divendres, 18 de juliol del 2014

INSTANTÁNEAS ESTIVALES (18-07-2014)




 


Ayer, en TV3, espectáculo mediático en torno a la crisis del PSC, un tema en el que tan irresponsable como sañudamente, le gusta cebarse al nacional-pesebrismo independentista. En el plató, los paniaguados de siempre, dispuestos a proceder a la ejecución de un Iceta que, al final, declinó tal honor y prefirió grabar la entrevista antes de que los leones saltaran a la arena.

Los tópicos de siempre, cada vez más manidos, más tópicos, si cabe. Intelectualmente negligible y políticamente sesgado, con una sola nota exótica, acaso una graciosa concesión al pluralismo por parte de sus altezas mediáticas, la de Xavier Sardà. Lo único que valió la pena del programa fue precisamente cuando afirmó, cabreado y criticando las etiquetaciones, que lo que ocurre hoy en día es que, si no eres independentista, entonces eres un facha.

Rubores ruidosos y sonoros silencios; acuerdo unánime en la impertinencia y el mal gusto de tal afirmación entre el resto de presentes, incluida la timorata reconvención de la presentadora. Algo así como, sin decirlo, indicar claramente que se piensa como cierto: "Sí, es verdad, pero decirlo públicamente es de mal gusto, porque el que no es independentista, por algo será...".

LOS "PORQUÉS" DEL INDEPENDENTISMO




El otro día, en el transcurso de una agradable conversación, un amigo me manifestó que no entendía como yo no era independentista. Y me dejó perplejo.  Básicamente porque el planteamiento me pareció altamente indicativo de hasta qué punto el independentismo, aunque muy lejos de ser mayoritario, es sin embargo hegemónico hoy en Cataluña. Tanto por la propia formulación "no entiendo como no eres independentista", a la cual le es implícita la autoarrogación hegemónica, como por los sobreentendidos implícitos que de ella se desprenden.

No era, ciertamente, una interrogación, de serlo, hubiera debido escribir un "cómo" intercambiable a "por qué", en cuyo caso se me hubiera estado preguntando por qué no soy esto o aquello. Pero no se me preguntaba por las razones que me inducen a no ser independentista, porque las eventuales razones que yo hubiera aducido se daban algo así como por consabidas y rechazadas de antemano. Es decir, la secuencia cronológicamente normal hubiera sido empezar con la interrogación «¿Por qué no eres independentista?», a la cual se le supone una respuesta del tipo «Porque...», y sólo después de haber escuchado las razones aducidas, acaso hubiera tenido sentido decir «No entiendo las razones por que no eres independentista», que es, en definitiva, lo que estaba diciendo con «no entiendo como no eres independentista». 

Así que se rechazan de antemano, sin necesidad alguna de entrar en ellas, las razones que yo fuera a  exponer a continuación de un «porque», y se pasa directamente a no entender las razones por que no soy independentista. O sea, no se entienden las razones por que doy validez a unos argumentos que me impelen a no ser independentista, sin que ni siquiera se me pregunte por ello. Pero la cosa va mucho más allá, y es ciertamente mucho más grave, como se demuestra si hacemos un seguimiento lógicamente regresivo de los supuestos fundantes y subyacentes a la afirmación "no entiendo las razones por que...".

Y es que «no entiendo» va mucho más allá que «no comparto». Presupone la incapacidad para aceptar o entender los eventuales argumentos que, además, se dan por consabidos. De lo contrario se preguntaría -entonces sí- "No entiendo cómo no eres independentista" o quizás mejor "No entiendo ¿cómo no eres independentista?" que al cabo sería lo mismo que "¿Por qué no eres independentista?". Luego se responde pertinentemente a la pregunta y ante las razones expuestas habrá acuerdo o descuerdo... Pero no. Mis posibles contrarrazones no son objeto de discusión. Como con las grandes verdades religiosas, ponerlas en cuestión es dudar de ellas...

