dilluns, 24 de desembre de 2012

PHANTASMATA HISPANIARUM (IV) En todas partes cuecen habas


 
No sale mucho mejor parado que Roldán el germano Arminio, vencedor de los romanos en los bosques de Teutoburgo. Su encumbramiento ideológico como encarnación del Volksgeist alemán corrió a cargo del II Reich de Bismark. Dejaré de lado los mitos del III Reich porque sólo con echarles un vistazo se evidencia que nos las estábamos habiendo con un grupo de tarados. No... Mejor Bismarck, que era más listo.

Después de la unificación alemana bajo la égida prusiana en 1870, había que ideologizar, y uno de los aspectos de la ideologización es tirar de mitos. Haberlos, lo que se dice haberlos, habíalos y sobradamente en la tradición alemana. Pero estaban en muchos casos excesivamente «romanizados». En otras palabras, demasiado «civilizados». Carlomagno, por ejemplo, tendría tanto derecho a ser un referente alemán como francés. Y esto no servía. Había que buscar algo más «alemán», exclusivamente «alemán». Y a parte de Wagner, le tocó a Arminio.

Arminio era un caudillo germano, parece que de la tribu de los queruscos, que servía en la caballería auxiliar romana, a las órdenes de Publio Quintilio Varo, que con las XVII, XVIII y XIX legiones, se encontraba sometiendo la Baja Sajonia, entre el Rhin y el Elba. Como las cosas pintaban mal, Varo decidió retirarse a lugares más seguros. Durante la lenta marcha -tres legiones más todo su "acompañamiento"- el "olor" a botín fue atrayendo a varios régulos germanos. Arminio entró en tratos con ellos y acordó cambiar de bando en el momento preciso, a cambio de ejercer el mando. Y así lo hizo en el bosque de Teutoburgo, la mayor derrota militar romana desde los tiempos de la batalla de Cannas.

Pronto hubo problemas entre los régulos germánicos a raíz del móvil que les había «unido», el reparto del botín, y contra las ambiciones megalómanas de Arminio. Arminio fue asesinado poco después por sus propios «compatriotas», los romanos se hicieron fuertes en la frontera del Rhin, los germanos prosiguieron con sus trifulcas de siempre y prácticamente nada importante se movió en los tres siglos siguientes. Eso sí, nunca una legión romana volvió a llevar los números XVII, XVIII o XIX.

Arminio tuvo en realidad una intervención que, históricamente no cabe calificar sino de irrelevante. Qure ver en él a un protopatriota alemán, es como querer ver a un estadista en Fernando VII. Pero 1879 años después, se rediseñó su perfil como el del personaje ideal para encarnar la nueva parafernalia hacia donde se quería que mirara la nueva Alemania del II Reich.

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