diumenge, 8 de febrer de 2015

TANIA Y EL INCORREGIBLE FULANISMO DE LA IZQUIERDA



Todos sabemos lo que son los partidos bisagra. Pero el «bisagrismo» es una forma tenue, y hasta humilde, del «fulanismo». Una formación constituida por partidos que quisieran para sí ser bisagras, como Izquierda Unida, lo tiene muy mal de entrada. Para muestra un botón: nunca fue capaz de arrastrar más allá de los naufragios del PCE. Sólo, acaso, con Anguita, pero fracasó por intentar imponer, precisamente, la férula del PCE en una jaula de grillos… y por su pintoresca teoría del orilleo también, claro. Pero no nos proponemos hablar de Anguita, sino del fulanismo.

Lo que aquí entenderé por fulanismo es la una pulsión que resulta de la síntesis entre egotismo y megalomanía, tan generalizada mayormente entre la izquierda, que merece la denominación genérica de «fulanismo». Porque siendo individual, afectando al individuo, trasciende su individualidad. Vaya como anticipo que, en mi opinión, las disensiones supuestamente ideológicas, tácticas o estratégicas a que tan acostumbrados nos tiene la izquierda no son tales, por regla general, sino más bien una contraposición de egos egotizados en liza por sus respectivas propensiones megalomaníacas.

Se decía en su época que un trotskista era el verdadero partido revolucionario vanguardia de la clase obrera; que dos trotskistas eran la dirección y las bases militantes del verdadero partido revolucionario vanguardia de la clase obrera; y tres troskistas, en fin, la dirección de dicho partido revolucionario, sus bases militantes y una escisión que se constituye en el verdadero partido revolucionario bla bla bla… A eso, y que me perdonen los trotskistas por utilizarlos como ejemplo, pero no me inventé yo la broma, es a lo que le llamo fulanismo.

Pero más allá de la sopa de letras que constituyó en su momento la llamada izquierda «revolucionaria», conocida también como extrema izquierda ¿Qué fue en realidad Izquierda Unida? Pues más o menos lo mismo, una vez el PC se fue al garete. El intento de reconstruir un espacio con todas las escisiones que, en su momento, se habían ido del PC por la «izquierda» o por la «derecha». Escisiones que, en el mejor de los casos, y si no suponían un partido exclusivamente «personal» constituido a mayor enaltecimiento del purgado de turno, lo más a lo que llegaban era a un puñado de militantes. El paradigma del fulanismo político creo que le corresponde por derecho propio a la ínclita Cristina Almeida, y es justo reconocerlo así, pero hay muchos más, como Pablo Castellano –procedente del PSOE, éste, y aún en (in)activo-, o el inefable Gaspar Llamazares… Es decir, una sincrética sopa de letras alrededor de un partido fantasma del que parasitaban, pero con el “¡ojo, que aquí estoy yo!” y, sobre todo, “YO voy de tal número en las listas o me largo con mi EGO a otra parte y os voy a poner como chupa de dómine”.

Y sigue siendo así. Ayer, sin ir más lejos, los espectadores del programa “La Sexta Noche” pudimos comprobarlo gracias al penoso espectáculo que ofrecieron un Alberto Garzón agónico, y su escisión, Tania Sánchez,  en pleno paroxismo fulanista.

Lo del pobre Garzón es comprensible. Izquierda Unida es una urdimbre que, ante la expectativa de perder las poltronas –desde confortable sillón parlamentario hasta el tamburete IKEA, que de todo hay- y devenir en «cesantes», se ha convertido en una jaula de grillos. Y al hombre la cosa le sobrepasa. Lo de Tania Sánchez tiene más delito.

Entiéndaseme, lo del «tamayazo», por ejemplo, es un caso de puro y simple transfuguismo pecuniario, no de fulanismo. Lo de Tania trasciende de largo el transfuguismo y cae de lleno en el fulanismo. Porque, que se sepa, ni destaca como retorica ni se conocen discrepancias ideológicas –en el supuesto que tenga ideología- con la formación en que militaba. Sus  diferencias con ésta más bien se encuentran en el trato que recibió la cooperativa de su hermano siendo ella concejala, nunca bien esclarecidas en ninguna de sus múltiples comparecencias mediáticas, y en su afán de protagonismo frente a la dirección territorial de su Formación.

Como bazas exhibe su condición mediática de pésima tertuliana y… ¿su relación con Pablo Iglesias? Ojo, que no se trata de que ingrese en PODEMOS, no es eso lo que Tania está proponiendo, sino una pareja de siglas, las suyas y las de PODEMOS. ¿Será posible tamaña desfachatez?

Otra Tania fue una guerrillera alemana y más que probable compañera del “Ché” en Bolivia. Un personaje muy borroso y del cual Régis Debray debe saber mucho más de lo que nunca dijo. No recuerdo ahora si fue abatida en una escaramuza o si la encontraron muerta a causa de la enfermedad incurable que padecía. El caso es que sus anotaciones personales fueron de vital importancia para dar con el grupo del Ché y aniquilarlo. Una indiscreción imperdonable para alguien que se va a la guerra. ¿Estará maldito el nombre de Tania? ¿Se repetirá la historia con otras formas?
No lo sé. Pero sí sé que como PODEMOS no se sacuda el fulanismo endémico a la izquierda de encima, será nubecilla de verano. O más de lo mismo. A ver…

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