diumenge, 24 de gener de 2016

LA GUERRA DE LAS INVESTIDURAS (II de II)



En el caso del PSOE, por su inestabilidad interna y la amenaza de sorpasso por parte de Podemos. Si cae Pedro Sánchez y le sucede la baronesa Díaz, o cualquiera de sus edecanes, se lo veo crudo por más cables que les eche Felipe González. Un sector de sus votantes podría pasarse a Podemos... O a IU, si sigue existiendo. Y si sigue Pedro Sánchez, parece que inevitablemente el PSOE se izquierdiza. Si además esta vez Podemos incorporara los dispersos restos de IU, sólo con los mismos resultados que el 20-D ya superaba al PSOE, al menos en porcentaje de votos, con lo cual el batacazo «psociolisto» podría ser letal. No, el PSOE, de elecciones anticipadas, nada de nada. Sólo quizás a Pedro Sánchez podrían interesarle para mantener por un tiempo su liderazgo y tratar de consolidarse en él, pero no a los barones territoriales y a buena parte del aparato que controlan. Tampoco le basta para alcanzar la presidencia del gobierno con los votos de Podemos y el PSOE, a menos que PP y Ciudadanos se abstuvieran, lo cual parece improbable.  Está por ver, además, quién acabará imponiéndose: el núcleo dirigente del partido, o el aparato y sus barones.

Ciudadanos tampoco atisba un panorama demasiado halagüeño de cara a unas nuevas elecciones. Sus carencias de todo tipo quedaron en evidencia: contra más avanzaba la campaña electoral, más decrecía su expectativa de voto en las encuestas. Si hubiera durado una semana más, igual se hubieran quedado en la mitad; que es probablemente incluso algo más de lo que obtendrían en unos nuevos comicios. Tampoco, pues, quiere «El Ciudadano» ni oír hablar de nuevos comicios. Su voto  perdido iría a parar mayoritariamente al PP, pero también  quizás una porción a la izquierda. En cuanto a lo de Convergencia, no merece ni un párrafo; mejor dejarlo correr…

El PP sería sin duda el gran beneficiado, como mínimo en la medida que aumentaría sensiblemente su representación a costa de Ciudadanos. Pero quedaría con toda probabilidad igual de lejos, o más, de la mayoría absoluta que ahora mismo separa a la suma PP más Ciudadanos de los 176 escaños. Y sin posibles bisagras, descartada Convergencia por irredenta, y por insuficiente el PNV.

En resumen, las nuevas elecciones augurarían un escenario indeseable para tres de los cuatros partidos más votados, y sobre todo para el establishment. Y podría auspiciar, encima, que el monarca tuviera que retratarse escorándose abiertamente, transmutando de teórico árbitro a «Guruceta», el legendario colegiado que le pitó un penalti al Barcelona en una eliminatoria contra el Real Madrid a siete metros del área. Imaginemos que el único candidato en condiciones de articular una mayoría fuera Pablo Iglesias… Digamos prudentemente que muchos reclamarían un «gurucetazo», término que en política tiene otro nombre.

Y ya que he puesto un ejemplo futbolístico, cosa que casi nunca hago, entre otras razones porque no soy futbolero, les contaré una historia que me relataron de primera mano, y fiable, en los tiempos que estuve destinado en un instituto lindante con la provincia de Castellón. Que viene a cuento. Y quien tenga oídos para entender que entienda.

Fue cuando la última liga que ganó el Barça con Cruyff de entrenador. En la última jornada el Deportivo de la Coruña se enfrentaba al Valencia. Si el Depor ganaba, era campeón de liga; si perdía o empataba, el campeón era el Barça. Al Valencia la cosa ni le iba ni le venía. Dos o tres días antes, en un pueblo costero famoso por sus pescados y mariscos, cercano al del instituto donde yo trabajaba, a un jugador del Valencia le sobrevino en plena noche de fiesta un caloret con ataque de flojera verbal: “Si de mí depende, el Barcelona no ganará la Liga”, afirmó. Iban empatados y faltaban dos o tres minutos para el final del partido, cuando un jugador del Valencia –adivinen cuál- cometió un penalti clarísimo y a todas luces innecesario. Eso sí, el portero lo detuvo y el Barça ganó la Liga.
Siempre existe el riesgo de que, pese a todo, el portero detenga el penalti. O de que Podemos... en fin. Por eso no habrá elecciones anticipadas, sino gobierno de coalición, formulado más o menos implícitamente, ya veremos bajo qué forma, entre PP, PSOE y Ciudadanos. Así se salva lo salvable, monarquía incluida. Eso sí, para el PSOE puede ser el harakiri. Pero para eso está la patria... para sacrificarse por ella. En realidad dependerá de quién gane la guerra interna en el PSOE.

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