dilluns, 1 de juliol de 2013

LA REVÁLIDA COMO NÉMESIS (II de III)



Todos sabemos como a final de curso cualquier docente empieza a recibir las debidas presiones para que “apruebe”. Y dichas presiones, contra lo que en principio podría parecer, no proceden necesariamente de los directamente afectados, es decir, de los alumnos o de sus señores padres y/o señoras madres… No, la mayoría de presiones y exigencias, frecuentemente bajo la forma de amenazas, veladas o explícitas, proceden de estos neoautócratas educativos que son las direcciones de los institutos,  debidamente avalados por la inspección educativa, y de la propia Administración. En el segundo caso porque hay que guardar las apariencias –algo muy ad usum entre la clase política y los burócratas-; en el primero porque, investidos hoy en día de un poder quasi omnímodo en su instituto –muy especialmente en Cataluña, desde donde escribo-, consideran que si hay muchos suspensos, el centro perdería "prestigio" en su barrio y la gente se iría a otro instituto donde se aprobara más fácilmente. No les falta razón, por cierto, porque esto ha ocurrido ya en demasiados casos.

Si a esto le añadimos que estos gañanes están imbuidos de un culto servil al poder pedagógico en que han sustentado sus mediocres carreras –la mayoría no tienen el menor mérito académico, sólo afán de medrar y capacidad para la adulación- resulta entonces que, a falta de cualquier control externo, entre la pedabobería, la burocracia y los trepas, se han llegado a causar auténticos estragos: adaptaciones curriculares, flexibilizaciones igualmente curriculares, supresión de determinados contenidos del programa, aprobados por la “cara”, presiones y desautorizaciones a los profesores que no tragan… y un largo etcétera que, quien sea docente, no podrá por menos que reconocer como algo desgraciadamente habitual desde los desdichados tiempos en que nos cayeron encima la LOGSE, los pedagogos y, ahora, los directores investidos como capataces el instituto-cortijo. Y si luego resulta que el alumno no ha aprendido –aunque no se haya presentado por clase en todo el curso-, la culpa es del profesor, claro... porque no supo motivar. Pues bien, contra todo este cúmulo de prácticas nefandas, sí puede ser efectiva la implantación de exámenes de grado externos, de reválidas. Puede incluso que sean su némesis.
(Continuará)
 

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