diumenge, 27 d’abril de 2014

EL OCHO PORTUGUÉS


 
Que Colón fuera o no catalán es en el fondo un tema anecdótico. Lo que no es anecdótico, en cambio, es lo que nos cuenta en una entrevista Juan Meléndez, autor del altísimamente recomendable "De Tales aNewton". Todavía en tercero de carrera, la mayoría de alumnos creen que en los tiempos de Colón se pensaba que la Tierra era plana y que él era el único iluminado que defendía su forma esférica. Según esto, claro, la discusión con los sabios de Salamanca consistió en que, mientras Colón defendía la posibilidad de navegar hasta lo que hoy es América, los otros se agarraban a la imposibilidad de tal viaje porque la Tierra era plana, Y no es anecdótico porque es gravísimo. Gravísimo porque quien piense esto está irremisiblemente condenado a no entender nada de lo que allí se estaba ventilando.
A mí lo que siempre me ha interesado de este debate es el enigma que sugiere. Es bastante verosímil que Colón, siguiendo a Posidonio, considerara la Tierra más pequeña de lo que es en realidad y que por esto considerara viable el viaje en carabela hasta Cipango y Katay, y que, por contra, los sabios de Salamanca se basaran en las mediciones de Eratóstenes, casi idénticas a las actuales, y supieran, en consecuencia, que tal viaje era imposible. Y no sólo llegar, sino también y muy especialmente, volver.
Según esto, los que tenían razón eran los sabios de Salamanca y Colón jamás hubiera regresado de su viaje si entre Finisterre y Japón no se hubiera topado con América. La «suerte» de Colón habría sido su error al pensar que la Tierra era más pequeña y, al no ser así, en el lugar donde podía esperar, más o menos, encontrar Katay, se encontrara con América. Porque nunca hubiera llegado a Katay.
De todas maneras, hay algunas cosas que no acaban de cuadrar en el sentido que hay ciertos indicios que dan a pensar que Colón sabía muy bien la ruta que iba a tomar. Cuando emprende su primer viaje a las Indias, desciende hasta las Canarias, donde reposta y aprovecha para estar con su amante, esposa del gobernador de la Gomera. Que descienda tanto al sur demuestra que sabía muy bien lo que hacía y que tenía un conocimiento muy claro, como mínimo, del sentido rotatorio de los vientos en el hemisferio norte. A esto se le ha llamado, considerando el sentido inverso que seguían en el hemisferio sur, el ocho portugués. En el hemisferio norte el sentido era el de las agujas del reloj, en el hemisferio sur, el contrario. Por eso descendió hasta las Canarias, para coger vientos favorables, y por esto regresó por el norte.
Que Colón tuviera conocimiento del ocho portugués puede no ser sorprendente si consideramos el tiempo que pasó allí, aunque no se sepa tampoco muy bien a qué actividades marinas o de estudio cartográfico se dedicó. También hay que tener en cuenta que en aquella época, y sobre todo para los portugueses, las cartas náuticas eran un secreto de estado cuya custodia correspondía exclusivamente al capitán, sin que ni la oficialidad ni el piloto tuvieran acceso a ellas. Simplemente, después de realizar sus cálculos, el capitán indicaba el rumbo a seguir al oficial de guardia, quien a su vez se lo trasmitía al piloto.
Los portugueses llevaban más de cien años con un proyecto de estado consistente en establecer una ruta que llevara hasta las Indias orientales por el este, doblando el cabo de Buena Esperanza. Bajaban hasta Cabo Verde, y de allí se orientaban hacia el sudoeste para seguir los vientos favorables, describiendo un círculo hasta  el  Cabo de Buena Esperanza. La ruta de regreso era inversa, desde Buena Esperanza se bordeaba la costa africana hasta que, llegados a Cabo Verde, se dirigían hacia el noroeste y norte, en el sentido de las agujas del reloj, hasta las Azores y, de allí, hacia el este de regreso a Portugal.

 

Cuesta pensar que, vista la ruta y lo cerca que pasaba en ciertos momentos de las costas brasileñas, los portugueses no tuvieran noticia de ello. Y todavía cuesta más creerlo si pensamos que, en el tratado de Tordesillas (1498), que reparte las esferas de influencia castellana y portuguesa en Sudamérica, estos últimos demuestran un más que notable conocimiento cartográfico del continente americano, sólo seis años después de que Colon realizara su primer viaje.
Qué sugiere todo esto. Pues no lo sé, claro, pero tal vez que los portugueses supieran que había un continente algo más allá al oeste del Atlántico, pero que no les interesara porque no les servía para nada en sus proyectos de llegar a la India bordeando el Cabo de Buena Esperanza. Y que acaso Colón tuviera acceso a esta información privilegiada.

Si esto fuera así, la adscripción a las mediciones de Posidonio pudiera haber sido un pretexto para hacer creer que allí estaba Katay. Una cosa está clara, si los portugueses tenían noticia de un continente y no les interesó, tenía que ser por fuerza porque sabían que no era Asia, ya que de lo contrario no se hubieran molestado en seguir bordeando África. Y si los portugueses lo sabían ¿Lo sabía también Colón?
Ya en su primer viaje, Colón demuestra que sabía muy bien cómo ir y cómo volver. Otra cosa es que supiera a dónde iba. Parece ser que él siguió pensando hasta su muerta que Asia tenía que estar por allí, y que el que estableció que aquello era un nuevo continente fue Américo Vespucio, del cual tomó su nombre en un acto de cierta injusticia histórica. Pero entonces ¿Qué era lo que sabían exactamente los portugueses?

Lo más probable es que nunca lo sepamos.



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