dimarts, 30 de juny de 2015

¿LEY MORDAZA O BOMBA DE RELOJERÍA?



Es realmente curiosa la contumacia de ciertos regímenes en buscar su propia ruina por el método de ser cada vez más manifiestamente inseguros, mostrando sus miedos, sus debilidades, sus veleidades y sus proclividades. Un ejemplo es la "Ley “Mordaza” que entra en vigor el próximo miércoles. Innovadora donde las haya. Eso sí es innovar y no los pedagogos esos que se repiten más que el ajo. Veamos.

 

1.- SE PROHÍBE MANIFESTARSE JUNTO AL CONGRESO Y AL SENADO:

Muy bien. Así, lejos del mundanal ruido, sus “seños” podrán solazarse como aquel príncipe cuyo gran visir le hacía acampar siempre cerca de una maravillosa ciudad que, infaliblemente, estaba también siempre algo lejos. Eran puros decorados. Sólo que en este caso, la construcción de la ciudad de cartón piedra corre a cargo del mismo que se regodeará en su contemplación. ¿Podría llamársele a esto hacerse uno mismo trampas en el solitario?

Hay que reconocer una cosa. Desde el SPA de tan útil y digna institución como el Senado español, debe resultar muy molesto oír los gritos de la chusma cabreada. Igual hasta rompe alguna interesante conversación “púnica”. Puestos a decidir, me quedo con María Antonieta, cuyo rasgo de genialidad cínica y/o ingenua es digno de encomio frente a la chusca desvergüenza de estos gañanes. Cuando el pueblo se acercó gritando “Pan, pan”, le preguntó a un ministro por qué pedían pan pudiendo pedir croissants.

 

2.- SE PROHÍBE FOTOGRAFIAR A POLICÍAS:

O lo que es lo mismo, se mata al mensajero. Si no hay pruebas, no hay caso. Además, permitirá cualquier versión oficial. Y nunca más se repetirán casos como el de los Mossos de Esquadra pateando chulescamente cuanto piso del barrio chino de Barcelona  estuviera a su alcance, requisando y destrozando móviles, cámaras y todo lo que se meneara, para que no quedara ninguna prueba documental de cómo tan gallardos y bizarros defensores del orden escabechinaban a un tipo, ensañándose con él hasta la muerte, en plena calle y en la más pura línea de un linchamiento llevado a cabo por vaqueros borrachos en una película del oeste americano. Vamos, que ni el árbol del ahorcado con Gary Cooper de víctima propiciatoria, pero llevado a cabo por agentes uniformados, agentes de la ley. Chupa del frasco Carrasco.

Está claro que hechos así, y tantos otros, no pueden repetirse. Impidamos, pues, que nadie pueda saberlo ni denunciarlo. Que no se atreva ni a contarlo.

 

3.- PROHIBIDO PARAR UN DESHAUCIO:

Pues claro que sí, faltaría más. Empezando por las alcaldesas de Madrid y Barcelona, que ni se les ocurra. La subversión se está infiltrando en el sistema y hay que atajarla de cuajo. Con lo bien que estaban los de siempre con sus siestas de tarjeta black, cuyas previas extracciones en cajeros  automáticos eran el preludio a la siesta de tan distinguidos y honorables faunos; con el debido interludio, claro, que para esto era el metálico -Habían aprendido la lección del garrulo de Amedo-. Porque si alguien piensa que vas a sacar 1000 euros en el cajero para pagar dos horas de suite en hotel de lujo para echar una siestecilla que, además, pagaban con la misma tarjeta, entonces es que es un zote sin redención posible.
Lo que no han de quedar es pruebas. Y para eso nada mejor que la ley las prohíba. Así dejan de ser pruebas. Y luego, como alguien lo ha de pagar, pues que lo paguen los deshauciados. Total, si no los deshaucian hoy, será mañana. Siempre hay un mañana, como el del pobre Plácido de Berlanga. Si Dios no los hubiera querido deshauciados, los hubiera creado ricos ¿O no?. Derecho natural puro, se le llama a esto; que no estado de derecho... Eso sí, no confundamos.

A este paso, la policía quedará equiparada a los celebérrimos «ratones coloraos», tan listos que nunca nadie les ha visto de tan bien que saben esconderse. Algo más en basto, como corresponde, pero como los «ratones coloraos» al fin y al cabo. Y pelillos a la mar, que para ver a policías zurrando la badana y dándole a uno las del pulpo, ya está la policía de Los Ángeles, cuyas escabrosas proezas nuestros intrépidos reporteros locales difunden después de haber descargado de internet o de agencias de noticias americanas, y con el visto bueno de los jefes, claro. O las películas de sheriffs gordos sureños que en horas libres se ponen capirotes a lo Semana Santa de por aquí.

Aquí estas cosas no pasan. Y si pasan, pues eso. ¡País!

 

4.- PROHIBIDO PROTESTAR EN LAS ALTURAS:

Genial prohibición. Ya está bien de abusar de la buena fe de nuestros gobernantes y de su humanitario y benévolo talante, y colgarse de las torres de la Sagrada Familia o, sacrilegio si cabe aun peor, de las de Bankia, para protestar contra cualquier futesa ¿Pero qué se han creído? ¿Y luego quién los saca de ahí? Nada, nada… es por su bien, no fueran a caerse y se partan la crisma. Además, si ya no se pueden hacer fotos, se neutralizan los infundios tan al uso como que se les dio un empujoncito, cuando en realidad se tiraron al vacío.
¡Qué gentuza! Menos mal que nuestros gobernantes velan por su seguridad, y de paso por nuestra salud moral. Porque si no se pone coto a esto, luego resulta que el pueblo, de tan buen e ingenuo natural como es, se resiste a creer que un activista se haya tirado de lo alto de Bankia simplemente para joder al policía que iba a rescatarle. Como en la muerte accidental del anarquista de Darío Fo ¿la recuerdan?

 

5.- PROHIBIDA LA RESISTENCIA PACÍFICA Y LAS SENTADAS:

Imprescindible medida para toda sociedad mínimamente sana. Prohibida la resistencia violenta, sólo quedaba prohibir la pacífica. Chitón y a callar.  Mando y ordeno y que se haga pronto. Sólo me pregunto por qué el matiz de «pacífica». Al fin y al cabo, si nadie podrá ver como se ejerce la violencia ¿Qué más da entonces que la resistencia sea violenta o pacífica?

Y por lo que refiere a las sentadas ¡todos en pie! Que mejor morir de pie que vivir de rodillas. Nos están invitando a ello.

 
Las penas para los transgresores oscilarán, cárcel aparte, entre 100 y 600.000 euros. Vamos, que sólo lo podrán pagar los de Bankia y demás golfantes de su misma calaña. Pero curiosamente, ni de ellos, ni de los Pujol, ni de los Ratos (plural de rata macho, claro) no se habla. Otro día será ¿Pero cuándo? ¿Nos están invitando a precipitarlo?
 
Decía el poeta:
Yugos os quieren poner,
gentes de la yerba mala,
yugos que habréis de dejar,
rotos sobre sus espaldas.
 
(Miguel Hernández, Vientos del Pueblo)
 
Espero que citar a Hernández no se considere incitación a la rebelión. No he leído toda la ley y esto podría ser un error fatal. No, de momento no creo. Ni les hace falta proscribirlo, apenas nadie se acuerda de él, ni de su poesía. Así nos va. Y ya puestos con Hernández: "¿De dónde saldrá el martillo, verdugo de esta cadena?"

dilluns, 29 de juny de 2015

LAS NUEVAS TERMÓPILAS



En mi última entrega transcribía la introducción de Isaac Asimov a su obra “Los Griegos”. Sin ser considerado un intelectual, es uno de los más geniales polígrafos del siglo XX. Además, siendo de formación inicialmente científica, queda fuera de toda sospecha de estar defendiendo eso que tan despectivamente los burro-tecnócratas llaman «Letras», por no llamarle «inutilidades», que es lo que piensan en realidad. Gentes que, como Machado refiriéndose a Castilla, “desprecian cuanto ignoran”. Unos fragmentos, los de Asimov, que me parecieron plenamente adecuados al momento actual por el que se está haciendo pasar a los helenos.

