dimarts, 3 de novembre de 2015

EL «TORRENTE» DE LA IZQUIERDA

 



Las franquicias se compran y se venden, siempre al mejor postor. El gran error de «Podemos» ha sido su «franquicialismo», acaso para parecer lo que son: posmodernos insulsos. Habrán leído mucho a Gramsci, pero mucho menos a Lenin –sin el cual no se puede entender a Gramsci-. O si lo leyeron, les quedó para septiembre. Me refiero al leninismo orgánico, no al político; me refiero al leninismo que sí entendieron y practicaron, o practican, desde Copito de Nieve o Ansar, hasta Mariano o Pujol: el de la coherencia de la formación. Ellos sí que sabían de qué iba esto; aunque no hubieran leído a Lenin… Y es que hay cosas que no hace falta haber leído a Lenin para entender a la primera.

Los chavales de «Podemos», en cambio, andan cojos de esta pierna. Ellos le llamarán pluralismo, sí, pero una jaula de grillos también es plural(ista), pero no jaula, como mínimo teleológicamente. Dice Pablito que su modelo de partido, y en el que le hubiera gustado poder militar, es el antiguo PSUC –no sé en qué época-, pero a mí me parece más bien que se está confundiendo con la CNT-FAI. Una confusión que le lleva a compartir con Primo de Rivera “junior” cierta fascinación por el fenómeno anarquista –éste hasta plagió los colores para su facción-, aunque es de suponer que por razones diferentes. El segundo porque, siendo anarquistas, serían más fáciles de domeñar, o de escabechinar, que de todo hubo; el primero porque, simplemente, se confunde.

Como se confundió aquí, primero al venderle la franquicia, sin tan siquiera su nombre -que era lo que más vendía-, a Ada Colau y sus mariachis, y luego con el refrito de aceite de colza «Catalunya sí que es pot». Los números cantan. De las encuestas a las municipales, menos de la mitad; en las autonómicas, una cuarta parte de las municipales. Sí, las encuestas tienen mucho de ficción especulativa e interesada, pero es hay también errores de manual. En fin, no seré yo quien los instruya sobre ellos, profesores universitarios como son, pero los hechos son los hechos. Y Rabell es el «Torrente» de la izquierda catalana. Hasta ahora, con ICV, teníamos a los curas y a las monjas, ahora ya tenemos hasta a Torrente. No nos podemos quejar.

Incluyo al final del post la imagen del primer formato de carnets del PSUC emitidos en el interior después de la guerra civil; en 1976, para ser exactos, cuando ya no te fusilaban por tenerlo. Basta con echarle un vistazo al texto del reverso: sólo un Torrente cualquiera puede apelar a esta formación y a la vez justificar su voto –encima gratuito-, entre balbuceos de jugador de dominó algo cargadito de carajillos, a una furibunda nacionalista, excluyente y sectaria, como Carme Forcadell, y ése es Rabell. Y hasta sin haberlo pensado, me salió un pareado.

Claro que Rabell nunca fue del PSUC, sino del PORE -¿Alguien se acuerda?- Y no estoy hablando de ningún pecado de juventud: 44 tacos y candidato del PORE por Tarragona. Una edad a la que ya se le supone a uno lo que antes se llamaba «uso de razón».
Por eso estoy por concederle el «Babero de oro», no a Rabell, que no lo necesita, ya tiene la camisa o el jersey, sino a Pablo Iglesias, por su perspicacia y talento político, acreditada y acreditado, en su gestión de Podemos en Cataluña. Peor imposible.
 
 

A lo mejor es que uno es anticuado y vota partidos; no movimientos nacionales. Da igual de qué calaña sea el «movimiento», todos son de la misma. Aquí el carnet, léanlo ustedes mismos.
 

 

 
 
                                                       

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