dissabte, 13 de juny de 2015

SE ADMITEN APUESTAS



Tengo una apuesta pendiente entre seis. Dos apostamos que no habrá elecciones catalanas el 27-S, los otros cuatro apostaron que sí las habrá. Los que pierdan pagarán la comida. La verdad es que estoy casi convencido que no las habrá, aunque debo reconocer que esto de adivinar el futuro nunca ha sido una ciencia exacta, y tratándose de un tema tan truculento, menos aún.

Hay que reconocer que los argumentos de Jorge, implicado, por cierto, en el lado contrario de la apuesta, tienen su enjundia. Es cierto que estamos ante un claro repunte de la ofensiva secesionista, después del impasse de la pugna por el liderazgo entre Oriol Junqueras con su ERC, y Mas con su CDC (ya no CIU, según parece). Ha ganado Mas. Y aunque nada indica que vaya a haber la candidatura única que a Mas le hubiera permitido subsidiarizar a ERC, todo indica que la mayoría de los personajes mediáticos del independentismo -periodistas, activistas, cantautores, deportistas, actores, desertores del PSC y hasta alguna monja argentina- participarán en este invento que es «la llista del president», con el cual Mas matará dos pájaros de un tiro: consagrarse como líder al margen de partidos y auténtico Moisés del independentismo, y neutralizar el ya no tan previsible sorpasso de ERC. También la irrupción de las CUP como tercera fuerza independentista le ha venido muy bien.

Es verdad que Mas ha sido más astuto, pero también lo es que se lo han puesto muy fácil. En ERC han pecado de pardillos, y el fiasco de las municipales siembra dudas sobre su capacidad de crecimiento, a la vez que les aleja de sus aspiraciones a liderar «el procés». Además, lo más importante, Mas tiene a su disposición el absoluto control todos los medios de comunicación catalanes. Sí, definitivamente, parece que Mas, una vez retomado el control, está dispuesto a seguir hasta el final con su nueva hoja de ruta: ser la primera fuerza en las elecciones el 27-S, mayoría absoluta parlamentaria de las fuerzas explícitamente independentistas, elaboración y aprobación de la constitución catalana, y declaración unilateral de independencia. Pero hay serios obstáculos.

El primer obstáculo es PODEMOS. Cierto que los quintacolumnistas ya se han puesto en la labor de neutralizar a los de Pablo Iglesias mediante el entrismo y las apelaciones a las candidaturas de base y todas estas monsergas, infiltradas hasta las trancas de independentistas. Pero no está claro que les salga redonda la operación. Porque hay otros obstáculos que pueden poner en peligro igualmente esta mayoría absoluta independentista, como la probable vuelta de Chacón a la política catalana.

Si PODEMOS no arranca como tal y con sus siglas, una buena parte del voto no independentista de izquierda podría ir  parar al PSC liderado por Carme Chacón. No es una política de gran talla, todos lo sabemos, pero es la figura del socialismo catalán que más se ha distinguido por su rotunda oposición al independentismo y al «procés». Goza, además, de buena prédica entre las bases electorales socialistas tradicionales del cinturón de Barcelona y las grandes ciudades, progresivamente arrojados a la abstención por las veleidades nacionalistas de los Maragall y compañía. Si Chacón recupera este voto, con el cual el PSC siempre venció en las elecciones generales, Mas tiene otro problema.

Las encuestas, las verdaderas, las que son de uso interno y no se publican, serán decisivas a la hora de decidir si se convocan elecciones el 27-S, o si se opta por agotar la legislatura y a ver qué pasa en las generales.

Tal como veo yo la situación ahora mismo, el panorama que se le ofrece al independentismo se me antoja harto complicado. Cierto que hay toda una escenificación de rearme, pero esto es de puertas afuera, una escenificación; de puertas adentro, como mínimo en los círculos más allegados a Mas y CDC, saben que la situación está muy complicada, y no se pueden permitir el fiasco de convocar unas elecciones y no obtener mayoría absoluta independentista, porque saben que sería el final.

El PP está en sus horas más bajas en Cataluña, en gran parte por la escasísima talla política de sus dirigentes, y puede quedar como una fuerza residual, pero C’s amenaza con superar de largo el techo sociológico del PP de los mejores tiempos de Vidal-Cuadras o Piqué. Y este no es el único problema de Mas por la derecha; puede tener otro incluso de mayor calado, no por su dimensión, sino por su significatividad. Se llama Unió y Durán Lleida.

