo pienso que está lloviendo o no, lo importante es la estructura del enunciado, y que coja el paraguas. Pero desde el punto de vista del psiquismo en base al cual decido si está lloviendo o no, resulta que yo puedo pensar que llueve sin que en realidad esté lloviendo, y que por eso coja el paraguas, con lo cual que yo piense que esté lloviendo o no, sí que es relevante. Porque lo que yo piense como verdadero y me induzca a actuar, determinará mi decisión y acarreará ciertas consecuencias materialmente «reales». Tal y como afirma Thomas sociológicamente.

Supongamos que yo me asomo a la ventana y a continuación afirmo delante de las personas que están conmigo la proposición “está lloviendo”. Y supongamos que todos al unísono me replican: “no está lloviendo, hace un sol radiante”. Así las cosas, la verificación de mi enunciado es una simple cuestión de contrastación empírica, cuál de las dos proposiciones se adecua al estado de cosas en cuestión. Pero aunque haga un sol radiante, ello no quita que sea «verdad» que yo piense que está efectivamente lloviendo. Por qué razones yo pueda haber llegado a tal conclusión es ahora mismo lo de menos, pero es evidente que, desde mi asunción que está lloviendo como algo verdadero, mis decisiones en función de ello acarrearán consecuencias perfectamente reales, aunque se basen en una ficción.

En esta simplificación, si resulta que yo pienso que llueve cuando todos los demás coinciden en que hace un sol radiante, y prescindiendo de que estén haciendo un experimento conmigo, entonces lo cierto es que yo tendría, como mínimo, un problema de percepción sensorial.

Ahora bien, si en lugar de tratarse de una alteración de mi percepción sensorial, el problema es de construcción del "yo" o del "nosotros", entonces estamos ante un déficit de fundamentación epistemológica en la construcción de la propia identidad, individual o colectiva, desde la autorreferencia en relación a un contexto dado. Sociológicamente, estaríamos ante un imaginario intersubjetivo consistente en una identidad colectiva –Thomas utiliza el plural “men”- acaso no debidamente contrastada y, en cualquier caso, sesgada en la medida que «nuestra» autorreferencia no se adecue al contexto. Es decir, un constructo ficticio.

Y sí, es verdad que una ficción construida puede hacerse verdadera en sus consecuencias. Como lo es también que una cosa es lo que somos –o consideremos que somos- «ontológicamente», y otra lo que somos «sociológicamente», es decir, lo que contextualmente se considera que somos (y que no somos), siendo esta última la que cuenta, sociológica y políticamente hablando.

Dentro de parámetros más o menos razonables, que haya una cierta inadecuación entre lo que pensamos que somos y lo que se nos considera, es normal. Al fin y al cabo, no estamos hablando de verdades últimas, sino fácticas en la medida que contextuales y protocolarias, así como, en el ámbito político, de correlación de fuerzas. Pero si esta inadecuación traspasa los umbrales de lo razonable, entonces estamos ante un delirio patológico, psicológica y/o sociológicamente, según el caso.
 
Volviendo a la mona «Vicky» con la cual iniciábamos este post. Una cosa serían las razones que la indujeron a considerarse humana y a agrupar sus fotos con las de los humanos; otra, decisiva al fin y al cabo, que la atribución de tal condición no depende de ella. Vicky tenía un problema de autorreferencia. Hoy por aquí tenemos un problema parecido. Lo preocupante son las consecuencias, esas sí, rabiosamente reales.

dijous, 30 d’octubre del 2014

"PODEMOS" O LA FUERZA DEL SINO



Parece que la última encuesta del CIS, que todavía no se ha acabado de «cocinar», apunta hacia un irresistible crecimiento de PODEMOS, la nueva fuerza política surgida en las últimas europeas, diríase que prácticamente de la nada. Y hasta el punto que algunos incluso aventuran que podría ser la primera fuerza en intención de voto. Otros la sitúan en segundo o tercer lugar, pero siempre con márgenes muy ajustados con respecto a los dos «grandes», PP y PSOE. Un auténtico terremoto político a nivel español.

Y tampoco a nivel catalán parece que el antiguo «oasis», convertido hoy en lodazal, se libre del vendaval PODEMOS. Unos la mantienen también como primera fuerza en intención de voto, se anuncia un varapalo a CIU, incluso a ERC, y la caída al abismo del PSC y de ICV-EUiA. Otros la sitúan como segunda fuerza, por detrás de ERC y, finalmente, los más moderados le otorgan 16 o 17 diputados y el tercer o cuarto lugar. También un terremoto. Y ojo al dato, todos coinciden en que también penetra con fuerza en el País Vasco. Quizás haya que reconocerle a PODEMOS que se trata de una fuerza genuinamente española y sin exclusiones, y eso, al menos en mi opinión, sería una buena noticia.