De este modo, se parte de la evitación de cualquier debate sobre las posibles razones a favor o en contra de la independencia de Cataluña. De ello no solamente se deduce que el independentismo funciona teológicamente y que cualquier debate es un puro simulacro viciado de antemano, sino que, remontándonos regresivamente, la pregunta "por qué no eres..." y la afirmación "no entiendo las razones por que..." se fundan una categoría negativa.

Efectivamente, la pregunta elidida, pero implícitamente presente, es «¿Por qué eres no-X?» y no «¿Por qué eres X?», que en principio sería más normal. Es decir, desde las categorías fundantes del independentismo, la pregunta no es por qué uno es o se hace independentista, sino por qué «otro» no lo es. 

Que en una ideología como pueda serlo cualquier nacionalismo se parta de un acto de autoafirmación como este no suena ciertamente extraño. Pero sí lo es que toda una sociedad asuma implícitamente que la pregunta a hacer sea «por qué uno no es independentista» en lugar de «por qué uno es independentista», que en buena fundamentación lógica, y también cronológica, debería ser la normal. No, las razones del independentismo se dan por consabidas y fuera de discusión como lugar común que son, a la vez que fundantes, y la pregunta (elidida) es «por qué no las compartes», elisión que afecta también a la eventual respuesta «porque...», y que lleva al punto final de no entender ni compartir las razones por que alguien pueda ampararse en ellas. 

Y se ha interiorizado que el que ha de dar explicaciones es el no independentista, porque ser independentista debe ser «lo normal». Del «por qué no...» y el consiguiente «porque...», ambos elididos y eludidos, se pasa directamente al «no entiendo (las razones) por que...».

Si he descrito esta conversación y las reflexiones que me ha sugerido, es porque pienso que no se trata de una mera anécdota, sino que trasciende a la categoría de ejemplo y es sintomática del modo hegemónico de ver las cosas hoy en Cataluña.
Volviendo a la conversación que suscitó este post, mi réplica fue la siguiente: 

"Si tuviera sólo el más remoto indicio de que las cosas con la independencia pudieran ir, no mucho, sino simplemente algo mejor, tal vez entonces fuera independentista, aunque lo mío no son los patriotismos, ni éste ni el otro, que quede claro. Pero conociendo el paño que gastan las «elites» independentistas, no puedo sino pensar que seríamos una grotesca república místico/cleptocrática a medio camino entre Albania y Bélgica, más cerca de la primera que de la segunda. Y eso no sólo no me interesa, ni como individuo ni como ciudadano, sino que incluso me repugna. Amén de otras consideraciones, esta es la razón fundamental por que no soy, ni puedo ser, independentista».

He de suponer que no me entendió...

dimecres, 16 de juliol del 2014

PSOECES ESTIVALES







Me llega que al nuevo y flamante SG del PSOE ya le llaman "El Cuchara"... porque ni pincha ni corta. Él, en cualquier caso, y como corresponde a alguien encantado de haberse conocido, parece muy contento y metido en su papel. Sus últimas declaraciones han sido toda una muestra de solvencia ideológica. El PSOE, ha dicho, ha de desplazarse a la izquierda para ganar las elecciones (!).

No está mal para un aspirante a émulo de Copito de Nieve, pero le falta pare ello no sólo recorrido, sino, sobre, desfachatez, arrestos y cinismo. Sin tales características no se puede llegar a ser como el maestro. Lo que en "Copito" era simple pragmatismo, descreído e inescrupuloso, en "El Cuchara" es convicción y puro tropismo. Fíjense si no. No se trata de que el PSOE tenga una ideología, esté esta a la derecha o a la izquierda de no se sabe muy bien qué, ni de que haya que  recuperar esta o aquella identidad... No, nada de eso. Hay que dirigirse hacia el lugar desde donde se ganan las elecciones. Esté donde esté. Ese es el acervo ideológico de "Cuchara".