Leo también un muy recomendable artículo de Julio Llamazares en “El País”, abundando sobre lo mismo desde otra perspectiva: ¿Y cuánto le debe Europa, Occidente, a Grecia? Hay más, muchos más. Habermas, sí,  Jürgen Habermas, nos recordaba hace dos días en “La Europa de los banqueros” que a Alemania, en 1954 (Tratado de Londres), se le perdonó la mitad de su deuda externa –no era la primera vez, por cierto- y eso sin contar las indemnizaciones de guerra que nunca pagaron… por ejemplo a Grecia. Paul Krugman a su vez, postula el "no" en el referéndum griego y denuncia los abusos a que se han visto sometidos los griegos. Otro premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, lo plantea en términos similares: no se está rescatando a Grecia, sino a los bancos alemanes. Hasta Obama está pidiendo sensatez...

Sí, claro, alguien dirá que se trata, todos ellos y tantos más, de bolcheviques emboscados. A quién piense así, sólo puedo decirle que la equidistancia entre dos extremos se rompe cuando uno de éstos se desplaza. Y en este sentido, lo que hoy se nos está vendiendo desde del IV Reich y sus amanuenses periféricos, léase FAES y correveidiles de toda laya y jaez, es ni más ni menos que, como denunciaba hace poco Manuel Castells, una Tecnodictadura que, si no se detiene a tiempo, acabará por liquidar lo que queda de la democracia occidental, cuyos orígenes, por cierto, se encuentran en la antigua Grecia. Hasta su nombre le debe Europa a Grecia.  Como es sabido, los alemanes, que tantas y tan grandes figuras han aportado a la cultura europea, no han destacado nunca colectivamente por su sentido democrático. Más bien lo contrario, y muchas de estas figuras acabaron, o proscritas o en el exilio. El problema es que no hay contrapoder.

Alemania ha conocido la democracia en dos ocasiones, ambas por la fuerza de las armas… extranjeras, a raíz de sus derrotas en la I y II guerras mundiales, respectivamente. Siempre hubo un contrapoder que acabara poniendo coto a sus veleidades. En estos momentos, no lo hay. Alguien ha dicho recientemente que han dimitido más concejales de PODEMOS por sus cuentas en twitter, que del PP (o de CIU) por las suyas en Andorra o Suiza; de la misma manera, no hay dinero para los griegos, pero sí para los neonazis ucranianos. Aunque parezcan comparaciones chabacanas, no por ello son menos indicativas de los tiempos que corre en esta Europa convertida en un Duty Free de aeropuerto al que los residentes tienen vetado el acceso. Un modelo en su tiempo objeto de aceradas críticas, cuando eran la URSS o Cuba quiénes lo practicaban, pero que cuando lo ponen en práctica sus antiguos detractores, antaño defensores de la libertad, resulta entonces que son las leyes del mercado que hay que acatar, so pena de ser tildado de bolchevique.

Lo más triste de todo no es la mezquina actitud de Alemania, esperable al fin y al cabo, sino el servilismo vergonzante con que están actuando Francia, Italia y España, en orden de importancia, no necesariamente de bajeza moral.

Porque, vamos a ver, y hablando de España. He oído en boca del ministro que fue el hombre de Lemann Brothers, que España también es acreedora de Grecia. Y he leído hoy que la cantidad que «nos» adeuda Grecia es de veintiséis mil millones de euros, que no es moco de pavo. De ahí a los argumentos triFAESicos y resto de variantes aplaudiendo estultamente la fulminación de Grecia, va un paso falazmente lógico: que paguen los griegos, porque si no nosotros también pringamos…

Pregunto. En un país como España, cuya deuda externa desde que comenzó la crisis ascendió en apenas cinco años del 35,50%  (2007) del PIB hasta el 102% actual –y sigue subiendo- ¿Quién prestó el dinero a los bancos españoles para que se lo prestáramos a los bancos griegos? Porque de eso iría la cosa, digo yo. Y lo de la solidaridad, vale; lo de quijotes, pues también, venga; pero que nos engañen como los duques a Sancho para que nos creamos por unos días gobernadores de la ínsula Barataria, es decir, que nos estén tomando el pelo, pues no, por eso ya no se puede pasar… a menos que seamos cotolengos sin remedio.

Porque esa deuda contraída por los bancos griegos con los bancos españoles, para solaz de los usureros y los «mercados», es la misma que se «nacionalizó» -en eso sí son intervencionistas-, como lo hizo Alemania con la de sus bancos, para así podérselo exigir a la nación griega, y no a los chorizos que la dilapidaron con la aquiescencia plena, y hasta las indicaciones previas, de los hoy tan inflexibles acreedores. Porque los bancos, los alemanes y los españoles, ya han cobrado, no lo olvidemos. Y su recuperación la hemos estado pagando todos los ciudadanos. Bueno, no todos, la mayoría.

Como tampoco conviene olvidar que en los peores momentos de la crisis -hasta ahora-, y dadas las «peculiaridades» del sistema monetario europeo, la «solidaria» y «patriótica» banca española recibía líquido del BCE al 1%, teóricamente con el objetivo de recuperar liquidez y aumentar la línea de crédito, que utilizaba para comprar deuda externa española con la prima de riesgo en sus máximos, hasta el 7 y el 8%. ¿Y ahora nos vienen con que Grecia también nos debe dinero a nosotros? A ver ¿Se les prestó como solidaridad o como negocio? Porque si era solidaridad quijotesca, no vale ahora reclamar, seamos al menos consecuentes; y si era  un negocio, pues a apechugar. ¡Y es que encima han cobrado!
Y mientras tanto, Grecia está librando sola una batalla que nos incumbe a todos. Porque hay mucho más en juego que lo que representa un país cuyo PIB es el 2% del de la UE. Mucho más. Como lo había en las Termópilas hace dos mi quinientos años.

dimarts, 23 de juny de 2015

GRECIA Y LOS MERCADERES DEL NORTE


 
“A lo largo de toda su historia, Grecia siempre ha estado rodeada de Estados más grandes, más ricos y más poderosos. Si sólo se consulta el mapa, en comparación con sus vecinos, siempre parece una tierra pequeña y sin importancia.
Sin embargo, no hay tierra más famosa que Grecia; ningún pueblo ha dejado en la historia una huella más profunda que los griegos.
Los griegos que vivieron hace veinticinco siglos (los «antiguos griegos») escribieron fascinantes relatos sobre sus dioses y héroes y aún más fascinantes relatos sobre sí mismos. Construyeron hermosos templos, esculpieron maravillosas estatuas y escribieron magníficas obras de teatro. Dieron algunos de los más grandes pensadores que ha tenido el mundo.
Nuestras ideas modernas sobre política, medicina, arte, drama, historia y ciencia se remontan a esos antiguos griegos. Aún leemos sus escritos, estudiamos sus matemáticas, meditamos sobre su filosofía y contemplamos asombrados hasta las ruinas  y fragmentos de sus bellos edificios y estatuas.
Toda la civilización occidental desciende directamente de la obra de los antiguos griegos, y la historia de sus triunfos y desastres nunca pierde su fascinación.”
(Isaac Asimov, “Los Griegos”)
 
Nadie debería olvidarlo, muy especialmente «estos».
 
 
 
 

divendres, 19 de juny de 2015

GROUCHY: INEXORABILIDAD HISTÓRICA VS DETERMINISMO

                                               Emmanuel de Grouchy, Mariscal de Francia


Vender los fracasos como éxitos, las derrotas como victorias, puede acabar resultándole muy caro al vendedor. Porque luego, al respetable, le viene de repente la sorpresa. Y se la toma a mal.