Sin duda habrá que ver cómo se elabora todo esto en las cocinas del CIS y qué plato nos sale –ojo, estamos hablando de intención de voto-, pero parece claro que, en cualquier caso, PODEMOS irrumpe con una fuerza inusitada en toda España, sin excepciones. Es una formación netamente española y con un concepto de España distinto al apergaminado sonsonete de siempre. Y esto merece algunas reflexiones.

Ideológicamente, el espectro de PODEMOS se proyecta sobre una de las dos Españas y un sector creciente de la tercera. No afecta al PP, cuya erosión electoral es más de tipo moral que ideológico, y al cual no se le ha aparecido, por ahora, ninguna alternativa a su derecha con expectativas razonables de implantarse. Está UPyD, sí, cuyos votos en Madrid proceden más de los caladeros del PP que de los del PSOE –no así en el País Vasco-, pero está también a la baja y creo yo que se puede dar por amortizada o prácticamente. A quien inquieta y produce sudores fríos la irrupción de PODEMOS es a las clásicas formaciones de izquierda, a saber, en España, al PSOE y a IU en cualquiera de sus múltiples avatares.

También inquieta al resto en menor medida, claro, por el colapso general del sistema, que entre la crisis económica y la corrupción rampante, puede escorar a importantes sectores de población hacia la izquierda. Pero no hacia el PSOE Izquierda Unida, sino hacia PODEMOS, y con ello puede alterar el mapa político español que conocíamos desde la transición.

A la crisis se le añade el agotamiento de un bipartidismo cuyos protagonistas están corroídos hasta la médula por una corrupción sistémica rampante, sin que pase día en que no salte un nuevo escándalo. El canovismo con trajes Armani en que se resolvió la Transición y se desarrolló la democracia española está amortizado. Y la gente se ha empezado a hartar de que siempre le toque pagar el pato y, encima, le tomen el pelo.

PODEMOS es el resultado del proceso de articulación de la gente que salió a la calle o simpatizó con el movimiento del 11-N, que también se produjo en Cataluña antes de que el nacionalismo lo fagocitara, y recoge el desencanto de una buena parte de la ciudadanía, castigada por la crisis y harta de una clase política mediocre y corrupta, que ha funcionado como una casta arrogante, clientelista e incompetente. A nivel español parece bastante claro. ¿Pero y a nivel catalán?

En Cataluña no hay mayoría independentista, y buena parte de la población que se ha adscrito al independentismo en los últimos años lo ha hecho más coyunturalmente que ideológicamente. El independentismo catalán es, además, muy heterogéneo, cuando no heteróclito y, a lo sumo, pienso que puede totalizar entre un 30 y un 35% de la población. Pero hay un importante sector de población, no necesariamente absentista, que no está representado por los partidos políticos catalanes en lo oncerniente a la polémica independentismo/unionismo.

A los problemas que Cataluña comparte con el resto de España, se le añaden hoy unos cuantos de «propios»: primero, un independentismo hegemónico aupado desde los medios de comunicación públicos y privados subvencionados con dinero público y que han llegado a crear una situación que, como afirma Joan Manuel Serrat, roza la esquizofrenia; segundo, una situación particularmente deteriorada por la pésima gestión de un gobierno que no gobierna, si no es para privatizar, y cuyo único objetivo es desviar la atención hacia la independencia; y tercero, una izquierda mansa y glotona abducida por el nacionalismo y, ahora, por el independentismo.

Como en el resto de España, PODEMOS entra por la izquierda, y aquí rompe también la correlación de fuerzas, es decir, con el status quo marcado por el pujolismo. Según se desprende de lo que hasta ahora se sabe de la encuesta del CIS, PODEMOS capta una gran parte del voto tradicional de izquierda, PSC y ICV-EUiA, así como de las CUP, pero también de votantes de «Ciudadanos» que, más bien no nacionalistas catalanes que nacionalistas españoles, optarían por PODEMOS ante la progresiva derechización de esta formación y su casi conversión en una marca blanca del PP en Cataluña. El problema de «Ciudadanos» quizás no sea tanto lo que dice como lo que no dice. Pero lo más significativo es que PODEMOS arranca muchos votos de la abstención, y con ello, no sólo barre a la izquierda de toda la vida, sino que transforma el mapa político convirtiéndose en el abanderado de un sector no independentista hasta ahora huérfano de representación política. Y esto es lo que me parece más interesante.

Curiosamente, y con independencia de su programa, creo que a PODEMOS pueden confluir en Cataluña una buena parte de los sectores de población no independentistas hasta ahora no identificados con ninguna formación política o mal representados por ellas. Y por esto precisamente, su arco es tan amplio. Porque al menos desde el punto de vista de la dialéctica independentismo/unionismo, puede representar a un unionismo desacomplejado e igualmente distanciado del españolismo rancio que traspúan ciertos sectores de Ciudadanos o el PP, como del independentismo o del acomplejado nosesabebienqué tan genuino del PSC.

