dimecres, 5 d’abril del 2017

Reciedumbres históricas



El director general de TVE ha declarado recientemente, ni más ni menos que en el curso de un acto en la Casa de América de Madrid, que España no fue colonizadora en el continente americano, sino evangelizadora y civilizadora. Y en apoyo de su tesis, según la cual los aztecas eran algo así como el III Reich, cita a Inga Clendinnen, antropóloga australiana que parece haber descubierto recientemente que los indios mexicas celebraban sacrificios humanos y practicaban el canibalismo... los muy salvajes. Ignoramos si el descubrimiento se debe a alguna reciente lectura de los viejos textos de Marvin Harris, o si llegó por su propia cuenta a tales conclusiones… Pero lo cierto es que sí, que la insigne antropóloga es de la opinión que «Lamentar la desaparición del Imperio azteca es como mostrar pesar por la derrota de los nazis en la II Guerra Mundial».  Por cierto, todo un alarde de falta de sentido histórico, especialmente grave en alguien que se está metiendo en berenjenales de hace medio milenio.

Así que según José Antonio Sánchez –tal es el nombre del actual director general de TVE- los mexicanos deberían estar agradecidos por haber sido civilizados por los españoles. Es de suponer, pues, que de natural bondadoso y movidos por las mejores intenciones, los mal llamados «conquistadores» cruzaron el charco con la única intención de evangelizar a los indios y transmitirles los avances de la civilización. Fantástico.  Los aztecas, por su parte, eran una pandilla de crueles y sanguinarios salvajes obsesionados por hincarle el diente al prójimo para zampárselo como si de un steak tartar se tratara, a pelo y sin aditamientos. 

Igual de impresentables son algunas de las reacciones que han suscitado dichas declaraciones, sobre todo por parte de aquellos sectores que,  allende y aquende el Atlántico, ven en la América precolombina el paraíso perdido de la humanidad. Resulta entonces que los aztecas se nos presentan como unos apacibles bonachones, veganos y amantes de la siesta, cuya brillante cultura sucumbió ante la invasión de unos bárbaros muy atrasados, pero aliados con el trueno. Y bueno, tampoco es que sea esto. Con franqueza, ver en Cuauhtémoc a un líder que lucha por la libertad de su pueblo es, sin más, una parodia grotesca, una grosera deformación de la historia.

La verdad es que, puestos a buscar citas, nuestro ínclito director general hubiera podido recurrir a fuentes más solventes que la Sra. Clendinnen para citarlas en su apoyo. A Bertrand Russell, por ejemplo, que venía a decir algo muy parecido en sus Unpopular Essays (1950), solo que con una pequeña, pero decisiva, salvedad: se guardaba mucho de santificar a los españoles –o a los occidentales en general-. Sin embargo, ello no era óbice como para que se alegrara de que fueran los europeos los primeros en adquirir tecnología para cruzar el Atlántico. De haber sido los aztecas los que hubieran arribado a Europa, estaba convencido de que nos hubiera ido a todos mucho peor, a parte de que más de uno hubiera acabado en la cazuela.
Simplemente, porque los aztecas eran más bestias que los españoles, además de social y tecnológicamente más atrasados, y fue esto último lo que selló su destino. Pero de ahí a imaginar a Pizarro ejerciendo de Madre Teresa de Calcuta o como embajador plenipotenciario de los pitufos, hay un abismo: el que va de la figura real a la caricatura.

Presentación de 'La tarima vacía'

 
 
Allí estaremos.
 
 
 
 

dijous, 23 de març del 2017

Estragos educativos y lo que nos espera


Tenía que llegar tarde o temprano, ahora resulta que la Tierra es plana porque lo dice un jugador de la NBA. Dentro de poco, y al paso que vamos, al profesor que intente explicar que es redonda, lo lincharán. Pero, claro, el profesor es solo un mediador, noun transmisor de conocimiento...  Para ir haciendo apetito, aquí unos avances, No sabemos la que nos espera:

http://omicrono.elespanol.com/2016/01/mito-de-la-tierra-plana/
http://www.mundodeportivo.com/baloncesto/nba/20170224/42279769239/irving-la-tierra-es-plana-y-el-fenomeno-de-las-fake-news.HTML
 http://www.mundodeportivo.com/baloncesto/nba/20170320/421041569658/shaquille-oneal-tambien-cree-que-la-tierra-es-plana-por-que.html?utm_source=lavanguardia.com&utm_medium=outbrain&utm_campaign=widget_outbrain

dilluns, 20 de març del 2017

Epistóratas IV (y final)