Estos días se ha estado celebrando en Bélgica el segundo centenario de la batalla de Waterloo. Las primeras escaramuzas se produjeron el 15 de junio; la batalla se resolvió el 18 con la completa derrota del ejército francés. Precisamente debido a tal efeméride, se ha estado hablando de dicha batalla estos últimos días en los medios. Y la verdad, sorprende que se plantee como una batalla a cara o cruz de cuyo resultado iba a depender el destino de Europa. No, el destino de Europa ya estaba sellado desde la derrota francesa en Rusia y la batalla de Leipzig (octubre 1813), que forzaron la abdicación de Napoleón y su primer exilio en la isla de Elba. Luego, su fuga y el imperio de los cien días, no fue más que un espejismo que ejerció de epílogo. Waterloo  fue un epílogo.

En sus “Momentos Estelares de la Humanidad”, Stephen Zweig sentó escuela con su relato de los titubeos de un mediocre general, el mariscal Grouchy, cuya falta de capacidad de decisión por mor de su pusilánime personalidad, habría decidido la derrota de Napoleón en Waterloo. De haber escuchado a sus oficiales, nos dice Zweig, y de haber comprendido que la caballería prusiana le había rebasado y se dirigía hacia el campo de batalla, mientras él se esforzaba en cumplir a rajatabla los órdenes del emperador, y tratar de interceptarla para que no llegara a él, se hubiera dirigido con su ejército hacia Waterloo y el destino de la batalla, con toda probabilidad, hubiese sido otro. Pero entonces hubiera desobedecido las órdenes de Napoleón; y no estaba preparado para esto. No era, evidentemente, ni un Junot, ni un Murat, ni un Ney, sino un hombre que sólo sabía obedecer por su incapacidad para la improvisación. Cosa mala en tan truculento menester como la guerra.

Es posible, no tengo por qué dudarlo, que de haber actuado Grouchy como la situación aconsejaba, Napoleón hubiera vencido en Waterloo. Pero esto no hubiera cambiado el signo de los tiempos. Napoleón estaba derrotado desde mucho antes: ya no tenía capacidad para soportar una nueva derrota, sus enemigos sí, y esta hubiera llegado antes o después. Puede que el mariscal Grouchy fuera el responsable de la derrota francesa en Waterloo, pero no lo es del resultado final de las guerras napoleónicas; en todo caso, sólo lo aceleró.

Algo parecido ha ocurrido con ciertos enfoques sobre la II Guerra Mundial. Alemania sabía, los generales lo sabían, que la guerra estaba perdida desde Stalingrado, el Alamein y Kursk. Como se sabía que la ofensiva de las Ardenas en el invierno 1944/45 estaba condenada al fracaso, por más que hubiera conseguido sus limitados objetivos.

O también el caso de Aníbal en Zama (202 a.C.). Cartago había perdido la guerra mucho antes, cuando tras su mayor éxito –Cannas (214 a.C.) y la toma de Capua poco después-, no consiguió desarticular el sistema de alianzas de la liga latina, del que provenía la fuerza de Roma, mientras los romanos tomaban Siracusa (212 a.C.) –en cuyo saqueo murió Arquímedes pese a las órdenes de Marcelo de capturarlo vivo para ponerlo al servicio de Roma- y les arrebataban a los cartagineses sus bases de Hispania. La desesperada huida hacia adelante de Asdrúbal Barca, desde Hispania hasta Italia, acudiendo en socorro de su hermano, y su derrota y muerte en el Metauro (207 a.C.), no fue más que el prólogo de la inexorable derrota cartaginesa en la II Guerra Púnica.

Porque una cosa es que uno esté en condiciones de dar guerra, y otra muy distinta es que tenga la menor posibilidad. Esto no es determinismo. Acaso Cartago pudo haber vencido a Roma en algún momento; o Napoleón consolidar su domino sobre Europa de forma permanente; o Hitler haber vencido en la II Guerra Mundial. Las cosas, ciertamente, no están decididas de antemano, pero a partir de un determinado momento, y de acuerdo con el curso que tomen los acontecimientos, también como consecuencia de determinadas decisiones y de sus resultados, sí; la inexorabilidad de la derrota es insoslayable. Y si cuando uno lo sabe, y el otro también, aun así no se llega a un acuerdo en función de esta inexorabilidad, es porque, como en los tres casos que hemos citado, estamos ante algún modo de guerra total que sólo puede concluir con la aniquilación de uno de los bandos. Y que sólo tiene como resultado la prolongación de la agonía.

La propaganda, toda propaganda, es en este sentido nefasta, como mínimo a partir del momento crítico en que ya has descubierto que no puedes vencer y estás condenado a la derrota. Puede servir para mantener la moral, de la tropa o de la población, sí, pero a partir de un determinado momento sólo es una forma de prolongar la agonía en aras a la conservación del poder, por parte de quienes lo detentan, hasta la derrota final. Son en este sentido especialmente patéticas y siniestras, al igual que premonitorias, las proclamas de Goebbels en su discurso al pueblo alemán, tras la decisiva derrota de Stalingrado (1942/43), replicándoles retóricamente indignado a los soviéticos “¿Queréis guerra total? pues tendréis guerra total”, como si no hubieran aplicado los nazis la guerra total contra los soviéticos desde un primer momento y fueran los rusos los que hubieran roto las reglas del juego.

Clausewitz decía que la guerra es la continuación de la política por otros medios. Algunos políticos parecen haberlo olvidado. O nunca lo aprendieron, porque no leyeron a Clausewitz ni a tantos otros. Es lo que pasa cuando uno sólo mira a su propio ombligo. Las semejanzas con la situación actual son tan evidentes que huelga citarlas. Mao Zedong dijo aquello de “luchar, perder; luchar, perder… y así hasta la victoria final”. Ahora más bien parece que la tendencia sea “de victoria en victoria, hasta la derrota final”. Luego algunos se preguntarán por qué. Y buscarán a su Grouchy particular para cargarle las culpas.
No es determinismo, es inexorabilidad.

dimecres, 17 de juny de 2015

¿DIVORCIO A LA CATALANA?



«Unió Democràtica de Catalunya» ha anunciado hoy que abandona el gobierno de la Generalitat. Sus tres consejeros y todos los altos cargos de libre designación también abandonan sus responsabilidades. Y a partir de aquí, la incertidumbre. De momento, parece ser que UDC ha asegurado que sus diputados siguen bajo la coalición CIU y que por lo que respecta a los pactos municipales, también. Es decir, abandonan el gobierno, pero CIU sigue.

Lo primero que sorprende, a la vez que da una idea cabal de ciertos talantes, es que el sector independentista de UDC, pese a haber perdido la consulta de Unió, se considere vencedor, amparándose en que la diferencia es mínima -un 50,90% frente al 46,19%, 125 votos de diferencia-, no reconozca la derrota y anuncie que por su cuenta van a negociar con los firmantes de la hoja de ruta del «procés»; ¿En nombre de quién?

Y sorprende porque este mismo sector consideraría válida y legitimada una declaración de independencia del Parlamento catalán por 68 diputados contra 67 –y dejando de lado que estos 68 representaran a poco más del 35 o el 40% de los votos emitidos, lo cual con el sistema electoral catalán, es perfectamente probable-. Si un valor tan ajustado sirve ni más ni menos que para declarar la independencia ¿Por qué la dirección de UDC debería sentirse deslegitimada disponiendo de bastante más de la mitad más uno?

¿Qué pasará ahora? Supongo que dependerá de si Duran encuentra apoyos económicos para presentarse como adalid del catalanismo moderado que Mas ha abandonado en su huida hacia la radicalidad. Y esto podría representar un serio revés para los planes del president, porque a la fuga de votos hacia ERC que ya ha padecido, ahora se le añadiría la pérdida de votos de un sector que era el tradicionalmente suyo.

