dimecres, 27 de gener de 2016

¡Viva el gallinero! Ahí están los que saben




A Podemos le han castigado a estar en el gallinero del parlamento. No se podía esperar menos de la caspa, que no de los piojos, y así ha quedado la cosa. La señora de Arriola puede estar tranquila, nadie se le acercará, ni siquiera los piojos.

Mi abuelo materno, autodidacta, iba al gallinero del Liceo de Barcelona, y fue el encargado de mantenimiento de los instrumentos musicales –afinarlos, repararlos si algún hispter de la época los destrozaba, y cosas así- en el evento de la Feria Universal del 29 en Barcelona. Iba al gallinero del Liceo, donde estaban los que sabían cuando aplaudir; por eso los palcos y butaca, menos entendidos y más ocupados en otras cuitas, esperaban a ver qué hacían los «galliners» con respecto a la representación: aplaudirla o pitarla. Más prosaicamente, en los cines sin gallinero, cuando, como acostumbraba a ocurrir en otros tiempos, el celuloide decía que "prou" y se interrumpia la proyección, nadie avisaba con silbidos y chuflas... de tan educados que eran, o de tan "despistados" que estaban. Alguien ha de avisar, sólo que algunos no quieren enterarse.

Si algo demuestra que esta prometida izquierda no lo es tanto, de prometida, es su bisoñez impostada, es su pasión por figurar, ignorando lo que es la izquierda de vedad, no la mediática y posturera. Todavía no se han enterado de que estar en el gallinero es un honor: ahí están los que saben y entienden. Por una vez, me gustaría estar en el parlamento para estar en el gallinero. ¿Esperarán sus “seños”, muy ocupadas en otros menesteres, a ver qué hacen en el gallinero para saber si han de aplaudir o pitar al orador de turno, según el caso?

Estar en el parlamento español en el gallinero debería ser motivo, no de queja, sino de orgullo, porque ahí están los que saben, cosa normal en un país donde tenemos –estadísticas europeas- a los ricos más burros e incultos del orbe. Además, tiene otra ventaja: desde arriba, no les enfocarán las cámaras, no, pero sí podrán ver las actividades a las que se dedican mientas tanto los de butaca. Y denunciarlo públicamente, claro. En eso no han pensado los «otros». Ahí queda la idea.
Un auténtico privilegio, el de estar en el gallinero, si lo que se busca de verdad es el cambio. Yo también iba al gallinero… de los antiguos cines, para entrar en las de mayores de 18 años cuando apenas tenía 13.

Lo reitero, por una vez, sin que sirva de precedente, yo también quisiera estar en el gallinero. Arriba están las águilas, abajo...

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