dissabte, 1 de març de 2014

LA FRIVOLIZACIÓN DE LA MEMORIA (¿MEMORIA O INTELIGENCIA? I de III

 
 
Tengo para mí como algo insólito que tanto emboscado como hay siempre acechando y dispuesto a criticar el ejercicio y la incentivación de la memoria en el sistema educativo -empezando, por cierto, por el propio sistema educativo que padecemos-, nunca se les "olvide" de arremeter contra dicha facultad psíquica a la menor oportunidad. De ello debo inferir que, o bien estamos entendiendo cosas distintas bajo el mismo término, en cuyo caso estaríamos ante un malentendido, o alguna de las partes no es consciente del uso que hace de la memoria que tanto critica. Sí, ya sabemos que la memoria nos engaña, hasta que la estamos editando en cada momento, y que olvidamos. Pero supongo que tampoco nadie renunciará a andar porque «descubra» que sólo dispone de dos piernas y preferiría tener cuatro.
Literatura filosófica, psicológica y neurológica la hay en abundancia para, si se trata de un malentendido, enmendar este error mediante el estudio y la lectura. Si se trata, en cambio, de una actitud auto legitimadora, porque esté de moda o porque se vendan libros denostándola, digamos entonces que puede tratarse de actitudes comprensibles, pero no demasiado honestas. ¿No será que estamos proscribiendo aquello en lo que no destacamos? Ya se sabe, de noche todos los gatos son pardos o, como decía Hegel, todas las vacas, grises.
Viene tal vez a cuento de todo esto la perplejidad de Descartes cuando se sorprendía al constatar que había conocido a mucha gente que proclamaba sin el menor empacho aquello de "No, si inteligente yo ya lo soy, lo que ocurre es que tengo una memoria fatal" y, en cambio, no haber topado nunca con nadie que le dijera "yo tengo una memoria excepcional, pero soy muy poco inteligente".
Sí, el mismo Descartes que luego, en aquel arsenal de ideas brillantes que son las Regulae, nos recordaba -cito de memoria- que no por haber memorizado la República de Platón o un tratado de geometría, seremos filósofos o matemáticos. ¿Significa esto que Descartes compartía los despectivos criterios sobre la memoria que sus detractores actuales? No, claro que no. Simplemente que la memoria es una condición necesaria, pero no suficiente. Añado de propia cosecha, si hay entendimiento sin memoria, es decir, sin datos que procesar, no puede haber inteligencia. Exactamente igual que un procesador de última generación no nos servirá de nada sin un disco duro de memoria. Se puede externalizar, dicen los detractores de la memoria, y entonces entra en escena la majadería papanatas de los fascinados por las nuevas tecnologías y el acceso a la información. ¡Como se reiría Descartes!
¿Y la memoria sin inteligencia? Bueno, de eso vamos a hablar en la próxima entrega, a propósito de Funes y el loro.


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