Porque PODEMOS es fundamentalmente, y eso nadie lo niega, una formación política española, pero al margen de su filiación izquierdista, incorpora una concepción de España que no es, ciertamente, aquella con la que están acostumbrados a lidiar los independentistas catalanes. Muy probablemente más jacobina de lo que algunos imaginan, pero a la vez integradora y conciliadora. Y ante esta concepción alternativa de España, incluso más de un independentista sobrevenido puede replantearse sus posiciones. Para mayor sollozo de algunos, claro… Estoy seguro que el independentismo cargará más inmisericordemente contra PODEMOS que contra Ciudadanos. Porque prefiere batirse con estos que con aquellos. Le aporta más réditos.
Curiosamente, PODEMOS incorpora una visión de Cataluña y España mucho más próxima a la que en su momento defendió el PSUC, y que no tuvo solución de continuidad política porque sus herederos históricos, ICV-EUiA y el PSC, se convirtieron o en unos mangantes, en unos acomplejados, o en ambas cosas. Ahora, sus direcciones se tendrían que ir a casa con lo puesto. Y aunque sólo fuera por ver la cara de huevo que se les queda, ya valdría la pena. Y por que hubiera en Cataluña una izquierda no nacionalista y a la vez no lerrouxista, también. Que buena falta hace. Otra cosa será que PODEMOS de la talla. Eso está por ver...

dijous, 11 de setembre del 2014

11 DE SETEMBRE DE 2014

 
 
CUANDO LA FIESTA NACIONAL,
YO ME QUEDO EN LA CAMA IGUAL,
QUE LA MÚSICA MILITAR,
NUNCA ME SUPO LEVANTAR
 
(Traducción mejorada, a cargo de Paco Ibáñez, de "La mauvaise reputation", de Georges Brassens)
 
 
 
Puestos a decidir qué podría levantarme de la cama, sólo la Libertad guiando al pueblo.
 


dissabte, 10 de maig del 2014

LOS HOMBRES DE MAS O LOS HOMBRES DE MÁS




El tándem Terricabras&Maragall se ha postulado como «los hombres de Mas en Europa»; noticia que le ha sumido a uno en la más desconcertante de las perplejidades. Porque si se refieren al Mas que sería de suponer, el buen sentido nos dice que «su hombre» y «sus hombres y sus mujeres» son los relacionados en la lista a las elecciones europeas en que participa el partido del Sr. Mas, encabezada, por cierto, por un anodino burócrata que responde al nombre de Ramón Tremosa ¿A qué puede obedecer entonces que estos dos se arroguen ni más ni menos que ser los hombres de CIU en Europa? ¿Que no iban por ERC?

Uno pensaba que Terricabas&Maragall iban a ser los hombres de Junqueras en Europa, pero ahora resulta que no, o a lo mejor es que también; claro que esto habría que preguntárselo a Junqueras. Porque hasta donde a uno le consta, el ínclito Terricabras y el "Tete" Maragall se presentan como número uno y dos, respectivamente, por las listas de ERC. Y Junqueras es el presidente de ERC, y jefe de la oposición, por más, eso sí, que ejerza también de Lady Macbeth del Sr. Mas. En fin, cosas vederes que non crederes...

Pero la pregunta sigue ahí: ¿Qué quieren decir cuando afirman que son los «hombres de Mas» en Europa? ¿Ha dicho algo Mas al respecto? ¿Y Junqueras? Tremosa no hace falta que diga nada, le da igual un roto que un descosido; no sabe distinguir entre lo uno y lo otro. ¿Tal vez se refieren a un buen rollete entre independentistas? No lo creo, y menos aún conociendo el paño.

Porque si tan buen rollete hubiera entre CIU y ERC, la cosa fuere muy fácil: lista única independentista y a recolectar eurodiputados. ERC apunta a superar en votos a CIU y, en cualquier caso, obtendrá más que el PNV, con quien concurre CIU y a quien, todo sea dicho, no es que le deba demasiados favores. Y las estadísticas no le ayudan tampoco. La coalición electoral en que participa CIU con el PNV y algún que otro despistado obtiene, según las encuestas del CIS, un 2.6%. ERC, solita, un 2.4%. ¿Y la estrategia, señores, y la estrategia? ¿Y el patriotismo? La verdad, no se entiende, a menos que... haya troyanos. En el sentido homérico del término, y acaso también en el moderno. ¿Serán esos troyanos Terricabras y Maragall? El segundo, como mínimo, no sería la primera vez...

