dissabte, 10 de gener de 2015

MOROS Y CRISTIANOS: EL PROBLEMA Y SU DOBLE NEGACIÓN (I)


 
HACE UN SIGLO, EUROPA ERA RACISTA; HOY EL PARADIGMA ES EL MULTICULTURALISMO. SIGUE SIN ENTERARSE...
 
 
De entrada, vamos a dejar meridianamente algo que con demasiada frecuencia se nos escapa a los coetáneos de hoy: Las exigencias metafísicas y teológicas del Islam son más o menos las mismas que las del Cristianismo. Y este «más o menos» no refiere a diferencias significativas. Otra cosa muy distinta es el recorrido que han seguido en las respectivas sociedades en que históricamente se asentaron y las vicisitudes experimentadas a lo largo de dicho recorrido por la historia.
Desde esta perspectiva, la diferencia entre ambas religiones y sus modelos sociales, con las correspondientes derivaciones políticas que de ellas se desprenden, se da en sus distintas trayectorias históricas, ya desde el mismo momento fundacional y, consiguientemente, en la forma como se extendieron e implantaron. En realidad, el islamismo surge en el vecindario geográfico del cristianismo y en gran medida se inspira en él, así como ambos en el judaísmo, sin que por ello, o acaso debido a ello, dejen de compartir el antijudaísmo como una de sus pulsiones fundacionales.
Cuando la Hégira, en el 622 de nuestra era, la práctica totalidad del Mediterráneo estaba, al menos oficialmente, cristianizada. A un lado, vecino de la cuna del Islam, el imperio bizantino, todavía geográficamente intacto, y la Persia Sasánida; dos grandes potencias sumamente debilitados por las guerras que venían sosteniendo entre ambos desde el siglo anterior. Al otro lado, en el oeste mediterráneo y todavía en fase de gestación, los distintos reinos germánicos que habían surgido con la desintegración del Imperio Romano de occidente, todos ellos más o menos cristianizados y con el vínculo común de su obediencia espiritual al Papa de Roma, cuya autoridad religiosa se extendía a todos los católicos romanos, incluido el Imperio Bizantino. También, seguimos en el Mediterráneo occidental, buena parte de la península itálica estaba también en manos de los bizantinos, así como la antigua provincia de Cartago en el norte de África y la franja costera del sudeste ibérico.
Los territorios en los que se implantará el Islam, serán precisamente la mayor parte de los que acabamos de enumerar. Desde la península arábiga, se instaurará la capital en Damasco, y bajo el califato de los Omeyas, se extenderá por oriente sobre Mesopotamia y Persia, llegando hasta los confines de la India; y por occidente a lo largo del Mediterráneo, desde Egipto hasta Tánger y Mauritania. De allí saltaran a Hispania y llegarán hasta Tours, donde serán detenidos por los francos de Carlos Martel en Poitiers. Tras la derrota, se fortificarán en la avanzadilla prepirenaica de Carcasona y el sur de Italia y Sicilia, donde permanecerán durante más de dos siglos; ocho en la península ibérica.
Hay dos aspectos que es interesante resaltar. El primero, que desde el momento fundacional del Islam, la hégira de Mahoma de La Meca a La Medina en el 622, hasta la batalla de Tours en el año 722, que marca el umbral de su máximo momento de expansión occidental, va sólo un siglo. En apenas cien años, se había pasado de una pequeña comunidad al poderoso Califato Omeya de Damasco, que abarcaba desde la India hasta Mauritania; un dato a tener en cuenta, por más lejano y desconectado del momento actual que nos pueda parecer a simple vista, y aun al precio de que se nos acuse de historicismo arqueológico.
El segundo, que deriva en buena medida del primero, es que de acuerdo con en el mensaje universalista del Islam -y por tanto intrínsecamente expansionista- así como por la rapidez de su expansión y la inevitable improvisación que comportó, el vínculo que unía a todos los territorios anexionados en apenas un siglo, fue antes religioso que político. La dualidad entre los poderes temporal y espiritual que había caracterizado al cristianismo romano, se dará ahora bajo una sola expresión que los une bajo unos mandatos religiosos alrededor de los cuales se estructuran todos los territorios islamizados. La administración política y la religiosa serán en la práctica sólo una, y su fuente de legitimidad será la religiosa.
 
(Continuará)
 


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