dijous, 5 de febrer de 2015

EL IV REICH



Me gusta tanto Alemania que, como aquel ministro polaco, preferiría que hubiese dos… o tres. Hubo en un tiempo más de una docena, y produjeron lo suyo, aportando un extraordinario impulso al acervo cultural occidental y universal. Y lo siguen haciendo, qué duda cabe. Son los Leibniz, Kant, Marx, Goethe, Schopenhauer, Novalis, Schiller, Hölderlin, Nietzsche, Kepler, Gauss, Cantor, Hilbert, Planck, Einstein… Una nómina difícilmente superable. Pero Alemania tiene también su lado oscuro, que se ha manifestado muy especialmente casi tantas veces como ha sido una unidad política. A lo mejor es que carece de las dosis de finezza que se requieren inevitablemente para poder, y sobre todo saber, ejercer de potencia hegemónica.

El más fuerte nunca lo es lo suficiente para consolidar su liderazgo frente al resto si no sabe convertir su fuerza en derecho y la obediencia a sus designios en deber. Pero no basta con eso, porque la propia afirmación anterior incluye la intrínseca necesidad de un cierto savoir faire, de una cierta cintura, vamos, con sus inevitables transacciones e interacciones contextuales, del que siempre han andado más bien escasos. Les pasó con el II Reich y no digamos con el tercero; les está empezando a pasar con el cuarto.
La verdad es que Alemania se ha estado dedicando desde 1989 a comprar todo lo que había intentado infructuosamente conquistar militarmente durante, como mínimo, los últimos 150 años (...)
 
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