diumenge, 27 de maig de 2012

EL MONTRUO AMABLE (I)


"El monstruo amable ¿el mundo se vuelve de derechas?"

Raffaele Simone (Lecce, 1944)


Más allá de la izquierda y la derecha no está la tercera vía que anunciaba Giddens, sino la neoderecha entendida como algo mucho más allá de su simple dimensión política: como un nuevo paradigma de cultura de masas que emerge como superación del capitalismo. Es el monstruo amable, el Zeitgeist, el «espíritu de nuestro tiempo» -que anunciaba Ortega-. Ese monstruo amable que potencia las más elementales pulsiones humanas hasta los límites del consumismo y el narcisismo más egótico. Su dimensión no es sólo política o ideológica, sino tabién cultural, mediática, ética. Es el Leviatán de nuestro tiempo. No es extraño que la izquierda haya perdido la batalla.

En realidad, la izquierda ha perdido los papeles, pero no sólo por sus propios errores o por sus intrínsecas insuficiencias. Hay algo más que se le ha escapado a la izquierda: el advenimiento del monstruo amable.

Tradicionalmente, ser de izquierdas -en cualquiera de sus variantes- era más incómodo y difícil que ser de derechas. Esto siempre ha sido así, fundamentalmente por dos razones. La primera, por la conflictiva y enojosa presencia en el acervo de izquierdas de regímenes cuyos crímenes y miseria moral están fuera de toda duda. Esta primera sería la dificultad de "vender" el discurso. Simone apunta también un segundo hándicap: ser de izquierdas violenta la naturaleza humana en el mismo sentido que el proceso de educación es un ejercicio que violenta la naturaleza del niño. Vamos, que lo natural -al menos en el sentido de lo que más se adapta a la naturaleza humana- es ser de derechas. Dos inconvenientes tradicionales que hoy ya no cuentan ante la emergencia de un nuevo paradigma frente el cual la izquierda habría quedado definitivamente fuera de onda, descatalogada. Un nuevo paradigma que la izquierda, o lo que queda de ella, no ha entendido y sigue sin entender.

Al principio de «La República» de Platón, uno de los personajes sugiere que el deseo de justicia acaso provenga del miedo a padecer la injusticia. Una concepción sin duda de base egoísta, pero también necesariamente empática y, potencialmente al menos, en cierto modo solidaria: si se está cometiendo una injusticia con otro impunemente, nada impide que un día la víctima sea uno mismo; de ahí el deseo universal de justicia. Hoy, en una sociedad que ha transitado del egoísmo innato al egotismo adquirido culturalmente, quizás nos encontremos justo al otro lado del espejo de los personajes de Platón. ¿Es hoy posible la acción conjunta para conseguir un objetivo universal que no nos beneficie directamente de forma inmediata, sino, y sólo tal vez, a medio o a largo plazo y acaso indirectamente?

Nos dice textualmente Simone,

                                     "(...) los años del cambio de siglo han dejado en evidencia con una fuerza aplastante una tendencia general (...): en los más diversos países del globo, liberarse del atraso y de la opresión no significa aspirar a las formas primarias y duraderas del bienestar (higiene, salud, educación, alimentación, paz), sino llegar lo antes posible al consumo individual abundante, y después entrar a toda vela en el zeitgeist de la modernidad global (vacaciones, tiempo libre, diversiones, turismo, exaltación de la corporeidad, etcétera). (...)

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