No deberíamos olvidar que democracia es un estado o disposición ética, así como, precisamente por serlo, una forma determinada de encauzar conflictos de intereses a partir de la composición de minorías y mayorías en torno a ellos. Y estos conflictos de intereses se agrupan en torno a colectivos y sectores según las distintas categorías alrededor de las cuales convergen estos grupos, cómo perciben estos intereses, su capacidad de presión, su influencia...
De la percepción que un individuo pueda tener de su posición dependerá tal vez el sentido de su voto. Si es un ignaro, corre ciertamente un mayor riesgo de equivocarse y pronunciarse contra sus intereses objetivos, y será sin duda más manipulable. ¿Pero tenemos alguna garantía de que el instruido, aunque tal vez no se equivoque y precisamente por esto, votará atendiendo a un bien universal que acaso entre en conflicto con sus intereses objetivos como miembro de una determinada élite o como ciudadano individual?
 
El artículo completo, aquí
 
 

divendres, 10 de març del 2017

Legionarios y almogávares



 
El escenario cada vez se acerca más al diseñado por los «think tank» del independentismo hace cinco o seis años; los mismos que llevamos metidos en un «procés» cuyas recurrencias sugieren una especie de circular y cansino día de la marmota, pero que en realidad se inscribe de lleno en linealidad cronológica que lleva a un punto final cada vez más cercano. El momento fundacional que se abrirá con la aplicación del artículo 155 de la Constitución española y la subsiguiente intervención o liquidación de la autonomía catalana. Un momento cero sobre cuyo día después podemos solo aventurar conjeturas.
Y es precisamente por la imprevisibilidad del escenario que se abre con el día después que los estrategas del independentismo situaron este momento como meta y último estadio de su hoja de ruta: hasta allí, todo más o menos previsible y controlado; más allá, nada. El único e incierto último recurso cuya deseabilidad consiste precisamente en ser el pasaporte a la incertidumbre. Porque solo en un escenario de incertidumbre, de caos, deviene posible la independencia de Cataluña.
Entendámonos. Estamos hablando de «posible» como cognoscitivamente representable en tanto que efectivamente realizable, no como mera possibilitas escolástica. Sin la aplicación del artículo 155, la independencia es imposible. A partir del día después, ya viéremos. Puede que sea improbable -o puede que no tanto-, pero improbable siempre es mejor que imposible. Además, forzar la aplicación del 155 es relativamente fácil, basta con proponérselo obligando al error forzado del contrario. Así que, o el Estado español mira hacia el otro lado y permite su propia fragmentación, o en el momento que considere traspasada la línea roja, aplica el 155 y empieza el baile de verdad. Y será lo segundo.
Desde un primer momento, se sabía que España no iba a admitir un referéndum que, por su parte, tampoco interesa para nada al independentismo porque sabe que, de celebrarse, lo perdería. Así las cosas -y descartando por inviables tanto una separación pacífica como una insurrección popular- la hoja de ruta del «procés» apuntó hacia la única posible vía: subir la tensión hasta provocar la reacción violenta del gobierno español, que haría aparecer a los gobernantes catalanes como víctimas, y de paso, a toda Cataluña.
Se sobreentiende con ello que si el Estado interviene en Cataluña, tendrá que hacerlo por la fuerza, por más que se ampare en la legalidad vigente. Y que iba a encontrarse de entrada con una resistencia pasiva organizada por importantes sectores de la depuesta o intervenida Administración. Todo ello dificultaría enormemente su labor y contribuiría a crear una situación de caos administrativo que ningún estado moderno se puede permitir, y que coadyuvaría  a enrarecer aún más un ambiente de por sí ya muy deteriorado, amenazando con el puro y simple colapso. Inevitablemente, irían apareciendo brotes violentos con sus no menos inevitables mártires, generándose una espiral de violencia y de malestar sin solución de continuidad.
También, muy probablemente y tan pronto hubiera algunos muertos, la  tácita complicidad inicial de los gobiernos occidentales aliados de España se iría entibiando a medida que la espiral de violencia y la evidencia de la ocupación militar se fueran haciendo manifiestas, influyendo en la opinión pública de estos países a favor de la causa catalana. Es evidente que un escenario así sería muy difícilmente sostenible para España en pleno siglo XXI. Y de ahí, pues a lo que sea ¿Un referéndum garantizado por la ONU y custodiado por los cascos azules?
Parecerá un delirio, pero, aunque muy simplificado, este es, creo yo, en lo fundamental, el análisis de los estrategas del independentismo y las hipótesis que contemplan como verosímiles. Otra cosa es que el cálculo sea correcto. Me explico. Se diría que el independentismo lo ha jugado todo a una carta: la «previsible» respuesta española. Y ahí es donde precisamente puede pinchar.
