dimecres, 8 d’octubre de 2014

¡OH MONTORO!



A Montoro se le ha diluido la sonrisa conejil que lució en su comparecencia ante el Parlamento para explicar los progresos de Hacienda en la investigación sobre el caso de “los Pujol”. Ahora dice tener el corazón destrozado. Ha sido a la inversa que con el inolvidable gato Cheshire, que desaparecía y quedaba sólo su sonrisa; a Montoro se le fue la sonrisa, sí, pero quedó él. Una lástima.

¿Pero por qué Montoro se reía tanto hace sólo unos días y ahora no sólo no se ríe, sino que está destrozado? Montoro está triste ¿Qué tendrá Montoro? ¿Será que se refocilaba por el momio de “los Pujol”, y ahora que sus más tiernos amigos han sido pillados tirando de tarjeta negra, tal refocilo se tornó en hieles?

Siempre que se pilla a un delincuente, la autoridad competente debería, si no reírse como Montoro, sí como mínimo mostrar su satisfacción por el buen funcionamiento de los cuerpos encargados de perseguir a tanto golfo como hay por estos pagos; y por el triunfo de la justicia sobre la delincuencia. Pero ahora se trata de sus amigos, y no se ríe ¿Hubiera preferido Montoro que no los pillaran?

Porque si Montoro se reía porque al haber pillado a una familia de chorizos metidos en política que eran sus rivales, esto iba a favorecer su causa, y ahora no se ríe porque han trincado a sus amigotes, Montoro no sólo no merece ser ministro, sino que se sitúa a la misma altura moral que los Pujol, los Blesa o tantos otros que… ya son demasiados.

Y además, que cada día se esté confirmando que la corrupción entre la clase política de las Españas es sistémica, no sé a ustedes, pero a mí, sea quien sea el trincado, no me produce ninguna risa, sino más bien desazón. Algo muy distinto a la tristeza que ahora siente Montoro.
¡Montoro! ¿Por qué no haces como el gato Cheshire? A lo mejor hasta nos acabaría gustando tu sonrisa sin ti.

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