Sorprende también la arrogancia del ultimátum que Convergencia lanzó a Unió después de conocer los resultados de la consulta que realizó entre la militancia ¿Tan sobrados están? ¿Piensan que no llegará la sangre al río y que Duran acabará agachando la cerviz?

Tal vez. A favor de esta tesis estaría la trayectoria de Duran y su partido. UDC, por más siglas históricas que tenga, es un partido pequeño, que no llega a los cuatro mil militantes y que nunca ha contrastado su fuerza real concurriendo a unas elecciones en solitario. Si Duran no obtiene apoyos, y me refiero a apoyos económicos, su relevancia será inane. Pero si los consigue, y podría ser, entonces puede ser un problema para Mas y su procés, porque entonces no sólo le aleja aún más de la mayoría absoluta independentista Mas+ERC+CUP, sino que puede incluso peligrar su hegemonía, porque alguien está compitiendo por su propio electorado. Los entre cinco y ocho diputados que tienen calculados los democristianos de irles bien las cosas, podrían ser la puntilla para Mas y enviarlo definitivamente para casa, a él y a lo que quede de Convergencia.
Por eso se sorprende uno que aparente ir tan «sobrao». Al tiempo.

dilluns, 15 de juny de 2015

EL «CHISTOSO» ZAPATA: ¡BABERO DE ORO!


 

El sentido del humor se perdió hace tiempo por estos pagos, si alguna vez lo hubo. Tampoco hay humoristas de talla, se morirían de hambre; yo diría que el último fue Eugenio. Lo que hoy se considera humor más bien consiste en una jerigonza entre chabacana y mojigata, además por el corsé inquisidor de la implacable corrección política. Un menester, este, para el que nunca han faltado voluntarios.


En cualquier caso, siempre ha habido en todo chiste dosis implícitas de crueldad. Los hay más elegantes, donde el recurso consiste en poner situaciones cotidianas al límite de lo absurdo, y los hay más ramplones. Pero en definitiva, el sujeto destinatario del relato chistoso siempre es algún infeliz, substancial o accidental, víctima de algún infortunio mundano, que de acuerdo con los tópicos culturales al uso, adolece de algo a partir de lo cual es convertido por el relato chistoso en objeto de chanza para regodeo del personal, que se jacta así simbólicamente de no padecer la desgracia objeto de mofa, o sublima su miedo a padecerla. Cornudos, homosexuales, prostitutas, puteros, feos, lisiados, tontos, avaros, listillos, cobardes, fantasmones… la lista es interminable, pero acotada. Como el conjunto de los números primos, que es infinito, pero aun así menor (?) que el de los números naturales, los posibles sujetos de chiste lo son también, pero han de ser primos, o como mínimo, ser vistos como tales.


También hay chistes sobre grupos determinados, razas, etnias o «géneros», sobre los que se carga como característico del colectivo cualquiera de los “atributos” citados en el párrafo anterior. En nuestro caso hay chistes de gallegos, de catalanes, de andaluces, de madrileños… y también de negros, de belgas o de judíos. Estos últimos, los de judíos, y contra lo que se piensa, son por lo general de importación y provenientes del norte germánico, así como los de negros tienen sus raíces en los EEUU –quién no recuerda el del cadáver de un negro con 87 puñaladas, que le sugiere al sheriff de Alabama el caso más extraño de suicidio que jamás había visto- o la Gran Bretaña, sólo superados en este caso por los de irlandeses. Todos ellos, por lo general, crueles sin más. Y malos.

No puede uno dejar de recordar una velada, debe hacer más de treinta años, entre unos cuantos ingleses, un alemán y un servidor. El alemán, a la sazón hijo de un ex SS, de lo cual se jactaba sin el menor rubor, empezó contando los conocidos chistes que hacen referencia a la supuesta cobardía de los italianos y a su inutilidad para quehaceres bélicos, entre la complacencia general -son muy propios de alemanes y británicos-. Tal vez animado por el éxito, y algo «cargado» -todo hay que decirlo-, el alemán prosiguió con chistes de judíos, entre los cuales recuerdo el del judío que, recién llegado al campo de exterminio, pide desesperadamente un vaso de agua, y el «cortés» oficial de las SS le responde “¿Con gas o sin gas?”. Digno de Ohlendorf, vamos. El otro chiste de judíos que recuerdo que  contó, fue ni más ni menos que el que acaba de meter en un brete al «gracioso» Zapata, ese recién estrenado concejal de cultura de Madrid, que lo colgó en twiter hace tres o cuatro años. Sí, el del cenicero del coche y todo eso.

No sé nada de este tal Zapata. Lo único que puedo asegurar es que hay que ser muy imbécil para colgar algo así en twiter. No es ningún secreto que los alemanes siguen hoy en día, en círculos «íntimos», contando esos chistes. Igual que los americanos siguen con los suyos, aunque en este caso, y tal vez más irónicos por influencia inglesa, en sus chistes de negros hay también algo más que sutiles críticas a los blancos sureños. La diferencia tal vez sea que ninguno de todos estos sería tan cretino como para colgarlo en twiter. Y al que lo haga, lo crujen. Nunca sabremos si por racista o por idiota –no son en absoluto términos excluyentes-, pero el caso es que lo crujen.

Porque una cosa es la esfera de lo privado, y otra la de lo público. Y twiter, o Facebook, o un blog, o una web, pertenecen a la de lo público. Por lo visto, el bueno de Zapata, eso, no lo sabía. Además, y al menos tal como se ha publicado el twit,  está contado sin el menor comentario, es decir, para hacerse el gracioso. Pero no nos cebemos ahora con Zapata y concedámosle el beneficio de la duda. Total, sólo quería hacerse el gracioso. Y a fe que lo ha conseguido.

Vayamos pues todos por la senda de lo gracioso, yo el primero, y dejemos a un lado lo deleznable, siniestro y aborrecible del objeto «humorístico» de este concejal de izquierdas, candidatura «AHORA MADRID», por nombre Guillermo Zapata. Seamos, pues, todos graciosos y riámosle la gracia poniéndolo como sujeto del chiste de «tontos» que ha protagonizado. A él, claro. Ya que nos quería hacer reír…

A uno, ese Zapata le recuerda al zote del coronel Erhardt de las SS, en la inolvidable obra maestra de Lubitch «To be or not to be» (1942). Porque sólo en una obra maestra como aquella, puede el humor llegar a tal nivel de magistralidad y grandeza como para hacer que caiga gracioso un coronel de las SS, asesino cruel y despiadado, a la vez que cenutrio y grotesco, que tiene arrestos para reconocer que el actor polaco protagonista hace con Shakespeare lo mismo que ellos están haciendo con Polonia y que, en privado, cuenta chistes sobre el Führer.

Lo de Lübitch es una obra de arte, lo de Zapata, en cambio, pura y simple basura. Una grotesca parodia de Erhardt. Porque es la misma izquierda orate a la que pertenece Zapata la que ha castrado el sentido del humor con su obsesiva persecución de lo políticamente incorrecto, pero que, por lo visto, luego en privado, así como el coronel Erhardt contaba chistes del Führer, él los cuenta de judíos… y de otras cosas, según parece ser. El chiste está en que sea tan tonto que se la vaya la mano y lo cuelgue en twiter. Porque se trata ni más ni menos de un chiste de tontos, donde el tonto es él.  El chiste es él. Y por tonto:

¡PREMIO BABERO DE ORO!
Al menos, su breve paso por la regiduría le ha servido para algo.

dissabte, 13 de juny de 2015

SE ADMITEN APUESTAS



Tengo una apuesta pendiente entre seis. Dos apostamos que no habrá elecciones catalanas el 27-S, los otros cuatro apostaron que sí las habrá. Los que pierdan pagarán la comida. La verdad es que estoy casi convencido que no las habrá, aunque debo reconocer que esto de adivinar el futuro nunca ha sido una ciencia exacta, y tratándose de un tema tan truculento, menos aún.