Porque tampoco son tan imbéciles como para ignorar que el contexto les es totalmente desfavorable, y que esto solo cambiaría si la situación diera un vuelco radical. Ha de constarles que Europa no está para aventuras ni para viejos pliegos de agravios, por más que uno se acredite como descendiente directo del mismísimo Carlomagno. Estas cosas hoy en día no venden. Los EEUU no parece tampoco que estén por la labor, ni siquiera con el imprevisible Trump. Todo esto ya lo saben. Los infelices a los que sacan a la calle, no, pero ellos, sí.
Su error de cálculo no proviene pues de una valoración errónea del contexto, sino de su acrítica previsión de los movimientos españoles. Si estos se producen de una manera distinta a la esperada, es decir, si España no embiste como un toro con fuego en los cuernos, toda la estrategia independentista podría venirse abajo. Y esto es precisamente lo que podría estar ocurriendo. De ahí su necesidad de elevar cada vez más el tono, hasta los límites de lo inoportuno incluso para muchos de sus adeptos; y de ahí también que el referéndum en el que nadie cree vaya a ser la piedra de toque donde se jugará todo, porque será el todo o nada. Y saben que será su última y única oportunidad. Está ciertamente por ver, porque lo acontecimientos pueden precipitarse y siempre pueden aparecer salvapatrias de última hora, pero por ahora, el gran error del independentismo es no haber sabido prever la reacción española; que está siendo, a pesar de todo, más sutil y astuta de lo que se esperaban. Dice un tratado chino de hace más de dos mil años -el Sunt-zú-, que el general vencedor es aquél que acaba conociendo tanto a su enemigo que puede prevenir hasta sus más mínimos movimientos. Me temo que no hay ningún Sunt-Zú entre los think tank del independentismo. España puede estar tranquila en este sentido.
El error de cálculo se debe dos carencias inherentes al nacionalismo catalán. La primera remite a las dificultades de su propio discurso para entender el concepto moderno de Estado, hasta el punto de serle en ocasiones completamente ajeno. Una carencia grave, ya se trate de crear uno propio o de comprender su lógica. Con demasiada frecuencia no queda claro en el nacionalismo catalán si lo que molesta es el Estado español o la propia noción de Estado.
La segunda carencia vendría dada por el fijismo de su mirada hacia España, a la que sigue viendo exactamente igual que hace 50 o 100 años, como una foto en blanco y negro o una imagen del NoDo; sin poder entender que aquellas Españas y la de hoy, se podrán parecer más o menos, pero no son la misma cosa. Y esto puede ser muy eficaz utilizado como bazofia propagandística, pero como criterio de análisis, es incurrir en un error que solo puede entenderse desde una abnegada y grosera voluntad de ignorancia, o desde el autismo político más onfalocráticamente imaginable. En ambos casos, de funestas consecuencias para la causa que se dice defender.
Porque sí, parece que, efectivamente, el gobierno español está dispuesto a aplicar el 155. Y con el aval de sus socios europeos e internacionales. Pero quizás precisamente por esto no lo vaya a hacer de la manera que el independentismo esperaba. Es difícil, ciertamente, hablar de España y de inteligencia política sin incurrir en un oxímoron, pero las cosas cambian. España es hoy un país miembro de pleno derecho de la Unión Europea y su cuarta potencia económica. No es un jardín de sapiencia, claro que no, ni un vivero de finezza; y la cosecha de energúmenos sigue siendo alarmantemente abundante. Pero los energúmenos ya no mandan o mandan poco; los mantienen precisamente para hacer de espantajos. Y en definitiva, tampoco el energumenismo o la ausencia de finezza son patrimonio de las tierras allende el Ebro; aquende no escasean precisamente los energúmenos, y la finezza... en fin.
España lleva suficiente tiempo en Europa como para que algo de sutileza se le haya contagiado. Y si no fuera así, ya se lo dirán. Porque hoy en día, esto de la soberanía es un camelo –los independentistas deberían tomar nota de ello, en lugar de mirar al siglo XVII-. De modo que si España aplica el 155, será previamente asesorada por sus socios, con su beneplácito y plena conformidad, en la forma y en el fondo. Y hasta con las complicidades interiores necesarias en Cataluña para evitar el caos; Europa no quiere correr riesgos. En definitiva, que ni legionarios ni almogávares. Y los legionarios que queden, a Afganistán. En Europa se lo han dicho a ambos, solo que unos parece que no lo han entendido y siguen en sus trece.
Así que, concluyendo, a lo mejor resulta que al final, el día después quizás no sea un nuevo Ulster o un nuevo Kosovo, sino acaso una mucho más  prosaica y mundana, pero higiénica Tangentópolis.cat.
Quién sabe. Yo apuesto por esto.