Y por aquí, aquende el Ebro, "Coppertone" sigue dando muestras de cómo la falta de talla puede dar al traste con un partido que, no hace tanto, lo tuvo todo. Claro que en el pecado está la penitencia. Ahora se le ha ocurrido poner como presidente del partido a uno de los  más destacados del grupo de felones que más han contribuido a la quiebra delPSC y al defenestramiento del infeliz de Navarro. Ni más ni menos que el alcalde de Lleida. Uno de estos personajes indiscernibles de cualquier convergente o hasta del partido de la derecha tradicional-pesebrista catalana, también conocido como ERC. 

Es decir, un independentista conspicuo y conspirativo cuyas deslealtades y capciosas maniobras para meter al PSC en el independentismo sólo podían resolverse sin su expulsión fulminante en un partido con la sangre de horchata como el PSC. La suya y también, claro, la de los sinvergüenzas responsables del execrable tripartito, hoy añorantes de cargo y metidos en el independentismo a ver si les cae algo como recompensa por haber hundido a una izquierda en la que nunca creyeron. Pobrecillos, no saben que Roma no paga a traidores.

A lo mejor Coppertone piensa que es mejor tener al enemigo cerca. Craso error si se trata de granujas de tal laya. El problema es que más bien él es también un granuja más. Al PSC le quedan dos telediarios. Y lo bueno del caso es que se lo ha ganado a pulso. Y en cuanto a Cuchara, aquello va a ser una jaula de grillos. Y se presente él a las elecciones o la que pincha -Susana Díaz-, el fracaso está servido, porque son más de lo mismo. Y luego se extrañan todos de que PODEMOS esté avanzando...

A este paso, hay PP para rato.

dijous, 10 de juliol del 2014

IGNORANCIA ENTRAÑABLE VS IGNORANCIA ZAFIA



La ignorancia es siempre al fin y al cabo, qué duda cabe, ignorancia. Y en cuanto a tal, una carencia. Aun así, hay ignorancias que, en cierto modo y pese a su condición de tales, pueden llegar a ser hasta entrañables. Las hay, en cambio, cuya naturaleza es constitutivamente zafia. Desde el punto de vista del conocimiento, ambas son igualmente perniciosas, pero desde el punto de vista moral, y no es que uno comparta precisamente la afirmación kantiana según la cual si algo está fuera de toda consideración es la buena voluntad, pienso que hay que distinguir entre ambas. Como mínimo en la medida que la ignorancia zafia incorpora un contravalor añadido que la hace, si cabe, más repulsiva y abyecta. Porque se trata de una disposición actitudinal ante la propia condición.

La ignorancia zafia desprecia y niega  cuanto ignora, convirtiéndose, en este sentido, en una apología de la propia condición de ignorante, desde el resentimiento. La ignorancia entrañable, en cambio, es el universo de referencia en que el ignorante se mueve, sin que haya nada más allá de aquél; ello con independencia de que pueda existir o no la sospecha indiciaria de un eventual “más allá de la ignorancia”. La ignorancia entrañable es indiferente a su propia condición; la ignorancia zafia, muy al contrario, se auto reivindica en su propia condición y es abiertamente hostil a cualquier forma de conocimiento que pueda ponerla en evidencia. Una es ingenua, la otra es sentimental.

Por esto, al menos comparativamente, mientras la primera puede llegar a tomarse como entrañable, la segunda es, en cambio, socialmente nociva. En nuestra sociedad, hoy en día, los ignorantes zafios se han propuesto la universalización de la ignorancia entrañable. Nuestro sistema educativo fue urdido  por ignorantes zafios con el objetivo de producir ignorantes entrañables. Los primeros saben que son ignorantes; los segundos ya no. Van camino de haberlo conseguirlo.


dimarts, 8 de juliol del 2014

EL ARTE DE MENTIR O "E = m2 c"




