diumenge, 22 de desembre de 2013

DEL CLIENTELISMO AL MASOVERISMO (La superación dialéctica terricabriana) (III de III)



Y este era el gran problema que supo captar la genialidad de Terricabras: psicológicamente, la idea del funcionario desaparecía con el planteamiento de CIU, pero sociológicamente, y hasta si me apuran ontológicamente, no; porque sigue habiendo allí un tío ocupando un cargo del que no puedo prescindir. Que el tío no sea el mismo siempre, es lo de menos, al fin y al cabo también concursan y se jubilan los actuales funcionarios, amén de otras maneras de sacárselos de encima. No, el problema es el puesto en sí, y a por él hay que ir.  Y para este cometido, nada mejor que el director-masovero. Porque el masovero no está para aplicar la ley en nombre del amo, sino para ser él la ley, con la única condición, eso sí, que no le complique la vida al amo... Los ingenuos de CIU o del PP no habían reparado en ello. Terricabras, sí.

El modelo de organización de los institutos en Cataluña bajo esta óptica ha sido impecable. Se ha empezado por erosionar la estructura, y una vez esta esté desmantelada, se irá a por los agentes que la componían, ya sin atribuciones. Seremos funcionarios mussilianos. Si sigue manteniéndose una cierta inercia es por la pervivencia de una  vaga tradición de sentido común; los contenidos formales que permanecen después de la desaparición de los materiales, como las estrellas que seguimos viendo porque su luz nos llega después de su extinción real. Pero dentro de poco ya ni eso. No estamos hablando de una estrella a cuarenta millones de años luz. Tienen prisa.

¿No puedo despedir a los funcionarios? pues iré a por sus funciones y cargos. Eso sí que se puede hacer. Y cuando la primera fase esté consumada, a por la segunda. Es la frívola avidez de los políticos convertida en materia de la astucia de la razón terricabrina. Así es como, de la simple frivolidad de clientelizar a los funcionarios, como si regresáramos al siglo XIX, el agroindependentismo, suprimiéndolos de iure, supo ir más allá que los burguesitos neoliberadores de CIU y les enmendó la plana trascendiéndolos de largo. Desde entonces, duermen en su regazo... el sueño de los tontos.

Cabe una última pregunta. El modelo «masover» se empezó aplicando en la enseñanza ¿Por qué? ¿Hay alguna razón para ello?
 
Pues sí. Ahí también el dilecto Terricabras afinaba más que Mas y sus pinyoleros. Empezando por la educación se aseguraban varias cosas. Por un lado se trataba de un sector funcionarial con unos sindicatos mayoritarios  mansos como corderos y glotones como gorrinos -no en vano dos de ellos desertaron en el momento clave de la lucha contra la LEC-. Por otra parte, se garantizaba así que los supuestos destinatarios del servicio, los futuros ciudadanos hoy adolescentes, no se enteren o, mejor aún, no se forjen jamás un criterio sobre lo que se ha pensado para ellos en el nuevo orden. Y eso también es una póliza de seguros contra una posible objeción al modelo agroindependentista: Si las estructuras políticas y sociales del siglo XIX llevaron a las del infausto XX ¿Qué nos asegura que las del «masover» del XVII no evolucionarán ahora hasta las del XIX?

Buena objeción, pero no sirve. Porqué esta vez no habrá una revolución como la francesa, que fue la que lo echó todo a perder. Y para que no haya tampoco nunca una nueva Ilustración como la que la provocó, por eso se empieza por la enseñanza.

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