diumenge, 26 de febrer del 2017

Epistócratas (III)



Apuntábamos en la entrega anterior hacia un neocensitarismo de hecho que estaría excluyendo del espectro social que constituye el universo ciudadano, a una buena parte de la población que ya no sería tenida en cuenta para nada, pero que conserva el derecho a voto gracias al sufragio universal. Pero también hemos visto que la crítica epistocrática parece agotarse a la mitad del camino que pretendía recorrer. Atribuir un resultado electoral a la ignorancia del votante no sólo no es una posible vía de solución del problema, sino una parte de él. Porque, sí, podemos pensar que la ignorancia puede inducir a votar contra los propios intereses, pero también hemos visto que más allá del voto «cognitivo» hay un voto «moral» que puede entrar en conflicto con él, y que, por lo tanto, la información que un ciudadano pueda tener de aquello sobre lo que va a votar puede no el factor determinante de su decisión.

Hay también otra cuestión que va incluso más allá de ésta, y que nos sitúa de lleno el tema del sujeto de soberanía en una democracia. Podemos decir que los obreros blancos en paro que votaron a Trump son unos ignorantes porque no saben lo que conviene a sus intereses, pero es que también podemos dar una vuelta más de tuerca y, aun admitiendo que tal opción pudiera ser acorde con sus intereses más inmediatos, no lo sea para el conjunto de la sociedad. Es decir, que una cosa sería que voten contra «lo que les conviene» -como grupo, clase, etnia…- y otra que voten contra «lo que conviene», en cuyo caso estamos en un grado de abstracción superior, que pretende ir más allá de los intereses individuales o grupales, para sublimarlos en una suerte de bien común universal al cual los anteriores quedarían supeditados. Y este segundo nivel se advierte también en la crítica epistocrática, que definitivamente se agota ahí, diluida en un universo de indefinidas consideraciones morales sobre qué es el bien general, convertido casi en bien «supremo» y hasta qué punto deben supeditarse a él ante los intereses individuales o grupales.
El artículo completo, en Catalunyavanguardista, aquí.
 

dissabte, 25 de febrer del 2017

Verdades educativas como puños

 
 

 

dilluns, 20 de febrer del 2017

Manifiesto por la Educación




He participado en su elaboración y ruego la adhesión a quien esté de acuerdo con lo que allí se dice.

 
 
 

Las nuevas tecnologías como pretexto educativo



Es indiscutible que las nuevas tecnologías han venido para quedarse y que dejarán su impronta en el sistema educativo. Otra cosa es cómo y en qué medida. Para algunos son la panacea que va a resolver todos los problemas del sistema educativo y arrollará con todo lo que en él pervive de obsoleto. Una afirmación, ésta, más ideológica que otra cosa, y propia de ciertos relatos pedagógicos cuya fascinación por las nuevas tecnologías se limita a pretextarlas en provecho propio.

En esencia, lo que desde estos relatos viene a decirse es que el sistema educativo deberá adaptarse a la propia lógica de estas nuevas tecnologías, lo que comporta una transformación a fondo que afecta también a los contenidos. No se trata solo de substituir las viejas pizarras y los libros de texto, por pantallas digitales y ordenadores o móviles, además de al maestro por no se sabe muy bien qué, sino de algo de mucho más calado: la aplicación de las nuevas tecnologías al sistema educativo no afecta solo a «cómo» se aprende, sino también a «qué» se aprende.
Tampoco es que estemos ante ninguna novedosa primicia (...)

