diumenge, 15 de febrer de 2015

HACIA UN AJEDREZ VERDADERAMENTE EDUCATIVO



Tarea ímproba, sin duda alguna, y condenada al fracaso, pero aun así, trataré de convencer a los pedagócratas de las dañinas influencias que la introducción del ajedrez como materia obligatoria en el sistema educativo puede ejercer sobre nuestros alumnos, sin otra preocupación por ahora, gracias a nuestro maravilloso sistema educativo, que la de ser felices, lo cual como es bien sabido, pasa por prescindir de la inteligencia intelectual –perdón por el pleonasmo- y promover la inteligencia emocional; y frente a la memoria, los contenidos y las rutinas, potenciar la espontaneidad, la creatividad y el autoaprendizaje electivo.

Miren ustedes, el ajedrez es, de entrada, un juego de clara inspiración militar, y eso es pernicioso para las mentes angelicales de los niños y niñas si es que, según he creído entender, de lo que se trata es de que no degeneren en mentalmente adultos. Aunque sólo fuera por eso, ya valdría la pena que reconsiderasen tal proyecto.

Pero hay más. No sólo es un juego belicista, sino también altamente competitivo. Se trata de hacerle al oponente tanto daño como sea posible y acabar humillándolo obligándole a derribar su rey –que equivale a la rendición incondicional- y encima a darle la mano al que te acaba de machacar, reconociendo su superioridad. Potencia además bajas pulsiones, como el engaño y la truculencia -¿Saben ustedes lo que son las celadas en ajedrez?-, porque, mírenselo como quieran, pero de lo que se trata en una partida de ajedrez es de engañar al contrario y acoquinarlo, para luego crujirlo, sin más.

Es también un juego machista. El rey no pega golpe en toda la partida, y toda su servidumbre y tropa se esfuerza por asegurarle comodidad y seguridad, partiéndose la cara por él. Hay además violencia de género; la dama es con frecuencia objeto de maltrato y acoso, mientras que el rey macho se parapeta tras ella y hasta, si es menester, es muy capaz de sacrificarla para salvarse él.

Y fíjense también que rezuma ideología de la desigualdad por los cuatro costados. ¿Dónde están los derechos de los peones? ¿Por qué han de ser inferiores a los caballos y a los alfiles, y éstos a las torres? Además, a lo largo de una partida se acostumbra a tomar decisiones de más que dudosa moralidad, sacrificando piezas para obtener ventajas, o intercambiando bajas con el enemigo para obtener una posición más ventajosa o simplificada. Un auténtico imperio del maquiavélico principio según el cual el fin justifica los medios, óiganme. Y eso es pernicioso para nuestros niños y niñas. ¿Con qué principios crecerán si se habitúan a tales prácticas?

Luego, a ver, no se dejen llevar por las leyendas urbanas. Les aseguro que la inmensa mayoría de las veces, el ajedrez consiste en el ventajismo de saber aprovechar las cagadas del oponente. Y eso es muy feo. Y lo peor, que la memoria también cuenta, y mucho más de lo que desde fuera podría suponerse. Que te hagan una vez el mate pastor, el de la coz o el del tonto -sí, el del tonto-, y a ver si no te acordarás. O la memorización de las aperturas y de las reglas del final de partida. Créanme, eso de la creatividad es un camelo. Mucho empollón y mucha mala leche hay también por ahí ganando torneos, y muchos codos. Y mucha rutina. Y esto ya saben ustedes que es lo propio la vieja escuela, que tanto denostan y que en su momento desterraron.

¿Y dónde queda la inclusividad de la escuela si introducimos el ajedrez? ¿Qué pasará con los que no ganen una partida ni que se las pongan como a Fernando VII? Porque haberlos, los habrá ¿no lo habían pensado? ¿Qué haremos con las pobres criaturas perdedoras que quedarán acomplejadas de por vida? ¿No estarán pensando en un itinerario parchís para aquéllos que no despunten en ajedrez? Porque, además, no crean, el parchís también se las trae… Y lo de los itinerarios, como ustedes muy bien nos enseñaron, es discriminación.

Aun así, si insisten, sólo puedo recomendarles que adapten el ajedrez a las exigencias de nuestro sistema educativo. ¿Cómo? Pues innovando, hombre, innovando: modifiquen las reglas de este malvado juego, eliminen los elementos de competitividad, engaño, machismo y violencia que le son implícitos; substitúyanlos por unas nuevas reglas más acordes al espíritu de nuestro tiempo; un nuevo ajedrez políticamente correcto y no competitivo. En resumen ¡innoven! Pero el ajedrez en nuestras escuelas no puede seguir siendo un juego cuyo objetivo consista en  escabechinar todas las piezas del contrario que se pueda y poner a su rey en situación de jaque mate. Yo les propongo lo siguiente. Tal vez con un par o tres de modificaciones, perdón, de innovaciones, baste.

Propongo, para empezar, que los movimientos sean los mismos para todas las piezas. Una modificación, ésta, absolutamente necesaria si queremos evitar las connotaciones aristocráticas y castrenses del ajedrez. Y luego, para eliminar la competitividad, modificar el objetivo del juego en el sentido que, a partir de ahora, quede prohibido matar ninguna pieza del contrario, siendo el vencedor el que consiga tal objetivo y el perdedor el que, inevitablemente, llegue a un punto del juego en que cualquier movimiento que realice pase necesariamente por tener que capturar alguna pieza contraria. Con ello, además, se implementa -¡qué noble término, el de implementar! ustedes nos lo enseñaron- la capacidad individual de evitación del conflicto. ¡Ah! Y una cosa más, basta de racismo. Nada de piezas blancas y negras, y que encima empiece el blanco. A partir de ahora, gris claro y gris obscuro.

