dissabte, 24 de gener de 2015

PROCESANDO EL «PROCÉS» (II de IV)



Porque si el contexto sigue siendo adverso ¿es que entonces confían los líderes independentistas en su capacidad de subvertirlo mediante una política de hechos consumados que dejarían sin capacidad de reacción al Estado y paralizados, o en el mejor los casos indiferentes, a los países de nuestro entorno?

¿O por el contrario, y aun conscientes de la irresolubilidad del problema contextual, como mínimo a corto y medio plazo, siguen adelante porque no pueden hacer otra cosa, atrapados en una corriente tan poderosa que impide cualquier cambio de rumbo, aunque sepan que lleva directamente al maelstrom?

No figura entre las limitadas capacidades de uno la de la profecía, ni la de leer en las mentes ajenas. De  modo que a lo único que nos podemos atener es a los hechos y tratar de entenderlos. De modo que, o los dirigentes secesionistas son conscientes del contexto adverso y están tratando de aplacar a las masas que ellos mismos enfervorizaron prometiéndoles el cielo independiente para el Sant Jordi del 2015, o, por el contrario, minimizan la dimensión real de tal contexto y piensan que una política de hechos consumados, como la del recorrido que describe Jorge, bien puede llevar a la Arcadia independiente hacia la cual manifiestan explícitamente y sin tapujos que están determinados a dirigirse a cualquier precio.

Porque, de otro modo ¿Cómo entender el anuncio de la creación de estructuras de estado en un escenario donde tales estructuras serían manifiestamente ilegales y, de una u otra forma, forzarían la intervención directa del Estado? ¿Cálculo o desesperación?

Una antinomia desde luego difícil de dilucidar ahora mismo y a la vista de los hechos. Cierto, de puertas afuera se actúa como si nada ocurriera, y sigue adelante el proceso de hagiografización de Mas frente a un Junqueras debilitado, que tal vez haya perdido ya su oportunidad. Pero se trataría en definitiva de la disputa de un voto que funciona a la manera de vasos comunicantes entre CIU y ERC, y no tiene tampoco porque debilitar necesariamente el «procés», sino, en todo caso, definir quién va a liderarlo. Podría ser, y desde luego que no digo que no, pero también cree uno advertir ciertos síntomas de agotamiento y de reflujo que, acaso sean sólo apariencia, pero acaso no. Veamos.

Partiendo de la base que el secesionismo explícito comienza con el viraje de la CDC de Mas el 11 de septiembre de 2012, lo cierto es que desde entonces no parece que el independentismo haya incorporado demasiado componente ciudadano no nacionalista. Sí se produjo un recalentamiento interno del nacionalismo catalán que le llevó a explicitarse como independentista. Y puede que este fuera el error de Mas al anticipar elecciones y perder una docena de diputados que fueron a parar a ERC. Desde entonces, ERC dio su absoluto apoyo al gobierno de Mas, transigió con sus corruptelas y avaló sus desmanes a cambio de una progresiva radicalización independentista que intensificara un «procés» cuyo punto álgido se dio entre el 11 de septiembre de 2014 y el 9 de noviembre, en que tuvo lugar el referéndum barbacoa de Mas. En clave interna nacionalista, el resultado de la payasada fue el relanzamiento de la figura de Mas –gracias a los favores del Estado- y el inicio del declive de ERC, cuyo máximo momento fue el 11 de septiembre. Hasta entonces, todos los sondeos anunciaban el ascenso imparable de ERC y el naufragio de CIU. El día después de la seudoconsulta, esta tendencia empezó a invertirse.

Es innegable que Mas supo recuperar la iniciativa y que, en mi opinión al menos, ERC se vio superada por los acontecimientos y no supo reaccionar. Discrepo en esto de Jorge: no creo que el problema de ERC sea sólo de falta de cuadros, sino que también carece de políticos de talla mínimamente aceptable. Es cierto que Mas tuvo a su favor todo el aparato mediático y a los quintacolumnistas, y que a ERC se le presentó un escenario para el cual no estaba preparada, por más previsible que fuera. Y quizás la razón de su incapacidad se encuentre en su torpe política de sumisión a los dictados de Mas durante los dos últimos años cuando, creyendo que el viento soplaba a su favor, cuando en realidad  Mas sólo esperaba su oportunidad. Y cuando la tuvo, la aprovechó… para asombro de Junqueras.          
Parto de la base que, personalizando en sus líderes, a Mas le interesa sobre todo el poder, mientras que para Junqueras –sollozos incluidos-, el objetivo primordial es la independencia. CDC es un partido de poder y dispone de una red clientelar poderosísima en Cataluña, tejida a los largo de más de treinta años, que abarca todas y cada una de las distintas esferas y órdenes de la sociedad. El papel de ERC en todo este montaje, y para el cual se la diseñó desde el pujolismo, fue el de avanzadilla de combate para aquellos frentes en los a CIU no le convenía estratégicamente intervenir, presentándose como se presentaba por entonces como un partido de gobierno y de orden. En el pesebre nacionalista, CIU era el seny y ERC la rauxa Iniciativa y, las CUP, a su vez, los bufones-. Y a cada cual lo suyo: unos a gobernar y a ganar dinero; los otros a pringar y a comerse los restos del banquete. La subordinación de ERC a CIU es de orden más psicológico que político. Por eso nunca ha sabido ni podido aprovechar sus oportunidades, si de arrebatarle la hegemonía a CIU se trataba.

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