dissabte, 22 de desembre de 2012

PHANTASMATA HISPANIARUM (III) En todas partes cuecen habas


 
Que todos los mitos fundacionales son precisamente eso, mitos, y por lo tanto no-historia, está fuera de toda duda. Ahora bien, otra cosa es que estos mitos, por su propia naturaleza y de acuerdo con la finalidad para que han sido concebidos, tiendan a parecer lo más verosímiles posible históricamente hablando y pretendan a la vez pasar por «Historia» y enquistarse en ella. De su propia coherencia depende. Y en unos casos, ciertamente, se presentan como más coherentes y, por lo tanto, más verosímilmente verídicos que en otros. Veamos algunos mitos foráneos.

Lo de Roldán y Roncesvalles, por ejemplo. Hablar de Roldán y Roncesvalles es hablar del poema La Chanson de Roland, de Carlomagno y de Francia. Es un caso clarísimo de maquillaje mítico-histórico dignificador de una burda operación de saqueo por parte de los francos de Carlomagno. Resulta que después de fracasar en su intento de tomar la Zaragoza musulmana, la antigua Caesaraugusta romana, y tener que volverse por donde habían venido, los "bravos" soldados francos no  habían percibido pago alguno en ninguna de las "especias" en que acostumbraban a «cobrarse» sus servicios: licencia para botín y violaciones entre la población saqueada. En otras palabras, que volvían a Burgundia, Neustria y Austrasia (los tres reinos francos) con las manos vacías, tanto en lo referente a los bolsillos como a la líbido. Un mal negocio.

Y en el camino de vuelta a Francia dieron con una pequeña ciudad, la antigua Pompaelo/Iruña, poblada por vascones a los cuales, sin que tuvieran arte ni parte en todo el rifirrafe entre Carlomagno y el Califato, les tocó pagar los apetitos francos en propia piel. Un «saqueo heroico», el de Pamplona, que tampoco fue gran cosa para los francos, dada la pequeña envergadura de la ciudad, pero que para los vascones fue una catástrofe sin paliativos. De modo que entre los supervivientes y otras tribus que acudieron en su ayuda -y a la caza del posible botín también, cómo no- decidieron vengarse exterminando a la retaguardia franca en Roncesvalles.

Es decir, contra lo que se ha dicho muchas, por cierto que también por parte de la historiografía española -acaso un tropismo antivasco-, no es que los vascones que atacaron al ejército franco fueran unos salvajes ávidos de botín que intervinieron en un conflicto en el que no tenían arte ni parte, fastidiando así ulteriores oportunidades para que desde Francia se aupara el desalojo del moro de  las tierras hispanas, sino que, muy al contrario, estaban vengándose del saqueo de su ciudad a manos de los francos. Un saqueo que les había dejado muy escocidos, como es normal. Desde la perspectiva estrictamente histórica y al menos en lo relacionado con el episodio de Roncesvalles, Roldán nunca fue un héroe, sino más bien un villano, aunque la dirección del  mito fuera la inversa: hizo del villano un héroe.

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