Hay que reconocer que los argumentos de Jorge, implicado, por cierto, en el lado contrario de la apuesta, tienen su enjundia. Es cierto que estamos ante un claro repunte de la ofensiva secesionista, después del impasse de la pugna por el liderazgo entre Oriol Junqueras con su ERC, y Mas con su CDC (ya no CIU, según parece). Ha ganado Mas. Y aunque nada indica que vaya a haber la candidatura única que a Mas le hubiera permitido subsidiarizar a ERC, todo indica que la mayoría de los personajes mediáticos del independentismo -periodistas, activistas, cantautores, deportistas, actores, desertores del PSC y hasta alguna monja argentina- participarán en este invento que es «la llista del president», con el cual Mas matará dos pájaros de un tiro: consagrarse como líder al margen de partidos y auténtico Moisés del independentismo, y neutralizar el ya no tan previsible sorpasso de ERC. También la irrupción de las CUP como tercera fuerza independentista le ha venido muy bien.

Es verdad que Mas ha sido más astuto, pero también lo es que se lo han puesto muy fácil. En ERC han pecado de pardillos, y el fiasco de las municipales siembra dudas sobre su capacidad de crecimiento, a la vez que les aleja de sus aspiraciones a liderar «el procés». Además, lo más importante, Mas tiene a su disposición el absoluto control todos los medios de comunicación catalanes. Sí, definitivamente, parece que Mas, una vez retomado el control, está dispuesto a seguir hasta el final con su nueva hoja de ruta: ser la primera fuerza en las elecciones el 27-S, mayoría absoluta parlamentaria de las fuerzas explícitamente independentistas, elaboración y aprobación de la constitución catalana, y declaración unilateral de independencia. Pero hay serios obstáculos.

El primer obstáculo es PODEMOS. Cierto que los quintacolumnistas ya se han puesto en la labor de neutralizar a los de Pablo Iglesias mediante el entrismo y las apelaciones a las candidaturas de base y todas estas monsergas, infiltradas hasta las trancas de independentistas. Pero no está claro que les salga redonda la operación. Porque hay otros obstáculos que pueden poner en peligro igualmente esta mayoría absoluta independentista, como la probable vuelta de Chacón a la política catalana.

Si PODEMOS no arranca como tal y con sus siglas, una buena parte del voto no independentista de izquierda podría ir  parar al PSC liderado por Carme Chacón. No es una política de gran talla, todos lo sabemos, pero es la figura del socialismo catalán que más se ha distinguido por su rotunda oposición al independentismo y al «procés». Goza, además, de buena prédica entre las bases electorales socialistas tradicionales del cinturón de Barcelona y las grandes ciudades, progresivamente arrojados a la abstención por las veleidades nacionalistas de los Maragall y compañía. Si Chacón recupera este voto, con el cual el PSC siempre venció en las elecciones generales, Mas tiene otro problema.

Las encuestas, las verdaderas, las que son de uso interno y no se publican, serán decisivas a la hora de decidir si se convocan elecciones el 27-S, o si se opta por agotar la legislatura y a ver qué pasa en las generales.

Tal como veo yo la situación ahora mismo, el panorama que se le ofrece al independentismo se me antoja harto complicado. Cierto que hay toda una escenificación de rearme, pero esto es de puertas afuera, una escenificación; de puertas adentro, como mínimo en los círculos más allegados a Mas y CDC, saben que la situación está muy complicada, y no se pueden permitir el fiasco de convocar unas elecciones y no obtener mayoría absoluta independentista, porque saben que sería el final.

El PP está en sus horas más bajas en Cataluña, en gran parte por la escasísima talla política de sus dirigentes, y puede quedar como una fuerza residual, pero C’s amenaza con superar de largo el techo sociológico del PP de los mejores tiempos de Vidal-Cuadras o Piqué. Y este no es el único problema de Mas por la derecha; puede tener otro incluso de mayor calado, no por su dimensión, sino por su significatividad. Se llama Unió y Durán Lleida.

No sé lo que pasará con Unió mañana, cuando se conozcan los resultados de la consulta a la militancia, pero pienso que el peor resultado para Mas sería que ganen sus partidarios, es decir, el sector independentista. Porque si Duran pierde la consulta, y al margen de que haya dicho ya que si pierde se retira, sus hasta ahora titubeantes disentimientos tendrán que materializarse en algo concreto. Y esto no puede ser otra cosa que concurrir a las elecciones con un nuevo partido. Los informes que maneja el sector de Duran, parece ser que hablan de entre cinco y ocho diputados. Y esto sería para Mas una mutilación acaso irreparable. Porque estos votos habrían emigrado de sus propios caladeros: el electorado catalanista moderado de toda la vida de CIU. Tal vez con su lista propia y con la inclusión de figuras mediáticas del independentismo, Mas consiguiera atajar la fuga de votos hacia ERC, pero perdería a su electorado moderado y poco dado a aventuras inciertas. Y puede que los empresarios catalanes no se hayan atrevido a desmarcarse del todo de CIU, porque el PP nunca ha sido una alternativa y C’s es, por ahora, otra cosa. Pero este no es el caso de Duran, que podría muy bien aglutinar a este sector que hasta hoy había votado a CIU. Sí, muy probablemente, la cifra de cinco hasta ocho diputados sea plausible. Y para Mas sería un desastre sin paliativos. Si yo fuera Mas, preferiría que mañana ganara Duran.

Tampoco por la izquierda el independentismo se las puede prometer demasiado felices. Ya no estamos en los días del 9-N y su consulta/mojiganga. Por entonces no estaba PODEMOS y el PSC pasaba sus horas más bajas. Ahora, los independentistas del PSC ya se han ido casi todos y están con Mas o en ERC. Aun así, los socialistas aguantaron relativamente bien el tirón en las municipales. Se hundieron en Barcelona ciudad, sí, pero mantuvieron Tarragona, Lleida y la mayoría de ciudades del cinturón. El certificado de defunción que se había decretado se ha demostrado, como mínimo, precipitado. Todavía puede dar guerra, y si presentan a Chacón, aún más.

PODEMOS, por su parte, deberá decidir qué dirección toma en la encrucijada en que se encuentra. Está por el derecho a decidir, sí, pero para decidir otra cosa, no la independencia. La presencia de independentistas en sus candidaturas municipales ha sido, en mi opinión, superestructural, como lo fue en su momento la de nacionalistas en el PSC. El votante independentista sabe muy bien a quién votar, tiene a Mas, a ERC y a las CUP. Y no está para experimentos.  No creo, la verdad, que haya habido voto independentista en las candidaturas auspiciadas por PODEMOS en Cataluña, o como mucho, sería residual. Y esto es lo que hay. Si PODEMOS lo entiende, y pienso que ni Iglesias ni Errejón son tontos, caerán en la cuenta que los mejor que pueden hacer es presentarse con sus siglas y sin complejos. Y hay mucha más gente de la que se piensa que, sí, quiere decidir en un referéndum, pero para decidir «no».

Y finalmente, la tozudez de los hechos. El electorado independentista no aumenta, sino que incluso disminuye, sobre todo porcentualmente en la medida que los no independentistas, ya se trate de federalistas, unionistas, españolistas o simplemente indiferentes a la política, pero no independentistas, está despertando, sale del armario y de la abstención.  Todos los votos que provengan de la abstención serán claramente no independentistas. En el independentismo, por su parte,  siguen estando lo que son y son los que están. Ni uno más. El trasvase de votos independentistas de una a otra formación funciona como vasos comunicantes. O si lo preferimos, toda su energía es constante, claro, pero también toda ella está en estado cinético.