El artículo completo, en Catalunya Vanguardista, aquí.

dimecres, 15 de febrer del 2017

¿Martirologio o bufonada?



La verdad es que uno ya no sabe si se las está habiendo con la más redomada de las astucias o con la más vergonzante de las vilezas. En cualquier caso, sí parece que el «procés» se está perdiendo una oportunidad de oro para internacionalizar y difundir la causa indepe en el mundo mundial, aprovechando los torpes errores del contrario. Porque la verdad es que con el proceso chirigota por el referéndum barbacoa, se las están poniendo como a Fernando VII. Y es entonces cuando le atenaza a uno la terrible sospecha de que acaso esta oportunidad de oro se esté malogrando por falta de entusiasmo martirológico en los tres próceres patrios implicados.

No sé a ustedes, pero a uno le cuesta imaginarse a Gandhi alegando ante el tribunal que no era una huelga de hambre, sino que aquel día no tuvo ni para comer; o a Fidel Castro alegando que estaba convencido de que el Fuerte Moncada llevaba años abandonado y que lo suyo fue una partida de caza con unos amigos; o a Nelson Mandela manifestando su profundo respeto por las leyes del apartheid y negando haber tenido la menor intención de transgredirlas, después de liar la que lió…

Y claro, lo lógico era pensar que ahora el «astuto» y sus «astutas» iban a aprovechar la situación para declarar la ilegitimidad de las leyes españolas y su desobediencia a éstas; que iban a dar la cara y que, alto y fuerte, iban a decir que sí, que montaron el referéndum ¿y qué?; que ahí queda eso y a ver si tienen redaños de meterlos en la cárcel; que iban a tener que entrar en la sala esposados y empujados por la benemérita y que estas imágenes se difundirían por todo el mundo como demostración de la opresión nacional que sufre Cataluña, ocupada desde hace tropecientos años por  la fuerzas invasoras españolas. Y que un valiente y dos "valientas" estaban dando la cara por todo un pueblo. Con un par.

Imaginaba asimismo que con esta actitud, el líder y las lideresas, la catalana trinidad «Mas & (Ortega & Rigau)» marcaría el camino hacia la desobediencia inminente que reclaman a los suyos, poniéndose como ejemplo a seguir. Y en definitiva, que iban a reafirmarse en las mismas declaraciones, arengas y bravatas que a diario proferían para enardecer a las masas y conminarlas a la obediente desobediencia debida contra la pérfida España…

Y va y resulta que no, que la catalana trinidad se resuelve en el trío lalalá y que de la tragedia pasamos a la comedia. Porque parece ahora que lo del referéndum fue un malentendido o algo que no iba con ellos, sin que alguno o alguna ni siquiera pasara por ahí. Resulta que el "astuto" alega que no le avisaron de las responsabilidades en que incurría de persistir en un referéndum/mojiganga cuyo mérito se atribuyó jactanciosamente en exclusiva. Al parecer, también ahora resulta que todo fue cosa del populacho y de los voluntarios, que por lo visto abrieron los institutos a martillazos, o quizás, habrá que suponer ante la falta de desperfectos, a la mágica voz del ¡Ábrete sésamo! del celebérrimo Alí-Babá, para improvisarlos como colegios electorales. Y pues eso, que son inocentes, pero no porque no acepten las leyes españolas y asuman orgullosamente haber hecho aquello de lo que se les acusa, sino que fundamentan su inocencia en la negación de haber hecho lo que proclamaron a los cuatro vientos estar haciendo. Lo primero podría ser un juicio político; lo segundo, llámenle ustedes como quieran.

Yo lo llamaría un insulto a la inteligencia, y a los infelices que creían estar obedeciendo el mandato de unos líderes indignos que ahora niegan toda responsabilidad y se la atribuyen a Fuenteovejuna. Y es que no estamos en Fuentovejuna, sino ante un buffo alcalde de Zalamea que niega después haberle dado garrote al capitán tunante, alegando que fue el verdugo quien lo hizo. Por cierto ¿qué hubiera hecho luego el rey con un alcalde de Zalamea tan zafio y cobarde?