Pero queda todavía lo del vencedor y lo del vencido. Y no podemos descartar que, bajo estas nuevas  y bienintencionadas reglas, ciertos sujetos taimados idearan estrategias encaminadas a llegar a posiciones que obligaran al oponente, contra su voluntad, a tener que capturar inevitablemente alguna pieza enemiga. Para superar este último escollo, sin duda el más importante pedagógicamente hablando, se requiere la intervención mediadora de una nueva figura educativa, cuya innovadora función consistiría en impedir que se produzcan posiciones así en el transcurso de una partida, si es necesario corrigiendo regresivamente los movimientos con finalidades evitativas hasta que, habiendo llegado sin sobresaltos a la jugada número veinte, la partida se declare en tablas. Esta nueva figura especialista educativa podría ser muy bien la del conciliador árbitro garantizador ajedrecístico de tratamiento equitativo. El acrónimo, al que son ustedes siempre tan proclives, no queda ciertamente muy conseguido –CAGATE, sería-, pero qué le vamos a hacer… con peores nos las hemos visto.

Así que, pedabobos, pedabobas y pedabobería unida del mundo mundial. Pónganse en ello. El ajedrez políticamente correcto les espera y será una innovación además muy en su línea. No se dejen llevar por cantos de sirena y aprovechen esta oportunidad. Se la ofrezco gratis.


6 comentaris:

  1. jajajajajajajajajaja
    Impresionante, Xavier, si el anterior era bueno, éste lo borda.
    Había que hacer estudios a ver si el desempeño en ajedrez correlaciona con la situación socioeconómica-laboral-cultural, etc. de los padres, no sea que haya que implementar mecanismos correctivos adicionales, habría que hacer un referendum a ver si en vez de rey no valdría más tener presidente, asegurarse de que no haya torres vacías en poder de especuladores, "desempoderar" a la Iglesia (no olvidemos que los alfiles son obispos), cambiar la denominación "apertura española" por "apertura del estado" y un par de cosillas más, pero creo que estás en la buena dirección.

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  2. Sobre todo una cosa, estimado Bacon, tienes toda la razón en lo de la apertura española, pero te quedas corto. Ruy López (o Rui Lopes) se llamaba en realidad Roger Llopis, y era catalán, así que de apertura de estado, nada, apertura catalana. Lo del sistema catalán como variante del gambito de dama, o la defensa india, con blancas, como todos sabemos, fue de pago y se justifica dadas las circunstancias, pero ahora que ya sabemos la verdad, quedémonos con la Roger Llopis, apertura catalana. Por cierto, la favorita de Fisher.

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    1. Sí, el último de los grandes que jugaba habitualmente esa apertura, aunque desde Kasparov para acá ya no estoy al tanto.
      Lo de apertura catalana ya está cogido:
      "La historia de la apertura catalana es muy conocida: Con motivo de la Exposición Internacional de 1929, celebrada en Barcelona, se organizó un torneo internacional de ajedrez, al que acudieron la mayoría de los grandes jugadores de la época. Uno de sus organizadores, Francesc Armengol, deseaba que hubiera una apertura o una defensa en ajedrez a la que se pudiera llamar catalana. Así, convocó un concurso para que algún ajedrecista inventara una nueva apertura; no importaba de qué tipo. El concurso lo gano el GM polaco Savielly Tartákover, que se embolsó las 150 pesetas de la época"
      http://es.wikipedia.org/wiki/Apertura_catalana

      Claro que la wiki en español está, cómo no, censurada por Madrit; en cambio, en la versión en inglés (http://en.wikipedia.org/wiki/Catalan_Opening) se cuenta, además, que buena parte de las partidas Korchnoi-Kasparov en su disputa por el puesto de retador del campeón Karpov comenzaron con esta apertura, que ha sido una favorita de Karpov, y que ha sido muy jugada por Kramnik, Carlsen y Anand; en resumen: muy por encima de la española en la preferencia de los ajedrecistas de primer nivel actuales.
      Cuando dice que fue popularizada por el polaco Tartakower es obvio que lo de polaco es otro insulto más del estado opresor.

      En fin, creo que tus ideas sobre innovaciones ajedrecísticas se pueden extender a otras disciplinas; ahora que Pérez Reverte ha hacho una versión del Quijote, creo que es hora de abordar las cosas desde el principio, e implementar una narrativa homérica donde, por ejemplo, el peleida Aquiles se busque un buen "coach" y con su ayuda pueda encauzar toda esa ira, Penélope rehaga su vida con los pretendientes, mejor si es con varios, y los aqueos de abiertas naves viajen a Ilion porque el rubio Menelao se hubiese prendado de Paris, etc.

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    2. Una rúbrica a la altura de la entrada. Mejor tomémonoslo con humor. Más vale...

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  3. Fantàstic!!!! Això és anar a dormir amb un somriure...

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  4. Lo que decía: en plena forma. Con tu permiso, voy a difundir también esta segunda entrega sobre las bondades educativas del ajedrez. No tiene desperdicio. Un abrazo.

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