E = m2 c

No es una variante de la relatividad ni nada por el estilo, sino la fórmula del engaño, igualmente científica. Efectivamente, Engaño es igual a Mas por Mas por Colell, es decir, Mas al cuadrado por Colell.
Lo anunciaba ayer el ecónomo de esta banda del empastre en que se ha convertido el gobierno de la Generalitat de Cataluña: no habrá devolución de la paga extra que nos han choriceado un año más a los funcionarios que tenemos la desgracia de depender de estos desaprensivos. ¿La razón? No le salen las cuentas. Sin más.
Su superior jerárquico había anunciado hace un tiempo que si la taimada España les traspasaba el impuesto sobre las transacciones bancarias, destinaría los ingresos obtenidos a cumplir sus obligaciones con los funcionarios públicos de Cataluña y abonarles dicha paga extra. Dicha transferencia competencial se llevó a cabo y es hoy competencia de la Generalitat de Cataluña. Pero Mas Colell ha dicho que no, que la cosa no da para tanto y que de pagarles a los funcionarios, nada de nada.
La proclamación de Mas se difundió en su momento a los cuatro vientos, el desmentido de Mas Colell ha pasado prácticamente desapercibido; tanto, que es imposible encontrar un link. Sólo unos breves segundos, ayer, en el noticiario de TV3. Hasta puede que sea lógico, se les ha pillado en una mentira, y como al que miente se le llama mentiroso y a nadie le gusta pasar por embustero, lo de siempre, a correr un tupido velo. Y aquí paz y allá gloria. Todo por la patria...
Valga decir que los funcionarios que cobran de la Generalitat de Cataluña son los únicos que este año van a quedarse sin su paga extra. Los del resto de España la percibirán íntegra en su mayoría, con ciertos matices en algunos casos –sin computar los sexenios, por ejemplo-. Incluso en la misma Cataluña, los ayuntamientos han sorteado dicho latrocinio amparándose en su autonomía municipal y, de una u otra forma, los funcionarios municipales percibirán, como es de ley, sus catorce pagas anuales. Aquí, la única que no paga, es la Generalitat.
Lo más alarmante de todo esto no es, que también, la pertinaz mendacidad que les aqueja, sino el argumento que el ecónomo ha dado. Porque en su momento, hacerse con la transferencia de este impuesto era ni más ni menos que una cuestión de vida o muerte para Cataluña. Todo iban a ser albricias, y precisamente por esta razón, la retorcida España nos lo negaba. Ahora resulta que no había para tanto y que no llega ni para un café. Ni siquiera la buena voluntad de, como mínimo, paliar el latrocinio cubriéndolo parcialmente; no sé… si no daba para la paga entera, al menos digo yo que sí hubiera podido dar para media, con lo cual el importe de robo se hubiera reducido a un 25% y, además, hubieran demostrado que estaban por la labor.
Porque si la transferencia de ese impuesto resulta ahora que no da ni para una bolsa de pipas, uno no puede sino pensar que erraron en el cálculo. Y si se equivocaron al calcular el impacto de un impuesto ¿Quién puede entonces asegurarnos que no yerran también en sus cálculos sobre el déficit fiscal catalán respecto a España, un tema, por cierto, mucho más complejo? ¿Le vamos a suponer a alguien que no sabe sumar, capacidad para resolver cálculos mucho más complejos? A ver si al día siguiente de la independencia resultará que lo del déficit fiscal era también un error de cálculo y nos vamos a quedar en cuadro.
Pero a lo que íbamos; que el ecónomo dice que Cataluña está muy mal y los funcionarios no pueden permitirse la frivolidad de cobrar lo que les corresponde. Hay que joderse por la patria. Que no hay dinero, pero la verdad es que uno empieza a dudarlo al mismo tiempo que toma cuerpo la sospecha de que tal vez no haya dinero para según qué, pero sí para según qué otras cosas.
Porque sí hay dinero para sufragar un referéndum que no se va a realizar, pero cuyos gastos reconvertidos en beneficios se embolsarán los gañanes de siempre.
Porque sí hay dinero para subvencionar la creación de nuevos canales de televisión afines a la causa.
Porque sí hay dinero para pagar a lobbies que faciliten las entrevistas del tarugo en medios de comunicación internacionales haciendo el ridículo cada vez que aparece.
Porque sí hay dinero para seguir manteniendo costosas embajadas en el extranjero, para que los amiguetes se solacen en la más absoluta y bien pagada molicie.
Porque sí hay dinero para seguir pagando cargos, carguetes y correveidiles de pacotilla para que difundan la buena nueva.
Porque sí hay dinero para que los políticos perciban sus dietas, sus catorce pagas y sus fastuosos viajes con parafernalia de estado bananero.
Porque sí hay dinero para subvencionar a los medios de comunicación domeñados y crear una situación de manipulación informativa inédita en cualquier país civilizado, que produce rubor sólo con pensarlo.
Porque sí hay dinero para financiar –sí, tal cual- la privatización de la sanidad catalana o aumentar los conciertos con la escuela privada, mientras las plantillas de la sanidad y la enseñanza públicas siguen recortándose.
Porque sí hay dinero para lo que, en definitiva, les interesa. Pero no lo hay para cumplir con las obligaciones y compromisos que, como Administración, les corresponden. Porque no quieren ser Administración, sino sólo como plataforma para sus designios; sus más que escrutables designios…
En la película “Espartaco” (Stanley Kubric, 1960), el gran Charles Laughton, interpretando al senador Graco, aleccionaba a un joven Julio César (John Gavin) sobre los distintos amores que se pueden sentir por la patria, advirtiéndole sobre las intenciones del rico Craso (Lawrence Olivier). A Roma, le decía, se la puede querer como a una madre o como a una mujer. A una madre se la protege; a una mujer se la posee. Craso quiere a Roma para poseerla, como su alcahueta.
Está claro qué tipo de amor patrio es el que sienten estos tipos por Cataluña. Más claro, agua. La verdad, uno piensa que estas situaciones sólo pueden mantenerse con unos niveles de narcosis social azorantes. Como una fimosis cerebral. Después de todo, quizás sea en éste el mal que aqueja a nuestra sociedad: nos han implantado un frenillo en el cerebro.
Dan ganas de emigrar a Pernambuco.

