diumenge, 4 d’agost de 2013

BÁRCENAS O LA FUERZA DEL SINO



No. No se trata de ninguna némesis que irremisiblemente persiga a los chorizos y les lleve a dar fatalmente con sus huesos en la cárcel; ni tampoco hay en todo este mamoneo ningún elemento romántico que evoque la obra que el titulo de este post toma parcialmente prestado. Pero sí es cierto que, cada vez más, este tuno lleva camino de convertirse en un héroe trágico de Eurípides, de los que decía Nietzsche que, no creyendo ya en el destino urdido por las moiras, se lo planifican a su conveniencia y si, como siempre ineludiblemente, al final la cosa les sale mal, más bien parece que sea por un error de cálculo como, por ejemplo, haber sobrestimado sus propias posibilidades. Que se lo creyeron demasiado, vaya.

Ciertamente no hay en el sino de Bárcenas inapelabilidad trágica alguna, sino más bien la suerte del chorizo que se pasó tres pueblos convencido de su invulnerabilidad. Su soledad, vista así, abandonado por los suyos, más bien evoca un fatum de naturaleza corleonesca: la del que creyó tener agarrados por los huevos a los más poderosos miembros de “la familia” y que ahora empieza a constatar la inanidad del individuo una vez ha sido abandonado por ésta. No hay vida fuera de “la familia”. Y hasta puede que sea el “elegido” para el aquelarre catárquico que se avecina. Muy buenas bazas habrá de tener para salir bien parado de este trance. No digo que no las tenga, pero lo dudo.

En realidad, su historia tiene algo de entrañable por su extrema cutrez, la de tantos y tantos personajillos como él, que siendo en principio una simple pieza de ensamblaje del sistema, acabaron poniéndolo a sus servicio hasta creerse invulnerables por imprescindibles. Recordemos, por ejemplo, su famosa peineta a los periodistas. Pecado de hybris, diría un griego; la avaricia rompe el saco, diríamos acaso hoy. Nadie, nadie es imprescindible.

Sea como fuere, lo cierto es que Luis Bárcenas dispone actualmente de todo el tiempo del mundo para meditar sobre lo efímero de la gloria mundana. Fortuna audaces iuvat, debió pensar en sus tiempos de gloria. Sic transit gloria mundi, puede que piense ahora desde Soto del Real. Aunque tengo para mí que acaso no quiso entender , cuando se lo dijeron, aquello de ubi patronus imperat nauta minus, lo cual le llevó a comprobar que extra eclesia nulla spes.  Y es que incluso osó robarle a “la familia”, por cierto, en proporciones tan brutales que, a juzgar por lo que él mismo dice, más bien parece que el comisionista fuera “la familia” y Bárcenas el destinatario de los óbolos.
Su problema consiste en que al ser dichos óbolos a su vez de procedencia más negra incluso que su propia conciencia, lo tiene crudo para probar nada. A menos, claro, que además de corruptos fueran necios y hubieran firmado un “recibí”, lo cual no parece ser el caso, como mínimo, de aquellos hacia los que apunta. El dinero negro tiene esas cosas.
Sí, sin duda un caso de Hybris. A veces, no haber leído a los griegos tiene sus cosas. 

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