dilluns, 11 de novembre de 2013

LA DOCTRINA PAROT O LA NÉMESIS DEL CHAPUCERO



En este valle de bergantes que es la piel de toro, la verdad es que, al final, ni nada es lo que parece, ni lo que parece guarda la menor semblanza con lo que se supone que aparenta. Ahora el gobierno en pleno se rasga públicamente las vestiduras por la sentencia de Estrasburgo sobre la doctrina Parot, según la cual, la redención de condena no puede aplicarse al total de la suma de las penas acumuladas por varios delitos, sino sólo a los años máximos de permanencia en prisión que la ley establece, a saber, treinta. Como resultado de esta sentencia, un buen número de etarras y algún delincuente común están siendo excarcelados.

Nos lo recordaba Manolo en una excelente entrega hace unos días, “Justicia, que no venganza”, a propósito de un magnífico artículo de Ignacio Escobar. Nada más cierto. Precisamente, el concepto de justicia excluye el de venganza. La venganza es personal y, por más fría que se sirva, obedece a la pasión; ya se trate de Edmundo Dantés o de Don Mendo; la Justicia, por su parte, es Derecho y, al menos en democracia, emana de la sociedad que se dota de unas normas de convivencia, prescribiendo y proscribiendo acciones cuya transgresión se penaliza. Justicia es que el Estado dispone del monopolio de la violencia, que ejerce, se supone, precisamente contra estas transgresiones. Otra cosa es que el entramado jurídico esté bien estructurado o que sea una chapuza.

Pero como tantas veces se dice en “El Padrino” cuando a uno le van a dar los papeles, “no es nada personal”. Por eso la justicia es ciega, dicen, porque no trata de singularidades personales, ni de sentimientos ni pasiones, sino sólo de las transgresiones objetivas. Otros dicen que es ciega porque no se entera, pero eso ya es harina de otro costal. Pero lo que no es de recibo, es celebrarla cuando te favorece y denostarla cuando no conviene a tus intereses.

Este es un país de componendas y de apaños. Es decir, de chapuzas. Aquí la Ilustración pasó de largo dejando sólo rudimentos. Aquí se hicieron unas leyes permisivas y garantistas al máximo, a la vez que el propio Estado organizaba cuadrillas de sicarios cuyo comportamiento no difería en nada de los grupos a los que combatían. Si, cierto, todos los estados lo han hecho alguna vez, pero no se lo encomendaban, como aquí, a rufianes ludópatas y puteros... Un fiasco monumental  que acabó con ministros y altos cargos de seguridad en la cárcel.

Vamos, que nos gusta presumir de tener el sistema penal más «avanzado» de Europa, pero luego, cuando la cosa no funciona, tiramos del apaño. Y así un buen día resultó que había un tío con tropecientos años de pena de cárcel con varias condenas por delitos de sangre –un tal Parot, mercenario francés al servicio de ETA-, que en aplicación estricta de la remisión de condena, iba a salir a la calle sin haber cumplido el máximo de 30 años establecido por la ley. Y de nuevo la componenda y la chapuza. Pues nada, para que “éste” no salga de la cárcel, hacemos que la remisión de condena sea sobre la totalidad de la pena –los tropecientos años- y no sólo sobre el máximo de treinta que estaba hasta ahora establecido. Tiempo después, con de Juana Chaos, el mismo bochorno jurídico, se hace una ley ex professo para un tío. Nada, a tirar palante y al que objete que esto es una chapuza que contradice el corpus jurídico penal español, se le cuelga el sanbenito –otra de las grandes aficiones patrias- de proetarra y punto.

Y ahora, cuando el Tribunal Europeo de Estrasburgo nos ha recordado lo que es un estado de derecho, salen Ansar, Tristón y demás patulea, atizando el escabroso fuego de las pasiones más primarias, soliviantando al personal contra Europa y contra el gobierno “títere” que la obedece «sin rechistar»; y el gobierno, claro, a hacer confesión pública consternación y repugnancia por la sentencia; que si van a mirar la forma de no aplicarla, que si esto, que si aquello… Hasta se permiten manifestarse abiertamente contra la decisión de la Audiencia Nacional por la reciente excarcelación de 9 etarras, acordada ni más ni menos que con el voto de calidad de uno de los magistrados que más ha hecho contra ETA, Grande Marlaska, ayer héroe, hoy villano.

Se lo dijo De Gaulle a los pieds noirs que venían de la Argelia descolonizada: "A veces, hay víctimas históricas". Y toca apechugar. Porque una minoría, por más justamente que esté resentida, no puede hipotecar a todo un país. ETA ha sido derrotada militarmente, y lo que procede ahora es saber ganar, algo a lo que parece que algunos no están dispuestos. Las víctimas y familiares del terrorismo tienen, ciertamente, todo el derecho del mundo a protestar, como las víctimas de la dictadura. Pero que políticos en activo o con vocación de activos, se estén apuntando al linchamiento mediático de los magistrados de Estrasburgo o de Grande Marlaska y la Audiencia Nacional, es de una irresponsabilidad torticera que les descalifica como políticos. Aquí, algunos parece que todavía no han entendido que aquello de DURA LEX SED LEX, reza para todos.
A mí, desde luego que no me hace ninguna gracia que ciertos tipejos salgan a la calle, pero entonces, no haber sido tan chapuzas en su momento. Presumir del sistema penal más permisivo y garantista de Europa tiene su precio. Estrasburgo nos lo ha recordado.

1 comentari:

  1. ¡Cuánta razón tienes, amigo Xavier, cuando dices la verdad entre las verdades: que "una minoría, por más justamente que esté resentida, no puede hipotecar a todo un país" en materia de justicia! Pancho Villa habría hecho un carrerón político en este sinsentido patrio que nos vemos obligados a contemplar, sufrir y vivir. Te felicito por el artícuo. Lo encuentro magnífico.
    Un saludo

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