La suma de lo que pueden obtener PSC, PODEMOS, PP y C’s, incluso con la escorada ley electoral catalana favoreciendo las zonas más despobladas, donde precisamente el independentismo es mayoritario, puede superar de mucho a todo el bloque independentista Mas+ERC+CUP. La evolución de las encuestas será decisiva ciertamente, pero la tendencia va por ahí. Por más escenificaciones que se pergeñen. Con las cosas así, no creo que Mas convoque elecciones.
Por eso he apostado una comida a que no habrá elecciones el 27-S.

MUNDANEANDO, PODEMIZANDO



Si ayer «ciudadaneábamos», hoy «podemizaremos». La verdad es que cuando uno empieza a oír que si la izquierda plural, que si candidaturas de base, que si primarias a tutiplén y toda esta vieja cantilena, instintivamente hace su aparición la inefable mosca en la punta de la nariz, y el inevitable mosqueo. “Xavier, te están vendiendo fulanismo”, me digo. Porque, la verdad, no es que uno esté por sistema contra la pluralidad en los partidos o en las candidaturas, ni que las bases participen, ni contra las primarias. Pero a medida que te vas haciendo mayor, cada vez parece más claro que aquello que se decía antes, que la izquierda está dividida por ideología mientras que la derecha está unida por intereses, hay que ponerlo, como mínimo, en cuarentena. No por la derecha, sino por la izquierda. Lo de la derecha es de toda la vida; lo de la izquierda también, pero no se da por enterada.

Y luego está lo del entrismo. Lo prometo, sé de un tipo que está apuntado a varios partidos y plataformas con la única finalidad de votar siempre las opciones independentistas. Este domingo votará en la consulta que realiza una de estas formaciones para decidir precisamente sobre el tema. ¡Y pensar que cuando advertía, no hace mucho, del peligro entrista del independentismo en «PODEMOS», tuve que recurrir a la película de George Clooney “Los Idus de Marzo”! ¡Si aquí somos los reyes!

Y en esas está «PODEMOS», en toda España, basta con echar un vistazo a Aragón –con el ínclito Echenique-, a Andalucía, a las fallas que están organizando en Valencia con la O(l)tra, ya veremos si también en Madrid, y cómo no, en Cataluña, donde a ver cómo acaba, si es que llega a empezar, lo de Ada Colau; de momento hasta se les ha ofrecido una monja como cabeza de lista de las autonómicas, para llevarles por el buen camino del independentismo.

La cosa está clara, el debate es por el momio, nada de ideología. Los náufragos de Iniciativa ven la oportunidad de seguir en la brecha que ha daban por finiquitada, la extrema izquierda, de hoy y de ayer, ve la oportunidad de comprobar una vez más como todas sus tesis no resisten la prueba de la verdad, y los independentistas a conjurar el peligro. Lerrouxistas ya se lo han dicho; poco les falta a Iglesias y a Errejón que algunos de sus correligionarios de aluvión le taches de «estalinistas» por no cederles el lugar que las masas, es decir, ellos y sus fantasmagóricas siglas, merecen en las listas.
Si yo fuera «PODEMOS», apostaría por siglas únicas y partido, nada de coaliciones. Y al que le pique, que se rasque. Ya hay demasiado incompetente en la izquierda como para dar ahora pábulo a los que la han acreditado tan sobradamente. Puede que obtuvieran algo menos de votos, pero consolidados; la alternativa es convertir la «cosa» en una jaula de grillos. El debate está servido.

divendres, 12 de juny de 2015

MUNDANEANDO, CIUDADANEANDO



Una cosa es creer algo, y otra creerse algo. No es exactamente lo mismo creer una cosa que creerse una cosa. Que se lo pregunten sino a C’s, que parecen creer en algunas y creerse otras. El partido de Rivera parece creer en las virtudes de un pacto cuyas condiciones a la baja van a incidir positivamente en la voluntad regeneradora de la vida política por parte de Susana Díaz y del PSOE andaluz –¿Son sólo pardillos o también quieren tirar del momio?-; lo mismo en aquellos lugares donde ha investido al candidato del PP, muy especialmente en la Comunidad de Madrid, aupando a Cristina Cifuentes.

Parecen creerse también que dichos pactos no les van a pasar factura, y que van a ser inmunes a la dinámica absorbente, con riesgo de centrifugación, en que se van a ver envueltos por los poderosos aparatos de ambos partidos, tan avezados en este tipo de lides. Es verdad que no van a participar en gobiernos de coalición, sino que se han limitado a facilitar la investidura de la lista más votada. En lugar de marca blanca del PP, ahora serán la marca blanca del poder; como el famoso FPD, el Partido Liberal Alemán, que durante decenios dio sus voto indistintamente al SPD o a la CDU, según quien estuviera en condiciones de facilitarle mayores cuotas de poder. A eso se le llama ejercer de bisagra. Es legítimo, pero tiene sus límites y sus riesgos. A ver cómo lo entiende el electorado. Porque programa, lo que es programa ¿Lo tiene C’s?

Le sorprende a uno también que el pacto firmado en Andalucía prevé la creación de algo así como setenta «embajadas» andaluzas en el mundo, en el mejor estilo de las «embajadas» catalanas de la Generalitat. Y más sorprende aún que al ser preguntado «Niño» Ribera por qué razones las acepta para Andalucía y las rechaza para Cataluña, su respuesta fue que Andalucía no busca con ellas la independencia, mientras que Cataluña sí. Y más allá de que uno crea recordar que la posición de C’s era que toda proyección exterior debe hacerse bajo cobertura estatal, lo cierto es que sigue siendo un argumento políticamente muy endeble. Porque por esta misma regla de tres, Ribera podría sostener también que Andalucía se dote de un ejército propio, mientras que Cataluña, no. O si me lo permiten, que si uno manifiesta su intención de no divorciarse, se permita el adulterio. Y ello me parece a mí que equivale a no haber entendido nada, o a haberlo entendido demasiado bien, es decir, pasándose diez pueblos. Porque las cosas se pueden entender más o menos, pero nunca, nunca, demasiado bien.

Claro que a lo mejor, resulta que C’s tendrá una cuota entre los representantes diplomáticos andaluces destinados al exterior, y eso siempre suena bien. ¿Pero para hacer qué? Uno no puede olvidar lo que le comentó Muñoz Molina durante una cena en Pamplona, con motivo de una conferencia que dio en dicha ciudad, a la cual fui amablemente invitado por Alberto. Sí, el Profesor Atticus. Pues nada, resulta que en la época que Muñoz Molina estuvo en el Instituto Cervantes de Nueva York, la Junta de Andalucía pergeñó una campaña para difundir la Semana Santa andaluza en el barrio de Harleem ¿Se imaginan la reacción de los habitantes del tradicional barrio negro de Nueva York, ante casullas y capirotes como las del Ku Klux Klan? Pues eso. 
Una vez más, parece que lo que ha habido sea más bien un intercambio de cromos. Como siempre.

VA DE RETRO FORCADES: APOSTILLA A «VACUNAR O NO VACUNAR»



Había dado por cerrado el tema de las vacunaciones, pero no me puedo resistir a las perlas que acaba de soltar la monja Forcades, que a su condición de religiosa añade la de médico, aficionada al esoterismo y a la política, habiéndose autopostulado recientemente como candidata a la presidencia de la Generalitat de Cataluña, encabezando un frente amplio de la «izquierda» independentista. Definitivamente, esto de la exclaustración está haciendo estragos.

