diumenge, 15 de novembre de 2015

PARÍS Y EL ÚLTIMO BANQUETE DE LOS GIRONDINOS

                                                                 Monvoisin, "El último banquete de los Girondinos"



El auténtico problema de la guerra no es que no guste. A nadie, salvo a los psicópatas, le gusta verse metido en ninguna. Y es normal que así sea desde siempre. Pero éste es, en todo caso, un problema secundario si ya te la han declarado. Porque entonces, la cuestión no es si te gusta o no; ni siquiera que reconozcas o no que la haya, sino si asumes que, a pesar de todo ello, estás dispuesto a admitir lo que significa y representa que te la hayan declarado. Y éste es, creo yo, el gran problema de Occidente, muy especialmente de Europa occidental: no querer admitir que le han declarado la guerra, por su incapacidad para reaccionar en consecuencia.

Me van a disculpar, pero la actitud generalizada de la sociedad europea occidental ante la amenaza innombrable, se me antoja similar al banquete de despedida de los girondinos, que tuvo lugar en la prisión de la Conciergerie de París, pocas horas antes de ser pasados por la hoja de la guillotina. Pero con una diferencia.
En el caso de los girondinos, era la serena actitud de los hombres libres hacia lo inevitable por haber sido vencidos; hoy es el miedo a defender la libertad que sabes que te van a arrebatar. Una libertad que, entre otros muchos gracias a ellos, hemos podido disfrutar, con más o menos quebrantos, hasta hoy.

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