divendres, 9 de novembre de 2012

DE NACIONES, ESTADOS Y PATRIAS (I)





El concepto de nación, contra lo que los nacionalismos de cualquier pelaje suelen creer, es críticamente polisémico. Incluso más allá de teorizaciones, lo cierto es que el uso del término, y consecuentemente del concepto que acarrea, ha sido y es muy variado en su uso según a qué entorno o momento nos refiramos. La cosa se complica más aún si lo ponemos en relación con otros conceptos con los que suele estar asociado de una u otra manera, tales como estado, pueblo, región... Y si encima le añadimos, como hizo la constitución española del 78, el de «nacionalidad», entendido dicho concepto como sujeto, no como predicado, como ente, no como ser -¡Agggg... la diferencia ontológica!- entonces la cosa puede ser digna del mejor de los marximo-grouchismos que en el mundo hayan sido.

Para empezar, deberíamos tener muy en cuenta la advertencia implícita de Benedict Anderson cuado empieza definiendo «nación» como una «comunidad imaginada». Si es imaginada -se entiende que intersubjetivamente por un grupo más o menos numeroso de individuos- lo primero que cabe inferir es que se puede «imaginar» de muchas maneras. Aunque sólo fuera por eso, ya deberíamos adoptar ciertas cautelas.

En el territorio de América del Norte, entre Canadá y México, existe una unidad política conocida como los Estados Unidos de América. A cualquier ciudadano de este territorio que se le pregunte por su nación, responderá que la «Nación» son los Estados Unidos de América -obsérvese y remárquese el plural-. Sin embargo, nadie utiliza la expresión "gobierno nacional" para referirse al detentor de la "soberanía nacional", sino la de "gobierno federal".

Tampoco la de "gobierno del estado" o "gobierno estatal". Ello, entre otras poderosas razones, para evitar confusiones terminológicas que acabarían llevando a duplicidades y malentendidos de naturaleza política -ya les pasó una vez, entre 1861 y 1865, y no tienen intención de  repetir la experiencia- porque esta nación, cuya máxima expresión es el gobierno federal, resulta que está constituida por «estados», por cierto, en algunos casos con categorizaciones «ontológicas» tales como "El Estado libre de Texas", y todos ellos tienen un «gobierno del estado».  Además, resulta que dentro de algunos estados se encuentra lo que se conoce como «indian nations», aquí denominadas más comúnmente como «reservas indias», acaso debido a los sarpullidos y arrebatos de vesania que se desprende de la rigidez terminológica con que se acostumbra a utilizar el término por estos pagos. Es decir, hay una nación con varios estados, y hasta algunas naciones dentro de estos estados. Y nadie parece darle a esto más vueltas que las estrictamente necesarias: ninguna.

Cualquiera que se haya dado una vuelta por los territorios de Dixie -el viejo Sur- habrá reparado en el relativamente normal uso de camisetas y otros motivos evocativos de la antigua CSA, la Confederación de la guerra civil. Y no me estoy refiriendo a las tiendas para turistas equivalentes a las de souvenirs  de toreros y gitanas de las Ramblas de Barcelona, que también, sino a la indumentaria habitual entre la población autóctona blanca. Entiéndase en su justo término: no estoy diciendo que en Houston, Atlanta o Charleston todo el mundo vaya con sudaderas estampadas con la bandera confederada, sino que, simplemente, no es nada raro verlas.

Algún nacionalista de los de por aquí podría inferir que hay en Texas un profundamente arraigado  movimiento independentista. Para alguno de estos nacionalistas ibéricos, sería una constatación altamente alentadora que reforzaría sus ancestrales convicciones en los orígenes hollywoodienses de las naciones; para otros, una muestra más de la inevitable decadencia de occidente y de la necesidad de reforzar el centralismo ante las propensiones secesionistas arraigadas en el código genético de ciertas razas o pueblos sedicentes que no quieren pertenecer a la nación «de verdad». Un craso error en ambos casos, producto de sendas perversiones intelectuales caracterizadas por una distorsión de perspectiva consistente en creerse, en cada caso, el centro del mundo.
Allí que uno lleve la bandera de la CSA en la sudadera o un sombrero con el lema "fuck the yankees", es algo que no le preocupa a nadie; allá cada cual con su horteridad.

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