dilluns, 7 de juliol del 2014

LOS LÍMITES DE LA REPÚBLICA (V) y Final de la entrega


 
No, el concepto de ciudadanía no ha enraizado entre la población, y nada hace suponer que vaya camino de hacerlo. Seguimos en este sentido en el particularismo y la acción directa que daba nombre a la primera parte de la España invertebrada de Ortega. No creo que hayamos avanzado ni un palmo. Como decía Muñoz Molina en un memorable artículo, defensores de la ignorancia nunca han faltado en España.

Si el concepto de ciudadanía hubiera arraigado en este país, seguramente seríamos ya una república, o estaríamos en condiciones de serlo. Cambiando los nombres de las cosas no se cambia su realidad. El atractivo de la república no proviene sino de la naturaleza ucrónica del material utilizado para el constructo que la ha idealizado y puesto como referente, cuasi utópico, ante a una realidad degradada. De ahí que se la contemple como una especie taumatúrgico bálsamo de Fierabrás, aplicable contra todos nuestros males. Pero contra lo que más de uno sospecha auto exculpatoriamente, acaso nuestros males no sean extrínsecos, sino intrínsecos. Y eso ni lo arregla la república ni hay bálsamo milagroso que lo cure.

Si algún día este país consigue sacudirse su mediocridad constitutiva, puede que entonces estemos en condiciones de decidir si queremos ser república o monarquía. Aun así, claro, si mañana o cualquier año de estos resulta que hay un referéndum sobre el tema, no podré dejar de votar por la República. Eso sí, puede que fuera un revulsivo, pero dudo mucho que nos hiciera buenos de golpe. Y cuando llegue la república, que sea para quedarse. De modo que, por ahora y visto el percal, y como ya dije, si la república ha de consistir en vestir a la mona de seda, mejor sigamos con la mona coronada... de momento.

dissabte, 5 de juliol del 2014

DE CUTRE SUBIDO


UN VOTANTE DEL PP REGISTRA LA MARCA PODEMOS!
INNECESARIO REMARCAR QUE SÓLO INCLUYE UN SIGNO DE EXCLAMACIÓN.
HUELGA CUALQUIER OTRO COMENTARIO...
 