No sé lo que pasará con Unió mañana, cuando se conozcan los resultados de la consulta a la militancia, pero pienso que el peor resultado para Mas sería que ganen sus partidarios, es decir, el sector independentista. Porque si Duran pierde la consulta, y al margen de que haya dicho ya que si pierde se retira, sus hasta ahora titubeantes disentimientos tendrán que materializarse en algo concreto. Y esto no puede ser otra cosa que concurrir a las elecciones con un nuevo partido. Los informes que maneja el sector de Duran, parece ser que hablan de entre cinco y ocho diputados. Y esto sería para Mas una mutilación acaso irreparable. Porque estos votos habrían emigrado de sus propios caladeros: el electorado catalanista moderado de toda la vida de CIU. Tal vez con su lista propia y con la inclusión de figuras mediáticas del independentismo, Mas consiguiera atajar la fuga de votos hacia ERC, pero perdería a su electorado moderado y poco dado a aventuras inciertas. Y puede que los empresarios catalanes no se hayan atrevido a desmarcarse del todo de CIU, porque el PP nunca ha sido una alternativa y C’s es, por ahora, otra cosa. Pero este no es el caso de Duran, que podría muy bien aglutinar a este sector que hasta hoy había votado a CIU. Sí, muy probablemente, la cifra de cinco hasta ocho diputados sea plausible. Y para Mas sería un desastre sin paliativos. Si yo fuera Mas, preferiría que mañana ganara Duran.

Tampoco por la izquierda el independentismo se las puede prometer demasiado felices. Ya no estamos en los días del 9-N y su consulta/mojiganga. Por entonces no estaba PODEMOS y el PSC pasaba sus horas más bajas. Ahora, los independentistas del PSC ya se han ido casi todos y están con Mas o en ERC. Aun así, los socialistas aguantaron relativamente bien el tirón en las municipales. Se hundieron en Barcelona ciudad, sí, pero mantuvieron Tarragona, Lleida y la mayoría de ciudades del cinturón. El certificado de defunción que se había decretado se ha demostrado, como mínimo, precipitado. Todavía puede dar guerra, y si presentan a Chacón, aún más.

PODEMOS, por su parte, deberá decidir qué dirección toma en la encrucijada en que se encuentra. Está por el derecho a decidir, sí, pero para decidir otra cosa, no la independencia. La presencia de independentistas en sus candidaturas municipales ha sido, en mi opinión, superestructural, como lo fue en su momento la de nacionalistas en el PSC. El votante independentista sabe muy bien a quién votar, tiene a Mas, a ERC y a las CUP. Y no está para experimentos.  No creo, la verdad, que haya habido voto independentista en las candidaturas auspiciadas por PODEMOS en Cataluña, o como mucho, sería residual. Y esto es lo que hay. Si PODEMOS lo entiende, y pienso que ni Iglesias ni Errejón son tontos, caerán en la cuenta que los mejor que pueden hacer es presentarse con sus siglas y sin complejos. Y hay mucha más gente de la que se piensa que, sí, quiere decidir en un referéndum, pero para decidir «no».

Y finalmente, la tozudez de los hechos. El electorado independentista no aumenta, sino que incluso disminuye, sobre todo porcentualmente en la medida que los no independentistas, ya se trate de federalistas, unionistas, españolistas o simplemente indiferentes a la política, pero no independentistas, está despertando, sale del armario y de la abstención.  Todos los votos que provengan de la abstención serán claramente no independentistas. En el independentismo, por su parte,  siguen estando lo que son y son los que están. Ni uno más. El trasvase de votos independentistas de una a otra formación funciona como vasos comunicantes. O si lo preferimos, toda su energía es constante, claro, pero también toda ella está en estado cinético.

La suma de lo que pueden obtener PSC, PODEMOS, PP y C’s, incluso con la escorada ley electoral catalana favoreciendo las zonas más despobladas, donde precisamente el independentismo es mayoritario, puede superar de mucho a todo el bloque independentista Mas+ERC+CUP. La evolución de las encuestas será decisiva ciertamente, pero la tendencia va por ahí. Por más escenificaciones que se pergeñen. Con las cosas así, no creo que Mas convoque elecciones.
Por eso he apostado una comida a que no habrá elecciones el 27-S.

2 comentaris:

  1. Jajajaja.
    Comeremos a tu salud Xavier. No te faltan argumentos pero con los nacionalismos los argumentos, por muy brillantes, elegantes o persuasivos que sean, se dan de bruces con la tozudez de una irracionalidad cuya fuerza nunca debe ser menospreciada.

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  2. Ya veremos a la salud de quién comemos, ya veremos. Es verdad lo de la irracionalidad, y que la Cataluña desconectada padece una situación de solipsismo político agudo. Pero el poder es el poder, y si ven que no sacan mayoría independentista, organizará alguna otra astracanada para no convocarlas; no sé, como que ERC no ha cumplido lo pactado o así. En cualquier caso, comeremos. Lo que todavía no está claro es quiénes serán los paganos.

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