diumenge, 20 d’abril de 2014

MIOPÍAS POLÍTICAS COMO FORMAS ADAPTATIVAS




De entre las intervenciones y los correos recibidos a propósito del post del referéndum, destacaré el de Jorge, no sólo por su siempre lúcido pesimismo, sino también porque recoge un sentir general que se sintetizaría en la exclamación final: ¡Lástima que la miopía política de las clase políticas españolas sea incurable!.

Ya dije en cierta ocasión que si el nacionalismo catalán carece del sentido del humor, el español carece del de la ironía. Por ello, la autoestima del nacionalismo catalán se resuelve en auto compasión, de ahí su victimismo constitutivo; la del español, por su parte, en auto odio, de ahí su arrogancia, también constitutiva. Estas carencias manifiestas son, por supuesto, la expresión de otras que subyacen latentes.

Sí, como afirma Jorge, casi seguro que la miopía de la clase política española es incurable, porque tal miopía es constitutiva e inherente al modelo de España que se ha construido. España aparece como nación política con las Cortes de Cádiz. Allí empieza un proceso al final del cual los legitimistas, los dinásticos y, en general, los partidarios del viejo orden, se envuelven en la bandera de la nación y en el nombre de España que, de tanto haber combatido, acabaron apropiándose haciendo de su capa un sayo. 

Este es el gran problema de España, que de la capa se hizo un sayo. No debemos olvidar que mientras los Riego y los Torrijos decían ¡Viva España!, sus enemigos gritaban ¡Viva el Rey! Este proceso culmina con la Restauración, se consolida definitivamente con la guerra civil y supone el secuestro de la idea de nación política, y su impostación escenificada por un simulacro grotesco de ella, amplísimamente arraigado por toda la geografía española. Los descendientes de los que gritaban ¡Viva el Rey!, o lo pensaban, son los actuales nacionalismos español, vasco y catalán. Sus élites políticas están hechas a la realidad de un sayo hecho con una capa; para poder medrar y sobrevivir en este entorno, los políticos necesitan ser miopes. Es un tema de adaptacionismo darwiniano; de  lo contrario, no podrían sobrevivir en este entorno. 

Sí, ya sé que es muy difícil que, con semejante panorama, se reaccione con ánimo de previsión y se convoque un referéndum. Las luces no es que brillen ni a uno ni a otro lado, precisamente. Es más bien un duelo de enanos. Quizás no sea ni un choque de trenes lo que vaya a producirse, sino de vetustos carromatos. Pero no por ello deja de ser la última oportunidad.

Que con estos mimbres no se pueda hacer un cesto no significa que no sigamos necesitando un cesto.

1 comentari:

  1. Mucho me temo, Xavier, que posturas ponderadas como la tuya no abundan ni por aquí ni por allá. Enhorabuena por los artículos sobre la cuestión catalana: excelentes.

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