LA NOTICIA AQUÍ

LOS LÍMITES DE LA REPÚBLICA (IV)


Para cuando el dictador cascó, ya nos había arreglado una nueva restauración monárquica, personificada en el nieto del putero hemofílico. Aunque no lo pareciera, o sí que lo parecía, la dictadura había cuajado sociológicamente mucho más de lo que nadie hubiera podido imaginar. La izquierda nostálgica estaba cansada y quería volver, aunque fuera con una monarquía si esta tomaba una apariencia democrática; a la izquierda advenediza, por su parte, le daba exactamente igual monarquía que república. Quería mandar y punto, para forrarse.

Y este último ha sido el periodo más largo de democracia formal en España. Pero el concepto de ciudadanía sigue sin arraigar. En su lugar, han proliferado nacionalismos, centrales y periféricos, auspiciados por burguesías nacionales e  internacionales puramente extractivas, que en su voracidad van camino de liquidar lo poco de estado del bienestar que una vez hubo en España.

Y ahora, cuando el rey abdica, se vuelve a hablar de la III República. A mí me parece muy bien, ya lo dije, soy constitutiva y genéticamente republicano. De acuerdo, largamos a Felipe VI y se proclama la república ¿Pero de qué república estamos hablando? Es de temer que la clase política sería la misma que hasta ahora; lo mismo reza para el poder judicial o el empresariado y sus correlatos sindicales. El penúltimo presidente de los empresarios españoles está en la cárcel por chorizo, y al segundo sindicato del país lo está rajando en canal la más bellaca de las corruptelas. De los políticos no hace falta hablar, sería ocioso. Y del poder judicial… ¿Para qué? El espectáculo que está dando habla por sí mismo.

Culturalmente hablando, la llamada sociedad del conocimiento ha producido el contraefecto de una ramplonería rampante que ruboriza tanto como enorgullece a los afectados. Las leyes educativas contra natura que cada gobierno de turno ha ido evacuando han analfabetizado a las generaciones recientes a base de pacatadas y timorateces hasta el punto que se ha consolidado tanto la ramplonería en el tejido social que, a la vez que no se vislumbra por ningún lado la solución, de darse, tardaría generaciones en surtir efecto. Como comentaba Jordi Ramírez en su blog, el problema no es que los alumnos actuales sepan poco, sino que la mayoría de las pocas cosas que saben son equivocadas.
Incluso en el detalle de lo anecdótico, seguimos en el ruedo ibérico valleinclanesco. Quizás porque no sean anécdotas, sino ejemplos. Hemos tenido y tenemos dirigentes mediocres, con una formación penosa, algunos de los cuales afirmaban estar en posesión de titulaciones universitarias que se habían inventado, desde directores generales de la Guardia Civil hasta ministros y presidentes y consejeros autonómicos. Y lo siguiente no es una anécdota, sino un ejemplo de cuándo hay concepto de ciudadanía y cuándo no. No hace mucho, la ministra alemana de educación tuvo que dimitir porque se descubrió que en su tesis doctoral de filosofía, realizada veinte años antes, había incluido unos fragmentos sin citar la referencia. Se consideró plagio y dimitió automáticamente. Claro, porque de no hacerlo la hubieran hecho dimitir. Aquí, en cambio, hemos tenido ministros de cultura cuya máxima titulación académica era el bachillerato, y presidentes autonómicos. Sin ir más lejos, la actual vicepresidenta catalana afirmó ser licenciada en Psicología sin serlo… Y no pasó nada. O el consejero de educación Tete Maragall, que afirmaba ser licenciado en económicas y analista informático, sin ni siquiera haber empezado jamás ninguno de estos estudios… Hoy es flamante europarlamentario.

dijous, 3 de juliol del 2014

LOS LÍMITES DE LA REPÚBLICA (III)



Y de nuevo la borbonada, esta vez en la figura del hijo de la barragana. En principio presentaba una ventaja genética frente a sus familiares, no era enteramente de sangre real; tenía un 50% de sangre plebeya. El que pasaba por ser su padre -conocido  entre el populacho como "Doña Paquita" o, también, "Paquito Natillas" - lo era sólo putativo, el biológico fue un coronel de ingenieros llamado Puig Moltó. Y una cosa era cierta, este príncipe no acabó de heredar del todo los caracteres más llamativamente decrépitos de sus antepasados inmediatos. Pero no gozó de buena salud y a los veintitantos la espichó de tuberculosis.

