divendres, 23 de gener de 2015

PROCESANDO EL «PROCÉS» (I de IV)



¿Se consuma el souflée? ¿Pausa para tomar carrerilla con redoblada intensidad? ¿Desencanto y desmovilización? ¿Un paso adelante, dos pasos hacia atrás? ¿Administración racional del resuello?...

Se ha oído prácticamente de todo desde que empezó el linchamiento mediático de Oriol Junqueras, llevado a cabo por los medios afines al President, es decir, todos los de Cataluña, sin distinción de públicos o privados. Unos piensan que el procés  ha entrado en reflujo, otros que sigue su hoja de ruta y que, en todo caso, está haciendo acopio de fuerzas, pero que muy pronto pasará de nuevo a la ofensiva.

De entre las páginas seguidas desde Vora la platja, me permito destacar las interesantes observaciones de Jorge cuando hace especial hincapié en, por decirlo así, el irredentismo como característica constitutiva del nacionalismo y su condición de inasequibilidad al desaliento. El movimiento secesionista, nos dice,

“(…) ha repostado y ha recibido suficiente combustible para proseguir su marcha. Cierto es que no es una gasolina de primera calidad, sin impurezas, pero puede seguir adelante. Muchos secesionistas han recibido el acuerdo entre CiU y ERC con poco entusiasmo, frialdad e incluso con desconfianza como anotaba,preocupado, mi Jiménez Losantos particular. Pero de ahí a que el movimiento haya descarrilado o que las luchas intestinas auguren su final va mucho. Es más, ERC, que demuestra que aunque le falten cuadros para dirigir eficazmente un estado tiene políticos de mayor categoría que CiU, aunque igualmente ignorantes de la coyuntura internacional y de la capacidad del Estado español, se ha apercibido - tras el simulacro del 9N - de que los independentistas podrían perder un referéndum y que, de hecho, el apoyo a la ruptura con España está empezando a rechinar y a haber un cierto riesgo de que una buena parte de los secesionistas de aluvión decidan dar marcha atrás si las puertas del cielo prometido no se abren ya. Por ello considera que con las elecciones del 27S hay suficiente y que es preferible, como sostenían los sondeos, concurrir en listas separadas: con el sistema electoral catalán vigente y la atomización del voto unionista y españolista, la mayoría absoluta de los secesionistas en escaños es casi segura. Da igual que no lo sea en votos: se toman como un plebiscito, confundiendo planos de representación, y se empieza a redactar una Constitución que, con el terreno abonado, difícilmente recibirá un "no". Y en el caso de que lo obtuviera, se podría interpretar como un rechazo de "una" Constitución catalana que no de la independencia de Catalunya, con lo cual a redactar otra. Mientras, a seguir "ejerciendo" la independencia (…).”

Un análisis ciertamente interesante, y muy en la línea del lúcido pesimista que es, Jorge apunta hacia las tripas del «procés», o hacia la cocina desde donde se está reconduciendo, acaso con unas dosis de pragmatismo y de cálculo que, de ser cierto, comporta una inteligente administración de las pasiones bajo los dictados del cálculo político que, hasta ahora, no se les presumían a los dirigentes independentistas. De ser así, nos estaríamos dirigiendo hacia escenarios mucho más inquietantes que los de hasta ahora, muy particularmente si desde las filas unionistas y españolistas, se está oficiando un funeral sin difunto. Eso sí, la reticente ignorancia sobre la coyuntura internacional y la capacidad de reacción del Estado sigue ahí, sobre el tapete, como formando parte del ADN nacionalista sin posible solución de continuidad.
Claro que, si esto es así, y si a la vez presumimos una cierta inteligencia política en el diseño de una hoja de ruta que ahora tantos anuncian como descarrilada, el supuesto talón de Aquiles de la ignorancia contextual y autorreferencial del independentismo pasa a ser entonces no su punto débil, sino incluso la mismísima condición de la posibilidad de que el «procés» siga adelante. ¿Pero hacia dónde y hasta cuándo?

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