A ver, uno no es médico, ni mucho menos epidemiólogo, pero argumentativamente hablando, la verdad, no acaba de entender que el primer argumento contra la vacunación sea que las vacunas estén en manos de farmacéuticas que hacen negocio. Pues mire, Hermana Forcades, lo siento mucho, pero esto no es un argumento. Será una denuncia, y muy justificada, pero no un argumento contra la vacunación. Porque lo del «negocio» incluye también las aspirinas, los antibióticos y cualquier otro medicamento, hasta los homeópatas y las flores de Bach o las bolitas o las pulseras de los curanderos y la biomedicina. Y por las mismas razones, el vil negocio que hacen con nosotros, no deberíamos comprarnos nunca un coche, un televisor, un ordenaror, un piso, ni ir en tren o en avión… ni siquiera ir al cine o ver la televisión. Y puede que ni comprar comida para sobrevivir sosteniblemente siquiera; porque todo es negocio.

Sostiene Sor Forcades que la vacuna sólo tiene un 95% de efectividad –es seguramente más o menos así-, y deduce de ello que el riesgo de estar en el 5% de no inmunizados restante justifica la negativa (universal) a vacunarse, por lo del aluminio, nos dice, y sus efectos secundarios –que interpreto que  afectan también a los inmunizados-. En realidad, nos dice para nuestra tranquilidad, hay más niños vacunados no inmunizados frente a la difteria –debido al margen de ineficacia del 5%-, que niños no vacunados –igualmente no inmunizados-, que es el 3% del universo vacunable. Si fuera por esta mujer, mucho me temo que la mortalidad infantil estaría todavía en los niveles del siglo X… cuando a los suyos les iba tan bien.

Pero el siguiente argumento es todavía más sorprendente, por la escabrosidad implícita que incorpora. Porque si es consciente de ella, puede que aquí haya demonio; si no lo es, en fin... Insisto, no hablo desde el punto de vista epidemiológico, por falta de autoridad en la materia, y aunque muchos epidemiólogos, a sueldo o no de las farmacéuticas, consideren las opiniones de la médico Forcades más próximas al esoterismo o a la pura y simple demagogia, que a las de la epidemiología. Me estoy refiriendo a la estructura formal del razonamiento empleado para defender la posición de los padres que se niegan a vacunar a sus hijos, y de lo que se desprende de su puesta en relación con los contenidos materiales que vierte.

Sostiene Sor Forcades que los niños que no se vacunan ayudan a los que sí lo hacen a desarrollar un recordatorio natural de la vacuna, con lo cual, añade «los vacunados se benefician de los no vacunados». No estoy cualificado para valorar si es o no cierto, admitamos que lo es. ¿Y bien? Pues que si esto es un argumento más para justificar la no vacunación, estamos ante una auténtica teodicea de la liberación vacunal; como ha de haber almas pecadoras que se condenen para que así las bondadosas tomen conciencia del pecado y se salven yendo al Cielo. Sí, Sor Forcades, los designios del Señor serán todo lo inescrutables que usted quiera, pero ¿Es usted consciente de lo que está diciendo? ¿Qué diría si los nazis, en lugar de deportarlos y asesinarlos, hubieran mezclado a los niños judíos –por supuesto, no vacunados- con los niños «arios» vacunados, para que así estos vieran reforzadas sus defensas naturales?

El último razonamiento, la guinda del pastel, no vale la pena ni entrar en él. Basta con citarlo. Simplemente, la teológica exigencia de génesis lleva a esta mujer mucho más allá del más benévolo de los umbrales de la sensatez. Si, como sostiene el ínclito académico García de la Concha, la prosa de Santa Teresa es inexplicable sin la intervención del Espíritu Santo, uno se pregunta a qué hay que apelar para explicar a Sor Forcades. Al grano, como la vacuna sólo es efectiva en un 95% de casos, y la difteria, en cambio, sólo resulta mortal en un 10%... la conclusión es obvia: «Hay padres que prefieren correr el riesgo de que su hijo se muera que no que quede con una enfermedad degenerativa por intoxicación de cúmulo de vacunas, y hay que respetarlo».

No nos dice, qué curioso, es el único dato que se le «olvida», el porcentaje de niños vacunados con enfermedades degenerativas por cúmulo de vacunas.
¡Y aspira a ser presidenta de la Generalitat! ¡Qué yuyu!   Vade Retro…

VACUNAR O NO VACUNAR: LOS ORATES, LIVINGSTONE Y EL CHAMÁN (IV de IV)

 
 


Queda la última sección de estas cuatro entregas dedicadas a las reflexiones que le han sugerido a uno la noticia del niño que contrajo la difteria y al que sus padres se habían negado a vacunar aduciendo que se habían enterado por internet de la naturaleza intrínsecamente perversa de las vacunas y  de las campañas de vacunación. En realidad, con lo dicho en la segunda y tercera entregas, bastaría, pero precisamente porque la justificación aducida por los padres del niño nos remite, entre el conjunto de los que se niegan a vacunarse, a la subcategoría referida en el título, y porque no quiero perder la oportunidad de cargar contra ciertos saberes hoy tan en boga, he decidido darle un tratamiento aparte.

Porque una cosa es que me niegue a vacunarme porque me dé igual lo que pueda pasarme, porque mi religión me lo impida, porque me produzcan un miedo atroz las jeringuillas y, con tal de evitarlas, esté dispuesto a arrostrar cualquier consecuencia, o cualquier otra por el estilo, y otra muy distinta es que mi rechazo se ampare en supuestos conocimientos alternativos proferidos por charlatanes que van de científicos y de tal condición se revisten. Porque entonces no estamos hablando de convicciones irreductibles, sino simplemente de la peor de las ignorancias: la inconsciente y atrevida.

Podemos tener la impresión que los farsantes disfrazados de sabios gozan hoy en día de más prédica que nunca. Y puede que sea así, aunque puede también que sea más bien que hoy estemos en condiciones de saber que es así. El indiscriminado acceso a la información y la horizontalidad desjerarquizada, como se presenta por lo general en la «sociedad conectada», sin disponer de la formación previa requerida para discriminar con criterio da, ciertamente, pábulo a que nos den gato por liebre, y que bajo pretenciosidad científica se encubran auténticas supercherías difundidas por embaucadores, ante las cuales las almas ingenuas pueden fácilmente sucumbir. En realidad es algo que ha ocurrido siempre, sólo que hoy en día es más notorio.

El caso concreto de los antivacunas adopta un disfraz parecido al de otro tipo de supuestos discursos alternativos en "innovadores", igualmente fraudulentos, que se revisten de solvencia y fundamentación pretendidamente científica, a partir de autoinstalarse como denunciantes de una verdad oficial engañosa, y situándose a su vez en la tesitura de los paradigmas alternativos que en su momento fueron rechazados y que hoy son universalmente aceptados. Esto último es una cuestión de procedimiento, de estrategia, que ha dado, lamentablemente, muy buenos resultados a los embaucadores.

Sobran ejemplos. Tenemos, por citar algunos casos, las teorías conspirativas que niegan el atentado del 11-S a partir de supuestos cálculos que «demostrarían» la imposibilidad que el combustible vertido por los aviones fuera suficiente para derretir la estructura del edificio. O la negación de la llegada del hombre a la Luna, cuya filmación se habría realizado en un estudio de la NASA, y por eso aparecen unas sombras y un airecillo haciendo ondear la bandera, que no deberían, de haberse filmado verdaderamente en la Luna. Hasta el mismísimo Franco hizo sus pinitos en tales menesteres cuando, enterado de la primera prueba nuclear soviética, afirmó que era un montaje, y que la explosión nuclear se había simulado con otra de algo así como cuarenta millones de kilos de dinamita…

Cuando los presuntos contrasaberes se presentan como alternativos al discurso oficial, adoptan un disfraz que sitúan en un escenario de lo más efectivo. Incluso en la mejor línea Kuhniana. Igual que los detentadores de los saberes oficiales negaron a Galileo y al final tuvieron que echarse atrás, también ellos dicen representar la verdad y el eppur si muove, identificándose tópicamente con Galileo acusado de heliocentrismo, o con los que supuestamente defendían en la Edad Media que la Tierra era redonda –lo cual se sabía desde la Antigüedad, por cierto-, hasta que «la verdad» se impuso contra lo que los intereses «oficialistas» sostenían para defender sus privilegios. Todo un menjunje sincrético entre revolucionario, conspirativo y falsario, con una tendenciosamente calculada administración de cierta «información», cuyo incauto destinatario carece de «formación» para procesar y discriminar con criterio, y ya la tenemos liada.