Nos legó un engendro póstumo, intelectualmente infradotado, putero y con ínfulas de play boy, a la vez que de milico chusco y cuartelero. Siendo aún niño y bajo la regencia de su madre, se habían perdido Cuba y Filipinas, en una vergonzosa guerra donde los milicos demostraron lo valientes que eran cuando se las veían con algo parecido un ejército de verdad. La culpa no la tuvo ciertamente él, sino acaso el profeta malagueño que había sentenciado "Cuba nunca será independiente", pocos meses antes incorporarse como segundo en la lista que él mismo había contribuido muy probablemente a fundar: la de los primeros ministros españoles muertos en atentado. Pero el niño, educado por milicones incapaces, quiso sacarse la espina colonial y, para ello, no dudó en convertir el Rif en un matadero de españoles a cambio de que los oficiales obtuvieran la gloria de la que los norteamericanos les habían privado unos años antes.

Una medida, esta de la guerra de Marruecos, que no despertó demasiado entusiasmos entre un populacho que ya no gritaba "viva las caenas", sino que se había vuelto respondón y en su lugar gritaba "Viva la revolución"; que ya no les temía a los curas ni a sus coñas del fuego del infierno, sino que, más bien al revés, eran los curas quienes les empezaban a temer a ellos. Además, empezaban a estar hartos de tanta milonga patriotera en la que unos mueren y los otros obtienen medallas. Y entre esto y aquello, tronaron al Borbón y se proclamó la república. Una república que lo tenía que arreglar todo dando cumplida y rápida cuenta de las seculares frustraciones y peticiones de los sectores más variopintos. Y con la reacción más zafia y abyecta del continente.

Como en los tiempos de la que hubiera tenido que ser la I República, once decenios antes, tampoco el escenario era demasiado favorable. El país seguía siendo en general igual de ignorante, y la iglesia igual de carcúndica. La situación internacional acompañaba aún menos. Si antes había sido la Revolución francesa y sus secuelas bonapartistas lo que había acabado por aupar en Europa al absolutismo más rampante, ahora era la revolución soviética la que había puesto Europa patas arriba y a los reaccionarios los  pelos de punta. Con una particularidad, a Napoleón lo habían mandado a Santa Elena, los comunistas rusos se habían quedado.

Y si la patria de la reacción fue en su momento la Austria de Metternich, ahora era su hija mayor, la Alemania de Hitler. Se trataba de hacerle la guerra al comunismo incluso allí donde no hubiera comunistas -caso de España, por cierto-. Por entonces, Churchill todavía no había sido sobrevolado por el Espíritu Santo, y creía, como la mayoría de los ingleses, que Mussolini era el modelo ideal para pueblos inferiores como los italianos, y que Hitler era el líder fuerte que necesitaba el pueblo alemán en su particular lucha contra el comunismo y contra sus propias psicopatías. Lo de la II Guerra mundial vino luego, pero para entonces ya no había república en España, sino una hedionda dictadura.
Puede que el problema de II República fuera que no había republicanos. España era un país atrasado y sus clases medias eran incipientes. El auge del anarquismo entre las clases trabajadoras no es sino la cercanía temporal del agrarismo. Y en el contexto del movimiento político europeo, las izquierdas iban más despistadas que un  pulpo en un gallinero. Sólo unos pocos políticos, sin base social real, como sus antepasados de las Cortes de Cádiz, creían probablemente en una república democrática e ilustrada. Y vino lo que vino.

dimarts, 1 de juliol del 2014

LOS LÍMITES DE LA REPÚBLICA (II)



 
Al comienzo de "Las largas vacaciones del 36" (Jaime Camino, 1976), un convoy de milicianos llega a la zona residencial donde está veraneando la familia del capitán. Su padre, adinerado burgués de Barcelona, observa con cierto estupor la situación: su hijo, militar de carrera leal a la República, rodeado de rudos milicianos vestidos con monos de trabajo. En un breve aparte, le comenta a su hijo "no me gusta esta gente con la que vas". "¿Y quién sino va a defender la República?" Le contesta el hijo.

