divendres, 14 d’agost de 2015

BIKING AROUND: UN "MAS" VENIDO A MENOS






Difiere de los demás en que no se ve como la típica masía o mas de la zona. No es construcción de piedra, sino más bien de obra. Aunque muy degradadas por el paso del tiempo, quedan en la fachada evidencias más que suficientes de los colores pintados que en un tiempo ornamentaron la fachada. A uno esto le recuerda, salvando las distancias, algunos edificios que vio en Italia.
 
Sin duda debió ser una propiedad importante, semipalaciega, y habitada por gente muy bien situada. En el costado izquierdo del edificio principal se encuentra un pabellón de una planta, que tal vez debió servir para guardar los aperos de faena, o también para vivienda del servicio, o para ambas cosas. A unos ciento cincuenta metros se encuentra otro pabellón, mucho mayor, de unos cuatrocientos metros cuadrados de planta, que tal vez sirviera para los animales de tiro. Volviendo al edificio principal, a la derecha del edificio se encuentra una gran balsa rectangular, hoy cubierta de vegetación, de unos veinte metros de largo por seis o siete de ancho, que bien podría servir como piscina debidamente rehabilitada.

 
 
 
La edificación carece de torre o torreón, lo cual sería indicativo de su relativamente reciente construcción, ya sin las prioridades defensivas de otros tiempos, según se puede ver en la parte superior del arco de la puerta principal de entrada: año 1764.
 
 
Algo más arriba puede entreverse, por encima de una placa de hierro que ha servido como blanco de disparos con cartuchos de posta, otra inscripción, ilegible debido a los perdigonazos que recibió.
 
 
 
El interior está en franco estado de ruina y no parece aconsejable adentrarse demasiado en él. Algunas de las viejas bigas de madera están literalmente colgando y los restos de la estructura de las escaleras que llevaban a las plantas superiores también, tal como se puede ver en las siguientes imágenes.
 
 
 




Esta mansión se encuentra a más o menos un kilómetro del con el torreón de planta circular, y rodeado de masa boscosa consistente, básicamente, en pinos y, en menor medida, algarrobos, olivos y encinas. Desde el camino se llega al pabellón que cité más arriba, sin que, estando a apenas ciento cincuenta metros, sea visible desde allí. Algo más allá, en un pequeño claro, junto a lo que debió ser un lugar de descanso, se erige una soberbia encina que debía estar ya allí antes que el propio edificio. Les dejo con ella. El lugar, vale ciertamente la pena.
 
 
 
 

 


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