La supuesta conversación que habrían mantenido el Dr. Livingstone y el chamán de la tribu donde se estableció, ilustra a la perfección esta indiscriminada nivelación de conocimientos, confundiendo, por supuesto, saberes con conocimiento. Intentaba el pobre Livingstone influir en el chamán, que ejercía a la sazón de médico de la tribu, para que abandonara algunas de sus prácticas curativas y adoptara «algo» de los procedimientos propios de la medicina occidental del XIX.

Livingstone argumentaba que no tenía ningún sentido recluir en una choza a un enfermo aquejado de accesos febriles, y por todo tratamiento rodear el perímetro de la cabaña con pieles de serpiente, hasta que sanara. El chamán contraargumentaba que la mayoría se curaban. Y Livingstone insistía en que una cosa era que se curaran «solos» por los propios procesos de la enfermedad, catarro o lo que fuera en cuestión, y otra que sus «terapias» tuvieran nada que ver con ello. Al final, algo crispado por la obstinada resistencia del chamán, le espetó:

-Bien, de acuerdo, pero los hay que no se curan.

-Cierto, respondió el chamán.

-Y se mueren- añadió Livingstone, convencido de estar estrechándole el cerco.

-Sí, se mueren- asintió impávido el chamán.

-¿Lo ves?- remató el británico, convencido de haber ganado la partida.

-¿Y a ti no se te mueren nunca tus pacientes?-

- Sí, claro que se mueren-

-¿Lo ves? Al final, todos se mueren- 

Según esto ¿Qué más daría la medicina chamánica que la occidental?      

Basta con malentender este diálogo, añadir algunos aditamentos de medias verdades históricas, como que los médicos de su tiempo se irritaron con Pasteur por sus recomendaciones de que se lavaran las manos, argumentando altivamente que ellos eran médicos, no enfermeras, o que las primeras vacunaciones acaso mataron a tantos como inmunizaron, debido a las jeringuillas compartidas, entre otras razones, añadir algo sobre las industrias farmacéuticas, y ya estamos casi en el discurso antivacunas. Si es que no es tan difícil.

Y para que vean que la cosa viene de lejos, no puedo dejar de transcribir estos párrafos de una carta (1755) de Voltaire a Rousseau. Es su respuesta a la lectura del segundo «Discurso sobre la desigualdad», que Rousseau le había enviado poco antes. Ahí va:

“He recibido su nuevo libro contra la especie humana y le doy las gracias por él. Nunca se ha empleado tanta inteligencia en el designio de hacernos a todos estúpidos. Leyendo su libro se ve que deberíamos andar a cuatro patas. Pero como he perdido el hábito hace más de sesenta años, me veo desgraciadamente en la imposibilidad de reanudarlo. Tampoco puedo embarcarme en busca de los salvajes del Canadá, porque las enfermedades, a que estoy condenado, me hacen necesario un médico europeo; porque la guerra continúa en esas regiones; y porque el ejemplo de nuestras acciones ha hecho a los salvajes casi tan malos como nosotros”.
Esperemos que el niño se recupere.
 

dimecres, 10 de juny de 2015

VACUNAR O NO VACUNAR: LOS LÍMITES (III de IV)



Como ya anticipé, entiendo que el rechazo a la aplicación de una vacuna puede obedecer, de entrada, a dos tipos distintos de motivación, en principio simétricos a las motivaciones del Estado para imponerla como obligatoria o no. No estamos hablando de legalidad, sino de motivación para el rechazo, que quede claro, o para su imposición. Una primera motivación respondería a la simple ausencia de otra motivación que la propia negativa, o apelando a argumentos no sanitarios ni pretendidamente científicos, en uso de la propia libertad individual. Desde el simple “no me da la gana”, hasta la teoría más conspiranoica posible, pasando por convicciones religiosas o cualesquiera otras. No se trata aquí de que una vacuna sea buena o no para la salud, eso no es el caso, sino más bien de que no me gustan, como no me gustaría, por ejemplo, que me prohibieran fumar porque es malo, o que me obligaran porque se ha descubierto que es bueno, como los que durante la ley seca americana seguían tomando alcohol de contrabando, simplemente porque querían, fuera bueno o malo para su salud. Una segunda motivación incorporaría elementos pretendidamente científicos, pseudocientíficos o religiosos al rechazo de la vacuna por lo que es, o se considera que es. Hoy hablaremos del primer caso.

Simétricamente a la aceptación o el rechazo de la vacuna, la pregunta sería si el Estado está legitimado moralmente –no digo políticamente o en términos de Derecho- para imponer como obligatoria una determinada vacuna a toda la ciudadanía o a los grupos de riesgo que considere oportunos. Y recíprocamente, si uno puede moralmente rechazarla. Y, la verdad, mucho me temo que no hay una respuesta definitiva y que la única alternativa es considerar el tema desde una perspectiva de razón práctica social. De lo contrario, acabaríamos en un dilema como el que nos plantea Sófocles en «Antígona».

No está tan lejos nuestro caso del descrito por Sófocles, con independencia de cuáles puedan ser las razones para negarse a que a uno se le administre una vacuna. Tenemos, por un lado, una razón de estado que dice pretender el bien común; por el otro, alguien que en ejercicio de su irreductible libertad individual, rechaza someterse a él.

Las razones para obligar al objetor a vacunarse parecen, en principio, obvias. Con su negativa, no sólo corre uno mayor peligro de contraer la enfermedad, sino que amenaza también con contagiar a sus semejantes. Y es reparando en esto último que sí parece razonable que el bien común deba primar sobre la libertad individual cuando esta entraña un riesgo para la sociedad. Siempre, eso sí, que no caigamos en la mojigatería de pretender estar redimiendo al réprobo, porque no se trata de esto, sino de proteger a los que no quieren morirse por contagio de una enfermedad contraída porque alguien se negó a que le administraran la vacuna. Sería, en el fondo, lo mismo que prohibirle a alguien que vaya a 200 km/h por la carretera. Si te quieres matar, mátate, pero no pegándotela con alguien que pasaba por allí y, a lo mejor, no deseaba morir.

En algún lugar leí, hace tiempo, que un tipo decidió suicidarse en Londres arrojándose al vacío desde un décimo piso, con tal mala fortuna para sus designios que fue a caer sobre un transeúnte, que justo en aquel preciso instante, pasaba por allí, con resultado de muerte para el paseante, que murió en el acto, mientras que el suicida sobrevivió, eso sí, con algunas magulladuras. A raíz de este incidente –los ingleses, ya se sabe, son muy dados a la ironía- alguien escribió un libro por título “Cien maneras de suicidarse sin molestar a nadie”.
Y ahí es dónde radica el problema, cuando el ejercicio de mi libertad, incluso si de suicidio se trata, irrumpe en la liberad del otro. Si alguien no quiere vacunarse por cualesquiera razones, muy bien, adelante, pero si tal decisión conlleva el riesgo de que se convierta en un contagiador ambulante, con el perjuicio que ello entraña para sus semejantes, entonces sí debería obligársele, por más que suponga vulnerar su libertad, ya que sería en aras al bien común. Siempre y cuando, claro, no lo tomemos como un protocolo de aplicación universal, y entendamos que hay gradaciones que requieren, para cada supuesto, una previa deliberación según el riesgo colectivo que entrañe. Es decir, huyendo de los maximalismos, una epidemia tan peligrosa como la que puede representar cualquier virus.