¿Qué decir de Terricabras? Tuve una reunión institucional con él hace tiempo, cuando el actual eurocandidato estaba en nómina del tripartito, como «experto» educativo, con el encargo de pergeñar el infausto Pacte Nacional per a l'Educació, en cuyo preámbulo, de su exclusiva responsabilidad y autoría, prescribía que los docentes catalanes tendrían que adscribirse al constructivismo y ser «moralmente fiables». ¿Según quién? ¿Según el ex sacerdote Terricabras? ¿O según el reconvertido Terricabras gloria de la filosofía analítica catalana? ¡Ay como se les pilla!

Después de un rifirrafe paramediático algo grotesco, accedió a entrevistarse con nosotros, no sin malfiances. Acudí a la reunión con una compañera, frente a seis o siete que le flaqueaban a él, al gran gurú; todos ellos, y todas ellas, burócratas sobrevenidos al abrevadero del poder y que dejaban en ñoñería el retablo de la corte de los milagros. Una vez allí, y dejando de lado la boutade terricabriana de justificar la exigencia de fiabilidad moral aduciendo a los Moral Sciences Club's universitarios de la Gran Bretaña -como comparar la gimnasia con la magnesia, vamos-, en un momento dado afirmó que no sé qué, era como en lógica, es decir, en una implicación -o condicional- si el antecedente es falso nunca el enunciado puede ser verdadero. Le repliqué que yo no se lo explicaba así a mis alumnos, porque en lógica, siendo el antecedente falso y el consecuente verdadero, el enunciado es formalmente válido. Verbigracia:

"Si llueve, no salgo a pasear"

Puede llover o no llover, y que salga a pasear o que no salga. Si no llueve y sigo sin salir a pasear, el enunciado es válido. El único caso en que no lo sería es si, efectivamente, llueve, y yo, a pesar de todo, salgo a pasear. Pues bien, tras verse puesto en ridículo por méritos propios, por farolero y por displicente, montó en cólera, enrojeció como un pimiento, se incorporó y, por un momento, algunos de los presentes nos temimos el síncope fatal e irreversible. No fue así porque Humphrey, el entrañable Humphrey de Vía Augusta -sede del poder educativo en Cataluña, como Langley lo es de la CIA en los USA- intervino para enfriar pasiones, reconducir la situación y, de paso, llevar el agua a su molino. Prometo que fue tal como lo he contado; tengo testigos de ello.

Eso sí, con independencia de sus caricaturescas traducciones de Wittgenstein, por no hablar de su propia obra, "Terri" -Vd. sí que sabe- puede presentar un currículum homologable en Europa. Como mucho, le podría pasar como a aquella ministra alemana de educación que tuvo que dimitir porque se demostró que había plagiado un párrafo de su tesis doctoral hacía más de treinta años. Gajes del oficio. O que se descubriera que no ha escrito sus libros, sino que utilizó para ello un negro. Bueno,  un negro nada recomendable, cierto... Pero en fin, por lo demás, atrabiliarismo a parte, su mediocridad le puede permitir pasar desapercibido y seguir cobrando tranquilamente su sueldo y dietas en el cementerio de trepas, elefantes y de patadas hacia arriba que es el Parlamento europeo.

¿Pero y al otro hombre de Mas? A ése sí hay que advertirle. Y todo sea dicho de paso, con la mejor intención y para que no nos vaya a dejar en ridículo a los catalanes -y al resto de españoles, que de esto también saben- por culpa del rigorismo luterano europeo. Que uno no lo trague por su canallesca actuación como consejero de educación no tiene aquí nada que ver; lo cortés no quita lo valiente. Hay que avisar urgentemente a Tete Maragall, por su bien y por el del pueblo catalán. En Europa, falsear el currículum académico está muy mal visto; tanto que te hacen dimitir y te escarnecen.

Tete Maragall se presenta como economista y analista informático. Por cierto, que en la base de datos del servicio de inteligencia catalán consta como licenciado en económicas con un programa de estudios que nunca existió en la Universidad donde dice haber obtenido dicho título. Pero no tiene ninguna de estas titulaciones, ni ninguna otra. Tal vez el Bachillerato, puede, pero nada más. Y esto en Europa... ¡Bueno! pues que te pueden pillar. Y allí no sirve de nada ser un Maragall, al contrario, hasta empeora el tema.

Así que, "Tete", a Europa no te vayas como economista ni como licenciado en nada. Que aquello no es el oasis de aquí, sino unaa selva negra llena de lobos hambrientos dispuestos a pillarte al primer farol. No les gustan los farsantes y por un plagio de nada te la cargas. Imagínate que se llega a saber que no pisaste la facultad ni para ir al bar. Aquí da igual porque como tú los hay a cabassos, pero allí no. No fueras a dejarnos en ridículo.

Al final es que a lo mejor no son los hombres de Mas, sino hombres de más. Me inclino por la segunda opción.