En este país la modernidad siempre ha llegado tarde y a contrapié. Tal vez la I República hubiera tenido que proclamarse en el Cádiz asediado de 1812; o muy especialmente en Cabezas de San Juan, ocho años después, una vez comprobada la incapacidad de la monarquía española para adaptarse a la modernización. Pero no, se prefirió poner al Borbón felón como rey constitucional. "Marchemos todos por la senda constitucional, yo el primero", dijo cuando lo vio mal... Hasta que los cien mil hijos de San Luis le libraron del trance y pudo dedicarse a la regia tarea de exterminar todo atisbo de democracia y de demócratas.

La democracia constitucionalista había llegado a España en un mal momento, con la Ilustración habiendo pasado de puntillas y cuando la mayoría de los países europeos se encontraban en plena resaca reaccionaria post napoleónica y la Santa Alianza surgida del Congreso de Viena intervino militarmente para reponer la monarquía absoluta, porque lo era por la gracia de Dios. Conviene no olvidarlo.

Tal vez allí se perdió la gran oportunidad de subir a España al tren de la modernidad. Las pocas luces que la Ilustración había traído a España se apagaron, y vino la obscuridad de los cuadros negros de Goya y su correlato de cortes reales con monarcas zafios y degenerados, aupados por una Iglesia intolerante y fanática. "Viva las caenas" gritaba a su vez un enfervorizado populacho mientras se procedía al ajusticiamiento de lo que quedaba de Rafael del Riego, física y humanamente deshecho, después de haber sido salvajemente torturado. Quizás hubiera podido ser la I República, pero no lo fue en este país especialista en malograr oportunidades históricas.

No llegó hasta cincuenta años después. En su momento había sido un país desgarrado por una guerra civil, interna y externa, que ha pasado a la historia con el paradójico nombre de "Guerra de la Independencia", durante la cual pudieron morir cerca de medio millón de personas, y tras la cual se calcula que más de trescientos mil españoles se exiliaron con la retirada napoleónica; todo ello sin contar la destrucción sistemática de la incipiente industria resultado de la recuperación durante la segunda mitad del XVIII. Si este había sido el panorama cincuenta años antes, ahora no era mucho mejor... Hasta igual peor.

Porque la muerte del rey felón no había resuelto prácticamente nada. En este país no se arregla nunca prácticamente nada. La feroz represión que había sufrido el país, devastado por las antojadizas veleidades de un monarca degenerado y zafio, auspiciado por la todopoderosa iglesia española, compuesta fundamentalmente por curas ignorantes y fanáticos, y por unas clases terratenientes puramente extractivas, improductivas e incompetentes, dio paso a una nueva guerra, dinástica ésta, para decidir cuál de entre dos parientes con idénticas taras,  iba a reinar en la piel de toro. Y la gente se mató por ellos. Unos por un cura tarado, otros por una monja ninfómana.
No, la I República no llegó en mejor momento que el anterior. En realidad, hasta casi podría decirse que no existió. Fue la última etapa del llamado sexenio revolucionario, que se había iniciado con el derrocamiento de la meretriz real y el ascenso de un Prim que no pudo, no supo o no quiso proclamar la república. Lo pagó caro eso de querer pertenecer al establishment y promover un absurdo cambio de dinastía, que no pudo ver, y al final del breve recorrido de la cual se proclamó la república, quizás porque no quedaba nada más por probar. No, en realidad la I República, en rigor, nunca existió, aunque permaneció en nuestra memoria. Para muestra, la frase con que presentó la dimisión su primer presidente, Estanislao Figueras: “Señores, estoy hasta los cojones de todos NOSOTROS”